Una reinterpretación del atentado de Christchurch en Nueva Zelanda – por Israel Shamir

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No hace falta ser un nacionalista blanco para cometer una masacre en un lugar de culto como el de Christchurch, Nueva Zelanda, aunque si sólo lees a los medios de comunicación oficiales, seguro asociarás a los supremacistas blancos con esta clase de depravaciones. Sin la menor intención de defender este crimen y rechazando las teorías conspirativas, quisiera poner en contexto el atentado de Christchurch, señalando las fuerzas políticas que se benefician de tal acontecimiento y la designación de los culpables por parte de los liberales.

Los nacionalistas blancos no son caso aparte. Un musulmán también es capaz de cometer tales barbaridades. En Egipto, unos musulmanes extremistas masacraron a 45 cristianos en dos iglesias coptas, en abril de 2017. Hay una larga lista de atentados contra iglesias en Egipto, Siria e Irak por parte de extremistas islámicos. También matan a ‘musulmanes infieles’: cerca de 300 musulmanes fueron masacrados por extremistas islámicos en una mezquita del Sinaí en noviembre de 2017. Por lo general, las atrocidades cometidas por el Estado Islámico (ISIS) se sitúan en otro (y mucho peor) nivel, a pesar de que la prensa no les presta tanta atención pues prefiere demonizar al presidente sirio Al-Assad y a sus aliados iraníes y rusos.

Una nota por resaltar: hay muchos atentados de musulmanes contra cristianos que no son difundidos, ya que los medios de comunicación siguen la política de mantener a los nacionalistas locales en la mirilla, así que una cobertura completa de los hechos mermaría este objetivo. En septiembre del año pasado, un hombre vertió gasolina sobre el metro de Estocolmo y trató de incendiarlo. Fue detenido por unos pasajeros, arrestado y condenado a cuatro años de prisión. Los medios casi ni informaron sobre el incidente, y el único reportaje realizado no menciona ni su nombre, por un buen motivo: es un nombre musulmán. Sin embargo, otros supuestos ‘crímenes de odio’ reciben gran difusión en la prensa.

Los judíos no se quedan atrás. Un judío de Brooklyn, el Dr. Benjamin Goldstein (¡It’s all about the Benjamins baby![1]), por su propia cuenta, masacró a cerca de 50 fieles en la mezquita ibrahimi de la localidad de Hebrón en Palestina, durante la víspera de la festividad judía de Purim, en 1994. El atentado causó también cerca de 150 fieles musulmanes heridos, aunque se dice que los soldados israelíes presentes en el lugar le echaron una mano en su cometido. Tal vez pensaron que había un permiso especial en ese día.

Benjamín (o Baruch) Goldstein es considerado un héroe y un mártir santificado por su comunidad, la de los feroces judíos chovinistas de Hebrón. Visitan su tumba y le piden que interceda por ellos en nombre del Todopoderoso. Las jovencitas le piden que les encuentre un pretendiente. Constantemente, se prenden velas en su memoria. Se ha publicado un libro en su honor, y su nombre es frecuentemente mencionado por los colonos. Afirman (sin la menor evidencia o fundamento) que la matanza salvó a los judíos de ser masacrados por los musulmanes.

Mientras que los videos de nacionalistas blancos han sido retirados de las plataformas de Internet, Youtube no tiene problemas con este video donde se exculpa y glorifica a este asesino en masa judío[2]. El primer ministro de Israel, Netanyahu (¡otro Benjamin, chico!) decidió[3] integrar en su coalición gubernamental al partido de los fans de Goldstein, el partido Otzma Yehudit, lo cual no interfirió con las preparaciones de la conferencia del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC) que se llevó a cabo el 24 de marzo en Washington, justo después del Purim.

Goldstein tuvo también sus predecesores. El 26 de julio de 1983, un grupo terrorista judío atacó una universidad islámica con granadas y metralletas; tres estudiantes fueron asesinados y treinta heridos. Los agresores fueron posteriormente detenidos, condenados y rápidamente indultados por el presidente de Israel después de una masiva campaña pública: cerca del 70% de los judíos israelíes exigieron su liberación.

A medida que se acerca la fiesta judía del Purim, la actividad en torno a la tumba de Goldstein alcanza su punto máximo. Un místico podría pensar que el tirador australiano había actuado bajo el influjo del espíritu de Goldstein que se enardece durante la fiesta judía del Purim. Al mismo tiempo, el nombre del asesino judío casi nunca es mencionado en los medios de comunicación occidentales, y los funcionarios judeo-americanos, mientras que expresan su horror (justificado) e indignación respecto a los asesinatos en Christchurch, nunca se refieren a su correligionario que precedió e inspiró a Brenton Tarrant, el asesino australiano de Christchurch. Algunos de ellos hasta se atreven a decir que nada parecido a la matanza de Christchurch había ocurrido jamás.

