Gilad Atzmon habla de su libro “The Wandering Who?”

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La identidad judía está relacionada con algunas de las cuestiones más difíciles y polémicas de hoy en día. El propósito de este libro es abrir a la discusión muchas de estas cuestiones.
Como Israel se define a sí mismo como el “Estado judío”, deberíamos preguntarnos qué significan las nociones de “judaísmo”, “judeidad” y “cultura judía”.
Gilad examina los aspectos tribales integrados en el discurso laico judío, tanto sionista como antisionista: la “religión del holocausto”, el significado de las palabras “historia” y “tiempo” dentro del discurso político judío, las ideologías anti-goys entremezcladas con las diferentes formas de discurso político laico judío e incluso en en seno de la izquierda judía. Se pregunta qué lleva a los judíos de la diáspora a identificarse con Israel y a alinearse con su política.
El devastador estado de la situación mundial suscita la apremiante exigencia de un giro conceptual en nuestra actitud intelectual y filosófica hacia la política, la política de identidad y la historia. 

 

 

ENTREVISTA

 

Silvia Cattori: The Wandering who?, ¿Qué hay detrás de este título provocador?

Gilad Atzmon: The Wandering Who? trata de comprender más profundamente la cultura judía y la política de identidad judía. Trata de abordar algunos temas que la mayoría de nosotros prefieren evitar. Hace tres años el historiador israelí Shlomo Sand publicó un trabajo sobre la historia judía que abría nuevos caminos y desmantelaba la fantasmal narrativa de la historia judía.

En mi libro trato de llevar la búsqueda de Sand un paso más allá y de examinar la problemática actitud judía en relación a la historia, al pasado y a la temporalidad en general. Hace cinco años los eruditos estadounidenses Mearsheimer y Walt publicaron un valioso estudio sobre los lobbies israelíes en Estados Unidos [1]. De nuevo, trato de tomar su investigación ahí donde ellos la dejaron. Trato de explicar por qué el hacer presión es inherente a la política y cultura judías.

Hace dos décadas Israel Shahak publicó su estudio de crucial importancia sobre el Talmud y en mi trabajo quiero ampliar su estudio y captar la actitud profundamente racista y en contra de los goy [no judíos] que es intrínseca a cualquier forma de política de identidad judía laica, ya sea sionismo, socialismo judío o incluso antisionismo judío. En The Wandering Who? trato de cribar cada percepción recibida de la política de identidad judía.

Silvia Cattori: Ha escrito una historia impresionante y original que no se podrá ignorar fácilmente. Lo que usted escribe es muy importante para cualquier persona que quiera entender lo que algunas personas quieren ocultar y por qué. Se puede afirmar que antes de su libro nadie había discutido la cuestión israelo-palestina de una manera tan franca. Este libro debería ayudar a aquellas personas a las que se mantiene en las tinieblas, desinformadas y confundidas, y, obviamente, esto incluye los medios “progresista”. Es el momento de que despierten. Su libro es una voz de un hombre honesto, esta es la impresión que tuve al leer el libro.

Gilad Atzmon: Muchas gracias por su apoyo y sus cumplidos.

Silvia Cattori: Sin embargo, usted camina por un campo minado. ¿Sería correcto sugerir que expone sus pensamientos y perspectivas porque siente vergüenza al ser un ex israelí?

Gilad Atzmon: Es una buena observación. Supongo que hasta cierto punto es cierto que en el pasado empecé a sentir vergüenza y culpa. Sin embargo, hace muchos años me di cuenta de que la culpa sólo se convierte en un sentimiento con sentido cuando se transforma en responsabilidad. A diferencia de otros judíos antisionistas que alegremente y con razón declaran “no en mi nombre”, sé muy bien que cada crimen israelí se comete verdaderamente en mi nombre, a pesar del hecho de que no vivo ahí desde hace muchos años. Y eso me preocupa mucho.

Silvia Cattori: Entonces, ¿su libro sería un intento de arreglar sus cuentas personales con la “tribu”?

Gilad Atzmon: Para ser más preciso, en realidad no critico a la “tribu”, sino el sentimiento orientado racilamente de “tribalismo” que es el centro de cualquier forma de política de identidad judía.

Silvia Cattori: ¿Debería entonces decir que su libro es una forma de animar a la humanidad a resistir a lo que usted considera el peligro real, esto es, la ideología judía?

