Cómo reintroducir incertidumbre, libertad, humor y matices para descarrilar la ingeniería social en el sistema occidental – por Lucien Cerise

 

 

ENTREVISTA A LUCIEN CERISE

(especialista en ingeniería social y control mental, y aquí desarma la estrategia del sistema para garantizar su supervivencia)

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Rivarol: Usted ha sido una de las voces más ofensivas en la resistencia a la tiranía sanitaria del coronavirus. ¿Cuál es su valoración de este período, que ya parece olvidado en la memoria colectiva?

Lucien Cerise: En general, los resultados son positivos. Hay un progreso en la conciencia humana, que está empezando a comprender los métodos de control social que se le aplican. La ingeniería social es una variante del método de gestión llamado “gestión del cambio” por su inventor John Kotter.

Consiste en fabricar el consentimiento para el cambio en un grupo objetivo, transformarlo por etapas, apoyándose en un sentimiento de urgencia que puede ser provocado artificialmente, y jugando con relaciones de confianza y desconfianza. La aplicación de este método del “bombero pirómano” a escala mundial desde 2020 también ha dado lugar a que el público en general lo descubra. La trampa funcionó, a favor del efecto de sorpresa, pero el próximo intento de la OMS no tendrá tanto éxito. De hecho, millones de personas han aprendido a sospechar de sus médicos, y a sospechar de los médicos que muestran por televisión y, por lo tanto, a desconfiar de los medios de comunicación. El efecto de ansiedad conocido como “susto ante la bata blanca” prevalecerá sobre el efecto de la autoridad, la obediencia y el conformismo (cf. los experimentos de Milgram y Asch). Es una verdadera revolución antropológica.

La percepción del enemigo doméstico

El ser humano ha estado preparado durante miles de años para percibir ciertas amenazas provenientes de afuera, pero no está preparado para ver un enemigo procedente del cuerpo médico. Tenemos una necesidad instintiva de desconfiar de lo desconocido, pero nuestra especie no habría sobrevivido a la desconfianza hacia el chaman, el curandero o el hombre-medicina de la tribu, que es un sujeto «supuestamente sabedor», como dicen los psiquiatras, o sea necesariamente una persona de buenos sentimientos, objeto de nuestras transferencias afectivas benévolas. Esa es también la razón por la que casi todos los gobiernos han caído en la trampa. Algunos gobiernos son sobornados total o parcialmente por la industria farmacéutica, pero también hay líderes políticos y altos funcionarios estatales que no estaban capacitados para detectar el peligro que venía de ese lado. En la población pasó lo mismo. Después del episodio covid + inyección, la confianza en el entorno médico se ha deteriorado, y esto es bueno. Todo lo que permite deconstruir los clichés y desidealizar a una supuesta autoridad moral es buena pedagogía.

La cartografía del poder

Otro beneficio de la crisis covid es haber permitido comprender mejor la cartografía del poder. Vistos desde lejos, los diversos centros de poder pueden dar la impresión de estar unificados en una jerarquía vertical. Ahora sabemos que hay varias agendas dentro del poder, y varios centros de poder, competidores y contradictorios en un plano horizontal. Vimos, por ejemplo, a Bernard-Henri Lévy, encarnación de un centro de poder [es la autoridad designada por el Estado para controlar la producción televisiva y cinematográfica] y de una agenda bien conocida, bastante asombrado al descubrir que había gente por encima de él, con capacidad para tenerlo encerrado en casa durante dos meses y para imponerle todas las medidas sanitarias, como si fuera un anónimo cualquiera. Incluso hizo un libro, que hojeé en una librería, en el que se siente toda su indignación por no haber recibido un trato de favor. La tiranía sanitaria golpeó muy alto en la pirámide del poder. Millones de personas que pensaban que formaban parte de una élite terminaron siendo tratados como todo el mundo, y obligados a engañar a la policía como la gene de abajo, para mantener su estilo de vida [y cierta salud mental]. Fueron arrojados fuera de su comodidad diaria, lo que les infligió un estrés pedagógico y lanzó en ellos una dinámica de des-empoderamiento y de crítica del sistema del que antes disfrutaban.

