El fabuloso negocio de los recién paridos: Parte IV: ‘La responsabilidad israelí’ – por Maria Poumier

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La Doctora María Poumier (exprofesora en la Universidad de París VIII) nos hace el inmenso favor de publicar en nuestro sitio partes de su próximo libro sobre los vientres de alquiler (gestación subrogada), que es de una actualidad ardiente. Aquí el cuarto capitulo. RI

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El fabuloso negocio de los recién paridos

Parte IV: la responsabilidad israelí

por Maria Poumier

 

En este  nuevo capítulo, vamos a entrar en zona prohibida: la responsabilidad israelí en el desarrollo del fabuloso negocio de los recién paridos. Los medios masivos desarrollan una propaganda constante en torno al aborto, al homosexualismo y a la procreación artificial, pero nunca informan sobre los orígenes de la promoción de dichos temas, con su propensión a convertirse en dogmas de la nueva civilización occidental, arrasando con la moral natural, y ostentando ambiciones mundiales. Empecemos por subrayar el carácter central del tema del aborto: su legalización sin límites es imprescindible para que la procreación artificial se pueda extender.

 

Una ontología materialista de sustitución

El aborto no solamente es una decisión individual trágica, sino que se practica con los embriones de manera masiva a la raíz de cualquier proceso de procreación artificial. En una primera etapa, para lograr un embrión sano y fuerte que se le pueda implantar a una mujer, hay que fabricar varios, de los cuales se eligen dos o tres, por lo general, por si falla uno.

Los demás embriones se congelan; unos se conservan así varios años, por si los genitores quieren tener más hijos; otros se les venden a los laboratorios; al final, se termina destruyendo a la inmensa mayoría. La cosa no para ahí, pues puede haber sobrantes todavía en el proceso del embarazo. El que encargó un recién parido puede exigir que la mujer incubadora aborte del gemelo indeseado, o dos de los trillizos, antes dar a luz a un solo elegido, y es un caso frecuente, pues en cada etapa se requiere inyectar hormonas que aumentan la vitalidad de la mujer y de los diminutos seres humanos en camino hacia la luz. Al final, como promedio, un recién nacido fabricado por la tecnología es el sobreviviente de una decena de potenciales hermanitos. Véanse estas selecciones como tráfico de órganos o matanzas de seres provisionalmente indefensos, el caso es que nuestras sociedades descansan cada vez más en semejantes prácticas, cuya amplitud se nos disimula, con el objetivo de seguir ampliando este ramo de actividad en medio de la indiferencia.

Se entiende mejor por qué la UNESCO quiere imponer en las leyes de cada país el “derecho” a abortar: se supone que es imprescindible para los avances de la ciencia, además de rentable. Pero la otra cara de esta mayor “libertad” para algunos e impuesta a todos, es que equivale a declarar ilegal el pensamiento religioso que se opone a ello por razones filosóficas, y sustituirlo por el ateísmo como religión de Estado. Si triunfase esta lógica, la libertad individual invocada como principio por encima de cualquier otro desembocaría en un totalitarismo, la desaparición de la libertad de conciencia, la más fundamental en el ser humano, hasta ahora garantizada por la constitución en los países democráticos, en la Declaración universal de los derechos humanos, y en muchos marcos jurídicos.

En algunos países como Francia y España, los proveedores de sus células sexuales son donantes, incluso hay campañas para que los hombres donen su semen y las mujeres sus óvulos, como cualquiera de sus órganos cuando se encuentren abocados a la muerte cerebral, por muerte natural o accidental. Se le sugiere hacer obra de caridad semejante a la mujer que aborta, donando para la ciencia los “tejidos” que se le han arrancado del vientre. En USA, la moda del alquiler de vientres empezó como acto de pura generosidad, entre gente de clase media, y todavía se nos machaca la idea de que parir para otros es un acto de altruismo, sin mayores consecuencias que el dar una limosna. Bien puede ser cuando se trata de arreglos entre hermanas o gente muy cercana. Pero si tantos esfuerzos se suman para que se difundan de manera comercial estas prácticas de transferencia de nuestros yacimientos reproductivos, es porque esto puede alcanzar altísimos rendimientos: beneficia a laboratorios, a agencias, a abogados, y todo a escala internacional, saltándose cualquier frontera nacional o barrera jurídica, moral o religiosa.