Gilad Atzmon: En efecto, la ideología me interesa fundamentalmente. También argumento que quienes están concernidos no son sólo los palestinos. Me preocupa mucho la incesante presión judía y su poder desestabilizador a nivel global. El hecho de que el AJC (American Jewish Committee) defienda la guerra contra Irán es muy preocupante. Pero también sigo de cerca al activismo judío de izquierda y las conclusiones a las que llego me preocupan mucho.

Silvia Cattori: Así pues, ¿su libro es un intento de explicar a sus lectores por qué es tan difícil luchar contra la política israelí?

Gilad Atzmon: Luchar contra Israel por lo que es, esto es, el Estado judío, significa simplemente un conflicto abierto con el grupo de presión más poderoso de la tierra. Por una parte, nos tropezamos con instituciones sionistas que disponen de inmensos fondos, pero, por otra, también nos persigue la llamada red “progresista” judía que fundamentalmente está comprometida con preservar el discurso. Y a diferencia de los sionistas que operan abiertamente, los judíos antisionistas trabajan por los mismos objetivos pero operan en entornos clandestinos.

Silvia Cattori: En resumen, usted llama la atención sobre el “poder judío”, pero también critica un discurso que en su opinión engañoso. Un ejemplo es que usted considera que Israel es un ejemplo de “colonialismo de asentamientos”. Cito: “El sionismo no es un movimiento colonial con un interés en Palestina, como sugieren algunos eruditos. En realidad, el sionismo es un movimiento global alimentado por una solidaridad tribal única de una tercera parte…”.
_ ¡Verdaderamente, este es un punto muy importante!

Gilad Atzmon: Me inquieta la falta de integridad intelectual y de coherencia en el debate y más allá de él. Me llevó cierto tiempo darme cuenta de que años de hegemonía (intelectual) judía dentro del discurso de solidaridad con Palestina han llevado a una situación absurda en la que la crítica al Estado judío está elaborada fundamentalmente por sensibilidades judías.

Intente imaginar, por ejemplo, una situación en la que nuestra crítica del capitalismo estuviera elaborada de modo que deliberademente fuera muy cauteloso, simplemente para tener la seguridad de no ofender a los ricos. Igualmente, trate de imaginar otra situación igual de absurda en la que nuestra crítica de la ideología nazi hubiera tenido en cuenta las delicadas sensibilidades del determinismo biológico y de los antisemitas. Parece igual de absurdo que nos encontremos en una situación en la que tenemos que tratar con un cuidado extremo lo que decimos acerca de los derechos palestinos para no ofender al pueblo judío.

Y, efectivamente, lo digo abiertamente: el sionismo no es un movimiento colonial, nunca lo ha sido. El colonialismo establece una clara relación entre una madre patria y un Estado-colonial, sin embargo, el sionismo nunca ha sido una madre patria. Es cierto que Israel presenta algunos síntomas coloniales, pero eso es todo. El sionismo está guiado por el espíritu de la supremacía judía y una noción fantasmal de la “vuelta a casa”.

El engañoso paradigma colonial fue introducido por un cuantos pensadores “progresistas” simplemente para asegurarse de que no se dejaba a Marx fuera del discurso. Al menos intelectualmente, lo que vemos aquí es simplemente entretenido.

Con todo, es importante mencionar aquí que el único aspecto colonial evidente en la realidad sionista es la relación entre el Estado israelí y las colonias: los intercambios dejan claro quién es la “madre patria” y quién es el “colono”.

Silvia Cattori: Me gustaría entender por qué analistas y activistas que, por lo demás, están bien informados se siguen absteniendo de calificar a Israel de lo que es. ¿Por qué son tan reticentes a abordar el poder de Israel y su desastroso impacto político? ¿Puede explicar por qué les resulta tan complicado describir lo que Israel es realmente?

Gilad Atzmon: Creo que cuando se trata de Israel y del “poder judío” cada humanista, incluido yo mismo, tiene un conflicto. Lo formularía de la siguiente manera: ‘cómo puedo decir la verdad acerca de Israel, del lobby y del sionismo y seguir manteniendo mi postura como humanista’. Me costó muchos años aprender a diferenciar entre el trigo y la paja. Aprendí a distinguir entre judíos (la gente), judaísmo (la religión) y judeidad (la ideología). Esta diferenciación no está exenta de problemas porque, como es sabido, la mayoría de los propios judíos no saben dónde se sitúan en estos tres registros. La mayoría de los judíos no saben dónde acaba el judaísmo y dónde empieza la judeidad.

