La izquierda estadounidense y la cuestión judía – por Gilad Atzmon

 

Hace unos días, Ynet (el mayor medio de comunicación israelí) informó que el movimiento progresista estadounidense ha llegado a reconocer el papel problemático de sus integrantes judíos. El medio israelí reveló que, a los ojos de los círculos progresistas emergentes dentro de la izquierda estadounidense, los judíos son percibidos como “opresores blancos” en el corazón  de la injusticia social de Estados Unidos. El informe de Ynet se basa en un estudio reciente realizado por Dafna Kaufman, analista del instituto israelí Reut.

“El discurso contemporáneo de la izquierda estadounidense divide a la sociedad en cuadros (identitarios): estás con nosotros o contra nosotro; y los judíos quedan fuera”. Ynet resume el argumento de Kaufman: “Aunque la gran mayoría de los judíos estadounidenses apoyan al Partido Demócrata, los círculos progresistas ya no permiten que los judíos -en la medida que sigan siendo pro sionistas y expresen activamente su judaísmo- sean una parte nuclear de la lucha por el cambio social”. El lector habrá notado que el medio israelí no se refiere únicamente a los ‘sionistas’ como lo hacen la mayoría de los activistas de solidaridad palestina por miedo a los ‘judíos que están metidos en su juego’. El medio de comunicación israelí se refiere a ‘judíos’, ‘judaísmo’ y también a ‘sionistas’ como un espectro orgánico integral de la vida, la cultura, la identidad y la política judías.

Ynet enfatiza que la izquierda estadounidense ha desarrollado una intolerancia hacia la política judía y la identidad judía. “El informe indica además que la facción progresista más radical contribuye a la creciente exclusión de las organizaciones de la comunidad judía de la izquierda estadounidense, al negar a los judíos el derecho a quejarse de discriminación o del  antisemitismo”. Ynet cita el informe de Kaufman: “Los judíos están siendo identificados como fuertes opresores blancos, al igual que el Estado de Israel”.

Ynet pregunta: “¿Puedo ser blanco, judío, liberal y demócrata?” Kaufman responde: “Por supuesto que puedes serlo, pero algunos de tus derechos están prácticamente “revocados”. Puedes ser un aliado en las luchas sociales, pero no puedes situarte en el centro del problema”. Supongo que lo que Kaufman nos está diciendo aquí es que puedes ser ‘judío’ y ‘de izquierda’, pero tu papel como agente de cierta oposición controlada podría haber llegado a su fin.

Ynet enfatiza que “es importante recordar que los judíos han progresado en la sociedad estadounidense, colocándose en las esferas dirigentes, y esto es una parte significativa de la influencia de los judíos en los Estados Unidos; sin embargo, el movimiento progresista es muy antisistema. Por lo tanto, la conclusión es que los judíos forman parte de los blancos opresores. Por supuesto, la imagen real es más compleja, pero esta división binaria pone a los judíos en ciertas casillas”.

El discurso israelí anterior me recuerda un viejo chiste israelí:

Un israelí llega a Heathrow. El oficial de inmigración pregunta “¿ocupación?”

“No” responde el israelí, “sólo de visita”.

En la broma, el israelí se ve a sí mismo como un ocupante y también acepta ser percibido como tal, pero lo más significativo es que está totalmente a gusto con su papel de ocupante. El oficial de inmigración británico es obviamente ciego a todo eso, ya que está inmerso en un interrogatorio de rutina. Incluso podría perderse la broma. En la realidad estadounidense, tal como la describe el artículo de Ynet, los progresistas están despertando a la realidad que ha sido infligida abiertamente a su movimiento por algunos lobbies poderosos y ruidosos, grupos de expertos bien financiados y grupos de presión.

El miedo judío al antisemitismo coincide con ese momento del despertar, del descubrimiento  atormentador de que el oficial de inmigración entiende la broma, realmente, e incluso se permite reír a carcajadas. Esto es exactamente lo que el psicoanalista francés Jacques  Lacan quiso decir con aquello de que “el inconsciente es el discurso del otro”. Es el miedo a que el otro te vea por lo que eres e incluso se atreva a compartir sus pensamientos sobre tu persona  con todos los demás. En consecuencia, si el poder judío es el poder de silenciar las críticas al poder judío, entonces el miedo al antisemitismo es el pensamiento atormentador de que este poder se está desvaneciendo: la idea de que la gente comience a llamar a las cosas por su nombre y, lo que es peor, que los izquierdistas se apegan a sus principios de igualdad y justicia.

Días atrás, le pedí a un miembro progresista de mi familia que definiera la historia: “aprendemos sobre nuestros errores pasados ​​para no repetirlos en el futuro”, dijo hábilmente. Le corregí levemente. “Aprendemos sobre nuestros errores pasados ​​para poder entender nuestros errores futuros dentro del contexto”. Profundizar en esta complejidad desde una perspectiva psicoanalítica saca a la luz la noción de ‘compulsión a la repetición’. Esta compulsión se define a menudo como un fenómeno psicológico en el que un sujeto humano repite un evento o sus circunstancias una y otra vez. Esto implica ponerse en situaciones en las que es probable que el evento vuelva a ocurrir. El concepto de compulsión a la repetición fue introducido por primera vez por Freud, quien señaló una situación en la que “el paciente no recuerda nada de lo que ha olvidado y reprimido, lo actúa, sin, por supuesto, saber que lo está repitiendo… ”

Sin embargo, el concepto freudiano no describe con precisión las circunstancias peligrosas emergentes como las describe el artículo de Ynet. Como sabemos, los judíos que se identifican a sí mismos como tales son plenamente conscientes y se identifican activamente con el sufrimiento del pasado judío. Pero, por una razón u otra, algunas personas no aprenden de sus errores pasados. Siguen repitiendo los mismos errores y esperan resultados diferentes.

Gilad Atzmon, 2 junio 2021

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Articulo original

Traducción de J.M. para Red Internacional

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