El mundo paranoico de Abdel Fatah al-Sisi

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“Sólo porque seas paranoico no significa que no vayan tras de ti”. Cincuenta y siete años después de que Joseph Heller escribiera su clásico antibelicista Trampa 22, este podría ser el lema del hombre que dirige Egipto.

La paranoia se ha convertido en algo más que un estado de ánimo para el oficial que una vez se arrastró ante sus superiores y que ahora ostenta el poder de la vida y la muerte sobre todos. Se ha convertido en la forma en la que Abdel Fatah al-Sisi gobierna.

La Trampa 22 de Sisi funciona de modo parecido a este: “Tengo que arrestar cada vez a más personas a mi alrededor porque si no, uno de ellos irá a por mí. Después de todo, yo hice lo mismo con mi presidente”.

Los últimos objetivos de la paranoia de Sisi son Gamal y Alaa Mubarak, los hijos de Hosni Mubarak. Yaser Risq, presidente y editor-jefe del periódico estatal Al-Akhbar, ha sido el encargado de vender la línea oficial: Había sospechas de que Gamal estaba “pergeñando un acuerdo con los Hermanos Musulmanes”.

Los Hermanos Musulmanes, aunque están encarcelados, exiliados y entre ellos divididos, se mantienen vivos en la máquina giratoria del régimen a costa de concederles más poder del que realmente tienen, presentándolos como la mano satánica que está detrás de todos los males de Egipto.

El difunto senador republicano John McCain recibió el más extraño de los obituarios en los medios estatales egipcios, que le definieron como “el Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes”, un guía más poderoso que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y que el emir de Qatar, Tamim bin Hamad al-Thani.

La explicación más probable de sus arrestos provino del campo del exgeneral preso y candidato presidencial Sami Anan. Según Bahey el Din Hassan, a Mubarak “se le advirtió con total firmeza” para que mantuviera a sus hijos fuera de la política. Pero ellos no prestaron oído alguno a las advertencias y fue cuando los tribunales entraron en liza.

Una larga lista

Los hijos de Mubarak se incorporan a una creciente lista de enemigos de Sisi. Desde el campo liberal, tenemos a Mohamed Elbaradei, al comediante Basim Yusef, que está exiliado en Los Angeles; desde el campo de la izquierda, a Jaled Ali, Masum Marzuk y Hamdin Sabahi, este último está aún en libertad pero ya se han presentado demandas legales contra él. De entre los jóvenes activistas están Haizam Mohamadin, Shadi al-Ghazaly Harb; del Movimiento del 6 de Abril, Ahmed Maher, Mohammed Adel e Israa Abdelfatah; del ejército, Sami Anan y Ahmed Shafiq; de los burócratas, Hisham Geneina; de entre los escritores, Fatima Naut; y de entre los diputados, Anwar Sadat.

Ninguno de ellos es islamista y muchos de ellos apoyaron el golpe contra el expresidente y miembro de los Hermanos Musulmanes Mohamed Morsi.

No se han librado ni amigos ni familia. Mamud Hegazy fue despedido como jefe de las fuerzas armadas, a pesar del hecho de que uno de los hijos de Sisi está casado con la hija de Hegazy. El mismo destino le aguardaba al supuestamente bien consolidado ministro de Defensa, el general Sedki Sobhi.

Un grupo de oposición tan dispar tiene una sola cosa en común: puede que hayan empezado su viaje con Sisi en diferentes lugares, pero todos ellos han terminado en el mismo: arresto domiciliario, prisión o exilio.

Ninguno de ellos fue capaz de ver en el momento del golpe militar que Sisi sólo iba a circular en sentido único. Al haber prescindido ya de islamistas, izquierdistas y liberales, era sólo cuestión de tiempo que volcara su atención en los partidarios del régimen.

Incapaz de actuar correctamente al carecer de legitimidad –que se crea estableciendo una clase de empresarios, partidos políticos e instituciones que prosperen con él-, Sisi se ha ido deslizando cada vez más por el camino de la opresión y el aislamiento.