Del mismo modo, la mayoría de los judíos antisionistas no admiten que en realidad operan en células políticas exclusivamente judías. Verdaderamente estamos tratando con una identidad política muy peculiar. Tiene una orientación racial y es profundamente racista. Es supremacista, aunque está saturada de victimismo. Esta identidad transmite una imagen universal, aunque en realidad está alimentada por unos intereses tribales.

A pesar de todo, en mis escritos me limito a cuestiones que tienen que ver con la ideología judía (judeidad). Trato de captar este sentido único de “elegibilidad” y de observar cómo entra en juego en la política, la cultura y la práctica. Es obvio que, por el momento, no hay herramientas intelectuales para limitar la crítica de la ideología. Y esto significa que mis detractores se encuentran en una situación desesperada: no poseen los medios intelectuales para hacerme callar a mí o a mi crítica, con lo que, en vez de ello, recurren a campañas de difamación: me califican de “antisemita”, de “neonazi”, de “racista”, etc. Bastante trágicamente para ellos, nadie fuera de los circuitos políticos judíos toma ya en serio ninguna de estas acusaciones gratuitas.

También me gustaría mencionar que la noción de “poder judío” podría prestarse a confusión o inducir al error: hay que precisarla. Cuando hablo de poder judío me refiero estrictamente a la capacidad de los grupos de interés judíos para ejercer presión política. Y es importante comprender aquí, y debo subrayarlo, que el poder judío no es absoluto una conspiración. Se afirma (muy abiertamente) por medio de organizaciones que se establecen para ejercer presión y servir a los intereses judíos. Entre estos grupos están AIPAC, AJC, CFI, LFI y otros similares. Los sionistas son francos en relación a esto y están orgullosos del poder de sus grupos de presión. Alardean de ello y disfrutan viendo a los miembros del Congreso estadounidense ponerse sumisamente de pie para ovacionar al primer ministro israelí Netanyahu.

Silvia Cattori: Es fácil seguirle en esto y estoy de acuerdo con usted cuando afirma que Israel y el sionismo representan un proyecto único en la historia [2] y que la relación entre Israel y el lobby judío también es única. Pero cuando usted y otras personas sugieren que a lo que hay que hacer frente es al “poder judío”, la “izquierda judía” y las asociaciones judía por la paz se alzarán para detenerles a usted y a los demás. En su opinión ¿estos grupos forman también parte claramente de lo que usted llama “poder judío”?

Gilad Atzmon: Desde luego o, cuando menos, forman parte del problema. En el libro explico con toda claridad que existe una continuidad ideológica completa entre sionismo y el denominado “anti”sionismo judío o izquierda judía en general.

Diferencio entre “antisionismo judío”, que en la mayoría de los casos está motivado por el tribalismo judío y se preocuparía fundamentalmente por los judíos, y “antisionistas que da la casualidad de que son judíos”. Estos últimos representan una categoría completamente inocente. No hay necesidad de decir que la mayoría de las personas que me apoyan casualmente pertenecen a este segundo grupo.

El antisionismo judío está ahí para proporcionar una imagen de pluralismo al discurso de la diáspora judía. Por alguna razón se podrá ver a veinte antisionistas judíos destrozar un concierto de la Orquesta Filarmónica judía, pero no se verá a a estos mismos activistas ir a apoyar un concierto palestino una semana después. En resumen, su antisionismo no es mucho más que un asunto interno judío.

Silvia Cattori: Esta cuestión crucial del lobby está ausente del libro de Chomsky y Pappe Gaza in Crisis [3]. ¿Le sorprende?

Gilad Atzmon: No mucho. Como es sabido, Chomsky fue muy crítico con el estudio de Mearsheimer y Walt sobre el lobby judío. No conozco el punto de vista de Pappe sobre el tema. Por lo que sé, se abstiene de hacer comentarios sobre el lobby. Supongo que no podemos esperar que todo el mundo comente todas las cosas todo el tiempo.

Silvia Cattori: Teniendo en cuenta la influencia que tiene la “izquierda judía” y su capacidad de orientar las posturas del movimiento de solidaridad con Palesina, esta izquiera debe de ser un gran quebradero de cabeza para una persona como usted.