En el mundo que nos están fraguando ciertas élites, parecería que no debería quedar nada gratuito, nada que sea puro don de la naturaleza. La reproducción natural, ancestral, está en peligro. A los nuevos traficantes de carne humana les conviene que ésta se reduzca al mínimo, que no detectemos sus cálculos y que, una vez que sea tarde, el sufrimiento, la angustia, el pánico nos hagan aceptar cualquier trato leonino para poder adquirir hijos. Por ahora tienen el viento en popa, con un argumento: la mujer que alquila su útero se hace rica; la tarifa en los países más pobres da para la compra de una casa; para una familia que sólo tiene cartones y lata para ampararse, se supone que todos salen ganando y agradecidos. A corto plazo tal vez, y sacrificando su conciencia, o cerrando los ojos ante la estafa en que se ven envueltos todos, pues el embarazo forzado, seguido por la separación, es dañino para la salud de ambos, la mujer paridora y el niño.

Hay buenos sentimientos que sólo lo son superficialmente; la limosna no sustituye la justicia; el sentimentalismo no sustituye el acuerdo consigo mismo; el materialismo procura suplantar la ley natural; pero el comercio triunfante no logra silenciar la angustia existencial. El ser humano necesita una ontología que integre la trascendencia.

Pero el actual boom de los vientres de alquiler, comparable con el de cualquier recurso primario en los países colonizados (café, azúcar, petróleo, nitrato, minerales, drogas) además de requerir la esclavitud legal para los productores, es provisional. A medida que se amplíe el mercado, los precios y las ganancias irán bajando. Surgirán guerras sangrientas entre empresas rivales. La propaganda ya necesita ampliar sus mentiras y técnicas para corromper y deslumbrar: la lógica mafiosa ya está instalada, a partir del momento en que aceptamos entrar en tratos.

Por suerte hay un hilo de Ariadna, para salvarnos de la angustia, del laberinto que se nos sube a la garganta como una serpiente para asfixiarnos. Las racionalizaciones pueden ser callejones sin salida o espejismos, el reflexionar a partir de lo vivido y padecido es la vía de sentido único que no debemos perder. Sabemos que la voz del corazón es eco de otra voz, de algo que nos pertenece a todos, y nos sobrepasa a todos, el alma universal. Es el hilo conductor que enlaza a las generaciones entre sí, a los muertos con los vivos, a los hombres con las mujeres. No soltemos pues ESE el hilo, tan tenue, tan exigente…

La lucha contra la banalización completa del aborto la llevan adelante las organizaciones cristianas, y en particular la iglesia católica. En este terreno, hay avances. Los hombres toman la palabra para protestar contra la regla general en los países occidentales, según la cual las mujeres y aún las jovencitas menores de edad toman la decisión de abortar sin tomar en cuenta el punto de vista del padre potencial. Llegados a cierta edad, muchos descubren que se les ha privado de hijos; están también los jóvenes que descubren que sus madres les privaron de hermanitos, y se sienten huérfanos por esa parte. En Francia ha surgido en este sentido el movimiento de los «sobrevivientes», impulsado por Emile Duport. En Francia también, el lobby supuestamente feminista quiere imponer por ley que el personal médico no pueda oponerse a practicar actos abortivos. Ahora bien, el gobierno acaba de negarse a abrogar esta llamada «cláusula de conciencia», a pesar de que los diputados del partido de Macron querían su abolición. Esto salió el 15 de marzo de 2019, y es inesperado, esperemos que no haya retroceso. Otra feliz noticia para fortalecer nuestra esperanza: la empresa española Subrogalia acaba de verse condenada por un tribunal francés, por la propaganda que hace en internet para la venta de recién paridos mediante vientres de alquiler. En España tampoco esto es legal, esperemos que los tribunales mantengan y amplíen la presión. De Estados Unidos, donde la campaña «Stop Surrogacy Now» es pujante, están llegando informes sobre los graves daños a la salud de las mujeres que se prestan a la inseminación para parir hijos ajenos, con casos mortales, así como sobre la fragilidad de los niños concebidos en laboratorios y trasegados como mercancías preciosas. Al cabo de unos años, desarrollan cáncer y autismo en proporciones mucho mayores que el resto de los niños.

