LIBRO: De la impostura del 11 de septiembre a ‎Donald Trump‎ – CAPITULOS I, II, III – por Thierry Meyssan

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Es un ambicioso trabajo sobre la Historia de los 18 últimos ‎años y se basa en la experiencia vivida por el autor al servicio de varios pueblos, un libro ‎singular en la medida en que ninguna otra persona ha sido partícipe de todos los ‎acontecimientos que aborda esta obra –y que se desarrollan tanto en América Latina, ‎como en África y en el Medio Oriente– junto a los gobiernos de los pueblos agredidos por ‎Occidente. ‎

Este artículo este parte del libro De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestra ‎mirada, la gran farsa de las primaveras árabes.

«‎Todos los Estados deben abstenerse de organizar, ayudar, fomentar, financiar, ‎estimular o tolerar actividades armadas subversivas o terroristas destinadas a ‎cambiar mediante la violencia el régimen de otro Estado, así como de intervenir ‎en las luchas internas de otro Estado.»

Resolución 2625, adoptada el 24 de octubre de 1970 ‎ por la Asamblea General de la ONU‎

De la impostura del 11 de septiembre a ‎Donald Trump‎

 

CAPITULO I

Introducción del autor

 

Ningún conocimiento tiene carácter definitivo. La Historia, como cualquier otra ciencia, es un ‎constante cuestionamiento de lo que en algún momento creímos cierto, hasta que nuevos ‎elementos vienen a modificar esa convicción, y quizás a contradecirla totalmente. ‎

En lo personal, rechazo la alternativa que se nos plantea entre, por un lado, “el círculo de la ‎razón” y el “pensamiento único” y, del otro lado, las emociones y la “post-verdad”. ‎

Me sitúo en un plano diferente: establezco la diferencia entre los hechos y las apariencias y ‎separo la verdad de la propaganda. Lo más importante es que, mientras haya tantos individuos ‎que tratan de explotar a los demás, no creo que las relaciones internacionales puedan ser ‎totalmente democráticas ni, por lo tanto, transparentes. Por consiguiente, más allá de argucias y ‎golpes bajos, es por naturaleza imposible interpretar con certeza los acontecimientos ‎internacionales en el momento mismo en que suceden. La verdad sale a la luz sólo con el ‎tiempo. Acepto la idea de que puedo equivocarme en el momento de los hechos, pero nunca renuncio a poner mis propias impresiones en tela de juicio y a tratar de entender. Hacerlo es ‎extremadamente difícil, sobre todo cuando el mundo está sufriendo guerras que nos obligan a ‎definir nuestras posiciones de inmediato. ‎

Por mi parte, he optado por el bando de los inocentes que ven extranjeros invadir sus ciudades ‎e imponerles su ley, he optado por el bando de los inocentes que oyen las televisiones ‎internacionales repetirles el mantra de que sus líderes son tiranos que deben ceder su lugar a los ‎occidentales. He preferido ponerme del lado de los inocentes que se rebelan y que mueren ‎entonces bajo las bombas de la OTAN. Pretendo ser al mismo tiempo un analista que trata de ‎observar los hechos con objetividad y un hombre que trata de utilizar sus herramientas para ‎ayudar a los que sufren. ‎

Al escribir este libro, aspiro a llegar lo más lejos posible con los documentos y testimonios ‎directos actualmente disponibles. Sin embargo, diferenciándome en ello de los autores que me ‎precedieron, no trato de demostrar que la política de mi país ha sido la más correcta o que haya ‎estado bien fundamentada. Trato más bien de entender la vinculación entre acontecimientos en ‎los que fui simultáneamente objeto y sujeto. ‎

Algunos objetarán que, contradiciendo mi profesión de fe, en realidad trato de justificar mis ‎propios actos y que, conscientemente o no, no soy por lo tanto imparcial. Espero que quienes ‎eso afirmen se esfuercen también por dar a conocer la verdad y que me indiquen los ‎documentos que quizás yo desconozco o que los publiquen ellos mismos. ‎

Es precisamente mi propio papel en esos acontecimientos lo que me ha permitido conocer y ‎verificar numerosísimos elementos que el gran público e incluso otros actores desconocen. Ese ‎conocimiento lo adquirí de manera empírica y sólo poco a poco he logrado ir comprendiendo la ‎lógica de los acontecimientos.‎

Para que el lector pueda seguir la secuencia del proceso intelectual que yo mismo seguí, no ‎escribo aquí una Historia general de la primavera árabe sino tres historias parciales de los 18 ‎últimos años, a partir de tres puntos de vista diferentes: el de la Hermandad Musulmana, el ‎de los sucesivos gobiernos de Francia y el de las autoridades de Estados Unidos. En aras de ‎dirigir esta nueva edición a un público internacional, esta vez he modificado el orden de ‎esas tres partes del libro, separándome del que había seguido en ediciones anteriores, ‎donde había puesto en primer lugar la visión de los gobiernos de Francia.‎