Gilad Atzmon: No diría que es un gran quebradero de cabeza, es algo ligeramente ruidoso en un segundo plano, como tener una mosca en la habitación. Es un fastidio pero que no te va a matar. Con todo, hay dos maneras de tratarlo: aplastarla con un ejemplar viejo de The Guardian o abrir la ventana y dejar que se vaya. Prefiero la segunda opción, sin lugar a dudas es mucho más humanista.

Cada vez es más evidente que aquellos elementos dentro de la izquierda que están dominados por la ideología judía se han convertido en factores irrelevantes en este conflicto o en el discurso.

La izquierda, que no se ha dado cuenta del impacto antiimperialista del islam, obviamente está completamente alejada de los problemas actuales del mundo. No es un secreto que la izquierda judía se opuso a Hamás y todavía se opone. No es un secreto que la izquierda occidental está desconcertada en relación al islam. La izquierda angloestadounidense se enfrenta a una crisis de identidad y a otras formas de lucha por la justicia social. Por mi parte, me interesa mucho la actitud española y latinoamericana hacia Palestina y hacia el islam.

Silvia Cattori: Cuando menciona el “poder judío” toca un nervio muy sensible. ¿No le preocupa el hecho de que esto puede hacer pensar en el tema de los “Protocolos de los sabios de Sion” ? ¿No está jugando con fuego?

Gilad Atzmon: Para empezar, es obvio que estoy navegando a barlovento. Sin embargo, teniendo en cuenta el inestable estado de nuestro mundo, alguien tiene que hacerlo y resulta que soy yo. A lo largo de los años he escrito por extenso acerca de los “Protocolos de los sabios de Sion” y he argumentado repetidamente que las cuestiones que tienen que ver con la autenticidad de los Protocolos son, de hecho, completamente irrelevantes: la lúgubre realidad descrita por el AIPAC o por Haim Saban, que habla abiertamente de transformar la política estadounidense a través de “ejercer presión por medio del lobby, de donaciones y del control de los medios de comunicación”, es completamente evidente por sí misma. Y ¿qué decir de que Lord Levy fuera el principal proveedor de fondos del Partido Laborista británico en un momento en que este país lanzaba una guerra ilegal contra un Estado árabe?

Así que está absolutamente claro que no hay una conspiración y que nunca la ha habido: los lobbies judíos operan abiertamente para promover lo que ellos creen que son los intereses judíos. La explicación es muy simple: los sionistas y los judíos se dieron cuenta hace muchos años de que es mucho más barato comprar a un político occidental que comprar un tanque.

Silvia Cattori: Un capítulo de su libro está dedicado al poder abrumador del Holocausto en el debate, ¿puede hablarnos más de ello?

Gilad Atzmon: No tengo la menor duda de que el mantenimiento en primer plano del Holocausto sirve para mantener la primacía del sufrimiento judío en el centro de cualquier debate político. Con esta pesada nube sobre nuestras cabezas no vamos a ser capaces de responder adecuadamente (éticamente) a los crímenes cometidos por Israel en nombre del pueblo judío. Por consiguiente, creo que hay que despojar al Holocausto de su estatuto religioso o, de manera general, de su primacía. Se debe discutir abiertamente y tratar como un capítulo histórico. Creo que esto ocurrirá pronto y me siento muy orgulloso de estar entre aquellas personas que llevan el discurso en esta dirección.

Y, de nuevo, mis principales detractores en este frente no son sionistas, sino los denominados “anti”sionista judíos. Esta semana celebramos una conferencia en Friburgo, Alemania, en la que nos proponemos profundizar el tema de la libertad de expresión concerniente a Alemania, Israel y Palestina. Como era de esperar, los “anti”sionistas judíos han estado llevando a cabo una batalla inútil para desmantelar la conferencia (presionaron a los conferenciantes y a los organizadores).

Silvia Cattori: ¿Podemos saber quiénes son?

Gilad Atzmon: Entre nuestros detractores están el “anti”sionista estadounidense Jeff Halper (que vive en la Palestina ocupada, pero se opone también a la demolición de casas), Sarah Kershnar y Mich Levy de la Red Antisionista Judía (que están simplemente desesperados por detenerme), Naomi Idrissi Wimborne (la cual explota abiertamente la presión de la campaña de BDS [boicot, desinversión y sanciones contra Israel] sobre eruditos palestinos, tratando de desmantelar la libertad de expresión), el (apenas activo) escritor israelí Shraga Elam, el abrumadoramente activo e infame Tony Greenstein y otros.