 

Israel, motor del progreso

Volvamos a nuestras primeras conclusiones: la infertilidad es un jugoso negocio, y hace falta desarrollarlo para que prospere la demanda y la mercadería de niños, a escala global. Esta es la realidad simple y cruda, todo lo high tech de la biología se combina perfectamente: mitad células reproductivas femeninas congeladas (ovocitos), mitad masculinas (espermatozoides congelados) adecuadamente « cocinados » producen embriones que, una vez descongelados, sirven para vender seres humanos o remedios milagrosos. Francia le compra embriones a Israel. Israel autoriza y promueve la prostitución uterina, llamada maternidad subrogada, para parejas judías del mundo entero, pero además las agencias israelíes les venden hijos a los gay del mundo entero.

En Israel, donde la infertilidad ya afecta al 25% de las parejas, el negocio de los vientres de alquiler recibe todo el apoyo oficial, desde 1994, fue el país pionero, antes que en ningún otro país. Dentro del país, se autoriza solamente entre gente de una misma religión. Pero se reconoce a los hijos habidos afuera, como sea. Los contratos siempre especifican que la paridora (o sea, la madre, desde la prehistoria, como se reconoce en el mundo entero) según las nuevas leyes perderá automáticamente cualquier derecho sobre el fruto de sus entrañas, y no podrá quejarse si su salud se perjudica a raíz del episodio de gestación forzada a base de indigestión hormonal. En caso de defunción antes del parto, de la madre o del hijo, las agencias ofrecen un nuevo embarazo gratis, las mejores compañías de seguro se lo garantizan. Si se presentan gemelos o trillizos, se neutraliza a los más débiles sin gasto adicional. Ahora, si los compradores descubren que a los tres años el niño desarrolla cáncer, insuficiencia cardiaca (porque hay muchas malformaciones del sistema respiratorio), o autismo, ya no vale el seguro, “diríjase a su centro de seguridad social habitual”.

Las agencias israelíes importan ovocitos ucranianos extraídos de bellezas rubias en Chipre; rumanas y rusas, legalmente, también. No son perfectas las estudiantes rusas, porque están muy alcoholizadas desde jovencitas. Pero están las españolas, marroquíes, o de otras nacionalidades, que se ofrecen para el embarazo; para un nene low cost (ver el catálogo de la agencia española SUBROGALIA, un documento reservado a los clientes una vez que han pagado la inscripción), las agencias lo encargaban hasta hace poco en las llamadas clínicas de fertilidad en la India o en Nepal ; en Tailandia, a raíz del golpe de Estado de 2013, ya esto está prohibido, como en China y Japón. India ya no se lo permite a los extranjeros. Después del escándalo descubierto a raíz del terremoto en Nepal en 2015, donde estaban en incubación muchos niños encargados por homosexuales israelíes, la cosa se ha complicado, pero todavía hay países donde la policía no se da por enterada en el Sureste asiático.