Así pues, los nacionalistas blancos no son la excepción. Una característica inusual del crimen de Tarrant fue que no se trató de un crimen de odio en sentido propio, sino esencialmente de un crimen de gamer. Al parecer hay una fascinación en el mundo de los videojuegos por dejar caer una lluvia de balas sobre las “sabandijas”. Si usted ha jugado videojuegos, sabrá a lo que me refiero. Una especie de juego de disparos en primera persona (FPS, por sus siglas en inglés) donde se remplaza un zombi por su enemigo preferido. Y ahora, pasemos a la siguiente etapa: tomar a gente real por zombis. No se necesita odio para lograr esto, y Tarrant no odiaba a sus víctimas, considerando lo que había escrito. Incluso escribió sobre los grandes amigos que hizo en Turquía.

La frontera entre videojuegos y realidad se ha vuelto muy borrosa, por medio de las técnicas modernas de guerra. El video Collateral Murder[4], la primera y sensacional revelación de Julian Assange y Wikileaks, nos ofrece el FPS de un piloto estadounidense matando gente inocente y desarmada en las calles de Bagdad. Mujeres soldado israelíes operan un sistema de asesinato por control remoto dirigido a las vallas de la Franja de Gaza. Es un sistema llamado “Spot and Shoot”[5] (detecta y dispara, en español). Hacen exactamente lo mismo que hizo Tarrant, pero todos los días, y como parte de su trabajo. Lo mismo hacen los operadores de drones, sentados muy a gusto y matando niños[6] desde muy lejos (para facilitar las cosas, llaman a sus víctimas “fun-size terrorists”, algo así como terroristas de tamaño gracioso).

Los videojuegos que te entrenan para matar sin sentir odio son un sustituto para esta clase de asesinatos. He participado en guerras y he vivido este tipo de situación en la vida real. No necesitas odiar para matar a tu enemigo. Si sabes quién es tu enemigo, puedes matarlo sin sentir odio alguno, y eso es lo que hace la mayoría de los soldados, la mayor parte del tiempo.

No hay necesidad de horrorizarse. Debemos reconocer que la agresividad es un elemento necesario de nuestro comportamiento. No es que sea algo “bueno” o “malo”, es simplemente cómo somos, según la expresión favorita de la Sra. Pelosi, diputada estadounidense. Poseemos un impulso inherente para la caza y la guerra, y eso es lo que impulsa a un niño a decir “pum pum”, incluso antes de poder hablar. Así estamos programados. A muchos les gustaría disparar sobre otra gente; si no se les permite en la vida real, entonces lo hacen en los videojuegos. Pero sueñan con hacerlo en la vida real, para pelear, matar o tal vez morir. Este impulso, como todos los impulsos destructivos, normalmente termina canalizado, o sublimado. El instinto de un chico para la caza o la guerra se termina plasmado en acciones heroicas, en defensa de su hogar o de su patria, o en la realización de hazañas hercúleas. Sin este impulso, estaríamos todavía compartiendo plátanos en la selva africana.

Sin embargo, vivimos en una sociedad feminizada donde las hazañas están contra la ley. Un chico debe comportarse como una chica; y una chica como un chico. No sólo la ropa y los baños se han vuelto unisex, sino también el adoctrinamiento. La propaganda sobre la fluidez de género tiene por objetivo destruir la masculinidad desde la raíz. Un joven de la clase obrera tiene hoy muy pocas perspectivas en la vida. Puede conseguirse un trabajo temporal, mal pagado y sin seguro, si bien le va. Y puede volcar toda su indignación y desesperación en salones de videojuegos o en clubes de pelea. O bien, consumir más drogas y alcohol.

Los videojuegos, y en particular los de guerra y disparos, son muy populares, porque satisfacen necesidades básicas, como lo hace también la pornografía. Son tan populares que el gamer sueco mencionado por Tarrant tiene 90 millones de seguidores: muchísimos más de los que pueda tener cualquier periodista por sus artículos. Así pues, hay muchos hombres frustrados e insatisfechos. ¿Bastará con los videojuegos para dar una salida a toda esta tensión acumulada? Tal vez; ya la pornografía ha influido bastante en las relaciones sexuales, hasta el punto de que los hombres se muestran menos interesados en el sexo real.

El caso es que esto no beneficia en nada a la humanidad. Para la humanidad, es mejor que los hombres se interesen en las mujeres y que demuestren su valentía al servicio de la humanidad para ganarse su amor. Pero para los que se consideran nuestros amos, hay otras prioridades. Quieren tener rebaños de vacas y bueyes mansos porque los toros siempre causan problemas. Pero esta comparación es en cierto modo errónea: los humanos no somos seres herbívoros, somos mucho más indómitos, más inteligentes y mucho más decididos.

Con la finalidad de reprimir nuestro espíritu rebelde, los aspirantes a la dominación inventan trampas y falsas salidas a nuestras frustraciones. Greta Thunberg[7] y sus protestas contra el calentamiento global son un falso canal de escape para nuestra rebelión. Los chalecos amarillos en Francia[8] están fomentando una verdadera rebelión, y es por eso que los medios masivos los demonizan. La sociedad debería reorganizarse para que se permita a los hombres jóvenes llevar a cabo hazañas reales. Quieren salvar el mundo, y lo único que se les ofrece es voltear hamburguesas o jugar videojuegos.