El aumento de la desconfianza y la paranoia

Esto nos permite hacer una selección para comenzar a constituir una verdadera élite sobre una base psicológica, y no ideológica. Por una parte, en estos momentos, muchas personas se quiebran nerviosamente y desarrollan tendencias psicóticas. Ven «oposiciones controladas» en todas partes, o se entregan a una reconstrucción completa de la realidad a partir de fragmentos de información encontrados en internet, fenómeno que algunos llaman «complotismo» o «conspiracionismo».

Otro síndrome de psicosis social

Hay individuos y colectivos, decepcionados por los poderes públicos y las instituciones, que van en busca de la fusión en un grupo imaginario y una comunidad ideal, que habría quedado pura y auténtica en oposición a la corrupción del sistema, lo que los lleva a procesos fantasmáticos, regresivos e inmaduros. Este colapso psíquico masivo permite distinguir por contraste al individuo que logra permanecer racional, dueño de sus emociones, es decir, de sus transferencias afectivas y de sus proyecciones, el tipo de persona con quien se puede trabajar seriamente, sobre una base realista y adulta, por tanto, aguantando (sin avalarla) cierta dosis de corrupción del sistema. Las ideas son secundarias en algunos aspectos, como se comprueba en el hecho de que dos sujetos pueden tener las mismas ideas y acabar matándose por razones puramente psicológicas – rivalidades miméticas, frustraciones narcisistas, etc.

Este esfuerzo de lucidez es tanto más importante cuanto que corremos el riesgo de tener trabajo a partir de enero de 2024.

Los proyectos de la OMS

El año próximo, la OMS lanzará una gran ofensiva para intentar completar su control directo sobre nuestras vidas tomando el control directo de las políticas sanitarias de todos los países. Dos textos jurídicamente vinculantes, el Tratado Internacional sobre Pandemias y el Reglamento Sanitario Internacional, deben permitir a la OMS establecer una cadena de mando unificada entre sus oficinas de Ginebra y la intimidad de los seis [¡casi ocho! ] mil millones de seres humanos del planeta. Con la experiencia de los tres años de covidismo, los pueblos están mejor pertrechados intelectualmente para contrarrestar este proyecto.

Desde la crisis covid, asistimos a una huida hacia adelante del Estado Profundo. ¿Qué es lo que caracteriza este fenómeno de carrera hacia el vacío?

La disminución del cociente intelectual de los miembros del Estado profundo – y un número de subterfugios y de artificios para compensar esta disminución – es la causa de esta fuga hacia adelante en lo virtual. La terciarización a ultranza de nuestras sociedades hace bajar el nivel en todas partes, incluso dentro de la oligarquía. El poder no consigue obtener el consentimiento libre e informado de las poblaciones por su trabajo en el campo de lo real, por lo que se ve obligado a engañar y elaborar estratagemas, es decir, a gobernar a través de lo virtual. Pierre Chaillot demostró claramente que la crisis covid era esencialmente una pandemia de números falsos y de trucos de magia semánticos. Varias enfermedades como la gripe estacional han sido renombradas (encriptadas) “coronavirus” para crear una epidemia por agregación de datos estadísticos. Y para imponer la obligación vacunal universal, el poder intenta penalizar la crítica de las vacunas, supuestamente originada en desviaciones sectarias, en una inversión acusatoria completa. Para el poder, la enormidad de sus propias mentiras hace imposible volver atrás.

Un edificio social puede basarse en ficciones, es el principio de los grandes mitos religiosos o políticos, y ser estable a pesar de todo, en la medida en que la ficción está al servicio de la naturaleza y de lo real. Pero la sociedad del espectáculo y de las pantallas induce un desprendimiento completo de lo real. Lo verdadero no es más que un momento de apoyo útil en la falsedad generalizada.

El proyecto de despoblación mundial

Lo virtual ya no es un medio al servicio de un fin, lo virtual se convierte en su propia finalidad, e incluso termina atacando la naturaleza y lo real. Este es el origen de los proyectos de despoblación. La naturaleza es un problema, porque prolifera de manera gratuita y descentralizada. Nuestros enemigos pretenden que tenemos que racionalizar todo esto de forma centralizada y rentable. El Gran Hermano Big Brother, y Big Pharma, el gran poder de los laboratorios, se encargarán de ello.

