La «siniestra» verdad que revelan los ataques a Trump

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Trump fue muy criticado por su cumbre con Vladímir Putin en Helsinki, mientras que el exjefe de la CIA, John Brennan, lo tachó de «traidor», acusación que tiene «implicaciones alarmantes», alerta un experto.

Los recientes ataques a Donald Trump por su reunión con el presidente ruso, Vladímir Putin, y los elogios al exdirector de la CIA, John Brennan, por criticar al mandatario estadounidense revelan algo «realmente siniestro» y son síntoma de una «profunda crisis» en EE.UU., opina Stephen F. Cohen, profesor emérito de Historia, Ciencias Políticas y Estudios Rusos en la Universidad de Princeton y de Nueva York, en un artículo para The Nation.

De entrada, el analista recuerda que desde Dwight Eisenhower en la década de 1950, todos los presidentes estadounidenses han celebrado una o más cumbres con los líderes del Kremlin —en primer lugar, para «evitar errores de cálculo» que podrían desencadenar «una guerra entre las dos superpotencias nucleares»—, y en general, todos recibieron apoyo bipartidista para hacerlo. Sin embargo, cuando Trump continuó esa tradición en julio al reunirse con el presidente ruso Putin en Helsinki, «fue duramente criticado por gran parte del ‘establishment'».

«Acusación alarmante»

Mientras tanto, John Brennan, director de la CIA bajo la presidencia de Obama, fue mucho más allá y caracterizó la rueda de prensa conjunta de Trump y Putin como «nada menos que traidora». «Presumiblemente en reacción», Trump revocó la autorización de seguridad a Brennan —el acceso a información clasificada generalmente otorgado a exoficiales de seguridad—, acción por la que el exjefe de la CIA fue inmediatamente «heroizado» en la mayoría de los medios políticos como «un avatar de las libertades civiles y de la libertad de expresión», mientras que Trump fue tachado como un enemigo de las mismas, recuerda Cohen.

Sin embargo, este «furor» mediático esconde algo «verdaderamente importante y tal vez siniestro», sostiene el analista, para detallar que la acusación de Brennan «no tiene precedentes», pues ningún oficial de Inteligencia de alto nivel había acusado alguna vez a un presidente en funciones de traición, y «más aún en connivencia con el Kremlin». Además, el hecho de que provenga de Brennan —un hombre que «insinúa fuertemente» poseer «secretos oscuros»—, hace que la acusación tenga implicaciones aún más «alarmantes», asevera el autor del artículo.

Brennan «dejó en claro que esperaba la destitución de Trump», pero «en otro momento, y en muchos otros países», su acusación sugeriría que Trump debería ser alejado de la presidencia «con urgencia por cualquier medio, incluso un golpe», resalta Cohen, añadiendo que nadie parece haber notado «esta implicación extraordinaria con su amenaza tácita a la democracia estadounidense».

El ‘Padrino’ del ‘Russiagate’

En cuanto a las razones que habrían llevado a Brennan a realizar una acusación tan fuerte, —que «podría caracterizarse como sedición»— la explicación «más plausible» es que trató de «desviar la creciente atención a su papel como el ‘Padrino’ de toda la narrativa de ‘Russiagate'», explica el autor del artículo.

En este sentido, Cohen recuerda las «opiniones sin adornos» de Brennan sobre Rusia, expresadas «con asombrosa» franqueza en un artículo de opinión en The New York Times el 17 de agosto. Allí, el exjefe de la CIA alertó que «los políticos, los partidos políticos, los medios de comunicación, los ‘think tanks’ y los ‘influencers’ occidentales son fácilmente manipulados, a sabiendas e inconscientemente, o incluso comprados abiertamente, por agentes rusos», que están «bien entrenados en el arte del engaño» y buscan «individuos crédulos o sin escrúpulos que se vuelvan dóciles en manos de sus titiriteros rusos«.

Cuarta rama del Gobierno

Según Cohen, «decenas de exoficiales de Inteligencia y militares» se unieron en torno a este John Brennan «sin adornos», aunque matizaron que no compartían enteramente sus opiniones.

Para el analista, «es poco apropiado» denominar a todas estas personas como «representantes de un ‘Estado profundo’ oculto», ya que, en los últimos años, han sido «ampliamente visibles» en la televisión y los periódicos. En cambio, «se ven y se presentan» como miembros de una «cuarta rama del Gobierno, completamente empoderada y esencial», recalca Cohen.

«Crisis profunda»

Al mismo tiempo, el experto advierte de que Brennan puede ser «solo un síntoma» de una «profunda crisis» en EE.UU., que algunos consideran como «la peor desde la Guerra Civil».

Cohen explica que, a medida que «una histeria rusófoba en toda regla» está extendiéndose a través del ‘establishment’ estadounidense, y «crecen los peligros de una guerra real con Rusia«, la capacidad de los políticos estadounidenses —sobre todo del presidente— «disminuye cada vez más».

Aunque «hubo un tiempo» en el que muchos demócratas, sobre todo demócratas liberales, «podían resistir este tipo de histeria y propagación del neomacartismo», ahora los miembros demócratas del Congreso y los medios de comunicación prodemocráticos «están a la vanguardia de la nueva histeria antirrusa», con solo algunas excepciones, se lamenta el profesor.