Este deseo de salvar el mundo es evidente en el Manifiesto de Tarrant. En él, describe el mundo en el cual los hombres jóvenes trabajadores se encuentran marginados, y aunque la salida que propone él (el terrorismo) no es la correcta, el problema sí que es real. Se da cuenta que los inmigrantes lo están reemplazando y busca dar solución a ese problema.

El reemplazo es algo real, pero los culpables no son los inmigrantes que lo están sustituyendo. Los culpables son los que organizan este reemplazo, los que bombardean países musulmanes haciendo la vida imposible a los habitantes del Medio Oriente y el Norte de África, regiones antes prósperas; los que empujan a los refugiados hacia Europa (y por extensión a Australia y Nueva Zelanda), los que adoctrinan contra la ‘xenofobia’ en vez de denunciar la avaricia, que es el motor que impulsa a nuestros supuestos amos.

De hecho, Tarrant es muy consciente de todo esto. Escribió en su Manifiesto: “El impulso mayor para la importación masiva de individuos no europeos a Europa es la demanda del mercado laboral, la voluntad de traer mano de obra barata. Nada estimula más la invasión y nada requiere una erradicación como la avaricia, la codicia que exige mano de obra barata, y sólo se preocupa por incrementar los márgenes de ganancias de los dueños del capital”.

Sin duda tiene razón Tarrant en este punto, ha dado en el blanco. La avaricia del capital debe ser derrocada para poder salvar a la humanidad, pero matar musulmanes no es la forma correcta de hacerlo.

Podemos entender perfectamente la preocupación de Tarrant por la baja tasa de natalidad de los europeos, salvo en un aspecto: él cree que siempre estará la necesidad de mano de obra más barata, y dla e incrementar el comercio. Sin embargo, estas necesidades no son ineludibles. Si la avaricia es controlada y derrotada, y la inmigración detenida, la población puede disminuir gradualmente hasta que se llegue a un nuevo nivel sostenible. Durante cierto tiempo, la población puede seguir envejeciendo, es cierto; pero ese es un efecto temporal. No estamos condenados a tener una población cada vez mayor, ni mayores ganancias y ventas, ni acciones con mayor valor, ni una expansión sin fin. Todo esto se puede cambiar.

Y deberíamos cambiarlo, porque si no, los que pretender sur nuestros ‘amos’ organizarán una carnicería gigantesca, una nueva gran guerra que convertirá a millones de jóvenes marginados en Tarrants a su servicio, tal como lo hicieron en 1914 y 1939. La humanidad tiene que vencer la avaricia, con lo cual construirá un futuro mejor; de lo contrario, se volverá contra sí misma: ésta es la lección principal de la masacre de Christchurch.

Israel Shamir, 20 marzo 2019

Traducción: Daniel Osuna

Fuente original al espanol: Red Internacional

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Fuente original en ingles

Fuente Traduccion al frances

Contacto de Israel Shamir: adam@israelshamir.net

Sitio Web del autor

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REFERENCIAS

[1] “Todo es por los Benjamins, chico”. “Benjamins”, en los Estados Unidos, hace referencia a los billetes de 100 dólares, con el rostro de Benjamin Franklin. Es también el título de una canción del productor y rapero estadounidense Puff Daddy. La diputada Ilhan Omar, la primera musulmana elegida para la Cámara de Representantes en EUA,  hizo uso de la célebre frase de la canción de Puff Daddy en un tuit del 10 de febrero pasado insinuando que el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC, por sus siglas en inglés) estaba pagando a políticos estadounidenses para que apoyaran a Israel, causando una tormenta de acusaciones de antisemitismo por parte de demócratas y republicanos. Ante las presiones, Ilhan Omar tuvo que disculparse. Fuente: https://www.europapress.es/internacional/noticia-democratas-republicanos-acusan-antisemitismo-congresista-omar-atacar-principal-lobby-proisraeli-20190211212534.html

[2] Video disponible en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=H6hEJtcPuxs

[3] https://www.voltairenet.org/article205377.html

[4] Video disponible en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=5rXPrfnU3G0

[5] Disponible en inglés: https://www.thenational.ae/world/mena/israel-paves-the-way-for-killing-by-remote-control-1.554627

[6] Video disponible en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=pbYy-fNHqlg

[7] Ver el artículo del autor titulado en español: “Ya que hablan del clima…”: https://redinternacional.net/2019/02/12/ya-que-hablan-del-clima-por-israel-shamir/

[8] Ver el artículo del autor titulado en español: “Los chalecos amarillos: el fin de la distopía”: https://redinternacional.net/2018/12/25/los-chalecos-amarillos-el-fin-de-la-distopia-por-israel-shamir/

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