El conflicto entre Rusia y la OTAN en Ucrania parece estar estancado en ambas partes, aunque Rusia está marcando puntos. ¿Anuncia esta situación un largo período de glaciación en las fronteras orientales de la UE o es posible un nuevo estallido?

El progreso en el lado ruso es lento, pero seguro. Después de perder la guerra fría, Rusia permitió que la OTAN se fuera metiendo en Ucrania durante unos treinta años. No podemos pedirle que se ponga al día en menos de dos años. Las redes atlantistas y mundialistas – OTAN, UE, Open Society (George Soros) – comenzaron a anexar Ucrania desde la caída del comunismo en 1991, y terminaron el trabajo en 2014, con la revolución de color EuroMaidan. Desde 2014, los mundialistas estaban importando la «sociedad abierta» y el wokismo a Ucrania para vincularl al país con el Occidente liberal. Y desde 2014, la OTAN también había encendido una guerra civil en Ucrania, lo que le sirvió de pretexto ideal para militarizar este país en preparación de la nueva gran ofensiva occidental contra Rusia, después de las de Napoleón y Hitler. ¿Cómo? Construyendo diversas instalaciones, cuarteles, campamentos de entrenamiento militar, depósitos de municiones, fortificaciones y reuniendo en el territorio de Ucrania técnicos en armamento de otros países, tanto convencional como no convencional, nuevas redes Gladio paramilitares y terroristas procedentes de la extrema derecha, la extrema izquierda y el islamismo.
Aparte de la anexión de Crimea a Euromaidn, Rusia permitió que su propio cerco militar durara 30 años, sabiendo que cualquier protesta diplomática iba a ser denunciada como una agresión por parte de occidentales histéricos. Para comprender lo que estaba en curso, nos referiremos a los conceptos de Intermarium y Containment, asociados a Józef Piłsudski y George F. Kennan. Pero al final, fue demasiado: los preparativos ucranianos para la limpieza étnica de Donbass durante el invierno de 2021-2022 fueron el catalizador, y Rusia decidió lanzar una respuesta. El objetivo estratégico de esta operación es liberar todo el territorio de Ucrania para desmilitarizarlo total y definitivamente. De lo contrario, los problemas se repetirán dentro de cinco años, diez años, o quince años, etc. En esta perspectiva, el ejército ruso ha estado ahorrando sus recursos, porque sabe que para ganar hay que durar más que el adversario. Una guerra no es una prueba de velocidad, sino de resistencia. En frente, la zona de la OTAN y sus ejércitos están en plena regresión intelectual y solo son capaces de enviar líneas sucesivas de zombies a empalarse en las defensas rusas, o drones y armas teledirigidas como en un videojuego.

Esta alianza militar del Atlántico Norte está dando señales de agotamiento y es posible que finalmente se negocie la solución. La prolongación indefinida de las hostilidades, sin embargo, no es un problema para Rusia, uno de cuyos objetivos de guerra es que Ucrania se convierta en el nuevo «lodazal afgano» de Occidente como un pozo sin fondo en el que se hundirán todas las fuerzas y recursos occidentales. De todas las agrupaciones geopolíticas, el “Occidente colectivo”, como lo llaman los rusos, es el que tiene los impulsos autodestructivos más poderosos. No hace falta una conspiración que lo lleve al suicidio; lo hace bastante bien por sí mismo. Incluso los supremacistas blancos, que son muy pro ucranianos y sueñan con la hegemonía occidental sobre el mundo, harían cualquier cosa por… perder. Rusia simplemente está ofreciendo al Occidente colectivo una oportunidad de oro para suicidarse. Está en proceso de aprovecharla con un espantoso deleite morboso.

¿El wokismo, la ideología LGBT+ y el liberalismo han causado definitivamente el declive antropológico de Occidente?

