DOSSIER: La Operación Gladio en Alemania Federal: estrategia de tensión y terrorismo de Estado manufacturado por la CIA y el BND

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El terror es más adecuado que cualquier otra estrategia militar para manipular a la población

(Daniele Ganser, historiador)

INTRODUCCIÓN A GLADIO

Tratar de investigar lo que supuso la red Gladio en Alemania viene a ser lo mismo que hacerlo en España, es decir, chocar frontalmente contra el oscurantismo e impunidad del Estado y sus principales cómplices, los aparatos de propaganda mediática. Al contrario de lo que sucedió en Italia, donde tras descubrirse el tinglado terrorista jueces como Felice Casson pusieron contra las cuerdas (o más bien lo intentaron) a los inductores y perpetradores de los crímenes de Estado, en Alemania y España el secretismo oficial y el silencio informativo de los medios hegemónicos es casi absoluto. Pero todavía, al menos en Alemania, a nivel periodístico y de investigación, hay quien se atreve a poner nombre y apellidos al terrorismo de Estado.

Por hacer una introducción previa de Gladio (aunque ya se ha expuesto infinidad de veces en otras entradas, véase la sección Gladio), dicha red, llamada también “stay behind” (retaguardia) fue el nombre clave (asignado a Italia, pero extensible al resto de países de Europa) con el que se dio forma a una organización secreta creada en la “guerra fría” por la OTAN, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el servicio exterior de espionaje británico (el MI6) y sus filiales europeas (BND, Alemania Federal; el Servicio de documentación exterior y de contraespionaje, en  Francia (nombrado así hasta 1982); CESID, España, etc). Se cree que Gladio existió desde 1950 hasta, al menos, 1990 y abarcó prácticamente toda Europa Occidental, incluyendo la “neutral” Suiza, Turquía y España (aunque no formaba parte de la OTAN). El objetivo inicial de Gladio fue contener una irreal invasión soviética utilizando “guerrillas” de extrema derecha actuando como retaguardia de los ejércitos de la OTAN.

En nombre de la lucha contra el comunismo, los EEUU, ayudaron a generar un nivel de agitación política que a veces se acercó más a una guerra civil que a ejecutar tácticas de “asesinatos selectivos”. Los agentes de EEUU y sus cómplices, en particular, en Italia, tomaron el control de las principales agencias gubernamentales, reduciendo la pseudodemocracia italiana a poco más que un terreno de pruebas para la CIA y la Casa Blanca, donde pusieron en práctica las más variadas tácticas terroristas. La campaña encubierta, conocida como Gladio, tomó su nombre de una espada romana de doble filo.

La realidad ante la inexistente y remota posibilidad de una “invasión” del Pacto de Varsovia fue que Gladio se utilizó como arma arrojadiza para impedir la creciente influencia de la izquierda anti-imperialista en Europa occidental utilizando el terrorismo indiscriminado contra civiles para luego echar la culpa a organizaciones terroristas por ellos creadas (oficialmente a la ultraizquierda y actuando como “gladiadores” la ultraderecha).  Igualmente, otra faceta en la actividad contrainsurgente de Gladio fue boicotear e infiltrar saboteadores en organizaciones comunistas o movimientos sociales emergentes de izquierda para provocar su división y enfrentamiento.

El propósito, en definitiva, consistió en inocular el miedo en la población para que se deslizara hacia opciones políticas de derechas o extremistas de derecha que eran las garantes de un “Estado policial fuerte” con más seguridad, más policía en las calles, menos libertades y más monitoreo por parte de los servicios de inteligencia. Tal como hoy, ocurre con el terrorismo islámico y por otros motivos exclusivamente geoestratégicos con el fín de mantener la “guerra perpetua” contra un enemigo creado artificialmente (el islam).

En la década de 1950, los partidos comunistas en Francia e Italia empezaron a ganar más y más influencia y, sobre todo, votos en las elecciones generales de un sistema hecho a medida de los capitalistas. La histeria anticomunista  en los EEUU le dio a la CIA más poder para expandir y legitimar sus “operaciones secretas ” (como Gladio) en el extranjero. Esta interferencia criminal en los asuntos internos de los Estados soberanos europeos, que se consideraban “aliados de los Estados Unidos” o “Estados amigos”, se produjo a partir de 1947.

La “Guerra Fría” fue creada y exacerbada deliberadamente, desde entonces, por los círculos fascistas estadounidenses y sirvió para legitimar una guerra paramilitar y de propaganda que fue planificada por Washington y ejecutada por otros ultraderechistas, los europeos, donde se invirtieron miles de millones de dólares a tal fín. La manipulación y control de la población mediante el miedo y el terror (especialmente antes de la celebración de unas elecciones) fue considerada como un medio legítimo de la “política exterior” estadounidense y muy bien recibida por los círculos fascistas de Europa.

El historiador suizo Daniele Ganser demostró la existencia de un documento, de fecha 1 de junio de 1959, en el que se afirmaba que el uso de las estructuras paramilitares de Gladio se debía utilizar, si fuese necesario, contra la propia población civil. El texto original en italiano establecía que: “En caso de una emergencia donde se produjesen disturbios civiles en áreas de los países de la OTAN, se procedería al derrocamiento [dar un golpe de Estado militar de corte fascista] del gobierno de turno, y los “gladiadores” se utilizarían como “putschists”, asegurándose de que los grupos “izquierdistas” fueran neutralizados”. Esto fue lo que sucedió en Grecia, con el golpe de los Coroneles (planificado por la OTAN-Gladio) y el que pretendíó ejecutar en Italia el fascista Valerio Borghese, el “Príncipe Negro”.

Borghese, que había sido un fanático del fascismo de Benito Mussolini, fue salvado “in extremis” de ser ejecutado por los partisanos italianos gracias al furibundo anticomunista agente de la OSS/CIA, James Jesus Angleton, al poco de terminar la II Guerra Mundial. A Borghese se le encomendó, por la CIA y los servicios de inteligencia italianos, un fallido intento de golpe de Estado en Italia, en 1970, golpe que iba a ser supervisado por el propio presidente norteamericano Richard Nixon. El golpe se vino abajo porque el presidente de Italia, el democristianao Giuseppe Saragat, sabía del plan y estaba dispuesto a declarar la Ley Marcial.

Pero no sólo de golpes de Estado iba a nutrirse la OTAN-Gladio, sino que incluso se propusieron habilitar campos de concentración en la isla de Cerdeña (Italia), donde la OTAN tenía una base de entrenamiento para terroristas de Gladio. Allí la OTAN internaría, después de los golpes militares, a miles de opositores de izquierdas, desconociendo si se procedería a su reeducación o asesinato. Con el golpe de los Coroneles en Grecia no lo necesitaron porque ya se encargó la dictadura militar de asesinar a miles de opositores. Lo que si se sabe es que se confeccionaron listas previas con más de cien mil opositores, sólo en Italia.

Para dar operatividad militar a Gladio se crearon depósitos secretos e ilegales de armas y explosivos por toda Europa, mientras que los integrantes de Gladio eran, entre otros, miembros de fuerzas militares especiales, círculos de inteligencia y extremistas de derecha e incluso delincuentes comunes. En la República Federal de Alemania casi todos los “gladiadores” tenían pasado criminal nacionalsocialista, como miembros de la Wehrmacht, las SS o la Gestapo.

La existencia de los ejércitos clandestinos de Gladio se mantuvo en secreto ante el pueblo y los parlamentos, y en cada país se conocía solo en un pequeño círculo de miembros del gobierno. En los países implicados, el reclutamiento y la gestión de los agentes solía ser asumida por las subdivisiones de los respectivos servicios nacionales de inteligencia, mientras que en la RFA se hizo por un organismo independiente del Servicio Federal de Inteligencia. La autoridad del comando militar estaba bajo el el Comité Clandestino Aliado, en la sede de la OTAN-SHAPE (Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa).

Gladio estaba dividido en células independientes de modo que la organización no podía ser desmantelada una vez que se produjera la supuesta ocupación soviética. Hoy sólo se puede especular sobre los detalles de su estructura. De acuerdo con una de estas conjeturas, las células respectivas fueron asignadas a un área operativa específica de responsabilidad: doce guerrillas, diez de sabotaje y seis de espionaje cada una, propaganda y movimiento de personas en el área de ocupación.

Según fuentes no muy concretas, Gladio disponía de 622 miembros, la mayor parte de ellos reclutados de movimientos de ultraderecha, pero se cree, en las estimaciones más optimistas, que hubo hasta 15.000 “gladiadores” operativos o en la reserva. Tampoco se han podido verificar los detalles de la cantidad de armamento secreto que fue almacenado (armas y explosivos) clandestinamente en bosques e incluso conventos. Por ejemplo, en Uelzen (en el bosque de Lüneburg Heide, a tiro de piedra de uno de los campos de entrenamiento más grandes de la OTAN en Europa) se encontró uno de los mayores arsenales de armas secretas.

En el proceso de ejecución de los atentados de falsa bandera una red de agencias de inteligencia, distribuyó información engañosa, falsificando pruebas y asignó los crímenes por ellos planificados (y ejecutados muchos de ellos por organizaciones terroristas de extrema derecha) a grupos o terroristas de extrema izquierda. Especialmente en Italia, las Brigadas Rojas, un grupo creado y controlado por la CIA y la inteligencia militar italiana del SISMI, fueron los que se utilizaron como muñeco de pim pam pum.

Pero el enfoque no iba dirigido solamente a un grupeto de terroristas aficionados de ideología marxista-leninista, sino que la diana principal fue desacreditar y desactivar a la izquierda de calle que supuestamente simpatizaba, o no, con “organizaciones revolucionarias de izquierda” y al Partido Comunista italiano, tradicionalmente una opción política fuerte y consolidada en Italia. El papel secreto jugado por otros actores como fueron la masonería, la Propaganda Due de Licio Gelli, o la mafia, aún no se ha dilucidado por completo (ni saldrá a la luz) pero es incuestionable que sirvieron activamente en el frente Gladio, bajo las órdenes directas de la CIA.