En su empeño por hacerse con el poder, la Hermandad Musulmana se puso al servicio del ‎Reino Unido y de Estados Unidos, mientras trataba de que Francia se sumara a su lucha ‎por dominar a los Pueblos. Los dirigentes franceses, cegados por la búsqueda de sus ‎propios objetivos, nunca trataron de entender la lógica de la Hermandad Musulmana, ni ‎tampoco la del amo estadounidense, al que obedecían tanto esa cofradía como ellos ‎mismos, y se limitaron a tratar de beneficiarse con la colonización… llenándose de paso ‎los bolsillos, en el plano personal. Sólo Washington y Londres contaban con toda la ‎información sobre lo que estaban preparando y sobre lo que estaba sucediendo. ‎

El resultado es por ello algo parecido a las conocidas muñecas rusas: para conocer la última ‎hay que abrirlas todas una por una. En el tema que nos ocupa, sólo poco a poco podemos llegar ‎a entender la organización de acontecimientos que parecen a menudo espontáneos cuando en ‎realidad son resultado de ciertas decisiones. ‎

Mi testimonio es tan diferente de lo que los lectores han podido oír o leer sobre este mismo ‎tema que algunos lo verán con inquietud y hasta sentirán temor ante las consecuencias de lo ‎que aquí escribo. Otros, por el contrario, se plantearán numerosas interrogantes sobre esta ‎gigantesca manipulación y sobre cómo ponerle fin. ‎

Es probable que este libro, que expone cientos de hechos, contenga algunos errores que tendré ‎que corregir con el tiempo. Es posible que algunos nexos entre hechos que aquí saco a la luz ‎sean sólo casuales, pero son tan aplastantemente numerosos que no todos pueden serlo. ‎

Este libro ha ido enriqueciéndose con pequeñas actualizaciones agregadas en función de ‎las revelaciones que han aparecido sobre los hechos del periodo que aborda. ‎

Estoy seguro de que los partidarios del imperialismo me acusarán de “conspiracionismo” o ‎‎“complotismo”, sus expresiones preferidas. Es un cómodo insulto que vienen manejando desde ‎hace 15 años. A él han recurrido constantemente desde que puse en duda la versión oficial de ‎los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ellos se aferran a su mentira, pero se ponen en ‎evidencia cuando apoyan públicamente a al-Qaeda en Libia y en Siria, mientras le atribuyen ‎masacres en Estados Unidos, así como en Francia, Bélgica y otros Estados de Occidente. ‎

El consenso entre periodistas y políticos no tiene ya el valor que tuvo en otros tiempos el ‎consenso entre teólogos y astrónomos ante los descubrimientos de Galileo. Ningún consenso ha ‎permitido nunca “establecer” la verdad. Sólo la Razón aplicada a las pruebas concretas permite ‎acercarse a la verdad. ‎

A fin de cuentas, cuando se hayan corregido los errores menores que aquí puedan aparecer, a lo ‎que cada cual tendrá que responder proponiendo una explicación lógica y coherente –si lo hace ‎con sinceridad– es a esta acumulación de hechos. ‎ ‎

THIERRY MEYSSAN

 

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CAPITULO II

La Hermandad Musulmana, como ‎cofradía de asesinos

En este episodio, se describe la creación de una sociedad secreta egipcia, ‎la Hermandad Musulmana, y su posterior rediseño, después de la Segunda Guerra Mundial, por los ‎servicios secretos del Reino Unido. También relata cómo el MI6 britanico utilizó entonces la ‎Hermandad Musulmana para asesinar políticos en Egipto, ex colonia de la Corona británica. ‎

 

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Hassan al-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana. Casi no hay información sobre la ‎familia de Hassan al-Banna, sólo se sabe que eran relojeros, oficio que en Egipto era exclusivo de la ‎comunidad judía.

Las “primaveras árabes”, como las vivió la ‎Hermandad Musulmana

En 1951, los servicios secretos anglosajones crearon, a partir de una antigua ‎organización homónima, la Hermandad Musulmana, una sociedad secreta con carácter ‎político, y la utilizaron sucesivamente para asesinar a las personalidades que les ‎oponían resistencia. Posteriormente, a partir de 1979, la Hermandad Musulmana fue ‎utilizada como fuente de mercenarios contra los soviéticos. A inicios de los años 1990, ‎fue incorporada a la OTAN y, en los años 2010, el objetivo fue llevarla al poder en los ‎países árabes. La Hermandad Musulmana y la Orden de los Naqchbandis (sufista) ‎reciben financiamiento, por al menos 80 000 millones de dólares, de la familia real ‎saudita, lo cual las convierte en uno de los ejércitos más grandes del mundo. Todos los ‎líderes yihadistas, incluyendo los del Emirato Islámico (Daesh), son parte de ese ‎dispositivo militar.‎

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‎PARTE 1 -‎ La Hermandad Musulmana en Egipto ‎