El virus espiritual es mortal

Sí, y me temo que sea irreversible, porque es la ideología de la cúspide del poder. El poder supremo de Occidente no sólo difunde esas ideas como virus entre la población para destruirla, sino que también se las aplica a sí mismo, porque cree sinceramente en ellas, y así también se auto derriba en el mismo movimiento. No existe una doble moral, según el principio de “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, es decir, un desacoplamiento del daño, cuando los que están en el poder te aplican algo perjudicial, pero se protegen de ello. Ni siquiera hay un efecto boomerang, en el que los que están en el poder sufren una conmoción a cambio del daño que hacen a la población.

Increíblemente, el Occidente colectivo aplica la ideología de la “diversidad inclusiva” y la “sociedad abierta” de forma igualitaria a todo el mundo, incluyéndose a sí mismo, y al hacerlo se vuelca en una incoherencia generalizada. El verdadero problema de este Occidente imperialista no es que sea muy fuerte y muy desagradable, sino que es sencillamente ridículo y se reduce a sí mismo a la impotencia.

He estado observando atentamente un fenómeno paradójico y fascinante: la promoción del LGBTismo en los ejércitos occidentales, Israel incluido. Ahora la OTAN también está en proceso de incluir a personas discapacitadas en sus ejércitos. ¿Habrá pronto batallones en sillas de ruedas? Occidente parece hoy un sketch de los Monty Python. El resto del mundo tiene que contener la risa. Puede que esta promoción de la discapacidad en el ejército sólo esté reservada a los empleos de oficina, pero no deja de ser indicativa de una mentalidad particular, que sitúa la igualdad por encima de la eficacia. Alain Soral ha hecho del análisis de esta locura igualitaria el tema de su último libro.

¿Cree que la guerra de Israel contra Hamás es una apuesta peligrosa? Minado por sus divisiones internas, ¿cómo puede el Estado sionista preservar su posición en el caos que ha creado?

La apuesta israelí es la misma que la de Occidente: conseguir mantener unidas las dos tendencias contradictorias del capitalismo: la tendencia liberal, individualista, consumista y hedonista, que exige satisfacción a corto plazo, y, por otro lado, la tendencia militarista, expansionista, colonialista e imperialista, que exige planificación a largo plazo. Estas dos tendencias sociales dan lugar a psiques y estilos de vida totalmente contradictorios e incompatibles.

Occidente e Israel se hunden por razones internas, bajo el peso de las contradicciones del capitalismo.

A continuación, hay que distinguir entre dos niveles de realidad: lo real y la representación de lo real. En este momento, el Estado sionista muestra sus divisiones, es decir, sus debilidades. Para ocultar esta realidad dividida y precaria, un subterfugio consiste en difundir la imagen de un mundo judío perfectamente unificado y fuerte, incluso todopoderoso, con una diáspora que apoya mucho a Israel y una hermosa unidad nacional dentro de Israel. Pero sólo es una imagen, que no engaña a nadie, salvo a ciertos sionistas y antisionistas que toman sus deseos por realidades y se creen su propia propaganda. Este problema de desconexión entre imagen y realidad es común a todo el mundo occidental. Así que reformulemos la pregunta: ¿cómo puede Occidente utilizar las imágenes y la comunicación para mantener su posición en el caos que ha creado y que le está devolviendo el golpe? La imagen de un Occidente fuerte, bajo la tutela unificadora de Estados Unidos, se ha vaciado de contenido.

¿Qué queda de Occidente en realidad?

De hecho, más allá del Estado sionista, es todo el Occidente colectivo el que está gobernado por el caos, y el que ahora está sufriendo las consecuencias, experimentando bucles de retroalimentación, contragolpes y efectos boomerang que están socavando la unidad de las sociedades y debilitándolas en un vasto movimiento de entropía social centrífuga, división infinita y autodesintegración.

Israel no es más que una parte del Occidente liberal y, por tanto, padece las mismas patologías sociales, en particular el individualismo, que conduce al hedonismo que culmina en el LGBTismo. Esto es incompatible con una sociedad militarizada, que se basa en la abnegación y el autosacrificio. Pero los israelíes, y los occidentales en general, siguen intentando mantener esta conjunción de opuestos.