Charlas peligrosas

Abrir la boca en Egipto es arriesgarte a que te arresten. Las redes sociales se han convertido en una trampa. Te pueden declarar culpable sobre la base de una captura de pantalla. Los blogs y las cuentas con más de 5.000 seguidores están controladas por el Consejo Estatal de los Medios para detectar “noticias falsas o incitación a las acciones ilegales, violencia u odio”.

Desde el pasado mes de diciembre, Amnistía ha documentado 111 arrestos por expresar opiniones pacíficamente o tomar parte en protestas. Setenta personas se enfrentan por ello a sentencias de cárcel de hasta quince años.

El 12 de mayo, una protesta contra la subida de las tarifas del metro fue violentamente dispersada, produciéndose 35 arrestos con cargos de “protesta no autorizada” y “vínculos con un grupo terrorista”.

Najia Bunaim, directora de Amnistía Internacional para las campañas en África del Norte, declaró que la actual ofensiva no tiene precedentes, incluso para los bajos niveles de Egipto: “En la actualidad es más peligroso criticar al gobierno en Egipto que en cualquier otro momento de la historia reciente del país. Los egipcios que viven bajo el presidente al-Sisi son tratados como criminales simplemente por manifestar de forma pacífica sus opiniones”, dijo.

Gamal y Alaa Mubarak, arrestados por la policía y recluidos en la prisión de Tora el pasado 15 de septiembre (Foto de los archivos de AFP)

No es la primera vez que detienen y encarcelan a los hijos de Mubarak. Arrestados ya en 2011, pasaron algún tiempo en la cárcel pero han estado en libertad durante los últimos tres años. El caso en su contra ha estado acumulando polvo en el cajón de arriba de Sisi, y sólo salió a la luz cuando se dio cuenta de que Gamal era recibido de forma cálida por la gente.

Sus detenciones estuvieron precedidas por la inexplicable desaparición de varios presentadores de programas de entrevistas cuyo mejor bagaje era su lealtad al régimen. Mustafa Bakry , un diputado partidario de Sisi, dijo en su programa de televisión en Al Balad TV:

“Tenemos derecho a respirar, a hablar, a opinar. Todo ese personal de los medios al que están enviando a casa, ¿por qué está sucediendo esto?; se convertirán en bombas de relojería y se alzarán contra el Estado. Son ya unas 600-700 personas. ¿Qué está pasando?”, exclamó.

Estoy seguro de que él mismo va a averiguarlo muy pronto en cuanto lo saquen de escena. Bakry nombró a Lamis al-Hadidi y a Wael al-Ibrashi como celebridades cuyo paradero se desconoce.

El clan Mubarak tenía fuertes vínculos con Arabia Saudí, desarrollados por su padre, Hosni, y el Golfo ha invertido considerablemente en la dócil bandada de presentadores de programas de entrevistas, que sólo ahora están empezando a sentir los efectos de la tiranía que ayudaron a alimentar. Si Sisi ha decidido ponerse a patear a sus pagadores, es que está ya delirando de verdad.

El precio de Trump

Donald Trump no vendrá en su rescate. Su política exterior consiste en dinero a voluntad: “Protegemos a los países de Oriente Medio, no estarían seguros mucho tiempo sin nosotros y, sin embargo, ¡no hacen más que subir cada vez más los precios del petróleo! Recordemos, ¡el monopolio de la OPEC debe bajar los precios ya!, escribió Trump en un tweet reciente.

Los dictadores no aprenden uno de otro. Mubarak hizo el mismo viaje que Sisi, abriendo una cierta medida de libertad política en 2005, tan sólo para cerrarla de golpe en 2010. Mubarak consiguió juntar a un grupo disparejo de enemigos que se unieron para derrocarlo. Sisi, con más sangre en las manos, está haciendo lo mismo, consiguiendo agrupar, haciéndoles así un gran favor, a una oposición que parece desesperada y desunida.

¿Viajará Sisi a la Asamblea General de la ONU en Nueva York para pronunciar su discurso? ¿Acaso puede dejar el chiringuito en buenas manos? Quizá, aunque pensándolo bien, mejor que no lo haga. Nunca podrá sentirse seguro.

David Hearst, 20 septiembre 2018

Fuente original

Fuente traduccion (por Sinfo Fernández)

 

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David Hearst es redactor jefe del Middle East Eye. Con anterioridad trabajó en The Guardian y The Scotsman.

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