Y todos ellos han actuado tal como se esperaría que se comporte un sionista: han desprestigiado, difamado, catalogado, presionado, pero se les ignoró completamente. Curiosamente, los sionistas en realidad han actuado con mucha más dignidad y lanzaron una contraconferencia en Friburgo el mismo día. Y también curiosamente, uno de los fundadores del ISM me dijo hace poco que prefería con mucho enfrentarse a un soldado israelí en un control de carretera antes que luchar contra nuestros denominados detractores “anti”sionsitas. No podría estar más de acuerdo.

Es absolutamente vergonzoso: estas personas podrían haber sido una enorme contribución al discurso en vez de convertirse simplemente en un cliché de activismo tribal. No hay ni que decirlo, invitamos abiertamente a todos nuestros detractores a que vinieran a nuestra conferencia y a que presentaran su oposición a la libertad de expresión pero, como puede imaginar, la respuesta no fue positiva.

Silvia Cattori: El sionismo se nos suele presentar, incluso por la izquierda, como algo que al principio era bueno. Por ello, se considera que algunos sionistas como Uri Avnery son una buena referencia. Pero usted argumenta que el sionismo, presentado inicialmente como un proyecto laico, no era en absoluto bueno. ¿En su opinión Israel es hoy peor que ayer?

Gilad Atzmon: El sionismo temprano no era en absoluto un movimiento monolítico: tenía mas de una cara y de una voz. Todos conocemos la disputa entre el sionismo de izquierda y los revisionistas, pero hay unas cuantas variantes más del sionismo que desaparecieron con los años. Sin embargo, es difícil interpretar los actos israelíes en el marco de un modelo sionista porque Israel ya no está dirigido por el sionismo; si el sionismo se creó para resolver la cuestión judía, Israel ha introducido una serie de nuevas cuestiones relacionadas con la identidad judía, el tribalismo, la supremacía, etc.

A la hora de escribir cada vez diferencio más entre Israel y sionismo. El sionismo apenas significa ya gran cosa para los israelíes. El sionismo ha quedado reducido a un discurso de la diáspora judía. El sionismo sólo está ahí para diferenciar entre la vasta mayoría de los judíos del mundo y media docena de judíos laicos que se identifican a sí mismos como “anti”sionistas.

Ha mencionado a Uri Avnery. Me doy cuenta de que algunas persona en este movimiento son críticas con Avnery, al que consideran sionista. En realidad, tengo un enorme respeto por este hombre. Creo que es un escritor increíble y prolífico. Debemos apreciar donde vive y lo que trata de lograr. Obviamente, no estoy de acuerdo con Avnery sobre determinadas cosas pero no tengo la menor duda de que Avnery entablaría un debate abierto conmigo y con otras personas, y que esta es una cualidad que verdaderamente echo de menos en nuestro discurso.

Silvia Cattori: La izquierda israelí y la mayoría de las voces judías disidentes apoyan claramente el “derecho de Israel a exisitir”, ¿y usted?

Gilad Atzmon: No estoy en posición de determinar quién tiene y quién no tiene derecho a existir. Pero estoy cualificado para argumentar que no se debería celebrar la propia existencia a expensas de otra. Me parece que es difícil de tratar con la izquierda israelí, pero no se equivoque: hay algunos elementos entre la disidencia israelí que son más valientes de lo que se podría expresar con palabras. Estas personas están corriendo un verdadero riesgo personal al apoyar la justicia. Tengo un enorme respeto por sus acciones.

Silvia Cattori: Leyendo su libro uno se pregunta si no es un comportamiento tanto judiocéntrico edicar tanta atención a la identidad judía?

Gilad Atzmon: Lo reconozco, he dedicado mucho de mi tiempo a estas cuestiones. Cuando tenía treinta y pocos años empecé a darme cuenta de que estaba profundamente implicado en un crimen descomunal. Me fui de Israel porque quería creer que eso sería suficiente para liberarme y para librar a los palestinos de mi presencia.