Las unidades paramilitares de Gladio probablemente se disolvieron después del anuncio de la operación Gladio por el primer ministro italiano Giulio Andreotti (miembro de Gladio, la mafia y la Logia Masónica P2) y el colapso de la Unión Soviética, en 1990. Aunque la “liquidación oficial” de Gladio en realidad no fue nada más que un proceso de remodelación terrorista ya que se hizo una calculada “transición”, pocos años después, hacia el Gladio B (el islámico) y es posible que parte de sus miembros los dejaran operativos para la recién creada fachada terrorista, aunque para darle realismo a la nueva operación se necesitaban ya otros actores como chivos expiatorios: musulmanes, radicales o no, islámicos. Tal vez por ello es por lo que se haya planificado premeditadamente la entrada sin control de islamistas, y musulmanes en general, a Europa con el fín de justificar los nuevos planes de Gladio B.

Hoy día el debate sobre la trama Gladio (ya no digamos en su versión española) y su criminal ejecutoria es simplemente inexistente en los medios de este país, abundando propaganda inútil y grosera como esta, una narrativa sobre el terrorismo europeo narcotizadora para estupidizar a una masa borrega que no está dispuesta a confrontar las mentiras de Estado y sí a asumir sin rechistar el falso discurso oficial.

Del mismo modo cabría hablar de esos otros poseedores de la pureza ideológica marxista-leninista que creyeron ver (y siguen viendo) a unos “mesías revolucionarios” matando en Europa Occidental en nombre de la causa de la “revolución proletaria”, cuando en realidad no eran nada más que una colección de tontos útiles militando en organizaciones terroristas creadas, amaestradas y conducidas desde el Estado profundo, donde lo único que hacían era ejecutar piezas sacrificables en aras de la estrategia de tensión.

LOS AÑOS 50: EEUU DETRÁS DEL TERRORISMO NEOHITLERIANO ALEMÁN

Para entender el trasfondo geopolítico de la posguerra, hay que decir que Estados Unidos, como potencia ocupante, fue la encargada de construir los servicios secretos y aparatos de seguridad alemanes y tenía poco o nulo interés en eliminar a los nazis en las estructuras burocráticas en la nueva Alemania (Federal), más bien todo lo contrario. Reinhard Gehlen, el hombre escogido para ello, ex jefe de los espías de Hitler en el frente oriental, realizó una considerable metamorfosis después de la guerra: pasó de ser General del Tercer Reich, mimado por Hitler, a ser general estadounidense en un santiamén. Un poco como otro nazi, Wernher von Braun, miembro de las SS de Himmler, que pasó de dirigir mano de obra esclava para sus proyectos nazis de los cohetes V1-V2 a ser el segundo hombre fuerte de la NASA norteamericana.

Gehlen fue comisionado por los norteamericanos para establecer un nuevo servicio de inteligencia en Alemania Federal, que inicialmente se llamó la “Organización Gehlen”.  De hecho, nadie hizo más que Gehlen por alimentar los temores de los americanos sobre el “peligro rojo soviético”. Algo que no era de extrañar dada la experiencia como criminal de guerra de Gehlen en la campaña militar de la Alemania nazi en la URSS, donde 4 millones de prisioneros soviéticos murieron estando Gehlen como jefe de los interrogatorios a los oficiales soviéticos capturados, lo que determinó la “suerte” del resto de prisioneros del Ejército Rojo (matándolos de hambre o siendo directamente ejecutados-asesinados).

Documentos de la CIA que fueron publicados en junio de 2006 y 2007, también muestran que entre 1949 y 1955 la Agencia norteamericana estableció estructuras secretas de “Gladio” en Alemania, empleando a ex oficiales de las SS. Uno de estos grupos fue el Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud o “Bund Deutscher Jugend” (BDJ), un ejército clandestino operado por las agencias de inteligencia estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial, que estaba compuesto de al menos 3.000 ultraderechistas, veteranos de la Wehrmacht y Waffen SS cuyo objetivo fue desestabilizar mediante el uso del terrorismo fundamentalmente la RDA, pero también la propia RFA. La BDJ fue fundada en 1950 por los ex nazis Erhard Peters y Paul Lüth y su existencia era conocida por las autoridades alemanas (a más tardar) desde 1952.

Uno de los reclutadores de la BDJ fue el criminal de guerra de las SS, de nombre falso, Klaus Altmann (su nombre real era Klaus Barbie conocido en Francia como el carnicero de Lyon, por las masacres que ejecutó en aquella localidad francesa y las miles de deportaciones que ordenó a los campos de concentración). Altmann-Barbie trabajó, en la década de 1950, para el CIC (Servicio de espionaje militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial), luego reemplazado por el DIA. Años más tarde Barbie fue reclutado por la CIA para la creación de escuadrones de la muerte en Sudamérica como apoyo a las dictaduras militares del Cono Sur en su lucha para exterminar a opositores políticos de izquierdas.

La “disolución oficial” de la BDJ ocurrió de la manera más inesperada. El 9 de septiembre de 1952, un hombre entró en una estación de policía de Frankfurt y les contó a los agentes una historia sorprendente: dijo que formaba parte de una unidad paramilitar financiada por los estadounidenses que además poseía armas y explosivos, explicando, detalladamente, como a los miembros del grupo se les enseñaba a matar personas sin dejar rastro, cómo esconderse en un bosque y otras técnicas de “insurgencia”.

El hombre se llamaba Hans Otto y había sido un ex oficial de las Waffen SS en la Alemania nazi. En principio, el supuesto propósito de estos ejercicios secretos no despertó sospechas, ya que la justificación para formar tales “milicias” era en el hipotético caso de que la Unión Soviética invadiera y ocupara Alemania, de modo que esos paramilitares actuarían muy parecido a la Resistencia en Francia, dificultando el avance de los ocupantes con “ataques terroristas” y sabotajes.

Pero cuando Otto presentó a la policía una lista de políticos alemanes de la RFA (hasta un un total de 40 personas) potencialmente “asesinables”, en un determinado “día X”, no sólo en caso de una imaginada invasión soviética sino también en el supuesto de un amenazante, para EEUU, cambio de poder político interno en Alemania Federal hacia la izquierda, todo cambió. Los políticos a asesinar pertenecían principalmente al SPD, entre ellos Herbert Wehner, el entonces líder del partido SPD Erich Ollenhauer, el ministro del Interior de Hesse Heinrich Zinnkann y los alcaldes de Hamburgo y Bremen. Todos ellos habían sido clasificados como “anticomunistas poco confiables”.

 

GEORG AUGUST ZINN, PRIMER MINISTRO DE HESSE (RFA) EN 1952, POR EL PARTIDO SOCIALDEMÓCRATA SPD. PROMOVIÓ LA PERSECUCION DE LA ORGANIZACIÓN NAZI BDJ

El asunto probablemente habría sido silenciado en ese momento si no hubiera sido por un político valiente que lo hizo público: Georg August Zinn, entonces primer ministro de Hesse por el SPD y un convencido antifascista. A pesar de la enorme presión del canciller alemán Adenauer y las autoridades de los Estados Unidos, a Zinn no lograron silenciarle e hizo un encendido discurso en el Parlamento de Hesse, advirtiendo de que estas estructuras secretas “eran la base de las actividades criminales y subversivas que se produjeron en los años veinte y que luego llevaron a la dictadura de Hitler, ya que se habían activado nuevamente”.

Las investigaciones que se iniciaron, gracias al decidido impulso de Zinn, llevaron a escondites de armas y a un campo de entrenamiento en Odenwald, en Hesse. En una redada llevada a cabo por unidades de la policía local en las instalaciones de la BDJ en 1952, se supo que los Estados Unidos habían financiado a la organización con una suma mensual de 50.000 a 80.000 marcos alemanes y le habían suministrado armas, municiones y explosivos. En Odenwald, cerca de Frankfurt am Main, se encontró un almacén de armas con ametralladoras, granadas, artillería ligera y explosivos.

El 30 de octubre de 1952, el BGH (Bundesgerichtshof o Tribunal Federal de Justicia de Alemania, con sede en Karlsruhe) ordenó la liberación de todos los miembros detenidos de la BDJ, sin siquiera haber hablado con los oficiales de policía de Frankfurt o conocer los resultados de su investigación. El asombrado e indignado Georg August Zinn quedó atónito y sólo pudo explicar este comportamiento por el hecho de que los jueces de Karlsruhe actuaron, vía el Ministro de Asuntos para toda Alemania, “por orden de los estadounidenses y que los detenidos trabajaban para EEUU”.

El CIC se hizo cargo de los miembros del BDJ detenidos por la policía alemana y posteriormente negó el acceso de las autoridades de la RFA a los documentos que había confiscado y que estas pensaban utilizar como prueba de cargo por posesión no autorizada de armas y asesinato planificado. Cabe recordar que los agentes del CIC (muchos de ellos luego absorbidos por la CIA) permitieron que cientos de criminales de guerra nazis escaparan en la” línea de las ratas” hacia América Latina, con el apoyo del Vaticano.

Diplomáticos estadounidenses le aseguraron al Ministro Zinn que no había planes para “alterar el clima político” en Alemania Federal, mientras que la CIA se apresuró a restar importancia al caso diciendo que esas listas “arbitrarias” de muertes se “habían creado, sin el conocimiento y el consentimiento de los servicios de inteligencia”. Lógicamente, quien creyese esa patraña de la CIA es que era el más tonto e ingenuo de toda Alemania.

Del conocimiento del canciller Konrad Adenauer de la trama terrorista de la BDJ para asesinar a políticos del SPD resulta impagable y demoledor lo que dijo el entonces ex jefe de la CIA en Alemania Occidental, Peter Sichel: “Adenauer estaba molesto no porque no hubiera sido informado del plan de la BDJ, que lo conocía y además no estaba en contra de esas “actividades”, sino porque dijo que deberían haberse elegido las personas con más cuidado”. Por supuesto, Adenauer negó la existencia de la “lista de la muerte” y formalmente el BDJ fue prohibido en enero de 1953. Pero esto no fue nada más que una estrategia de camuflaje puesto que la BDJ continuó bajo otro nombre y, además, en ese mismo año muchos de sus miembros fueron enviados a la RDA para organizar el “levantamiento de 1953”, donde agitadores y terroristas llegados desde Berlín Occidental intentaron derrocar al gobierno comunista de Wilhelm Pieck, incitando a la población alemana oriental a una rebelión vendida como “popular” por la propaganda del Oeste.