¿Por qué casualidad será que el primer país en exportación de pornografía, trata de blancas y negras, y tráfico de órganos, sea también el pionero en la globalización de este negocio? Por mucho que los rabinos protesten, esgrimen los propagandistas un argumento bíblico infalible : el caso de Abraham y su vieja esposa estéril, que remediaron su desgracia haciendo parir como madre sustituta a la sirvienta Agar, esquema que se reprodujo con Raquel esposa de Jacob y la sirvienta Bila. Los magnates del tráfico negrero de los tiempos coloniales también usaban de un argumento bíblico : el viejo Noé había maldecido la descendencia de su hijo Cam, supuesto antepasado de cananeos (palestinos) y africanos (camitas), lo cual justificaba, según ellos, la esclavitud a escala industrial de los negros.

Aunque no aparece justificación para ello en el Antiguo Testamento, Israel es también pionero en la abertura del mercado a los gays. Las leyes de matrimonio gay conducen siempre, en aras de la igualdad, a la legalización de adopción y compra de hijos para todos. El caso es que la India, que sigue teniendo grandes fábricas de infantes, ya no quiere saber de compradores gay, y echó a los promotores del negocio, la agencia Tammuz.

No hay que ser tan obsesivos con el tema israelí, es feo. Subraya el sitio web « porisrael.org »:

«Una encuesta de diciembre, de 15 clínicas internacionales de maternidad subrogada, encontró que 391 australianos habían encargado madres sustitutas a través de clínicas en los últimos tres años. Les seguían muy de cerca 384 americanos, 304 israelíes y 292 personas procedentes de China y Hong Kong ». Y no menos europeos, sin contar todo lo que se hace clandestinamente…

Es cierto, Israel no tiene la culpa de todos los inventos funestos. Wikipedia le da un amplio espacio al abogado católico, de origen irlandés, Noel Keane, que ideó el desarrollo de los contratos para el alquiler de vientres a partir de Indianápolis en 1976, con sucursales en varios Estados. Para él, se trataba de reglamentar un nuevo servicio que la tecnología hacía factible, nada más. Pero ¿de dónde nace la propaganda mundial para la fabricación y comercialización de recién nacidos? ¿Qué objetivos ocultos persigue? ¿Cuáles serán los próximos pasos que nos preparan, y quiénes son los cerebros de este nuevo negocio?

La imaginación judía

Los médicos judíos son conocidos en el mundo entero por su habilidad y su activismo en la colecta de órganos para realizar injertos, incluyendo los trasplantes de corazón para millonarios. El turismo médico es una fuente de ingresos para muchos países, no sólo Israel, y los ricos buscan servicios de calidad, a la altura de los que se brindan en Estados Unidos, pero a precios del Tercer mundo. Basándose en la teología judía, los médicos judíos se han involucrado mucho en cuestiones relativas a la fertilidad humana, en el siglo XX. En los años 1940, un judío austriaco (según la terminología laudatoria de la nota que le dedica la versión inglesa de Wikipedia) que vivía en Gran Bretaña, ganó mucho dinero al convertirse en “serial father”, padre fraudulento de más de 600 hijos. Este Dr Bertold Wiesner era un biólogo y un pionero en materia de inseminación artificial humana. Y se descubrió en los años1970 que había inseminado con su propio semen a muchísimas mujeres adineradas, a muy alto costo. Su esposa, Mary Barton, era la dueña de su “clínica de fertilidad”. Es uno de los hijos nacidos del fraude el que descubrió el negocio de la pareja con el semen del doctor Wiesner. La pareja destruyó sus archivos, y se murieron los dos antes de que se les formara juicio. Hoy en día, el mismo hijo pelea por la prohibición del donativo anónimo de semen. Hay motivos para sospechar que el Dr Wiesner no fue el único en sacar gran provecho de semejantes supercherías, nada cristianas, ya que la prensa ha revelado otros casos después. Los novelistas se deleitaron a partir de sucesos reales, anticipando otros casos más: en 1978, Milan Kundera publicó una novela divertida El vals de la despedida, sobre un ginecólogo que había poblado la región con hijos del fraude que tenían todos la misma nariz. En 2007, apareció la novela Spermatofolie, sobre un fecundo masturbador crónico. En 2011, el largo metraje Starbuck, del canadiense Ken Scott, partía de un caso real, los 150 hijos de un mismo semental.

