Porque los evangelistas aman a Trump, un hombre sin fe?

Cuando piensas en el presidente estadounidense Donald Trump, lo último que probablemente te viene a la mente es la imagen de un hombre religioso. A diferencia de algunos presidentes anteriores, Trump claramente no practica el cristianismo, y no muestra ningún interés en llevar una vida religiosa.

Estados Unidos es un país bastante religioso, y los candidatos viables para presidente generalmente expresan su creencia en Dios y al menos pretenden ser cristianos, a pesar del hecho de que Estados Unidos es secular constitucionalmente.

Desde la era de Ronald Reagan, la derecha evangélica, que quizás podría describirse como cristianos radicales, se ha elevado y ha aumentado enormemente su influencia política. Después de haber sido previamente quietistas, no votantes, gran parte del movimiento evangélico comenzó a votar en masa por los candidatos republicanos que fueran lo más de  derechas posible.

El presidente George W. Bush, aunque  era Metodista, cortejó con éxito el poderoso voto evangélico. La religiosidad personal de Bush significaba que probablemente sintieran que estaban votando por la suya propia.

Bush parecía invocar la religión constantemente. Él infamemente afirmó que Dios le había dicho que invadiera Iraq, y describió la llamada “Guerra contra el Terrorismo” contra Al-Qaeda y otros grupos extremistas islámicos como una “Cruzada”. A pesar de la cruda y sangrienta realidad histórica de la invasión cruzada europea de Palestina, esta reveladora descripción tenía la intención de ser un cumplido.

Bush podría haber sido menos cínico que Trump, pero parece haber poca duda de que su práctica religiosa nacía de una convicción genuina. Trump está interesado en los evangélicos simplemente como un bloque de votantes y claramente no tiene ni un pelo de religiosidad.

Este hecho, en la superficie, junto con el desprecio abierto de Trump por sus votos matrimoniales y su acoso sexual a las mujeres, podría llevar a creer que la derecha evangélica no votaría por Trump. Y, de hecho, muchos de ellos apoyaron en cambio por Ted Cruz en las primarias, uno de los suyos.

Pero los evangélicos ahora tienen una historia que se dicen a sí mismos para justificar respaldar la presidencia de Trump, independientemente de su falta de credenciales cristianas, e Israel es una parte clave de ello.

Ha surgido la idea de que Trump es un “Rey Ciro de los últimos días” y un instrumento del plan de Dios. Como el autor evangélico Lance Wallnau lo pone en el título de su libro, Trump supuestamente es “Candidato del Caos de Dios”.

En la historia de la Biblia, Ciro el Grande era un rey de Persia que permitió a los israelíes regresar a Jerusalén, desde donde habían sido exiliados por el rey de Babilonia, Nabucodonosor. Ciro, a pesar de ser un rey “pagano”, supuestamente emitió un decreto en línea con el plan de Dios, para reconstruir el Templo: “construye la casa de Jehová Dios de Israel … que está en Jerusalén”.

El profeta bíblico Isaías describe a Ciro como el “ungido” de Dios, que habrá sometido a “naciones delante de él” para que “puedan saber que yo, el Señor, que los llamo por su nombre, soy el Dios de Israel”.

Trump se ve así como una mera herramienta del poder de Dios. Esta es una visión del mundo centrada en Estados Unidos, que ve a Estados Unidos como un “nuevo Israel” a través del cual Dios interviene directamente en los asuntos humanos.

Aunque a Trump no le importa lo más mínimo la religión, le gusta cosechar las recompensas de cortejar la base de votación de la derecha evangélica, así como acercarse a sus influyentes pastores.

El movimiento de Trump para reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, aunque principalmente calculado para complacer al lobby de Israel, entre los cuales se encuentra su donante número uno, Sheldon Adelson, un multimillonario propietario de casinos y fanático racista antipalestino, es también un guiño al fanático cristianismo sionista de sus seguidores evangélicos (de hecho, los sionistas cristianos son un componente grande y cada vez más influyente del lobby de Israel).

Esta teología apocalíptica ve un reencuentro de “los judíos” en Jerusalén como una parte esencial de su escatología. Predican que los judíos se convertirán al cristianismo antes de que el mesías Jesús regrese para el juicio final. Aquellos que no se conviertan estarán condenados.

Trump corteja explícitamente ese fanatismo religioso perturbador. Y también lo hace Israel.

El primer ministro Benjamin Netanyahu hizo en marzo referencia explícita a la historia bíblica de Ciro al agradecerle a Trump que “reconoció a Jerusalén como la capital de Israel”. Señor Presidente, nuestro pueblo lo recordará a lo largo de las épocas”. Una organización israelí acuñó una “moneda del Templo” conmemorativa con las cabezas de Ciro y de Trump en ella. Para algunos líderes occidentales, al parecer, el extremismo religioso es solo un problema cuando es “su” extremismo religioso, no el “nuestro”.

Asa Winstanley, 1 junio 2018

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