Después de que la RFA se convirtió en miembro de la OTAN, en 1955, Adenauer firmó un anexo secreto al Tratado, mediante el cual Alemania Federal se comprometió a otorgar inmunidad legal a los miembros de la redes secretas nazis de BDJ-Gladio. De este modo, no se podrían iniciar, bajo ningún concepto, procedimientos penales para antiguos nazis y los nuevos que iban a estar al servicio de EEUU. Dicho acuerdo secreto tenía un precedente de impunidad cuando se produjo el amago de golpe de Estado de 1953, en la RFA, que el ex secretario del Ministro de Propaganda de Joseph Goebbels, Werner Naumann, intentó llevar a cabo con un amplio círculo de fervientes nazis. Las implicaciones de este golpe fallido se cree que llegaron hasta el propio Adenauer y altos responsables de la Administración alemana. Pero Naumann y el resto de conspiradores fueron puestos en libertad, a pesar de haber formado parte de un probado (por la autoridad ocupante británica) plan golpista.

Entre los muchos funcionarios ex nazis de alto nivel de la RFA a los que les debió llenar de de gozo la “carta blanca de inmunidad” se encontraban, por citar sólo unos pocos que estaban en lo más alto del poder en la RFA, gente como Hans Globke (un alto funcionario con Hitler en el Ministerio del Interior del Tercer Reich y redactor de las leyes raciales nazis) considerado el ojo derecho o eminencia gris en el gabinete Adenauer. A Globke, falso “opositor” de última hora al régimen nazi, le han blanqueado su expediente todo lo que han podido en Occidente tachándolo suavemente de “personaje controvertido o contradictorio”.

Globke, en Alemania Federal, controlaba los servicios de inteligencia (el BND) en cuya jefatura estaba otro fiel del III Reich señalado más arriba (Reinhard Gehlen) y llevó a los generales de Hitler a la dirección del Bundeswehr (el nuevo ejército de la RFA), como fue el caso del criminal de guerra convicto, Erich Von Mannstein, (quien participó en la invasión de la URSS) o Adolf Heusinger, hombre de absoluta confianza de Hitler, planificador de la masacre de Oradur Sur Glane (645 civiles asesinados por los nazis a sangre fría), en Francia, general del Bundeswehr y presidente del Comité militar de la OTAN. Adenauer protegió totalmente a Globke y evitó que compareciera como testigo en el juicio de Jerusalén contra Adolf Eichmann, el cerebro del Holocausto.

La RDA juzgó y condenó a Globke “in absentia”, bajo la juez Hilde Benjamin, en 1963, aunque tanto para la Alemania neohitleriana como para EEUU, el juicio contra Globke fue “un espectáculo” (sic) que no tuvo legitimidad. Pero el único espectáculo de ilegitimidad, desvergüenza y fascismo fue el de esos dos países que durante más de cuarenta años dieron protección a innumerables criminales de guerra nazis, reclutándoles como terroristas o colocándoles en puestos clave de la Administración militar y de inteligencia estadounidense y civil-militar y de inteligencia en la RFA.

La re-militarización de Alemania Occidental (por los cripto-fascistas) tras su entrada en la OTAN, como vasallo de los Estados Unidos, había comenzado y el resultado condujo finalmente (a pesar del aumento de la prosperidad ganada con el Plan Marshall) tanto a una actitud más hostil y agresiva contra su vecino de la RDA como a las protestas antimilitaristas y antifascistas de 1968.

FABRICANDO BULOS EN LA POST-GUERRA FRÍA: LA RDA, CULPABLE DEL TERRORISMO INTERNACIONAL

Es una realidad incontrovertible que en los “años de plomo”, en Alemania Federal y en el resto de Europa, servicios de inteligencia como la CIA, el BND (RFA) y el italiano SISMI (por citar los más relevantes) controlaron, manejaron y organizaron el terrorismo en suelo europeo para ser utilizado en la estrategia de tensión de Gladio, guiando sus atentados en varios países de Europa. Unos pocos historiadores, periodistas o investigadores han estudiado a fondo aquellas implicaciones, como son el periodista norteamericano Arthur Rowse (el primero en escribir sobre la red Gladio en Italia, en 1994) Gerhard Wisniewski en Alemania, Daniele Ganser en Suiza, Richard Cottrell en el Reino Unido o Paul L. Williams en EEUU.

Otros autores no tan conocidos que han escrito sobre la trama Gladio son: el italiano Sergio Flamigni con su obra La esfinge de las Brigadas Rojas, los alemanes Erich Schmidt-Eenboom y Ulrich Stoll  en su Die Partisanen der NATO: Stay-Behind-Organisationen in Deutschland 1946–1991, un libro aséptico que hace un pésimo uso de la palabra “partisano” para definir a los mercenarios terroristas de la OTAN, con el añadido de no llevar carga política alguna para no alimentar, dice cínicamente el periódico conservador Frankfurter Allgemeine, “a los teóricos de la conspiración” (sic) o, en fin, la pseudoperiodista, también alemana, Regine Igel quien ha escrito varios libros sobre dicha cuestión, entre ellos, El lado oscuro de la CIA en Italia (Terrorjahre: Die dunkle Seite der CIA in Italien).

La alemana Igel argumenta que la izquierdista RAF (Fracción del Ejército Rojo) fue previamente infiltrada e instrumentalizada por los servicios de inteligencia al igual que las Brigadas Rojas italianas. Hasta aquí todo correcto. Sin embargo, Igel dice que dicha infiltración también se hizo por el servicio de espionaje de la RDA, el Ministerio para la Seguridad del Estado (MfS), más conocida como Stasi. El discurso de Igel no deja de ser una trampa, con aroma a engaño, que sólo sirve para oscurecer o “equilibrar” la Operación Gladio de Occidente. Igel atribuye al MfS, en otro libro, Terrorismus-Lügen: Wie die Stasi im Untergrund agierte, una falacia típicamente propagandística de la guerra fría: que la Stasi de la RDA (como el KGB de la URSS) apoyó tanto a grupos terroristas de izquierda (la RAF, OLP, Abu Nidal, los cuales estaban dirigidos y controlados totalmente por la CIA, el BND y el Mossad israelí) como a grupos neonazis o de extrema derecha (igualmente controlados por el espionaje occidental).

Este delirio de Igel (y de otros autores atlantistas) no hace falta decir que se derrumba por sí solo y con un argumento bien simple: pregúntese usted cómo es posible que una agencia comunista de inteligencia, como el MfS, podía luchar, codo con codo, en alianza con la OTAN, por hacerse con los servicios de terroristas de signo político opuesto para, al mismo tiempo, apoyar las tesis ultraderechistas de la CIA de acabar con la influencia de la izquierda en Europa Occidental. ¿Se puede ser más ridículo?. ¿Se piensan que la “Stasi” no sabía que el objetivo de Gladio era desprestigiar a la izquierda occidental y crear gobiernos fuertes de ideología parafascista en Europa?

¿La RDA iba a utilizar el terrorismo de la RAF (y otras organizaciones) para “desestabilizar”, supuestamente, a dos países de la OTAN, como la RFA o Italia, mientras la CIA hacía exactamente lo propio pero como estrategia de tensión para minar y socavar a la izquierda occidental? ¿Y las agencias de inteligencia de ambos bandos acaso no se enteraban de las operaciones que hacían con sus respectivos espantapájaros terroristas? ¿Estaban asociadas o qué? ¿En qué nivel de esquizofrenia se mueven los propagandistas de la OTAN?

La RDA apoyando al terrorismo neonazi de Gladio ya es una fantasía estrafalaria fabricada en la imaginación de Igel y los medios revanchistas alemanes. Y no hay más que refutar esta engañifa con dos ejemplos:

1º) El Servicio Técnico de la Federación alemana de la Juventud (y sus continuadores tras ser “ilegalizado”) fue uno de los puntales terroristas que utilizó EEUU y la RFA para organizar la caída del gobierno comunista de la RDA. Sus principales integrantes eran simpatizantes ultraderechistas y ex miembros de las SS y la Wehrmacht, coordinados todos por la inteligencia militar norteamericana del CIC (Counterintelligence Corps), cuyas actividades fueron el sabotaje económico y los atentados contra bienes, personas e infraestructuras de la RDA, así como intentos de golpe de Estado (como ocurrió en el “levantamiento contrarrevolucionario de 1953”).

2º) Uno de los implicados en el atentado-masacre de la Oktoberfest de Munich (agosto de 1980, del que se hablará en otra entrada), Heinz Lembke, un fanático ultraderechista que custodiaba los depósitos de guerra del arsenal clandestino de la OTAN en Uelzen (RFA), había nacido en 1937 en Stralsund, Alemania Oriental, donde vivió un tiempo antes de huir a Alemania Federal en 1959 y convertirse en agente logístico de Gladio y colaborador del BND. Lembke se puso a la cabeza de la organización neonazi «Bund Vaterlandischer Jugend» o BVJ (Alianza de Jóvenes Patriotas). Como ideólogo de dicha organización concibió lemas tales como «Un alemán que piensa como un judío merece ser ahorcado».

Que la URSS o la RDA apoyaran, más teóricamente que en la práctica militar, a movimientos populares izquierdistas de liberación en Sudamérica, África o Asia es algo que está lejos, muy lejos del terrorismo de falsa bandera de Gladio en Europa Occidental orquestado por la CIA y sus sucursales de inteligencia europeas. Este terrorismo adiestrado fue ejecutado por facciones terroristas de signo político opuesto que servían muy bien como contrapunto para señalar las “maldades del comunismo” y también para fabricar chivos expiatorios (asesinos solitarios, fanáticos radicales de ultraderecha, organizaciones anarquistas, etc..) que sirvieran como coartada con la que cubrir posibles grietas en la ejecución de atentados (fallos operativos) o solventar problemas legales en el futuro (investigaciones judiciales, etc).

Fue, precisamente, el KGB, a través del general Yuri Ivanovich Drosdov, quién logró penetrar en el Gladio alemán y estuvo absolutamente al tanto de toda la información sobre la red stay-behind, al igual que la Stasi de la RDA, y por lo tanto, Moscú tenía conocimiento de los secretos vinculados a la operación stay-behind o, lo que es lo mismo, el terrorismo de Estado y sus “gladiadores”. La “malvada” Stasi reveló hasta 1980 más de 50 unidades alemanas de Gladio en la República Federal Alemana, sus enlaces de comunicaciones, depósitos de armas y miembros terroristas que estaban operativos. Todo parece indicar que el espionaje de la RDA tuvo pleno conocimiento de Gladio desde mediados o finales de los años 70 gracias a sus agentes infiltrados en el espionaje de la RFA, el BND.