Desde el principio, el obispo de Canterbury había calificado como “satánica” la interferencia humana en el proceso natural de la reproducción, y hoy en día, las leyes inglesas prohíben el don o la venta de semen anónimo. Pues esto dio lugar, años más tarde, a encuentros incestuosos entre hermanos que ignoran su parentesco; los habitantes del Caribe saben que es un caso clásico en la historia de los países esclavistas y se da en todos los contextos de promiscuidad entre amos y sirvientes. Las autoridades católicas siempre han protestado contra el tráfico de células sexuales masculinas o femeninas, como se practica en la ganadería industrial, y la fragmentación de paternidad y maternidad entre varias personas. Pero el desarrollo del incesto entre hermanos que no conocen a sus verdaderos progenitores no es la única consecuencia de los modernos experimentos en biotecnología aplicada a los seres humanos.

La demanda es la que crea la oferta, y así se estimulan las proezas tecnológicas en este campo, con la promesa de amplias ganancias. Los experimentos para la reproducción artificial habían empezado con el ganado, con el Dr. Shrenck, en Viena, en los años 1880. Los doctores Gregory Pineus y Enzmann desarrollaron la fecundación in vitro; les siguieron Saunders y Myriam Menki. Hasta que Robert Edwards logró que naciera el primer bebé probeta, Louise Brown, en Inglaterra, en 1978. Los papas católicos sucesivos llamaron la atención sobre la funesta posibilidad de que se trate a las mujeres como simples fábricas para bebés. Y esto es lo que tenemos hoy en día, a enorme escala, aunque se nos oculta el volumen real del negocio.

 

La industria israelí de la reproducción humana

La tasa de infertilidad en el Estado de Israel está entre las más elevadas del mundo. A la vez, en Israel, el aborto por razones médicas, tras pruebas prenatales, prenupciales, y diagnósticos previos a la implantación de embriones, es algo que se practica ampliamente, la sociedad entera cultiva esquemas eugenistas, y considera natural que sólo a algunos, los que presentan garantías de excelencia, se les reconozca el derecho a la vida. La religión judía considera que el feto se va volviendo humano progresivamente, por lo cual se le puede eliminar sin problema de conciencia. El Estado paga todos los gastos de atención médica en el campo de la reproducción. Para los judíos que acuden desde otros países, atraídos por el alto nivel de la biotecnología israelí, el bajo costo es muy atractivo, y es una gran diferencia con los servicios que se ofrecen en Estados Unidos.

Los médicos israelíes se destacan en la cosecha de células sexuales femeninas, los ovocitos, en el extranjero. Israel es un país que está en la lista negra de los países poco escrupulosos en las prácticas de compra o robo de órganos para injertos. Con los ovocitos, ha habido repetidos escándalos en los países de Europa oriental, pues la clientela está muy interesada en niños blancos, rubios y de ojos azules; la extracción de ovocitos requiere mujeres jóvenes dopadas con hormonas, hasta niveles que provocan abundancia de cáncer de útero, y peligro de eclampsia. La operación de extracción de óvulos se realiza en Israel o en Chipre: a las chicas se las traslada y se les paga una miseria; ni siquiera se enteran de que sus óvulos servirán para alumbrar hijos suyos de los que jamás sabrán nada, y que pertenecerán a otras familias, sin que puedan reclamar nada.

Los ovocitos congelados, junto con reservas de semen vendido o donado y congelado, procedentes de todos los países que se consideran yacimientos de gente nórdica de raza superior, darán lugar a embriones congelados. Este proceso muy sofisticado se realiza en los laboratorios de fama mundial Alphaclinic y Kadimasten. Después se exportan los embriones, unos a países ricos, para centros de investigación universitaria, otros a países pobres, donde mujeres pobres se prestan a gestarlos en su vientre, para que después les sean extraídos por cesárea para ser entregados en la fecha convenida de antemano a las parejas que los han encargado.

