El Mundial Rusia 2018 y los juegos de poder blando de Putin – por Pepe Escobar

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Todo comenzó como un shock petrolero. Después de todo, Rusia y Arabia Saudita se encuentran al borde de decidir qué vendrá después, en materia de precios, en los mercados energéticos globales.

Aún así, más allá de Rusia triturar a una patética selección saudita 5-0, la moraleja icónica en la apertura del Mundial fue el lenguaje corporal de Vladimir Putin en relación a su invitado, Mohamed Bin Salman, en el VIP del estadio Luzhniki en Moscú.

Geoeconómicamente, podemos llamarlo Gazprom/Rosneft (ruso) derribando a Aramco (saudi). Geopolíticamente, llamémoslo el SVR/GRU (los servicios de inteligencia exterior rusos) destrozando a la matriz ideológica del Daesh (financiado por Arabia saudita).

Rusia (“el Kremlin”, como insisten en llamarlo los sospechosos habituales) solamente gastó 10 millardos de euros (11.5 millardos de dólares) para escenificar la Copa Mundial de la FIFA. De hecho, un poco por encima de la mitad fueron fondos federales; y una tercera parte fue dinero privado, y el resto provino de las regiones rusas.

Hablando de retorno de inversiones, un Putin triunfador incluso se permitió darse el lujo de rechazar una invitación de Trump para volver al G7 (el otrora G8).

A la espera de que el Mundial arrastre una audiencia global televisiva de 10.8 mil millones de espectadores, Rusia dejó de ser un “poder regional” (Barack Obama). Y ni siquiera estamos hablando de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO, por sus siglas en inglés), ahora configurado como el verdadero corazón de la acción geopolítica.

A lo largo de Occidente, las Olimpiadas de Sochi de 2014 fueron ampliamente apodadas “los juegos de Putin”. Para la mayoría de los medios corporativos occidentales, especialmente en los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, el Mundial de 2018 es como una resaca prolongada y difícil de sacudir. Insertado en la cobertura de cualquier “deporte” como la habitual letanía “maligna”: la “invasión” de Crimea; la “intervención armada” en el este ucraniano; el apoyo al “dictador Assad” bajo el “pretexto” de pelear contra el Daesh; la “guerra de desinformación” rusa; la “interferencia” en las elecciones norteamericanas; los intentos de asesinato a los Skripals en suelo británico.

“Si tan sólo la “democracia liberal occidental” hubiera logrado boicotear el Mundial!. Pero eso es imposible, por la corrupción dentro de la FIFA”

Este es el caso incluso luego de que el ex espía Christopher Steele, del infame dossier Steele, recolectando “inteligencia que sugiere que funcionarios del gobierno ruso y oligarcas cercanos a Putin se han alistado en forzar el esfuerzo, llegando a acuerdos gasíferos turbios con otros países a cambio de votos, ofreciendo costosos regalos en piezas de arte a los votantes de la FIFA”.

El hecho es que un informe posterior de la FIFA librara a Moscú de cualquier fechoría no tiene relevancia. Después de todo, de acuerdo a la narrativa, Rusia no es de confiar, y la FIFA es tan corrupta como Rusia. Aún peor, ambos Rusia y la FIFA son inmorales. Human Rights Watch publicó un reporte de 44 páginas alegando “prácticas de abuso laboral” contra los obreros que construyeron los estadios, no sin antes mencionar la “violencia y la discriminación contra las personas LGBT”, más el ubicuo involucramiento en “operaciones militares abusivas en conjunto con fuerzas gubernamentales en Siria”.

No hay forma de escapar de los tentáculos malignos de la máquina Putin de realidad alterna. La Copa del Mundo turbo-cargó la narrativa de Putin de usar al fútbol como un instrumento de poder y propaganda, forzando a los oligarcas a construir estadios para ver si así les permiten “prosperar” en paz, dentro y fuera de Rusia.

Tomemos, por ejemplo, a la estratégica Kaliningrado, el enclave ruso entre Polonia y Lituania que está muy en la mira de la OTAN. Putin quería un estadio de 35 mil plazas en Kaliningrado, destinado a permanecer como una catedral en el desierto. La compañía que construyó el estadio pertenece al multimillonario azerí Aras Agalarov, amigo cercano del presidente Trump, con quien organizó el concurso Miss Universo en Moscú. Agalarov pudiera haber sido el intermediario de la reunión entre Donald Trump hijo y la abogada Natalia Veselnitskaya mencionados en la investigación del Fiscal Especial Robert Mueller.

“Sientan el amor y dejen que rueden los juegos de Putin”

Una FIFA corrupta, la Copa Mundial de Putin y el Rusia-gate: la serpiente se muerde la cola.

Pero al final, al ‘Sur Global’ no podría importarle menos. El fútbol podrá haberse convertido en una demencial hidra geoeconómica megacorporativa de multi-billones de dólares, pero el fútbol es la cultura pop global por excelencia. El atractivo de Messi, CR7, Neymar y ahora ese tipo egipcio llamado Mohamed, disminuye a cualquier animador. Y en cuanto a lo que se refiere a entretenimiento movido, vertiginoso y embriagante, en especial en las fases eliminatorias, donde cada partido por sí mismo es un drama épico, no hay serie de Netflix que supere al Mundial. En Brasil en 2014, ahora en Rusia, en Qatar en 2022, a lo largo del Área de Libre Comercio de Norteamérica en 2026.

Agréguenle las furiosas y picantes alusiones del nacionalismo traducidos al lenguaje del fútbol y transmitido a todo el mundo, empequeñeciendo a cualquier arremetida “populista” en cualquier parte.

En la cancha, el Mundial pudiera convertirse en un caso del EU3 (Alemania, Francia y España) contra el Mercosur 3 (de Brasil, Argentina y Uruguay). Irrupciones serias para ver serán las de la extremadamente talentosa Bélgica y la caóticamente habilidosa Colombia.

Alemania, Francia y otros Euros, incluso en medio de una guerra comercial de facto entre la UE y los Estados Unidos, han sido debidamente regimentados esta semana bajo comando norteamericano en el ejercicio Saber Strike en Polonia y los dementes Bálticos, peligrosamente cerca a las fronteras occidentales de Rusia. En la cancha, sin embargo, no hay evidencias de que Rusia, incluso usando una estratagema putinesca, será capaz de molestar al EU3.

Los modelos de Goldman Sachs predicen una victoria de Brasil (pero eso es irrelevante, porque todo el mundo sabe que Goldman Sachs es quien siempre gana). Brasil y Argentina se encuentran dentro de una restauración salvaje del neoliberalismo. Para cualquiera de los dos, la única variable que -quizás- pudiera restaurar cierta medida de orgullo colectivo sería una victoria en el Mundial.

Para mayor aflicción de los sospechosos habituales, el hecho es que las “élites rusas” ya están ganando la guerra del poder blando dentro del Mundial. Y puede que también sea Rusia la que gane la guerra del amor. De acuerdo a la agencia Tass, ha sido el parlamentario Mikhail Degtyaryov quien emitió la directiva definitiva del Mundial: “A mayor cantidad de historias de amor que conectemos al campeonato mundial, y mientras la mayor cantidad de gente de diferentes países se enamore, la mayor cantidad de niños nazcan, mejor”.

Así que sientan el amor, y dejen que rueden los juegos de Putin. Pero, por si acaso, no pierdan de vista otro “ataque químico” en Siria, a Ucrania intentando invadir Donetsk y Lugansk, la probable bandera falsa; y -por último- más sanciones.

 

Pepe Escobar, 15 junio 2018

 

Fuente original

Fuente traduccion (traduccion Diego Sequera)

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