Por ejemplo, Heidrun Hofer, que trabajaba para esta última agencia de inteligencia (BND) fue una pieza fundamental para desentrañar Gladio. Hofer era una ferviente ultraderechista pero no fue espía doble del MfS sino la mujer de un espía del KGB que hábilmente logró captarla sentimentalmente llegando a contraer matrimonio con ella para sacarle, posteriormente, información muy confidencial. Hofer era secretaria en el Departamento IV del BND, en Munich, en el servicio que estaba a cargo de la dirección de la red stay-behind. Su puesto le daba acceso a los documentos más confidenciales de la OTAN. Aunque se desconoce la naturaleza exacta de los datos que transmitió a la Stasi y al KGB, lo que sí se sabe es que comunicó información sobre un centro de mando stay-behind altamente secreto, que se hallaba en la costa atlántica y debía servir de base al gobierno alemán en el exilio.

En cambio, Joachim Krase, que fue director adjunto del propio BND, era un doble agente trabajando para el MfS-Stasi de la RDA. Krase reveló absolutamente todo sobre la Operación Gladio en la RFA, un secreto que los rusos conocían desde hacía tiempo. Documentos del servicio de inteligencia de la RDA, hoy desclasificados, confirman que el MfS estaba extremadamente bien informado sobre la operación stay-behind.

Durante unas maniobras efectuadas por la OTAN en 1979, unidades de inteligencia del MfS interceptaron señales desconocidas y detectaron la presencia de una red paralela. Después de años de investigación lograron descifrar el código que utilizaban los agentes stay-behind del BND y localizaron decenas de puntos repartidos por todo el territorio de Alemania occidental, muchos de los cuales estaban concentrados en la zona fronteriza con la RDA y Checoslovaquia

En 1984, el general Horst Mannchen, director del Departamento III de la Stasi y responsable de las escuchas radiofónicas, comunicó a los ministros del gobierno de la RDA numerosos detalles sobre la red stay-behind del BND. La Stasi concluyó que los datos reunidos «indicaban claramente que el BND había concedido gran importancia al entrenamiento y la preparación de estos agentes especiales». Las comunicaciones radiales interceptadas por el servicio revelaban también que la red stay-behind alemana estaba muy bien coordinada y que estaba en contacto con los «servicios secretos de la OTAN» en Cerdeña [Italia], en Huy (Bélgica) y en las ciudades francesas de Lille y Grenoble

Uno de los discursos más corruptos y deformadores de Occidente en el período post-Gladio es el que ha señalado repetidamente a la RDA y a la URSS como patrocinadores del terrorismo internacional, una estrategia utilizada para encubrir que la CIA y sus filiales europeas fueron quienes lo crearon, financiaron y apoyaron durante toda la guerra fría (y ahora lo siguen haciendo con el terrorismo islámico).

La República Federal Alemana y EEUU han ocultado, falsificado o manipulado los archivos de la Stasi incautados en 1989, tanto para los registros reales que implicaban a Occidente en el terrorismo de Gladio como para señalar datos que supuestamente aparecían en esos ficheros y que resultaron ser falsos. En este último caso, podemos citar el caso relativo al atentado de falsa bandera contra la discoteca La Belle de Berlín Occidental (que era frecuentada por soldados norteamericanos), en 1986, donde murieron tres personas y más de 200 resultaron heridas, atentado que la revista Frontal de la RFA demostró que fue orquestado por la CIA, el BND alemán y el Mossad israelí.

A través de esas tres agencias de inteligencia y sus medios de propaganda se expuso la tesis occidental de un complot de la Libia del coronel Muammar El Gadafi en el atentado de La Belle, lo que provocó que el presidente de EEUU, Ronald Reagan, ordenase el bombardeo de Libia. Después de la reunificación alemana, se dijo que archivos de la Stasi supuestamente apoyaban la teoría del “complot libio” y se organizaron demandas en 1992 contra Libia, pero en 1993 fueron paralizadas ya que todas estas teorías eran producto de fabulaciones maliciosas y no existía una sóla prueba incriminatoria contra Libia en dichos archivos.

Cuatro precisiones:

PRIMERA: El MfS hizo uso de todas las medidas apropiadas para mantener el control necesario y obtener la información de todas las personas que entraban a la RDA, legal e ilegalmente, en particular, las que lo hacían bajo pasaporte diplomático como espías extranjeros. Dicha prevención fue determinante  para tomar precauciones ante potenciales objetivos terroristas contra el territorio de la RDA, sobre todo por parte de las organizaciones ultraderechistas de Gladio entrenadas y equipadas por la CIA y el BND.

SEGUNDA: El MfS, a este respecto, nunca aprobó las actividades terroristas de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), no apoyó a dicha organización, no proyectó atentados con ellos, ni controló a sus miembros, entre otras cosas porque la inteligencia alemana oriental tenía conocimiento de que la RAF era una estructura operativa de Gladio que la iban a utilizar como cubierta acusatoria contra la RDA. Todos los intentos por atribuir a la “Stasi” nexos con la RAF han fracasado. Ni en los archivos de la Stasi ni en ningún otro documento hay rastro alguno de ello, salvo las pruebas manipuladas que se hayan fabricado “ad hoc” en Alemania Occidental.

TERCERA: Es cierto que algunos “prófugos” de la RAF fueron acogidos en la RDA a principios de los años 80 y por razones de seguridad obtuvieron una nueva identidad, pero se les impuso una condición por la Seguridad del Estado de la RDA: que abandonasen toda tentativa de volver a Alemania Federal para realizar actividades terroristas. El MfS constató que no hubo violación alguna de estos requisitos por parte de los miembros de la RAF que se encontraban en la RDA.

CUARTA: Como opinión personal entiendo que lo más prudente habría sido que las autoridades de la RDA hubieran rechazado la entrada de esos terroristas manufacturados por Gladio ya que comprometían la propia seguridad del Estado germano oriental, aunque con toda seguridad eran miembros “de base” que desconocían quién manejaba sus hilos y la Stasi debió tener conocimiento de ello, tras proceder a su interrogatorio.

La leyenda prefabricada sobre las “conexiones RAF-Stasi” tiene una teoría muy sólida. Los autores del libro “El fantasma de la RAF” (Gerhard Wisnewski, Wolfgang Landgraeber y Ekkehard Sieker) adjudican dicha maquinación a las agencias de seguridad de Alemania Federal para quienes era más fácil atribuir a la RDA los asesinatos de la llamada “tercera generación” de la RAF (a partir de 1984), ya que aquellos no pudieron deducirse del testimonio de sus presuntos autores materiales puesto que fueron asesinados por la policía de Alemania Occidental para borrar pruebas, quedando prácticamente todos los “ataques de la RAF” de mediados de los años 80 como “atentados silentes”. La desinformación siempre ha sido el más eficaz método de la inteligencia alemana federal para oscurecer sus propias acciones.

Sin embargo, con la anexión en el bolsillo, el último Ministro del Interior de una pantomima-Estado llamada “RDA”, ya en manos de la RFA, Peter Michael Diestel, del partido conservador CDU, ordenó el arresto de varios miembros de la RAF en junio de 1990, los que estaban en territorio de Alemania Oriental y también del Ministro del MfS, Erich Mielke para escenificar una farsa que se ajustaba perfectamente al espíritu revanchista de la RFA y de los objetivos de Gladio, es decir, justificar con ello la culpabilidad de la RDA en el manejo y refugio de terroristas.

Los documentos del MfS-Stasi secuestrados por EEUU y Alemania Occidental tras la caida del Muro están en poder de un órgano gubernamental partidista anti-RDA, por tanto no independiente, como es el Comisionado Federal para los Archivos de la Stasi, el BStU. No es difícil de adivinar que aquellas operaciones que figuraban al detalle en esos archivos y que afectaban a la red “stay-behind” del Gladio de la OTAN, donde se identificaban a sus agentes y se desenmascaraban sus nexos con el terrorismo de falsa bandera (RAF o el neonazi WSG Hoffmann), han sido blindadas y censuradas por los empleados del BStU.

Para relanzar la teoría acusatoria de los vínculos RDA-terrorismo internacional recordemos que una Comisión llamada “Mitrokhin” (en honor al montajista ex espía soviético Vassily Mitrokhin, sobornado por el espionaje exterior británico, el MI6) se creó en Italia en el año 2002 impulsada por la extrema derecha, en concreto por iniciativa del Presidente del país (el siniestro Silvio Berlusconi) y por otro fascista, Paolo Guzzanti, de Forza Italia, en la que se acusó a la URSS (nada menos que por órdenes directas de su presidente, Leonidas Brezhnev) y a la RDA de estar detrás del atentado contra el Papa Juan Pablo II ocurrido en la plaza de San Pedro (Roma), en mayo de 1981. También validó dicha Comisión la farsa de la prefabricada pista “búlgaro-soviética”.

La realidad sobre el atentado contra Juan Pablo II es que fue la red Gladio (uno de cuyos miembros era Berlusconi) y su estructura criminal (CIA, mafia, Vaticano y la Logia masónica P2 de Licio Gelli) quién urdió el complot para asesinar al Papa polaco. El periodista norteamericano Arthur Rowse dijo que el señuelo colocado por el establishment italiano de poner en la diana a los servicios secretos de varios países socialistas como responsables del terrorismo de los años de plomo en Italia, Alemania Federal y en el resto de Europa era “una prueba falsa de manipulación fantástica plantada por parte del espectro político italiano”. Ya en 1980, Gianfranco Sanguinetti (escritor italiano) refutó la falacia de los gobernantes italianos.

A pesar del esfuerzo desplegado por la Alemania del Oeste y, en general, Occidente, donde se ha hecho una búsqueda intensiva para encontrar evidencias de la culpabilidad de la RDA en su apoyo al terrorismo, no se ha encontrado jamás una sóla prueba de acciones terroristas que involucrasen a la Stasi, tanto en la RDA como fuera de ella, y menos que implicaran al resto del bloque soviético. No hubo “dos Gladios”, sino uno sólo, tanto en Alemania como en Italia y en el resto de la Europa de la OTAN. Fin de la historia anti-Stasi.