Desde la aparición del consumismo en los años veinte, el capitalismo significa Marte y Venus en el mismo cuerpo, el ejército y el mercado juntos, la democracia a través de las bombas, etcétera.

Es una combinación antinatural y estructuralmente inestable. En algún momento, hay que elegir, pero Occidente no quiere hacerlo, porque significaría renunciar a la libertad individual y a la sociedad de consumo, que es una condición sine qua non para reavivar el sentido de comunidad y el militarismo en la sociedad. Occidente está en vías de implosión a causa de esta antinomia, de esta tensión interna no resuelta.

El problema israelí

Como sabemos, existe un grave problema de reclutamiento en los ejércitos occidentales, tanto en Israel como en la OTAN. Desde el lanzamiento de la Revolución en Asuntos Militares en Estados Unidos, el enfoque totalmente tecnológico ha intentado resolver este problema de recursos humanos, pero no ha hecho más que agravarlo. La militarización efectiva de la sociedad presupone una cierta austeridad, económica y material, pero también moral, incompatible con los Smartphones y las Gay-Pride de Tel Aviv. ¿Cómo pueden mantenerse unidas la militarización y el consumismo? Manteniendo artificialmente una amenaza exterior.

Theodor Herzl lo escribió, y es intuitivamente obvio: el sionismo necesita al antisionismo.

Los judíos no tienen ningún deseo de vivir juntos espontáneamente, aparte de unas pocas comunidades ortodoxas, así que hay que obligarles a vivir juntos manteniendo un enemigo mortal a sus puertas. Por eso Netanyahu permitió que Hamás atacara Israel el 7 de octubre. Es un subterfugio para reunificar y remilitarizar su sociedad frente a un peligro exterior. Pero no será suficiente.

¿Cómo puede Occidente, incluido Israel, mantener su posición con tantas contradicciones y mentiras? En todos los países del mundo, y desde tiempos inmemoriales, los gobernantes se han impuesto la tarea de mantener el control de la situación. ¿Cómo mantener el control de una sociedad compleja? ¿Cómo ejercer un control social eficaz en un sistema individualista en plena descomposición e impulsado por movimientos aleatorios? Una vez tuve una discusión con una persona que me dijo que él mismo había hablado con un psicólogo del Mossad, el órgano de inteligencia exterior israelí. Y éste le había explicado los siguientes principios. Un servicio de inteligencia adopta un enfoque científico de la sociedad. ¿Por qué debe hacerlo? Porque un servicio de inteligencia sólo tiene un objetivo fundamental: asegurar su entorno, en particular su entorno humano, y por lo tanto hacer previsible su entorno humano, hacer previsible la sociedad. Al Mossad no le importa realmente lo que pensemos, pero quiere que lo pensemos sin matices. Porque es más fácil de descifrar y anticipar. Por eso el Mossad, como todos los servicios de inteligencia, trabaja para radicalizar a la opinión pública. El Mossad prefiere un antisionista radical a un sionista matizado. El sionista matizado representa un mayor nivel de imprevisibilidad psicológica y de comportamiento que el antisionista radical, que es muy previsible. Por eso los poderes fácticos, tanto en Israel como en Occidente, juegan con fuego, porque dedican su tiempo a suprimir los matices en la opinión pública para radicalizar y fanatizar a la sociedad, lo que la hace más legible a sus ojos y más fácil de manipular. Para mejorar la previsibilidad de un sistema, hay que simplificarlo.

Racionalizar no es simplificar, y errar

Nada es más temible para el poder que la complejidad. La propagación del radicalismo, el extremismo y el fanatismo simplifica considerablemente las mentes de los individuos del sistema, y hace que sea mucho más fácil manejar la sociedad. En términos de teoría de la información y la comunicación, los que detentan el poder quieren reducir la incertidumbre para sí mismos, lo que puede conducir a un aumento de la incertidumbre para los elementos del sistema que controlan, inyectando factores de tensión y polarización. Es el principio de los conflictos triangulados, que permiten dividir para reinar. Para el Mossad, sólo puede haber dos posiciones: a favor o en contra de Israel. Los matices del pensamiento racional deben desaparecer por completo. Es fácil comprender por qué el Estado profundo sionista prefiere a Hamás en vez de la OLP, pero también por qué prefiere a los yihadistas de Daech en lugar de la Siria laica, como han reconocido varios responsables israelíes.