Cuatro imperios desaparecen durante la Primera Guerra Mundial: el Reich germánico, el Imperio ‎Austrohúngaro, la Santa Rusia zarista y la Sublime Puerta otomana. En la embriaguez del triunfo, ‎los vencedores pierden todo sentido de la medida al imponer sus condiciones a los vencidos. ‎

En Europa, el Tratado de Versalles impone condiciones inaceptables a Alemania, señalándola ‎como única responsable del conflicto. ‎

En el Oriente, surgen graves dificultades con el desmembramiento del Califato otomano: en 1920, ‎en la Conferencia de San Remo y de conformidad con los acuerdos secretos Sykes-Picot ‎adoptados en 1916, el Reino Unido es autorizado a crear el hogar judío de Palestina mientras que ‎Francia recibe luz verde para colonizar Siria –que en aquella época incluye el actual Líbano. Pero, ‎en lo que queda del Imperio Otomano, Mustafá Kemal se rebela al mismo tiempo contra el Sultán, ‎que había perdido la guerra, y contra los occidentales que se apoderan de su país. En 1920, ‎durante la Conferencia de Sevres, los participantes dividen el Califato otomano en pequeños ‎territorios para crear todo tipo de nuevos Estados, incluyendo un Kurdistán. Pero la población ‎turco-mongola de Tracia y de Anatolia se rebela y pone a Kemal en el poder. Finalmente, en 1923, ‎la Conferencia de Lausana traza las fronteras actuales de Turquía, abandona al proyecto de ‎creación de un Kurdistán y organiza ingentes desplazamientos de poblaciones, que dejan como ‎saldo más de medio millón de muertos. ‎

Al igual que en Alemania, donde Adolf Hitler rechaza el futuro que se le impone a su país, en el ‎Medio Oriente un hombre se levanta contra la nueva división de la región. Un maestro egipcio ‎funda un movimiento que plantea el restablecimiento del Califato derrotado por las potencias ‎occidentales. Ese hombre es Hassan al-Banna y la organización, creada en 1928, es la Hermandad ‎Musulmana.‎

El Califa es, en principio, el Sucesor del Profeta, y todos le deben obediencia. Es, por supuesto, un ‎título muy ambicionado. La Historia registra la existencia de grandes dinastías de califas: los ‎Omeyas, los Abasidas, los Fatimidas y los Otomanos. El próximo Califa será el hombre que logre ‎apoderarse del título, y el “Guía General” de la Hermandad Musulmana se cree perfectamente ‎capaz de regir el mundo musulmán. ‎

La Hermandad Musulmana se expande muy rápidamente. Su intención es actuar desde dentro del ‎sistema para reinstaurar las instituciones islámicas. Sus miembros están obligados a jurar fidelidad ‎al fundador sobre el Corán y además sobre un sable o un revólver. Aunque se expresa en términos ‎religiosos, el objetivo de esta cofradía es exclusivamente político. Hassan al-Banna y sus sucesores ‎nunca hablarán del islam como religión ni evocarán una espiritualidad musulmana. El islam es para ellos sólo un dogma, una sumisión a Dios y el ejercicio del poder. Por supuesto, los egipcios que ‎respaldan esa cofradía no la perciben de esa manera y la siguen porque ella misma dice seguir a Dios. ‎

Para Hassan al-Banna, la legitimidad de un gobierno no se mide de la misma manera como se ‎evalúa la de los gobiernos occidentales, o sea por su representatividad, sino por su capacidad para ‎defender lo que él considera el “modo de vida islámico”‎: el modo de vida del Egipto otomano del siglo XIX. La Hermandad Musulmana nunca tendrá en cuenta que el islam tiene una historia y que los modos de ‎vida de los musulmanes difieren considerablemente en las diferentes regiones y épocas. Tampoco ‎tendrá en cuenta que el Profeta revolucionó la sociedad beduina en la que él mismo vivió y que el ‎modo de vida que se describe en el Corán es sólo una etapa fijada para esos hombres. Para la ‎Hermandad Musulmana y sus miembros, las reglas penales del Corán –la Sharia– no corresponden ‎a una situación determinada sino que fijan leyes inalterables, que el Poder puede utilizar a su ‎favor. ‎

Para la Hermandad Musulmana, el hecho que la religión musulmana se haya difundido a menudo a ‎punta de espada viene a justificar el uso de la fuerza. Los dirigentes de la cofradía nunca ‎reconocerán que el islam haya podido propagarse también a través del ejemplo. Esto no impide a ‎Hassan al-Banna y a los miembros de la Hermandad Musulmana presentarse a elecciones –y ‎perderlas. Si condenan los partidos políticos, no es porque se opongan al multipartidismo sino ‎porque afirman que, al separar la política de la religión, esas formaciones han caído en la ‎corrupción. ‎

La doctrina de la Hermandad Musulmana es la ideología del “islam político”. En francés se designa ‎como “islamismo”, un término que acabará poniéndose muy de moda. ‎