TERRORISMO DURANTE LOS AÑOS 70-80 EN LA RFA: LA FRACCIÓN DEL EJÉRCITO ROJO, PIEZA ANGULAR DEL GLADIO ALEMÁN

Helmut Schmidt, canciller de Alemania Federal en el período 1974-1982 perteneciente al Partido socialdemócrata, SPD, confirmó en 2007, en una entrevista concedida al periódico Zeit, la existencia del terrorismo de Estado en la República Federal de Alemania (en adelante, RFA). Schmidt no fue explícito en sus acusaciones pero sí evidenció lo que ya se sospechaba en los círculos minoritarios del periodismo investigador de la red Gladio. A la pregunta de Zeit: ¿Hubo una forma “especial” de terrorismo en Alemania al margen de organizaciones como Baader Meinhof y otras?, Schmidt respondíó (paréntesis míos): “Tengo la sospecha de que todo terrorismo, independientemente de si lo comete la RAF alemana, las Brigadas Rojas italianas, los franceses (Acción Directa), los irlandeses (IRA), los españoles (ETA) o los árabes (OLP), que sabemos que tienen poco aprecio por los seres humanos, diría que es superado por ciertas formas de terrorismo de Estado”. Zeit: ¿Habla en serio? ¿A quién se refiere? Schmidt, dijo: “Dejémoslo así.  Lo que realmente digo…es lo que acabo de decir”.  

Las declaraciones de Schmidt ponen de relieve que en los respectivos países de la Europa occidental los servicios secretos estuvieron  liderando un ejército anticomunista dentro de cada Estado, siempre en estrecha colaboración con la CIA y el servicio secreto exterior británico, el MI6, que fueron los principales planificadores.  Los parlamentos no estaban al tanto de este proceso, sólo los miembros principales de los ejecutivos (primer ministro, presidente, ministro del interior y ministro de defensa) lo sabían. Recordemos que Gladio no sólo fueron grupos terroristas activos sino también estructuras políticas, tal vez incluso a un nivel más bajo que las señaladas.

La RAF (o Fracción del Ejército Rojo) fue la organización armada que en Alemania Federal sirvió como arista para la estrategia de tensión de Gladio. El objetivo era crear un clima de rechazo social hacia la izquierda o simplemente hacer que el giro político se decantase hacia opciones más a la derecha, que sería la más proclive a introducir medidas de seguridad  adicionales. A pesar de que en la RFA el partido comunista estaba prohibido (existía el DKP como “alternativa” de bajo perfil comunista y además controlado por el Estado) y las opciones políticas eran todas anticomunistas y conservadoras (Los Verdes-CDU-CSU-FDP) o socialdemócratas pero muy favorables a EEUU (SPD), el terrorismo de Estado se implementó con fuerza en la RFA para cortar “por lo sano” cualquier auge “izquierdista”.

Es sabido que los movimientos populares anti-militaristas, anti-OTAN y anti-imperialistas habían cobrado fuerza a finales de los años 60 y mediados de los años 70 en Europa Occidental, en especial en la RFA, Francia e Italia. Por tanto, una forma de revertir una potencial tranformación ideológica que calara en la sociedad consistió en “convencer” al dócil y sumiso rebaño medio europeo para que se decantara por un Estado derechista de seguridad a golpe de estrategia de tensión de Gladio. En palabras de Klaus Fischer, ex agente de contrainteligencia del MfS-Stasi de la RDA “la tarea de Gladio fue impedir un giro a la izquierda en Europa Occidental”.

Al igual que sucedió con Italia, y en otros países europeos, los gestores del crimen de Estado en Alemania Federal utilizaron dos frentes de propaganda y acción terrorista de signo político opuesto: uno izquierdista, la conocida RAF, su eje central de actuación, y en el otro frente habilitó a grupos terroristas de extrema derecha como actores secundarios, para servir de “contrapeso” ideológico: en particular, el nazi WSGH (Wehrsportgruppe Hoffmann) y el NSU (Nationalsozialistischer Untergrund). Un tanto a imagen y semejanza de lo que estaba sucediendo, por ejemplo, en Italia con las Brigadas Rojas-GAP (Grupos Armados Proletarios), extrema izquierda, y, por otro lado, Avanguardia Nazionale-Ordine Nuovo-Núcleos Armados Revolucionarios (extrema derecha).

Algunos argumentan que la RAF existió a más tardar hasta 1980 y su actividad terrorista de mediados de esa década en realidad fue obra de la inteligencia alemana occidental, como así lo señala el periodista alemán Gerhard Wisniewski, quien si tiene clara una cosa: “sin la cobertura del Estado alemán la RAF no habría existido”. Una traslación de esta declaración se podría hacer perfectamente al resto de países donde operó Gladio. No obstante, habría que decir que antes de 1980, desde la misma fundación de la RAF, los servicios de inteligencia de la RFA (el BND) ya manejaban sus hilos y monitoreaban sus movimientos.

Los orígenes de la RAF y sus relaciones con el espionaje alemán del BND se remontan a 1968, durante las protestas anti-imperialistas que se produjeron en Alemania, en particular, contra el magnate Axel Springer (propietario de tabloides amarillos como el Bild Zeitung), cuando el agente del servicio de inteligencia alemán Peter Urbach proporcionó a los miembros de la Fracción del Ejército Rojo, cócteles molotov, armas de fuego y también suministró una bomba, a una “supuesta organización izquierdista” que nunca fue detenida, con la que se pretendió atentar contra el centro comunitario judío de Kristallnacht, en Berlín, 1969. El agente Urbach también estableció contacto cercano con el líder de la RAF, Andreas Baader. Tampoco deben olvidarse ataques, años después, como el del GSG 9 (una unidad de operaciones especiales contraterrorista de la Policía Federal Alemana) contra la prisión de Celle, en 1978, que se vendió durante ocho años como terror de izquierda y resultó ser una falsa bandera.

Y es que en palabras de Peter Jürgen Boock, ex miembro de la RAF, “la Fracción del Ejército Rojo a menudo era conducida a través de la arena por los servicios de inteligencia como quien tira del anillo que llevan los bueyes en la nariz”. Incluso el jefe de LKA (Oficina de la Policía Criminal del Estado), Waldemar Burghard, dijo una vez: “Mientras Ulrike Meinhof (la otra líder de la RAF) esté libre, podemos estar en condiciones de ordenar el equipamiento militar que sea necesario”. No hace falta decir para quién iba destinado ese “equipamiento militar”.

El llamado “otoño alemán” es el momento álgido donde la atmósfera política en la República Federal de Alemania se ennegreció llevando al límite la estrategia de tensión de Gladio. Septiembre y octubre de 1977 fueron dos meses que estuvieron marcados por atentados de la RAF: el secuestro y asesinato del presidente de la patronal alemana, Hanns Martin Schleyer (antiguo oficial de las SS durante el III Reich), el secuestro del avión de Lufthansa Landshut y los “suicidios” (en realidad, asesinatos) de los principales miembros encarcelados de la primera generación de la RAF constituyeron el acto final de la llamada Ofensiva 77 de la RAF. La historiografía oficial sobre el terrorismo en Alemania Federal suele establecer tres “generaciones de la RAF”. La primera comenzaría a finales de los años 60, la segunda y más activa en el “otoño alemán” de mediados de los años 70 y la tercera recrudecería su actividad a mediados de los años ochenta.

La narrativa oficial acerca del terrorismo en la RFA es la misma que en Italia y en el resto de Europa. Grupos terroristas (con la denominación oficial de extrema izquierda) de varios países europeos nos dicen que actuaron perfectamente organizados y con una profesionalidad militar y operativa ultraeficiente. Terroristas que poseían verdaderos arsenales de armas y explosivos. Cómo podían obtenerlos, trasladarlos y depositarlos clandestinamente era toda una “proeza”, sobre todo porque “no se enteraban de nada” tanto el espionaje occidental como los servicios de información policiales de sus respectivos países, algo que constituía de por sí una proeza todavía mayor. Esos depósitos de guerra sólo podían tener un origen: o bien contrabandeando, como quedó demostrado, desde países árabes o bien traficando desde una organización militar como la OTAN, usando intermediarios-traficantes de armas escogidos previamente por las agencias de inteligencia.

Las tontos útiles integrados en organizaciones como la RAF eran, en realidad, vulgares aprendices de terroristas, algunos, eso sí, con formación universitaria notable (como Ulrike Meinhof), pero aficionados en el manejo profesional de armas y explosivos para la ejecución de atentados, aunque varios de ellos nos dicen que fueron llevados a campos de entrenamiento situados en el Líbano, controlados de cerca tanto por la CIA como por el Mossad israelí. Campos donde también iban, sin contratiempo alguno, miembros de otras organizaciones como el IRA, ETA, la OLP o las Brigadas Rojas desde París.

Incluso hay indicios de que miembros del grupo terrorista nazi Wehrsportgruppe Hoffmann estuvieron en campos de entrenamiento en el Líbano. Documentos del BND de 1980 y 1981 muestran que Karl-Heinz Hoffmann (líder de la organización terrorista) estuvo en Beirut en agosto de 1980, acompañado por otros cuatro hombres no identificados, y previamente en un campamento de la organización palestina Fatah.  Según una nota fechada el 29 de septiembre de 1980, él y de 13 a 15 hombres, también sin identificar, estuvieron en un campamento situado en la pequeña localidad de El Aqura con él.

Uno de los casos más sórdidos del “otoño alemán”, aunque todos lo fueron en el terrorismo de Alemania Federal, fue el asesinato del fiscal general de Karlsruhe Siegfried Buback a manos, presuntamente, de la RAF en 1977. La pregunta que se hacen algunos en Alemania es: ¿murió Siegfried Buback porque se acercó demasiado al verdadero terror que estaba aconteciendo en la RFA y a sus patrocinadores de Estado (léase, CIA y BND)? El hijo de Siegfried Buback, Michael, estuvo años intentando desenmascarar los aspectos más oscuros de la muerte de su padre.

El asesinato del fiscal Buback fue oficialmente atribuido, entre otros, a un personaje turbio, la integrante de la RAF y del “Movimiento 2 de Junio” (una franquicia del anterior), Verena Becker, no como autora material sino como colaboradora en la ejecución del mismo.  Pero Michael Buback, el hijo del fiscal asesinado, dice que según consta en los archivos del MfS (Stasi), el Ministerio para la Seguridad del Estado de la RDA (quien con gran efectividad monitoreó la red terrorista Gladio en aquellos años), Verena Becker había trabajado para los servicios secretos occidentales (CIA-BND) desde 1972. Pero la inspección de archivos ha sido parcialmente denegada a Michael Buback ya que el registro que hace referencia a la cooperación de Verena Becker con la inteligencia occidental fue completamente bloqueado a principios del año 2008, ya que, dijeron, podría poner en riesgo la seguridad del Estado (sic).