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¿Está el ‘impeachment’ de Trump a la vuelta de la esquina?

Que el abogado de Trump durante las elecciones presidenciales, Michael Cohen, haya delatado al republicano y lo haya señalado como impulsor de los pagos a dos mujeres para no manchar su campaña podría desembocar con el tiempo en un ‘impeachment’, aunque las probabilidades de que ocurra todavía son remotas.

Con el pago se habría comprado su silencio y la promesa de que no presentarían cargos por acoso sexual contra el ahora presidente de EEUU. Los demócratas se regocijan ante el panorama que se abre ante ellos, pero sacar a Trump de la Casa Blanca será como resolver la cuadratura del círculo, advierte Pavel Demídov, politólogo especialista en la política estadounidense, a la cadena rusa RBC.

«Nos olvidamos de que ni las sospechas de que el actual presidente de Estados Unidos no respetaba la monogamia ni su complicada relación con los hechos y con la verdad fueron nunca un secreto para sus electores y que eso no evitó que ganase las elecciones», advierte Demídov.

En ese caso, ¿qué hay de nuevo bajo el sol? ¿Existen ahora suficientes motivos para un ‘impeachment’? Lo indicado en la Constitución estadounidense sobre lo que sería suficiente para ello puede ser interpretado de muchas maneras. Se habla de alta traición, de sobornos y de ‘cualquier crimen y fechoría’, pero no se entra en detalles.

Demídov recuerda que durante la presidencia de Bill Clinton le acusaron de obstrucción a la justicia y de mentir bajo juramento. Y eso sin contar las implicaciones que tiene el haber engañado a la primera dama. Aun así no hubo ningún ‘impeachment’ y eso que la mayoría del Congreso estaba entonces en poder de los republicanos. Las probabilidades de que los miembros del partido se giren en contra de uno de los suyos son ínfimas, advierte Demídov.

«Si el Partido Republicano estuviese planeando luchar contra Trump, habría comenzado a hacerlo antes. Pero durante el último año y medio el ‘establishment’ republicano ha visto necesario hacerse a la idea de que su base electoral apoya a su extravagante presidente y no a la cúpula del partido (…) Ni la mayoría de los votos en la Cámara de Representantes ni dos terceras partes de estos en el Senado pueden provocar hoy en EEUU un ‘impeachment'», señala el politólogo ruso.

Añade que Trump cuenta por su parte con un nivel de desempleo insignificante y una economía que sigue creciendo. Dos puntos a favor del republicano que ahora los demócratas intentan derribar con argumentos sobre la poca ética del inquilino de la Casa Blanca. Y aquí la ética tiene nombre y apellido: Michael Cohen.

Por ahora, Trump cuenta con alrededor del 44% de aprobación entre los estadounidenses, si bien es más elevado el porcentaje que desaprueba su gestión: un 52%. Los sondeos y las encuestas muestran que los demócratas tienen buenas posibilidades de acabar ocupando «varias docena de escaños» en la Cámara de Representantes, advierte Demídov, en cuyo caso se harían con su control.

«[En ese escenario] Trump ya no podrá tirar adelante con su agenda a través del Congreso y, según el plan de los demócratas, [Donald Trump] saldrá de la Casa Blanca tras la elecciones de 2020».

Sin embargo, el plan demócrata no es infalible. Primero porque a todos les tiene sin cuidado la moralidad de Trump. «Como el mismo dijo en enero de 2016, ‘podría pegar un tiro a alguien en medio de la Quinta Avenida y no perdería votos'», recuerda el politólogo. En otras palabras: Trump va a seguir contando con el 40% del electorado pase lo que pase.

A los demócratas el tiro les puede salir por la culata también porque, durante los últimos 14 años, a las elecciones presidenciales solo acude cerca del 60% de los votantes y, a las legislativas, como mucho, el 40%: «los que están más motivados y los que más se movilizan». Lo que se traduce en más republicanos que demócratas porque por cada demócrata que se desmoviliza asqueado por las noticias «irá a las elecciones un republicano cansado de oír continuamente cómo acusan a su presidente», advierte Demídov.

Precisamente por cómo se presentan las cosas para los demócratas, estos todavía se rehúsan a apoyar el ‘impeachment’. Temen acabar uniendo «a la base ‘trumpista'», añade. Su estrategia se seguirá basando en dejar que los republicanos pongan orden en su casa —a pesar de ser mayoría en el Congreso— y en presionar moralmente y hacer campaña a través de la prensa.

De ahí que, como resume Deminov, por ahora no hay fundamentos suficientes para pensar que el ‘impeachment’ está a la vuelta de la esquina. Se deberían alinear los planetas para ello: que los republicanos perdiesen por goleada en las legislativas, que los republicanos se sintiesen desilusionados seriamente con Trump y que su nivel de aprobación cayese como mínimo hasta el 30% o 35%. Un escenario tan imposible como que Trump haya ganado las elecciones, avisa.

Fuente RT, 24 agosto 2018

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