Así se ha desarrollado, en los últimos veinte años, a partir de Israel y sus leyes permisivas, su alta tecnología y sus comerciantes emprendedores, el negocio de los vientres de alquiler en la India, en Grecia, en México, en Nepal, en Tailandia, en Ucrania, en Brasil, para una clientela internacional.

 

El milagro demográfico israelí

En Israel, la actividad comercial no encuentra trabas estatales; toda la industria apunta al mercado global, y a nivel de legislación, la lógica del derecho mercantil contractual tiende a sustituir cualquier otra reflexión jurídica, como en EEUU. Israel es el primer país que autorizó los experimentos en fertilidad humana; la maternidad subrogada está bajo control estatal desde 1996. Y desde 2014, se busca autorizarla para solteros y parejas homosexuales; en julio de 2017 se dio un voto favorable en la Corte suprema.

El resultado es lo que ellos mismos llaman el “milagro israelí”: la tasa de nacimientos es la más alta entre los países desarrollados. Si recordamos que la tasa israelí de infertilidad también es la más elevada, se entiende que buena parte de la nueva generación de israelíes es importada de vientres lejanos.

La política ultranatalista de Israel se justifica oficialmente por la voluntad de compensar las pérdidas de vidas judías durante la segunda guerra mundial, más la falta de los hijos y nietos de aquella generación. Oficialmente también se trata de compensar las bajas debidas a las sucesivas intifadas; además, hasta una fecha reciente, Israel se quejaba de la amenaza de la “bomba demográfica” que era la fuerte natalidad de los países árabes.

Ahora bien, el milagro también afecta a los países vecinos, pues mientras la natalidad israelí crece, ¡ellos pierden la suya! El Líbano, por razones misteriosas, sólo produce 1,5 hijos por mujer, tasa comparable a la de Japón, la más baja del mundo, insuficiente para la renovación generacional…

La agencia Tammuz fue la agencia pionera en el comercio triangular : importar células sexuales desde EEUU, fabricar embriones en Israel, congelarlos e implantarlos en úteros asiáticos, seleccionados por médicos locales en “granjas de bebés”, entregárselos a parejas de cualquier parte del mundo, asegurando no sólo los cuidados médicos, sino los servicios de abogados para sobreponerse a la legislación propia de cada país, y lograr la exportación legal del niño, con los documentos y la nacionalidad deseada por los compradores, supuestos “padres de intención”. Tammuz significa dios de la abundancia; según la mitología de Babilonia, era hijo ilegítimo de la reina Semiramis, que lo daba por hijo de Nemrod, el cazador de leones recordado por Rubén Darío en su Oda a Roosevelt. Nemrod está mencionado en la Biblia, Génésis 9.

Tammuz es también la empresa que emprendió la conquista del mercado gay en el mundo entero, imprescindible para extender su actividad. Es importante destacar que la adquisición de hijos artificiales no se le pasaba por la mente a la mayoría de los homosexuales. Actualmente, el creador de este mercado, y de la propaganda que lo lanzó, Doron Mamet, está considerado como un genio a la vanguardia de la imaginación “uberista”, a la par del inventor de Facebook, Mark Zuckerberg, de Oprah Winfrey, de Bill Gates, de Mr. Google etc. Sin embargo, no es fácil descubrir las cifras de sus negocios, que él mantiene secretas, pues bien sabe que todavía hay un rechazo general ante su negocio planetario.

Ni la paridora ni el producto vendido antes de nacer recobrarán jamás su dignidad de pareja madre-hijo, pues no se les dejará a ninguno de los dos la posibilidad de reencontrarse jamás. No se les ha pedido jamás su opinión sobre su destino a los “hijos de nadie” ni a las esclavas, no es nada nuevo… Doron Mamet tiene sucursales hasta en Brasil, donde hace publicidad para sus “barrigas de aluguel”. Y sacó en 2009 un documental relatando su historia sentimental con su colega Roy Yolduz, y el desarrollo de su negocio: Google Baby. Doron Mamet se jacta de haber iniciado el “Gay Baby Boom”, y lo vincula estrechamente con el destino del Estado de Israel. Con su pareja que además  es su colaborador, ya tiene dos hijas, criadas principalmente por la abuela.