Curiosamente, cuando Verena Becker fue detenida por cooperadora en el atentado contra Buback recurrió a la BfV u Oficina federal para la protección de la Constitución (la Gestapo “light” de la RFA, una agencia de inteligencia que decide, entre otras, la prohibición de según qué actividades políticas, como el Partido Comunista de Alemania, KPD). Si un detenido deseaba hacer declaraciones y recibir beneficios, la fiscalía era el contacto lógico, no un organismo como el de la Protección de la Constitución que actúa como agencia de inteligencia.  El hecho de que Verena Becker no eligiera el camino de la oficina del fiscal, señala, indubitadamente, que ella había estado previamente en contacto con esa Oficina o incluso había trabajado para ella.

El MfS (Stasi) de la RDA tenía conocimiento sobre los contactos de la Oficina Federal para la protección de la Constitución con los terroristas detenidos de la RAF, en Berlín Occidental exactamente. Todo ello aparecía documentado en sus archivos. De ahí que una de las prioridades de la CIA y el BND cuando se produjo la “caída” del Muro y la posterior anexión de la RDA a la RFA, en 1990, fuese robar el máximo número de archivos de contenido sensible de la sede de la Stasi donde constaban, detalladamente, todas las operaciones terroristas de la red Gladio y la implicación de las agencias de inteligencia occidentales en las mismas. Entre ellos hay certezas de que existen, al menos, 17 archivos relacionados con Verena Becker.

Después de una revisión de los archivos del MfS (Stasi) de fecha 2.2.1978, se publicó que la terrorista Verena Becker había sido anotada como fuente “confiable” de los “órganos de seguridad de Alemania Occidental”, como mínimo, desde 1972. Esta información fue confirmada por comunicaciones del HVA (el Hauptverwaltung Aufklärung o servicio de espionaje exterior de la RDA) de 1973 y 1976. En definitiva, Verena Becker desempeñó desde el principio un papel importante en la promoción de la militancia en preorganizaciones terroristas como el “Movimiento 2 de junio” (la organización paralela o precursora de la RAF), pero como una agente infiltrada.

Según los archivos del MfS, la hermana de Verena Becker, Annelie también era una activa terrorista desde 1973, cuando tenía 19 años.  A finales de 1975, el MfS creía que Annelie jugaba claramente un importante papel en la llamada “pandilla de Haag-Mayer” (otra sucursal de la RAF).  El informe de la Stasi sospecha de su participación, en 1984, en un fallido atentado de falsa bandera, como fue el intento de hacer explotar un camión cargado de explosivos, que fueron oportunamente descubiertos y desactivados, contra la escuela de entrenamiento de la OTAN en Oberammergau, RFA, en diciembre de 1985 y en el asesinato del industrial Ernst Zimmermann en febrero de ese mismo año.

Estas no son pequeñas o meras sospechas acerca de Annelie Becker ya que los documentos del MfS-Stasi de la RDA generalmente tenían siempre una explicación muy detallada. Lo que le sucedió después del arresto de Annelie, no se sabe.  Su nombre en los archivos está emborronado por los empleados del BStU (Comisionado Federal para los Archivos de la Stasi, el órgano encargado de gestionar o manipular el material robado de la sede de la Seguridad del Estado de la RDA).  Probablemente ella viva con su hermana Verena hoy, pero ya está olvidada. Como si unas manos invisibles hubieran borrado su rastro en los archivos del MfS.

Cuando el fiscal Siegfried Buback fue asesinado el 7 de abril de 1977 en Karlsruhe, supuestamente por la RAF, Michael Buback, su hijo, tenía 32 años.  El 17 de abril de 2007, a los treinta años del crimen, Michael publicó un artículo en el periódico Süddeutsche Zeitung en el cual escribió que el ex miembro de la RAF, Peter-Jürgen Boock, le había contado, de forma creíble, que los acusados de ser los autores materiales de los disparos que acabaron con la vida de su padre, los terroristas de la RAF Christian Klar, Knut Folkerts y Günter Sonnenberg, nunca cometieron ese atentado. Michael Buback, en 2007, sugirió que la inteligencia alemana podría estar involucrada en el asesinato de su padre. Las mismas sospechas dejó caer Ina Beckurts, la viuda de un CEO de la conocida multinacional Siemens, Karl Heinz Beckurts, asesinado en 1986 supuestamente por la RAF. Pero ambos, Michael Buback e Ina Beckhurst, no quisieron dar más detalles.

¿Por qué el archivo del asesinato Buback se mantiene en secreto?  Tal vez porque en la muerte de Siegfried Buback hay una complicidad de la Oficina para la protección de la Constitución, que no es menos “accidental” que en otro suceso importante en la historia de los archivos del terrorismo alemán: la noche de la muerte de tres miembros de la Fracción del Ejército Rojo en la prisión de “alta seguridad” de Stammheim, donde ya no es posible averiguar nada en los archivos sobre esta cuestión.

No hace falta ser muy astuto para saber que la muerte en prisión de los miembros “dirigentes” de la RAF Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe, en octubre de 1977, en realidad se trató de un asesinato selectivo ordenado desde las más altas autoridades políticas de Alemania Federal (con conocimiento y autorización del SPD gobernante, del canciller socialdemócrata Helmut Schmidt), al igual que el “suicidio” por ahorcamiento de la otra mítica lider de la banda, Ulrike Meinhoff, en su celda, en mayo de 1976.

Una clave en el asunto RAF, distinta a la de Gladio pero no lejos de esta, es la que ofrecía el abogado de los miembros de Baader-Meinhof, Klaus Croissant, cuando en 1980 la entonces joven periodista del ELPAÍS Soledad Gallego Díaz (hoy directora del periódico) le hizo una entrevista y le preguntó, entre otras cosas: ¿Qué sentido puede tener un grupo como el formado por Andreas Baader y Ulrike Meinhof en la RFA? A lo que respondió Croissant: Para explicar su existencia habría que comprender el papel que desempeña en la RFA la socialdemocracia, una garante de la existencia de la sociedad capitalista. La socialdemocracia de la RFA tiene un papel importante en el mundo y a través de ella se integra y coordina la represión en toda Europa. Es un Estado fuerte, capaz de hundir la revolución portuguesa o cualquier otra que pueda surgir en Europa. Pero la Revolución de los claveles en Portugal no se parecía, ni de lejos, a pesar de ser una “revolución blanda y pacífica” que fue saboteada y frustrada sin problemas por la CIA, a esos “movimientos revolucionarios” de Europa creados y controlados por el espionaje occidental.

Evidentemente, nadie (ni Croissant), salvo las élites de los partidos políticos de Europa, conocía entonces la existencia de la red Gladio que movía hilos como los de la RAF en la configuración de ese terrorismo de Estado, aunque el abogado Croissant dijo claramente en esa entrevista que los tres miembros de la RAF fueron asesinados por el Estado (pero esa era la otra parte de ese terrorismo, la más evidenciable). Por cierto, la entonces comunista y feminista Cristina Alberdi, luego en las filas del PSOE y hoy tertuliana escorada a la ultraderecha, salió en 1979 en defensa del polémico Klaus Croissant para impedir que fuera extraditado de Francia a Alemania, ya que el abogado alemán estaba acusado de ser integrante de la RAF.

En definitiva, volviendo al caso Buback, hay quien afirma, con más que sólidas sospechas, que el asesinato del fiscal Siegfried Buback, en el “otoño alemán” de 1977, fue ordenado y ejecutado por el servicio federal de inteligencia de la RFA, el BND, porque Buback planteó una acusación contra alguien con mucho poder o metió la nariz en algo demasiado profundo, como eran las relaciones entre el terrorismo de falsa bandera de la RAF y los servicios secretos alemanes y de EEUU.

Si se observa la historia de la RAF bajo un prisma no condicionado por las versiones de la oficialidad imperante y sus medios de propaganda, o no te dejas llevar por un idealismo trasnochado y miope, supuestamente revolucionario  y radicalmente ideologizado, llegarás a la conclusión de que agentes infiltrados del BND y la CIA desempeñaron un papel clave en este grupo (como sucedió en otros países de la Europa de la OTAN con otras organizaciones). En las crudas palabras del abogado y político alemán del SPD, Otto Schily: “El terror de la RAF fue organizado por la CIA”.

Cualquiera que esté familiarizado con la estrategia de tensión en Europa en aquellos años entenderá enseguida que los círculos políticos más importantes de la OTAN tenían un gran interés en la escalada de la violencia y así culpar a opositores políticos de ideología izquierdista desacreditándolos de forma que se justificase un endurecimiento constante de las leyes de vigilancia, represión y seguridad en Europa occidental.

De hecho, las mismas leyes antiterroristas europeas sirvieron para dejar sin explicación los graves crímenes cometidos por la Red Gladio, engañando al público con procedimientos aparentemente “democráticos” y permitiendo que los verdaderos asesinos escapasen con impunidad, lo cual tenía su lógica ya que esos criminales estaban (y están) insertos en las estructuras del mismo Estado profundo. Mientras, para guardar la compostura y vender humo a la opinión pública, enjaluaban a unos cuantos chivos expiatorios (incluyendo terroristas de ambos bandos ideológicos, pero preferentemente de izquierdas, o elementos muy puntuales que se dedicaban al tráfico de armas, drogas y dinero).

Estas, y no otras, fueron (y son) las condiciones ideales en las que el terror de falsa bandera podía (y puede) prosperar.

EL ATENTADO CONTRA LA OKTOBERFEST DE MUNICH. EL TERRORISMO NEONAZI DE GLADIO EN LOS OCHENTA

El 26 de septiembre de 1980, una bomba explotó en la conocida fiesta de la cerveza de Munich (Baviera), la Oktoberfest, dejando un saldo de 13 muertos y más de 200 heridos. Dicho atentado fue el acto terrorista más grave en la historia de la República Federal de Alemania y fue atribuido a un extremista de derecha, Gundolf Köhler, quien cometió el crimen una semana antes de celebrarse las elecciones generales en Alemania Federal. Respecto a las causas del crimen la Oficina del Fiscal Federal encontró que el motivo de Köhler pudo deberse “tanto a una grave crisis de personalidad como a una insatisfacción con las condiciones políticas existentes en la RFA”.