Mitos y matices

Los grandes relatos religiosos, escatológicos y mesiánicos, son herramientas inestimables en esta labor de pirateo de las mentes para simplificarlas y radicalizarlas. Hay que decir que los monoteísmos y su esencialismo dualista se prestan especialmente bien a esta instrumentalización. Con vistas a la militarización completa de la sociedad, un buen ingeniero social debe ser capaz de reducir el mundo entero a dos campos, dos subsistemas. Todo tiene que ser maniqueo y binario, porque así es más fácil de controlar. Para conseguirlo, hay que difundir en el inconsciente colectivo eslóganes con valor de programa simplificador del comportamiento, como “Son ellos o nosotros”, “Si no estás conmigo, estás contra mí”, etc. El enemigo del poder es siempre el espíritu del matiz, o el espíritu de fineza, en el sentido de Pascal.

Usted ha mencionado el plan israelí de verter en Europa a cientos de miles de refugiados palestinos procedentes de Gaza. Esta operación es totalmente descabellada por las consecuencias que podría tener. ¿Le parece creíble?

Los obstáculos

Las autoridades israelíes han hablado públicamente de este proyecto. Hay dos obstáculos para su realización, al menos de momento. La Comisión Europea se ha pronunciado en contra del desplazamiento forzoso de palestinos a Europa, por temor a que esta nueva crisis migratoria lleve a los europeos a votar a partidos antiinmigración en las elecciones europeas de junio de 2024. Pero después de esta secuencia electoral, Bruselas tendrá vía libre para relanzar una nueva crisis migratoria, en colaboración con Israel, que ya participó en la crisis de 2015 con su ONG humanitaria IsraAID. Según algunas fuentes, Egipto ya ha aceptado abrir un corredor humanitario para transportar a los gazatíes a Libia, a la espera de que se diseminen por Europa y Norteamérica.

El otro obstáculo a esta nueva crisis migratoria es el lobby sionista en los países de acogida. En efecto, al expulsar a 2 millones de gazatíes, incluidos miles de miembros de Hamás, a Europa y Norteamérica, los israelíes diseminarán a 2 millones de antisionistas en Occidente, ¡y reforzarán así el antisionismo en Occidente! Este plan de reasentar a los gazatíes aquí les vendría muy bien a los israelíes y a los países árabes, pero imagínense la cara del periodista [que se hizo famoso por su proyecto de devolver masivamente a los inmigrantes a sus países de nacimiento] Éric Zemmour ante la idea de recibir a un millón más de árabes-musulmanes en Europa, incluidos miles de miembros de Hamás, como regalo de Israel.

Planteo esta pregunta a los franceses proisraelíes: ¿cuántos refugiados de Gaza -y entre ellos cuántos miembros de Hamás- pueden o desean acoger a petición de Israel? Los sionistas europeos no piensan mucho en ello por ahora, pero hay una pequeña posibilidad de que de repente empiecen a defender a los palestinos y su derecho a vivir en Palestina, para no tener que acogerlos en Europa.

En términos cibernéticos, se está creando un bucle de retroalimentación, un efecto boomerang, que devolverá el golpe a la persona que ataca, o a la persona que apoya a la persona que ataca. Por otra parte, los islamo-izquierdistas y los wokistas, todos ellos pro-palestinos, se frotan las manos y se muerden las uñas con ansiedad ante la idea de esta nueva crisis migratoria, esta vez procedente de la Franja de Gaza, que reforzaría la demografía no europea en Europa, completando así el Gran Reemplazo y la Cultura de la anulación. Este medio islamo izquierdista antisionista es también antisirio y antirruso -lo que es geopolíticamente incoherente-, así como covidista y calentólogo (Greta Thunberg). Pero esto por otra parte obedece a cierta lógica, ya que los proisraelíes occidentales -cuyo prototipo es Donald Trump y su electorado conservador- son por su parte vigorosamente antiwokistas, anticovidistas y antibelicistas.