En 1936, Hassan al-Banna escribe al primer ministro Mustafá el-Nahhas Pachá y exige:‎
- ‎“una reforma de la legislación y la unión de todos los tribunales bajo la sharia;
- el reclutamiento en el seno de los ejércitos con el establecimiento de un voluntariado bajo el ‎estandarte de la yihad;
- la conexión entre los países musulmanes y la preparación de la restauración del Califato, en ‎aplicación de la unidad que el Islam exige.”‎

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Hermandad Musulmana se declara neutral. Pero en ‎realidad se convierte en un servicio de inteligencia del Reich. Sin embargo, a partir de la ‎incorporación de Estados Unidos a la guerra, cuando comienza a cambiar la suerte de las armas, la ‎cofradía se dedica a un doble juego y obtiene financiamiento británico a cambio de información ‎sobre su primer empleador. La Hermandad Musulmana demuestra así su total carencia de ‎principios y su más puro oportunismo político. ‎

El 24 de febrero de 1945, los miembros de la cofradía deciden de jugarse el todo por el todo y ‎asesinan al primer ministro egipcio en medio de una sesión del Parlamento. El resultado será una ‎escalada de violencia, marcada por una ola de represión contra los miembros de la Hermandad ‎Musulmana y una serie de asesinatos políticos, que llega hasta el asesinato del nuevo primer ‎ministro, el 28 de diciembre de 1948. Como represalia, el propio Hassan al-Banna es asesinado, el ‎‎12 de febrero de 1949. Poco después, un tribunal creado en el marco de la ley marcial envía la ‎mayoría de los miembros de la Hermandad Musulmana a la cárcel y disuelve la cofradía. ‎

Aquella organización secreta no era, en el fondo, otra cosa que una banda de asesinos que ‎aspiraban a alcanzar el poder utilizando el Corán para disimular su ambición. Su historia debió ‎terminar ahí. Pero no fue así. ‎ ‎ ‎

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‎PARTE 2 -‎ Refundación de la Hermandad Musulmana por los anglosajones y paz separada con Israel

La capacidad de la cofradía para movilizar gente y convertirla en asesinos había llamado la ‎atención de las grandes potencias. ‎

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Aunque siempre lo negó, Sayyid Qutb era francmasón. El 23 de abril de 1943, publicó en la revista “al-Taj al-Masri” (“La Corona de Egipto”) un artículo titulado ‎‎“Por qué me hice francmasón”.‎

 

Dos años y medio después de su disolución, los anglosajones forman una nueva organización y la ‎denominan “Hermandad Musulmana”. Aprovechando el encarcelamiento de los dirigentes ‎históricos de la primera Hermandad Musulmana, el ex juez Hassan al-Hodeibi es electo como Guía ‎General de la cofradía. ‎

A pesar de lo que casi todo el mundo cree, no existe ningún tipo de continuidad histórica entre la ‎antigua Hermandad Musulmana y su sucesora. Lo cierto es que una unidad de la antigua sociedad ‎secreta –llamada “El Aparato Secreto”– había recibido del propio Hassan al-Banna la misión de ‎perpetrar los atentados, cuya autoría él siempre negaba. Esa organización dentro de la ‎organización, tan secreta que no se vio afectada por la disolución de la cofradía, se pone a la ‎disposición del sucesor de al-Banna. El Guía la desautoriza y declara que quiere alcanzar sus ‎objetivos sólo de manera pacífica. Es difícil determinar con exactitud lo sucedido en aquel ‎momento entre los anglosajones –deseosos de recuperar la antigua sociedad secreta– y el Guía, ‎quien creía estar recuperando sólo la audiencia de la cofradía entre las masas. En todo caso, el ‎Aparato Secreto se mantuvo y la autoridad del Guía decreció, en beneficio de otros jefes de la ‎cofradía, dando paso a una verdadera guerra intestina. La CIA introdujo en la dirección al ‎francmasón Sayyid Qutb [1], el teórico de la yihad, quien es condenado por el Guía hasta que este último llega a un ‎acuerdo con el MI6.‎

Resulta imposible precisar las relaciones de subordinación interna entre unos y otros, de un lado ‎porque cada rama extranjera de la cofradía goza de autonomía, y también porque las unidades ‎secretas existentes dentro de la organización ya no dependen necesariamente ni del Guía General, ‎ni del Guía local, sino a veces directamente de la CIA y del MI6. ‎

Durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los británicos tratan de organizar el ‎mundo de forma que este se mantenga fuera del alcance de los soviéticos. En septiembre de 1946, ‎Winston Churchill plantea, en Zurich, la idea de crear los “Estados Unidos de Europa”. Siguiendo ‎ese mismo principio, propone también la creación de la Liga Árabe. En ambos casos, el objetivo es ‎unir una región excluyendo a Rusia. Desde el inicio de la guerra fría, Estados Unidos crea, por su ‎parte, asociaciones –como el American Committee on United Europe y los American Friends of the ‎Middle East [2]– encargadas de estimular esa tendencia a favor ‎de sus propios intereses. En el mundo árabe, la CIA organiza dos golpes de Estado: el primero, en ‎Damasco, a favor del general Hosni Zaim –en marzo de 1949– y luego en El Cairo, con los Oficiales ‎Libres –en julio de 1952. El objetivo es apoyar movimientos nacionalistas, considerados hostiles a ‎los comunistas. Es con esa idea en mente que Washington envía al general SS Otto Skorzeny a ‎Egipto y al general nazi Fazlollah Zahedi a Irán. Ambos llegan con cientos de ex jefes de la Gestapo ‎para dirigir la lucha anticomunista. ‎

En Egipto, Skorzeny modela la policía según una tradición de violencia. En 1963, este veterano de ‎las SS optará por la CIA y el Mossad, en contra de Nasser. En Irán, Zahedi crea la SAVAK, la policía ‎política más brutal de la época.‎

Hassan al-Banna ya había señalado el objetivo de la Hermandad Musulmana: tomar el poder ‎utilizando para ello la religión. Ahora, Qutb define la vía, que será la yihad. Cuando los adeptos ‎hayan aceptado la superioridad del Corán, será posible apoyarse en este para organizarlos como ‎ejército y enviarlos a la lucha. Qutb desarrolla una teoría maniquea que establece una diferencia ‎entre lo que es islamista y lo “tenebroso”. Para la CIA y el MI6, esa manipulación mental permite ‎utilizar a los adeptos para controlar los gobiernos nacionalistas árabes y luego desestabilizar las ‎regiones musulmanas de la Unión Soviética. La Hermandad Musulmana se convierte en vivero de ‎innumerables terroristas, bajo el eslogan “Alá es nuestro objetivo. El Profeta es nuestro jefe. El Corán es nuestra ley. La Yihad es nuestra vía. El Martirio, es nuestro deseo.”‎

El pensamiento de Qutb es racional, pero no razonable. Despliega una retórica invariable ‎(Alá/Profeta/Corán/Yihad/Martirio), que nunca deja posibilidad de discusión. Plantea la superioridad ‎de su propia lógica por sobre la razón humana. ‎

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El 23 de septiembre de 1953, el presidente Eisenhower recibe una delegación de la Hermandad Musulmana en la Casa Blanca.

La CIA organiza en la Universidad de Princeton un coloquio sobre “La situación de los musulmanes ‎en la Unión Soviética”. Es una oportunidad para recibir en Estados Unidos una delegación de la ‎Hermandad Musulmana, encabezada por uno de los jefes de la rama armada de la cofradía: Said ‎Ramadan. En su informe, el oficial de la CIA a cargo del seguimiento señala que Ramadan no es un ‎extremista religioso, sino más bien un fascista, lo cual es una manera de subrayar el carácter ‎exclusivamente político de la Hermandad Musulmana. El coloquio termina con una recepción en la ‎Casa Blanca, con el presidente Eisenhower, el 23 de septiembre de 1953. Así queda sellada la ‎alianza entre Washington y el yihadismo.‎

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De izquierda a derecha, Hassan al-Banna casa a su hija con Said Ramadan, a quien ‎convierte así en su sucesor a la cabeza de la Hermandad Musulmana. La pareja tendrá dos hijos: Hani, director del Centro Islámico de Ginebra, y Tariq Ramadan. Este último se convertirá ‎en profesor de la cátedra de Estudios Islámicos Contemporáneos en la Universidad de Oxford. ‎

 

La CIA, que había vuelto a crear la cofradía para utilizarla contra de los comunistas, comienza por ‎servirse de ella para ayudar a los nacionalistas. En aquella época, los representantes de la CIA en el ‎Medio Oriente eran antisionistas provenientes de la clase media. Pero fueron rápidamente ‎desplazados por altos funcionarios de origen anglosajón e ideología puritana, que venían de las ‎grandes universidades y eran favorables a Israel. Washington entró entonces en conflicto con los ‎nacionalistas y la CIA volvió la Hermandad Musulmana en contra de ellos.‎

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Said Ramadan y Sayyid Abdul Ala Maududi tuvieron un programa semanal en Radio Pakistán, emisora creada por el MI6 británico.

 

Said Ramadan había estado al frente de algunos combatientes de la cofradía durante la breve ‎guerra contra Israel, en 1948, y después había ayudado a Sayyid Abdul Ala Maududi a crear en ‎Pakistán la organización paramilitar de la Jamaat-i-Islami. En aquel momento, se trataba de ‎fabricar una entidad islámica para que los musulmanes de la India constituyeran un nuevo Estado: ‎el actual Pakistán. La Jamaat-i-Islami incluso redactará la Constitución pakistaní. Said Ramadan se ‎casa con la hija de Hassan al-Banna y se convierte en el jefe de la rama armada de la nueva ‎‎“Hermandad Musulmana”. ‎