El argumento del asesino solitario con problemas mentales e imprecisas motivaciones políticas fue la maniobra sacada de la manga por el oficialismo para dar credibilidad a la trama. Köhler, un estudiante de geología de 21 años de Donaueschingen y, al parecer, partidario de la organización terrorista neonazi Wehrsportgruppe Hoffmann (WSGH) había depositado el artefacto explosivo en un cubo de basura a la entrada principal del campamento de Wiesn (donde se concentraba el grueso de turistas y asistentes a la Oktoberfest. Él mismo murió en la explosión. Sin embargo, miembros de ese grupo neonazi que fueron detenidos con posterioridad sostuvieron, en interrogatorios, que Gundolf Köhler no había pertenecido a sus filas y que nunca fue visto en la organización.

Contrariamente a la respuesta del Gobierno Federal alemán el atentado de la Oktoberfest correspondía al mismo patrón que los ataques terroristas en Italia producidos desde finales de los años sesenta hasta principios de los ochenta bajo la red terrorista Gladio. En particular, era una secuencia que había tenido un antecedente reciente con al atentado de la estación de tren de Bolonia ejecutado tan sólo un mes antes (agosto de 1980). El ataque de Bolonia era parte de la conocida “estrategia de tensión” implementada por los servicios de inteligencia (CIA de EEUU y SISMI en Italia) a través del ejército secreto de la OTAN “Gladio” y la logia masónica “Propaganda Due” de Licio Gelli, entre otros operadores.

Los ataques de Gladio en Italia y otros países de Europa Occidental cabe recordar, aunque se ha reiterado varias veces en este blog, se planificaron por los aparatos del Estado de esos países y agencias extranjeras como la CIA y el MI6 británico, instrumentalizando a grupos terroristas de extrema izquierda (las Brigadas Rojas, IRA, ETA, OLP) pero también colaborando activamente con el terrorismo de extrema derecha (el NAR, Núcleos Armados Revolucionarios, Ordine Nuovo, etc), para luego responsabilizar a la izquierda y desacreditarla, especialmente al Partido Comunista de Italia, con el fín de impedir que esta poderosa formación política accediera al poder. En el caso de Bolonia fracasó el plan de culpabilizar a la izquierda del atentado ya que se detectó la presencia en la estación de tren de miembros del ultraderechista NAR que fueron detenidos e interrogados por los fiscales de Ferrara, Roma, Padua y Parma, aunque posteriormente fueron todos puestos en libertad gracias a la intervención del SISMI.

También en el caso de la Oktoberfest se quiso culpar a la izquierda. En el medio alemán Bild am Sonntag, de 27 de septiembre de 1980, un día después del atentado, el candidato de la CDU-CSU a canciller y primer ministro de Baviera, Franz Josef Strauss (un simpatizante del nazismo cuyo retrato figuraba en el campamento nazi-pederasta Colonia Dignidad, en el Chile de Pinochet) y el ministro del Interior del FDP, Gerhard Baum, señalaron la autoría del atentado a la izquierda y obstaculizaron las investigaciones del mismo.

Pero dos días más tarde, la tesis de los “terroristas de izquierda” se desinfló porque Köhler ya había sido identificado por testigos. Curiosamente, la organización nazi a la que supuestamente pertenecía Köhler, el Wehrsportgruppe Hoffmann, había sido ilegalizada en enero de 1980 por Baum. La realidad del WSGH es que no estaba muy lejos de ser una pieza más del ejército secreto de la OTAN, Gladio. Sin embargo, los resultados de la investigación del fiscal encargado del caso, que respaldaba la tesis de Gladio no se tuvieron en cuenta en el resultado de la investigación oficial.

Raymund Hörnle y Sibylle Vorderbrügge, miembros del grupo terrorista “WSGH” eran amigos del asesino Köhler. Un día después del atentado, testificaron que un guardabosques de extrema derecha, Heinz Lembke, les había ofrecido armas, explosivos y municiones y les había contado que disponía de extensos depósitos de armas. Sin embargo, la fiscalía alemana no siguió este consejo hasta que trabajadores forestales descubrieron, accidentalmente, un depósito justo un año después. Lembke reveló, estando detenido, la ubicación de sus 33 depósitos ilegales de armas y explosivos, cuyo descubrimiento en Uelzen, Lüneburg Heath, en 1981, encontró una amplia cobertura mediática. Dichos depósitos contenían infinidad de armas automáticas, 14.000 cartuchos de municiones, 50 lanzagranadas antitanque, 156 kg de explosivos y 258 granadas de mano.

Según el historiador Daniele Ganser, la cantidad y calidad del equipo militar encontrado indicaba claramente la conexión de Lembke con la red Gladio. Sin embargo, esto no se aclaró porque Lembke, que había anunciado que iba a hacer extensas declaraciones sobre quiénes eran sus patrocinadores, fue encontrado muerto (ahorcado), ya es casualidad, en su celda el 1 de noviembre de 1981, un día antes de ser interrogado por el fiscal. Lembke había acabado sus días con el mismo “modus operandi” que se había utilizado contra los miembros de la RAF en la prisión de Stammheim, en 1977.

Una de las referencias a la participación de otras personas en la realización del atentado de la Otkoberfest fue el alegato de un testigo, Frank Lauterjung. Este había declarado durante un interrogatorio que Köhler había discutido poco antes de cometer el atentado con dos hombres. Lauterjung fue calificado inicialmente por los investigadores de muy creíble porque describió muchos otros detalles que habían sido verificados con exactitud. Después de varios intentos por parte de los investigadores para persuadir a Lauterjung de cambiar su testimonio, varias semanas después, a la edad de 36 años, murió de insuficiencia cardíaca. Una investigación sobre si su muerte podría estar relacionada con un asesinato no fue concluyente

La eficacia del servicio de inteligencia de la RDA, el Ministerio para la Seguridad del Estado, MfS (o “Stasi”) y su conocimiento sobre la Red terrorista Gladio de Occidente hizo que tuviera en su poder archivos no sólo con los detalles sobre el terrorista de ultraderecha Lembke sino también sobre el propio atentado de la Oktoberfest. El periodista de investigación Tobias von Heymann evaluó los archivos de la Stasi y pudo deducir que la policía de Alemania Occidental había estado vigilando intensamente al grupo terrorista nazi Wehrsportgruppe Hoffmann desde la mañana del 26 de septiembre de 1980, es decir, el mismo día del atentado de la Oktoberfest. La pregunta que surge es muy clara y concisa: ¿Tuvo la policía alemana federal constancia de una pista de que se estaba planeando un atentado por la noche?

En mayo de 2013, Andreas Kramer, hijo de un oficial del Bundeswehr (Ejército de la RFA) y coronel del BND (servicio federal de inteligencia de la RFA) hizo unas reveladoras declaraciones en el periódico alemán TAZ (Die Tageszeitung) afirmando que su padre organizó el atentado terrorista de Munich de 1980 ayudando incluso a fabricar el artefacto explosivo. Kramer dijo que su padre, como oficial de Gladio, entregó los explosivos para atentar en la Oktoberfest. Según Kramer:

“Mi padre dirigía más de 50 almacenes de materiales del ejército secreto de la OTAN en Alemania. Uno de ellos fue el campamento Uelzen, que fue descubierto en 1981. Quiso que yo fuera el gestor para las operaciones “Gladio-Stay Behind” y discutió conmigo sobre los ataques en Alemania, es decir, Munich, y también Italia, sobre el atentado contra la estación de tren de Bolonia el 2 de agosto de 1980. En ese momento, le hice preguntas críticas para obtener información sobre el propósito de estos ataques”

Kramer dijo en la entrevista que “mi padre fue el supervisor directo del guardabosques Heinz Lembke”, -el neonazi depositario del arsenal militar secreto encontrado en el bosque Uelzen-. “Lembke fue reclutado por mi padre”, afirma Kramer. El entrevistador le preguntó entonces a Kramer: ¿Tiene registros escritos de lo que está diciendo? ¿O sus alegaciones sólo se basan en las declaraciones verbales de su padre? a lo que Kramer respondió “Sé que el BND tiene esos registros. Mi padre habló sobre eso”. A la pregunta del TAZ En tu opinión, ¿qué papel jugó tu padre en la masacre de Munich? Kramer respondió: “Contactó con el grupo terrorista nazi “Wehrsportgruppe Hoffmann” y con Gundolf Köhler, el asesino “material” o “solitario” de la Oktoberfest, antes de que dicha formación WSH fuera prohibida en 1980 por el entonces Ministro del Interior, Gerhart Baum. Los preparativos para el atentado comenzaron en 1979. El BND llamó al ataque del Oktoberfest de Múnich en 1980 con el nombre en código “Operación Werewolf”, llamada así por un comando especial de las SS que cometió numerosos asesinatos y sabotajes en la Segunda Guerra Mundial, detrás de las líneas enemigas”.

¿Cuál fue la intención estratégica de la bomba?El uso de la bomba tenía la intención de contribuir a crear un estado de ánimo en la población de Alemania Occidental que condujera a la salida del gobierno del Canciller Helmut Schmidt y que Franz Josef Strauss (el candidato de extrema derecha del CSU) ocupase el puesto de Canciller. En Alemania Occidental, se aplicó la clásica “estrategia de tensión”, como en Italia”. ¿De dónde vino el explosivo para la bomba? “De varios depósitos de la OTAN. La bomba no tenía que tener “aspecto” profesional”. ¿Por qué lo has hecho público ahora? “Porque las víctimas de los atentados de Munich no han recibido el apoyo del estado que merecen”.

Este último testimonio, de primer orden, fue refrendado en un libro, The Munich Conspiracy (2009), de Wolfgang Schorlau, donde se afirmó que la matanza de la Oktoberfest en Munich fue planificada por agentes de inteligencia occidentales que utilizaron la violencia terrorista para seguir la misma dirección que las operaciones Gladio en Italia, es decir, para asegurar el status quo derechista y anticomunista en Europa.