El choque de civilizaciones es imposible

La divergencia de los intereses judíos de un país a otro socava el mito sionista de la solidaridad confesional internacional. Es una prueba más de que la interpretación religiosa de la geopolítica es errónea. Hay civilizaciones, pero no puede haber choque de civilizaciones, porque no hay unidad funcional de civilizaciones a nivel geopolítico. Los intereses nacionales siempre fragmentan las agrupaciones religiosas y civilizacionales. No existe unidad judía o judeocristiana frente a un mundo islámico a su vez unificado. Por razones de interés nacional, Israel es capaz de forjar alianzas con países musulmanes, incluidos los que patrocinan el terrorismo. A nivel geopolítico, por tanto, no existe ninguna unidad supranacional de los judíos, porque los intereses de los judíos son diferentes, incluso antagónicos, según la nación. Lo mismo ocurre con todas las religiones.

La ingeniería social está en constante evolución. ¿Cómo se gobernarán las multitudes en la era de la tecnociencia y el transhumanismo?

Una de las principales tendencias del transhumanismo y la ingeniería social es poner a los seres vivos totalmente bajo control informático. Esta tutoría digital de lo biológico ya es más o menos una realidad, dada la cantidad de tiempo que pasamos en Internet y la dependencia que tenemos de los ordenadores desde hace varias décadas. Esta dependencia afecta también a quienes la critican, sobre todo en las redes sociales, porque se nos olvida que cada palabra tecleada en un mensaje de Telegram (u otro) alimenta los centros de datos. Cada segundo pasado en Internet alimenta al monstruo informático y lo hace crecer. Todos los días veo a gente buena en Internet denunciando la dictadura digital, lo que casi carece de sentido, pero es imposible hacerlo de otro modo, porque volver a los folletos de papel no es competitivo con las redes sociales en términos de difusión de ideas. Para ser competitivo en el mercado de las ideas, y en el mercado en general, todo el mundo está obligado a utilizar las tecnologías de la información.

La estrategia digital

Por ejemplo, Vladimir Putin ha lanzado una estrategia digital para Rusia, porque si Rusia no desarrolla su propia soberanía digital y su inteligencia artificial, estará sometida a la soberanía digital y a la IA de sus enemigos. La violencia y la guerra son las fuerzas motrices de la historia. La tecnociencia está en el corazón de la carrera armamentística (véase la teoría de los juegos), que es un proceso de carrera competitiva infinita a la que nadie puede renunciar, a menos que acepte quedar desarmado y vea cómo el enemigo gana la partida en un proceso de colapso de capacidades, como dicen los militares.

Esta lógica mórbida es nuestro destino porque todos colaboran en ella, incluidos los que la denuncian. Uno de los beneficios de la crisis de Covid es que ha puesto al transhumanismo en el centro del debate. Yo llevaba unos veinte años estudiándolo. Hoy me siento menos solo porque todo el mundo habla de ello, pero a veces es para decir tonterías y tratar de detectar un complot urdido por una oligarquía satánica, cuando en realidad es algo que se viene de todas partes. Lo cual no quiere decir que una oligarquía no esté tramando el transhumanismo, pero no está manejándolo desde atrás. Para entender lo que está pasando, tenemos que hacer un poco de epistemología. Cuando se estudia la tecnociencia a largo plazo, se ve que las masas se ponen bajo el gobierno tecnocientífico porque nadie quiere renunciar a utilizar las nuevas tecnologías cuando surgen. Si renuncias a ellas, te marginas. Todos participamos en el descubrimiento científico y en su propagación viral. En cuanto un ser humano inventa una nueva técnica, todos quieren imitarla y hacerla suya, porque confiere mayor poder sobre el mundo (invención de la rueda, la imprenta, el ferrocarril, los ordenadores, etc.). Entonces el alumno supera al maestro, y una nueva tecnología supera a la anterior en un proceso acumulativo e irreversible. Así es como avanza el progreso técnico y como se escribe la Historia, a través de interacciones competitivas y miméticas descentralizadas, en busca de la nueva técnica que aumente su dominio sobre el mundo y sobre los demás.