En Egipto, después de haber participado en el golpe de Estado de los Oficiales Libres del general ‎Mohamed Naguib –con Sayyid Qutb como agente de enlace–, los miembros de la Hermandad ‎Musulmana reciben la misión de eliminar al líder de ese movimiento, Gamal Abdel Nasser, quien ha ‎entrado en conflicto con Naguib. No sólo fracasan, el 26 de octubre de 1954, sino que Nasser ‎toma el poder, reprime la Hermandad Musulmana y pone a Naguib bajo prisión domiciliaria. Sayyid ‎Qutb será ahorcado años más tarde. ‎

Ya prohibida en Egipto, la Hermandad Musulmana se repliega hacia las monarquías wahabitas –‎Arabia Saudita, Qatar, el emirato de Charja– y Europa –Alemania, Francia y el Reino Unido, ‎además de la neutral Suiza. En esos países se acoge siempre a sus miembros como agentes ‎occidentales que luchan contra la naciente alianza entre los nacionalistas árabes y la Unión ‎Soviética. Said Ramadan recibe un pasaporte diplomático jordano y en 1958 se instala en Ginebra, ‎desde donde dirige la desestabilización del Cáucaso y del Asia Central, campaña que se desarrolla ‎simultáneamente en Pakistán-Afganistán y en el entonces soviético valle de Ferganá. Por otro ‎lado, logra controlar la Comisión a cargo de la edificación de una mezquita en Munich, lo cual le ‎permite supervisar a casi todos los musulmanes de Europa occidental. Con ayuda del American ‎Committee for the Liberation of the Peoples of Russia (AmComLib), o sea de la CIA, dispone ‎además de Radio Liberty/Radio Free Europe –directamente financiada por el Congreso ‎estadounidense– para divulgar el pensamiento de la Hermandad Musulmana [3].‎

Después de la crisis del Canal de Suez y del espectacular cambio de posición de Nasser, quien se ‎pone del lado de los soviéticos, Washington decide dar apoyo ilimitado a la Hermandad ‎Musulmana contra los nacionalistas árabes. Un alto cuadro de la CIA, Miles Copeland, recibe la ‎misión –que resulta infructuosa– de escoger en el seno de la cofradía una personalidad capaz de ‎desempeñar en el mundo árabe un papel equivalente al del pastor Billy Graham en Estados Unidos. ‎Habrá que esperar hasta los años 1980 para encontrar un predicador con esas características: el ‎egipcio Yussef al-Qaradawi.‎

En 1961, la Hermandad Musulmana se vincula a otra sociedad secreta, la Orden de los ‎Naqchbandis, una especie de masones musulmanes que mezclan iniciación sufista y política. Uno de ‎los teóricos indios de los Naqchbandis, Abu al-Hassan Ali al-Nadwi, publica un artículo en la revista ‎de la Hermandad Musulmana. La Orden de los Naqchbandis es antigua y está presente en ‎numerosos países. En Irak, el Gran Maestro de los Naqchbandis no es otro que el futuro ‎vicepresidente Ezzat Ibrahim al-Duri. En 1982, al-Duri apoya la intentona golpista de la Hermandad ‎Musulmana en Siria y más tarde la “campaña de regreso a la Fe” organizada por el presidente ‎iraquí Saddam Hussein para devolver una identidad a su país, después de instaurarse la zona de ‎exclusión de vuelo impuesta por los occidentales. En Turquía, el papel de la Orden de los ‎Naqchbandis será más complejo. Allí tendrá como responsables tanto a Fethullah Gullen –‎fundador del Hizmet– como al presidente turco Turgut Ozal (en el cargo de 1989 a 1993) y al ‎primer ministro Necmettin Erbakan (en el cargo de 1996 a 1997), fundador del Partido de la ‎Justicia (AKP) en 1961 y de la Milli Gorus en 1969. En Afganistán, el ex presidente Sibghatullah ‎Mujaddidi (en el cargo en 1992) fue Gran Maestro de la Orden de los Naqchbandis. En Rusia, en el ‎siglo XIX, la Orden había sublevado Crimea, Uzbekistán, Chechenia y Daguestán contra el poder del ‎Zar. Pero no hay más noticias de la Orden en Rusia hasta que se produce el derrumbe de la Unión ‎Soviética. Lo mismo sucede en la región autónoma china de Xinjiang (Sinkiang). La cercanía entre ‎la Hermandad Musulmana y los Naqchabandis se estudia raramente debido a la oposición entre el ‎principio de los islamistas a la mística y a las órdenes sufistas en general. ‎

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La sede de la Liga Islámica Mundial en Arabia Saudita. En 2015, el presupuesto de esta ‎entidad era superior al del ministerio de Defensa del reino de los Saud. Arabia Saudita, primer comprador de armas a nivel mundial, adquiere armamento que la Liga entrega después a la ‎Hermandad Musulmana y a la Orden de los Naqchbandis.