En Alemania a ningún partido político le interesa hoy día indagar sobre la masacre de la Oktoberfest. Los únicos políticos que parecen estar interesados en el tema son Die Linke (La Izquierda). Como afirman en un blog alemán “No es de extrañar que Die Linke sean los únicos interesados ya que sus nombres hubieran estado en una lista de sospechosos para ser internados en un campo de concentración en la isla de Cerdeña”, donde tenía previsto la OTAN internar a miles de izquierdistas en el caso de que se produjese un golpe de Estado militar “duro” en un país de la Alianza Atlántica.

LOS ASESINATOS POLÍTICOS DE LA TERCERA GENERACIÓN “INVISIBLE” DE LA RAF EN LOS AÑOS OCHENTA

Das RAF Phantom (El fantasma de la RAF) es un libro de no ficción publicado en 1992 por los periodistas Gerhard Wisnewski , Wolfgang Landgraeber y Ekkehard Sieker. Sus hechos sobre la llamada tercera generación de la Fracción del Ejército Rojo son obvios hoy. De acuerdo con la declaración central del libro, los ataques terroristas llevados a cabo en Alemania Federal entre 1985 y 1991 no fueron cometidos por la RAF sino por los servicios de inteligencia. Los críticos calificaron el libro, qué novedad, como una teoría de conspiración  (el guión marcado por la CIA a finales de los años sesenta para ser utilizado cuando alguien desenmascara o intenta destapar crímenes de Estado). La tesis medular del libro se consideró que no tenía fundamento, pero la realidad de las operaciones Gladio en Europa, sin embargo, apuntaba a todo lo contrario.

Los autores se inspiraron en su investigación periodística sobre el caso de asesinato Alfred Herrhausen. El entonces principal testigo de la Oficina del Fiscal Federal, Siegfried Nonne, había revocado toda su confesión realizada a la revista WDR Monitor en 1992 donde había incriminado fuertemente a varios miembros sospechosos de la RAF. En su investigación posterior, los autores recogieron un extenso material sobre testimonios y resultados oficiales de investigación.

Wisnewski y sus dos colegas encontraron, en su opinión, fuertes discrepancias en los resultados oficiales de la investigación. Esto llevó a una mayor investigación sobre asesinatos anteriores de la RAF, en la que los tres periodistas creían reconocer incoherencias similares como en el caso de Herrhausen. Debido a que los tres periodistas aparentemente habían tenido acceso a documentos oficiales secretos, posteriormente fueron objeto de investigaciones judiciales y registros domiciliarios.

Según los autores de El Fantasma de la RAF, los miembros de la primera y segunda generación de la RAF habían dejado su huella en robos a bancos y enfrentamientos con la policía, lo que llevó a su arresto posteriormente. Además, habían sido vigilados en su mayoría durante mucho tiempo por las autoridades. Por el contrario, los miembros de la tercera generación prácticamente no habían dejado rastro y, según las autoridades, vivieron como fantasmas durante varios años.

Apenas terroristas de la llamada tercera generación de la RAF fueron capturados vivos. mientras otros supuestos integrantes de la banda murieron en intentos de arresto, como Wolfgang Grams y Horst Ludwig Meyer. Las incriminaciones realizadas contra los sospechosos capturados vivos resultaron ser en parte insostenibles y se abandonaron, por ejemplo en los casos de Andrea Klump y Christoph Seidler. Esto contrastaba marcadamente con la historia de las generaciones anteriores de la RAF, cuyos miembros fueron arrestados en su mayor parte y condenados a largas penas de prisión después de un proceso complejo. Por el contrario, solo un miembro de la tercera generación ha sido condenado por los asesinatos atribuidos a la RAF, Birgit Hogefeld, pero con una sentencia que se basó en una serie de pruebas circunstanciales cuestionables, por ejemplo, un informe grafológico.

En contraste con los antiguos terroristas de la RAF, la tercera generación prácticamente no dejó huellas útiles en las escenas del crimen. En consecuencia, la única evidencia de los miembros de la RAF fueron los “comunicados” que dejaron supuestamente escritos de su puño y letra. Según Wisnewski et al, estas cartas eran falsificadas y estaban fabricadas por un tercero. Además, las autoridades confirmaron la autenticidad de las cartas en un tiempo notablemente breve sin que se hubieran llevado a cabo previamente investigaciones forenses.

Lo cierto es que los perpetradores responsables del asesinato de Alfred Herrhausen (presidente de Deutsche Bank y directivo de Bilderberg, 1989) como los de Ernst Zimmermann (ejecutivo de la industria armamentística, 1985), Karl Heinz Beckurts (jefe de investigación de la multinacional Siemens, 1986), Gerold von Braunmühl (diplomático, 1986) y Detlev Karsten Rohwedder (gerente del Treuhandanstalt, el organismo encargado del expolio y saqueo de la RDA, 1991), no han sido identificados hasta el día de hoy.  Las únicas personas mencionadas en este contexto, Horst Ludwig Meyer y Wolfgang Grams, miembros de la RAF murieron tiroteados por la policía alemana en ambos intentos de arresto (ejecuciones sumarias, en realidad). Casi treinta años después del fin “oficial” de Gladio algunas preguntas y pistas sobre el Gladio alemán de los años 80 siguen siendo muy incómodas.

Una de las claves que utilizan los periodistas sobre la RAF para hacer inverosímil la participación de dicha organización en dichos asesinatos  es la gran cantidad de incoherencias que presentaron, lo que sugería una manipulación específica por terceros. Además, refieren, los atentados de la “tercera generación” requirieron un nivel muy alto de precisión y una planificación elaborada, que superaba con creces las capacidades de un grupo compuesto por terroristas aficionados.

Para los tres autores alemanes la CIA era un sospechoso principal ya que los motivos del asesinato de esos destacados representantes de la industria y las finanzas alemanas guardaban “extrañas” similitudes con la estrategia de tensión en Italia, donde una serie de ataques terroristas en los años 1970 y 1980, que oficialmente fueron atribuidos a las Brigadas Rojas en realidad se correspondían con la organización de la OTAN Gladio y los servicios de inteligencia italianos, que a su vez cooperaban con extremistas de derecha.

Incluso hubo nexos entre el terrorismo de Gladio en Italia y los ataques de falsa bandera en la República Federal Alemana, que fueron evidenciados por los periodistas Oliver Schröm y Egmont Koch cuando demostraron que un terrorista neofascista italiano, el “célebre” multiasesino Stefano Delle Chiaie, considerado como uno de los ejes de la columna vertebral del terrorismo de Estado en Italia, en España (transición) y en las dictaduras militares de Sudamérica, fue financiado por la Fundación Hanns Seidel, afiliada al partido ultraconservador alemán CSU (el siempre socio de la CDU en las elecciones alemanas). Ello demuestra que todos los servicios de inteligencia de los países de la OTAN, con el apoyo encubierto de sus agregados financieros, estaban en estrecho contacto para el manejo de sus diferentes peones y organizaciones terroristas,

Resulta cuanto menos curioso, aunque no sorpresivo, que países como Luxemburgo, políticamente irrelevantes en la arena europea y sin matrices “comunistas”, experimentaron también las hieles de Gladio. Este último país hizo de palanganero de los servicios secretos de EEUU (CIA), Reino Unido (MI6) y Alemania Federal (BND) para, a través de su agencia de inteligencia SREL, realizar entre los años 1984 y 1986 un total de veinte atentados de falsa bandera en ese país contra redes eléctricas y organismos oficiales, incluido un atentado contra la Cumbre Europea de diciembre de 1985, que fueron atribuidos a una organización comunista fantasma, las Células Comunistas Combatientes.

Andreas Kramer, el hijo del oficial del BND que se ha mencionado anteriormente para el atentado de la Oktoberfest, dijo que su padre coordinó con el jefe de los servicios secretos luxemburgueses, el SREL, Charles Hoffmann, los preparativos de los atentados en Luxemburgo. Los explosivos para la ejecución de los ataques fueron obtenidos de unas instalaciones militares de la OTAN que estaban situadas en Vielsalm (Bélgica), hoy reconvertidas en un parque industrial. Según la revista alemana Stern, el SREL se dedicó a realizar “intercepciones telefónicas no autorizadas, sobornos, uso indebido de vehículos de la empresa y operaciones terroristas a nombre de ‘Gladio”.

A pesar de que cada día surge más y más información sobre la Red Gladio en los medios de comunicación, los más grandes han sellado reiteradamente, salvo de forma episódica, todo lo relativo a estas operaciones negras, tanto en Alemania como en el resto de Europa, donde se han despachado, a menudo, como “teorías de la conspiración”. Pero hay tantas pruebas y testimonios de primer orden que es imposible que puedan argumentar el trillado recurso marrullero de la “conspiración” con el objetivo de invisibilizar esos crímenes de Estado.

Como hoy certeramente se preguntan algunos respecto del “terrorismo islamista” de falsa bandera que ha asolado Europa en los últimos  años, tanto en Madrid, París, Munich, Berlín, Londres, Bruselas… ¿Quién no se atrevería a afirmar si esta no es una nueva “estrategia de tensión” por parte de los viejos terroristas de Gladio? La respuesta para mí es concluyente: si, se trata de la misma estrategia pero con diferentes actores.

Berlin Confidencial, sept -nov 2018

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FUENTES:

http://www.juergen-elsaesser.de/de/artikel/template_artikel.php?nr=822
http://blog.zdf.de/3sat.Kulturtube/02vor-ort/stammheim-verena-becker-prozess/
http://nhzzs.blogspot.com/2011/06/bnd-und-cia-haben-in-der-tat-die-raf.html
http://www.gerhard-wisnewski.de/modules.php?name=Downloads&d_op=getit&lid=20
http://www.heise.de/tp/r4/artikel/31/31612/1.html
https://jasminrevolution.wordpress.com/2017/11/22/gladio-staybehind-2017-wo-bleibt-der-bericht/
http://nhzzs.blogspot.com/2007/08/raf-terror-vom-staat-gemacht.html
http://friedensblick.de/10883/gladio-nsu-terror/
http://blog.zdf.de/3sat.Kulturtube/02vor-ort/stammheim-verena-becker-prozess/
http://www.3sat.de/page/?source=/kulturzeit/themen/149795/index.htm
https://medienschafe.wordpress.com/tag/cic/
https://www.hintergrund.de/politik/inland/waren-geheimdienste-in-das-oktoberfest-attentat-involviert/
Daniele Ganser: “Los Ejércitos secretos de la OTAN”
 
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