Filosóficamente, la tecnociencia optimiza la voluntad de poder. Aquí tenemos el núcleo de un cierto neopaganismo inspirado en Nietzsche, pero sobre todo tecnófilo y prometeico, tal como se expresa plenamente en el futurismo fascista e  hitleriano, y tal como sigue existiendo en los círculos supremacistas blancos inspirados por Guillaume Faye y su arqueofuturismo, como el sitio web Rage Culture, muy estimulante pero que fantasea demasiado. Prefiero a Marc Roux y su Association française transhumaniste, más racional y responsable, y bastante cercana a Bernard Stiegler, cuyos cursos seguí, que buscaba una forma de volver a inyectar espiritualidad en el productivismo industrial. En todos los casos, tanto para los entusiastas como para las personas razonables, la modificación de la naturaleza humana por la tecnociencia es inevitable, por la razón antes expuesta: todo el mundo está implicado, y no hay vuelta atrás. Las reflexiones de Ted Kaczynski, alias Unabomber, o del Comité Invisible son muy interesantes, pero su recorrido demuestra su impotencia.

¿Qué principios debemos poner en acción para la resistencia?

Principio básico: mantener a toda costa la incertidumbre en el sistema. Como cualquier animal, el poder busca asegurar su territorio, y por lo tanto reducir la incertidumbre en su territorio, y por lo tanto hacer predecible su entorno, y por lo tanto hacer predecible a la gente.

El poder busca gobernar a los seres vivos en general, y por tanto hacer predecibles a los seres vivos, reduciendo la incertidumbre de su comportamiento y, por tanto, simplificando su comportamiento. Así pues, la ingeniería social consiste a menudo en simplificar el comportamiento humano para hacerlo más previsible. Simplificar el comportamiento significa simplificar la psique, es decir, el programa de comportamiento. Esta simplificación no tiene límites y conduce a la transformación de los sujetos en objetos. Simplificar es esquematizar, modelar y racionalizar, pero también cosificar y cosificar (véase Heidegger y la Gestell). Un objeto es menos inquieto y más previsible que un sujeto. Lo muerto y lo inanimado son más previsibles que lo vivo, que se mueve y prolifera. La cibernética, que no distingue entre lo vivo y lo no vivo sino que integra a ambos en una visión sistémica, es la verdadera doctrina del poder.

El Big Brother quiere una transparencia total y seguirnos la pista, todo para aumentar la previsibilidad y reducir la incertidumbre del sistema en el que todos vivimos. Incertidumbre es lo que algunas culturas han llamado libertad, o libre albedrío. Yo prefiero el vocabulario científico, pero compartimos la misma intuición: el Gran Hermano quiere reducir nuestras libertades para reducir la incertidumbre del sistema y centralizarlo más fácilmente bajo un control unificado.

Para mantener la incertidumbre sistémica, y por tanto la libertad, necesitamos descentralizar el poder y ponerle límites, lo que a veces significa mentir. La capacidad de ocultar deliberadamente información al Gran Hermano es lo que nos distingue de los objetos inanimados. En política, es la separación de poderes y los frenos y contrapesos, y en geopolítica, la multipolaridad. Trasladado al campo intelectual, mantener la incertidumbre también significa no ceder nunca en cuanto a matices. Saber cultivar la ambigüedad semántica, el humor, la auto ironía y la broma de segundo grado. Lo que tienen en común los fanáticos y las máquinas es que no tienen límites, ni humor, y sólo entienden el primer grado. Nuestro papel en la Matrix debe ser reintroducir la incertidumbre, la libertad, el humor y los matices. Así que tenemos que poner límites, en todos los sentidos de la palabra.

Lucien Cerise, 13 de noviembre de 2o23

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Entrevista realizada por Monika Berchvo, publicada en el número 3592 de Rivarol el 13 de diciembre de 2023.

https://www.egaliteetreconciliation.fr/Lucien-Cerise-Reintroduire-de-l-incertitude-de-la-liberte-de-l-humour-et-des-nuances-74456.html

Traducido originalmente por Red Internacional

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