 

En 1962, la CIA empuja Arabia Saudita a crear la Liga Islámica Mundial (también llamada Liga ‎Musulmana Mundial) y a financiar tanto la Hermandad Musulmana como la Orden de los ‎Naqchbandis, en contra de los nacionalistas y de los comunistas [4]. La Liga Islámica Mundial es financiada en sus inicios por la Arabian-American Oil ‎Company (Aramco). Entre la veintena de miembros fundadores de la Liga se cuentan 3 teóricos ‎islamistas ya mencionados anteriormente: el egipcio Said Ramadan, el pakistaní Sayyid Abul Ala ‎Maududi y el indio Abu al-Hasan Ali al-Nadwi.‎

De hecho, Arabia Saudita, que gracias al comercio del petróleo entra repentinamente en posesión ‎de enormes sumas de dinero, se convierte en el padrino de la Hermandad Musulmana a nivel ‎mundial. En su propio país, donde casi nadie sabe leer ni escribir, la monarquía saudita pone el ‎sistema de enseñanza escolar y universitaria en manos de la cofradía. La Hermandad Musulmana ‎se ve obligada a adaptarse a sus benefactores: el requisito saudita de obediencia al rey impide a los adeptos de la cofradía jurar fidelidad al Guía General de la cofradía. En todo caso, estos se organizan ‎alrededor de Mohamed Qutb, el hermano de Sayyid, siguiendo dos tendencias diferentes: una que ‎reúne a los miembros sauditas de la Hermandad Musulmana y otra conformada por los ‎‎“sururistas”. Estos últimos, que son sauditas, tratan de establecer una síntesis entre la ideología ‎política de la cofradía y la teología wahabita. La secta wahabita, que cuenta entre sus miembros a ‎la familia real saudita, es portadora de una interpretación del islam surgida del pensamiento ‎beduino, iconoclasta y antihistórico. Hasta el momento en que comenzó a disponer de ‎petrodólares, esa secta preconizaba el anatema contra las escuelas musulmanas tradicionales, ‎que a su vez la consideraban herética. ‎

En realidad, la política de la Hermandad Musulmana y la religión wahabita no tienen nada en ‎común, pero son compatibles, exceptuando el hecho que el pacto que vincula a la familia de los ‎Saud con los predicadores wahabitas no encaja en la cofradía: la idea misma de una monarquía de ‎derecho divino contradice la sed de poder de la Hermandad Musulmana. Ambas partes llegan ‎entonces a un acuerdo: la familia Saud respaldará a la Hermandad Musulmana en todas partes del ‎mundo, con la condición de que esta se mantenga al margen de la política en Arabia Saudita. ‎

El respaldo de los wahabitas sauditas a la Hermandad Musulmana da lugar a una rivalidad ‎suplementaria entre Arabia Saudita y los otros dos emiratos wahabitas, que son Qatar y el Emirato ‎de Charja. ‎

De 1962 a 1970, los miembros de la Hermandad Musulmana participan en la guerra civil en Yemen ‎del Norte, donde tratan de reinstaurar la monarquía, junto a Arabia Saudita y el Reino Unido y en ‎contra de los nacionalistas árabes, de Egipto y de la URSS. Ese conflicto prefigura lo que sucederá ‎después, a lo largo de medio siglo. ‎

En 1970, Gamal Abdel Nasser logra un acuerdo entre las facciones palestinas y el rey Hussein de ‎Jordania, poniendo fin al “septiembre negro”. Nasser muere la noche misma en que la Liga Árabe ‎ratifica el acuerdo. Oficialmente, sufrió una crisis cardiaca, pero es mucho más probable que haya ‎sido asesinado. Nasser tenía 3 vicepresidentes, uno de izquierda –extremadamente popular–, un ‎centrista –muy conocido– y un conservador designado a pedido de Estados Unidos y de Arabia ‎Saudita: Anwar el-Sadat. Sometido a fuertes presiones, el vicepresidente de izquierda se declara indigno ‎de ocupar la presidencia. El vicepresidente centrista prefiere abandonar la política y Sadat es ‎designado candidato de los nasseristas. Es el drama típico de numerosos países: el presidente ‎escoge un vicepresidente entre sus rivales, para ampliar su base electoral, pero cuando muere, ese ‎vicepresidente lo reemplaza y echa por tierra su legado. ‎

