Conspiración ? Ya no hablará mas el el piloto ucraniano que derribó el avión comercial MH17 de Malaysia Airlines con 300 personas a bordo

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El 18 de marzo 2018 apareció muerto Vladislav Voloshin a la edad de 29 años de uno (o varios) disparos en el corazón.

Voloshin fue el piloto ucraniano que el 17 de julio de 2014 derribó el avión de pasajeros Boeing 777 procedente de Amsterdam con 300 personas a bordo.

Como es natural, la tesis oficial es la del suicidio y la mayoría de los periódicos mencionan que se disparó una única bala en el corazón, aunque a otros se les escapó que tenía varias balas alojadas en el pecho.

El piloto vivía en Mykolayiv, de cuyo aeropuerto era director. Su esposa dice que lo encontró agonizando en su habitación después de oír un disparo. Dijo que el día anterior había recibido una llamada telefónica de amenaza y que no quería hablar de ello.

La prensa inglesa, empezando por el Daily Star, acusa a Rusia, pero eso no es ninguna novedad.

Desde el 17 de julio de 2014 Voloshin estaba profundamente deprimido, según dicen sus amigos, pero no renunció a pilotar aviones hasta enero de 2017, dos años y medio después del “accidente”, y lo hizo por razones económicas.

En una Ucrania miserable y empobrecida ni siquiera la paga de un trabajador privilegiado, como un capitán de aviación, le llega para pagar el alquiler y alimentar a los cuatro miembros de una familia.

Tras abandonar las Fuerzas Aéreas ucranianas, a Voloshin le nombraron director del aeropuerto civil de Mykolayiv, lo que le proporcionó un salario ligeramente mejor para mantener a su familia.

Relato sucinto de un asesinato en masa

El derribo del avión MH17 se produjo cinco meses después del Golpe de Estado en Kiev que puso al frente del gobierno ucraniano a una banda de fascistas amparados por Estados Unidos y la Unión Europea.

Con el golpe se inició también la resistencia popular. El 16 de julio de 2014 el nuevo gobierno de Kiev anunció el despliegue de 27 sistemas antiaéreos Buk-M1, algo muy extraño porque la resistencia siempre ha carecido de aviones.

A la mañana siguiente los misiles aire-aire se cargaron en dos Sujoi-25, lo cual también es extraño porque normalmente se utilizan para ataque a tierra.

El derribo del avión MH17 coincide con precisión milimétrica en la misma zona con un vuelo del avión de Putin, un Iliushin 96 que regresaba de la cumbre de los países Brics que se había celebrado en Fortaleza (Brasil) y cuya ruta sobrevolaba el espacio aéreo ucraniano.

Cuando Rusia informó del plan de vuelo, los pilotos ucranianos recibieron una orden de alerta. El avión de Putin cruzó por Polonia y luego se activó el radar de seguimiento de Kupol, en Styla, que tiene un alcance de 85 kilómetros.

El radar confundió el avión Boeing 777 malayo procedente de Ámsterdam con el avión presidencial ruso que había cruzado por encima de Varsovia a la misma altitud (10.000 metros) cuarenta minutos antes.

Al acercarse la aeronave, despegó al menos un caza Sujoi-25 ucraniano pilotado por Voloshin. Cuando divisó el avión a unos pocos kilómetros de distancia, no se apercibió del nombre de la compañía aérea y tomó las rayas azules y rojas longitudinales del avión malayo como si fueran la bandera rusa.

Voloshin disparó primero un misil R60, destruyendo el motor, y luego la ametralladora de 30 milímetros apuntando contra la cabina, matando a los pilotos, lo que no interrumpió el vuelo del avión. La explosión de los tanques de combustible en las alas cortó el avión en dos y provocó su caída.

Al regresar a la base, el Sujoi-25 de Voloshin no tenía misiles. El piloto declaró que le lanzaron contra un objetivo erróneo y, por la tarde, al enterarse por la televisión de la tragedia del Boeing malasio, deploró delante de otros oficiales que el avión hubiera estado “en el lugar equivocado en el momento equivocado”.

El 8 de agosto los gobiernos holandés, belga y australiano y el nuevo gobierno fascista de Kiev, firmaron un acuerdo secreto para encargar a Holanda, el país de origen de la mayoría de las víctimas, la investigación de la destrucción del Boeing. Dicho acuerdo permitía a cada uno de los países el derecho de veto sobre la difusión de los resultados de la investigación.

En ella no se admitió la participación de Rusia, a la que se acusó inmediatamente, ni de Malasia, a pesar de que insistió en ello, ya que la aeronave no sólo era propiedad de una empresa malaya, sino que también formaba parte del territorio malayo.

Estados Unidos se negó a entregar a la comisión de investigación las fotografías que su satélite Key Hole había tomado mientras sobrevolaba la zona en el momento mismo del derribo. Incluso ocultó durante varios días que existieron tales fotografías, hasta que Rusia lo demostró.

La comisión de investigación consintió que Ucrania destruyera la grabación de las comunicaciones del Boeing con la torre de control de Dniepropetrovsk, como había recomendado Rusia.

Para ocultar su responsabilidad, el gobierno ucraniano ordenó a su ejército atacar de manera sistemática la zona de colisión, a pesar de que los equipos de la OSCE anunciaban su llegada con antelación. El 21 de julio el Consejo de Seguridad de la ONU exigió, mediante la Resolución 2166 presentada por Australia (en apoyo a Malasia) y apoyada por Rusia, un alto el fuego en la zona en la que cayeron los restos del avión. Sin embargo, el gobierno fascista ucraniano violó de manera sistemática el alto el fuego, hasta que lo canceló unilateralmente el 7 de agosto.

Cuando el 8 de agosto Rusia propuso una nueva resolución en la que pedía a Ucrania que respetara este alto el fuego, Estados Unidos vetó la resolución.

Durante cuatro meses, la comisión de investigación se negó a visitar el lugar, que fue asegurado por la República de Donetsk, que a pesar de los disparos del ejército ucraniano, logró recuperar las cajas negras y entregarlas.

Malasia anunció el envío de una delegación técnica, por lo que el gobierno holandés se apresuró a adelantarse para retirar los restos y que no cayeran en poder de terceros.

La farsa continuó cuando Ucrania retiró sus sistemas antiaéreos de misiles y tomaron fotos por medio de satélites para “demostrar” que nunca los habían tenido emplazados en la zona.

Luego los medios de intoxicación se pusieron en marcha para culpar a Rusia del derribo e incluso para “probar” que Rusia había introducido armas antiaéreas en Ucrania.

Ya sólo queda dejar apuntada la hipótesis conspiranoica que desató Stratediplo el 4 de enero de 2015: el capitán ucraniano Vladislav Voloshin fue enviado por el gobierno ucraniano a derribar el avión en el que viajaba Putin. Por eso, añadía, “sería sorprendente que [el piloto] viviera demasiado tiempo”.

Pues ya ha dejado de vivir. Le han cerrado la boca para siempre.

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Ver Tambien: Vuelo MH17: Testigo revela identidad del piloto que derribó el avión de pasajeros

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