 

El “Pink washing”, una especialidad israelí

De hecho, en los países occidentales, muy identificados con Israel, el asco a las prácticas homosexuales ya se considera oficialmente sentimiento criminal, al igual que el llamado antisemitismo. Ni homofobia ni antisemitismo son palabras limpias, porque no se trata de “miedo a lo semejante” ni de “odio a lo semita”, pues semita se refiere a la gente de habla árabe y hebreo, lenguas muy próximas, de origen común. Las mayores instituciones judías (Anti Deffamation League, Congreso judío americano) así como el ministro israelí de la Defensa felicitaron a la Corte suprema que obliga a todos los Estados Unidos a celebrar matrimonios gay; dicha corte comprende tres jueces judíos entre cinco. Con esto queda claro el lazo oficial entre las dos supuestas comunidades representativas de minorías discriminadas. La idea que las instituciones judías quieren implantar es que el odio a los homosexuales es un vicio propio de bárbaros árabes o musulmanes, como la judeofobia es el vicio típico de las viejas naciones europeas, por lo cual son equivalentes y complementarias. Esto es lo que repite la propaganda israelí.

Lógicamente, adquiere automáticamente un estatuto positivo todo lo que lleve un leve tinte rosado, o sea “gay friendly”, amistoso con todo lo que lleve un sello homosexualista. Se combinan tres argumentos para legitimar esta nueva propaganda: teológicamente, la religión judía considera que le corresponde al ser humano prolongar el proceso creativo divino, aceptar la oferta tentadora de la serpiente que le brindó a Eva la manzana del árbol del bien y del mal, el árbol de toda ciencia. No se considera pecado experimentar sobre los seres humanos no judíos; y “creced y multiplicaos” es una consigna que vale especialmente para los judíos. De modo que la aventura homosexual no es objetivo de prohibición divina, y nada se opone a que desemboque en el cumplimiento del mandato divino de reproducirse.

El mito de Sodoma y Gomorra, con sus terribles castigos, parece haber pasado al olvido en Israel. Para el mundo cristiano, es la leyenda de una ciudad donde reinaba el homosexualismo masculino, y en la otra el femenino. Ahora bien, si se vuelve al texto bíblico, se verá que dichos vicios no están mencionados, sino sólo el desenfreno de las costumbres, respaldado por un orgullo sin límites. En todo caso, no se menciona nunca en la propaganda israelí.

El homosexualismo siempre ha existido en los márgenes de la sociedad, y tiene su fecundidad particular en el campo de la creatividad, porque desarrolla una visión crítica y en alguna medida saludable de la sociedad. Esto no es motivo para poner la inversión de valores en el centro de la vida social. ¿Quién puede desear seriamente una política de inversión oficial de la moral común, que conllevará automáticamente la glorificación de prostitución, pedofilia, pornografía y crimen organizado? ¡Solamente los que viven de ello!

María Poumier, 16 abril 2019

Publicado originalmente por Red Internacional

contactra la autora: maria.poumier@orange.fr

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LOS OTROS CAPITULOS:

https://redinternacional.net/2018/09/25/el-fabuloso-mercado-de-los-recien-paridos-primer-capitulo-por-maria-poumier/

https://redinternacional.net/2018/11/05/el-fabuloso-negocio-de-los-recien-paridos-segundo-capitulo-por-maria-poumier/

https://redinternacional.net/2019/03/18/el-fabuloso-negocio-de-los-recien-paridos-tercer-capitulo-por-maria-poumier/

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VER TAMBIEN:

http://www.sonnuestroshijos.com/la-gestacion-subrogada-en-israel-una-realidad-2/

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