Sadat, que durante la Segunda Guerra Mundial había servido al Reich y siente gran admiración por ‎el Fuhrer, es un militar ultraconservador y que, como hombre de confianza de Sayyid Qutb, servía ‎como agente de enlace entre la cofradía y los Oficiales Libres. En cuanto llega al poder, libera a los ‎miembros de la Hermandad Musulmana que Nasser había metido en la cárcel. Llamado el ‎‎“presidente creyente”, Sadat es un aliado de la cofradía en todo lo que tiene que ver con la ‎islamización de la sociedad (la “revolución de la rectificación”), pero se convierte en su rival ‎cuando eso significa algún beneficio político para él. Esta relación ambigua se hace patente con la ‎creación de 3 grupos armados, que no son escisiones de la cofradía sino unidades exteriores que ‎obedecen a ella: el Partido de la Liberación Islámica, la Yihad Islámica del jeque Omar Abdul ‎Rahman, y Excomunión e Inmigración (el “Takfir”). Estos tres grupos dicen seguir instrucciones de ‎Sayyid Qutb. Cuando la Yihad Islámica, armada por los servicios secretos, emprende ataques ‎contra los cristianos coptos, el “presidente creyente”, lejos de tratar de instaurar la paz, acusa a ‎los coptos de sedición y encarcela al Papa de esa confesión y a 8 de sus obispos. En definitiva, ‎Sadat interviene en la dirección de la cofradía y se pone del lado de la Yihad Islámica y en contra ‎del Guía General, cuyo arresto ordena [5]. ‎

Siguiendo instrucciones del secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, Sadat convence ‎a Siria de que se una a Egipto para atacar Israel y restaurar los derechos de los palestinos. El 6 de ‎octubre de 1973, los ejércitos de Egipto y Siria inician un movimiento de tenaza sobre Israel, en ‎plena conmemoración judía de Yom Kipur. El ejército egipcio cruza el Canal de Suez mientras que ‎el de Siria ataca desde la meseta del Golán. Pero Sadat despliega su cobertura antiaérea sólo ‎parcialmente y detiene el avance de su ejército 15 kilómetros al este del Canal, mientras que los ‎israelíes arremeten contra los sirios. Viendo que han caído en una trampa, los sirios denuncian la ‎existencia de un complot. Sólo cuando los reservistas israelíes ya están en pie de guerra y cuando ‎el ejército sirio está rodeado, Sadat ordena a su ejército simular que reinicia su avance… y después ‎lo detiene para negociar un alto al fuego. Ante la traición egipcia, los soviéticos –que ya habían ‎perdido un aliado con la muerte de Nasser– amenazan a Estados Unidos y exigen un cese ‎inmediato de las hostilidades. ‎

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Anwar el-Sadat, había sido agente de enlace entre el movimiento de los Oficiales Libres ‎y la Hermandad Musulmana. Se había decidido que el parlamento egipcio reconociera a Sadat ‎como el “sexto califa”. En esta imagen, el “presidente creyente” egipcio, Anwar el-Sadat, se presenta ante el parlamente de Israel junto a sus socios israelíes Golda Meir y Shimon Peres.

Cuatro años después, siguiendo adelante con el plan de la CIA, el presidente Sadat viaja a ‎Jerusalén y firma una paz separada con Israel en detrimento de los palestinos. Así queda sellada la ‎alianza entre la Hermandad Musulmana e Israel. Todos los pueblos árabes denuncian esta traición ‎y Egipto es excluido de la Liga Árabe, que traslada su sede a Argel. ‎

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Como responsable del “Aparato Secreto” de la Hermandad Musulmana, Ayman al-‎Zawahiri, el actual jefe de al-Qaeda, organizó el asesinato del presidente egipcio Anwar el-‎Sadat, perpetrado el 6 de octubre de 1981.

En 1981, Washington decide pasar la página. La Yihad Islámica recibe orden de liquidar a Sadat, ‎quien ya ha dejado de ser útil. El presidente egipcio es asesinado en medio de un desfile militar, ‎cuando el Parlamento se disponía a proclamarlo “Sexto Califa”. Entre las personas que se hallaban ‎en la tribuna oficial, se cuentan 7 muertos y 28 heridos, pero el vicepresidente Hosni Mubarak, que ‎estaba sentado junto al presidente, sale ileso. De todos los presentes en la tribuna oficial, el ‎general Mubarak era el único que portaba un chaleco blindado. Mubarak será el sucesor del ‎‎“presidente creyente” y la Liga Árabe ya puede volver al Cairo. ‎

 

[1] «El ideólogo de la Hermandad Musulmana, Sayyid Qutb, era francmasón», Red Voltaire, 28 de mayo ‎de 2018.

[2] America’s Great Game: The CIA’s Secret Arabists and the Shaping of the Modern ‎Middle East, Hugh Wilford, Basic Books (2013).

[3] A Mosque in ‎Munich: Nazis, the CIA, and the Rise of the Muslim Brotherhood in the West, Ian Johnson, ‎Houghton Mifflin Harcourt (2010). Edición en francés: Une Mosquée à Munich : les nazis, la CIA et ‎la montée des Frères musulmans en Occident [En español, Una mezquita en Munich: los nazis, ‎la CIA y el ascenso de la Hermandad Musulmana en Occidente], Jean-Claude Lattès (2011).

[4] Dr. Saoud et Mr. Djihad. La ‎diplomatie religieuse de l’Arabie saoudite, Pierre Conesa, préface d’Hubert Védrine, Robert ‎Laffont (2016).

[5] Histoire secrète des Frères musulmans, Chérif Amir, ‎préface d’Alain Chouet, Ellipses (2015).

 

La edición en español de este libro existe en papel.

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