Pero entonces tomé rápidamente conciencia de lo que son el lobby sionista y las operaciones del sionismo a escala global. Y entonces no me costó mucho tiempo darme cuenta de la falsa naturaleza de algunos elementos dentro de la red de la izquierda judía. Nunca he estado implicado en ninguna actividad política, nunca he pertenecido a un partido político, pero esta cuestión relacionada con la política judía me intrigó tanto intelectualmente como éticamente. Empecé a leer sobre ello, empecé a observar su actividad y en un momento dado empecé a escribir sobre ello. En muy poco tiempo me hice unos pocos enemigos que en realidad me proporcionaron una comprensión más profunda del discurso político judío. Y aquí estamos: escribí The Wandering Who? Estas son mis ideas acerca de la política de identidad judía.

Silvia Cattori: Leyendo cuidadosamente sus ideas uno se puede preguntar si usted evita discutir acerca de la religión judía simplemente para “proteger” la religión en general.

Gilad Atzmon: Es es una observación verdaderamente sutil. No soy de izquierda y estoy lejos de ser ateo. Soy músico y supongo que sólo este hecho me convierte en una persona religiosa o, cuando menos, espiritual. Cuando toco, realmente no sé de dónde vienen las notas. Para mí la belleza es divina y así tengo un respeto enorme por las personas creyentes y abiertas a lo espiritual.

Admiro mucho a los musulmanes, pero también creo que los únicos judíos antisionistas coherentes y genuinos son los judíos de la Torah. Comprendo su postura. Y como puede ver todo el mundo, no tratan de dirigir este movimiento, sino que hacen todo cuando pueden para apoyar a los palestinos. Y son extraordinariamente humildes y modestos. Me gustan mucho estas personas.

Silvia Cattori: Pero, en su opinión, ¿acaso el judaísmo no es tan tribal como la identidad política judía?

Gilad Atzmon: El judaísmo es una religión tribal, nacional y orientada racialmente. Y, sin embargo, el judaísmo tiene su manera de contenerlo todo. Bastante trágicamente, algo fue muy mal en el proceso de secularización judía y la emergencia del discurso político judío.

Puede que los judíos hayan conseguido tirar a su Dios, pero han mantenido ideologías racistas y de odio a los goy [no judíos] que son el centro de su nueva política de identidad laica. Esto explica por qué en el discurso sionista algunos elementos talmúdicos de odio a los goy se han transformado en prácticas genocidas.

Silvia Cattori: ¿Cómo entra en juego el nacionalismo en otras religiones, como el islam o el cristianismo?¿Es diferente del nacionalismo judío?

Gilad Atzmon: Contrariamente al judaísmo, que está orientado tribalmente, el islam y el cristianismo son preceptos universales. Estos últimos tratan de aportar una respuesta a la humanidad en su conjunto, en vez de favorecer a una sola tribu a expensas de las demás.

Silvia Cattori: Fue muy curioso leer lo siguiente: “Ya entonces en cierto modo aspiraba a convertirme en un goy o al menos estar rodeado de goys”. ¿Qué quiere decir con eso?

Gilad Atzmon: Es bastante simple: para convertirse en un ex judío hay que dejar de sentirse “elegido”. No es una tarea fácil y todavía tengo que practicar a diario.

Silvia Cattori: Cuando se visita Israel, uno se pregunta cómo este grupo de colonos extranjeros consigue sentirse en casa en una tierra robada simplemente porque son de confesión judía. ¿Qué piensa al respecto?

Gilad Atzmon: Nací ahí. Me gustaba esto. Tuve una infancia muy feliz y una carrera exitosa como adulto joven. De hecho, me costó muchos años comprender que algo estaba mal. Sentí algo de eso en la primera guerra de Líbano (1981). En Líbano empecé a preguntarme de dónde venían todos aquellos refugiados. Después, en la primera Intifada (1987) me di cuenta de que algunas personas que estaban ahí eran extremadamente infelices. A principios de la década de 1990 trabajé con muchos palestinos de Gaza. Entonces me di cuenta de que mi existencia en la región estaba unida a un crimen insoportable. En 1994 me fui de Israel para siempre. Y no he vuelto desde 1996. Pero hay que entender que los israelíes no ven a los palestinos ni la terrible situación en la que están. La “elegibilidad” es una forma de ceguera. Israel sólo puede verse a sí mismo. Y esto bien puede querer decir que hay remedio para este conflicto.

Silvia Cattori: Lo que me resulta fascinante es que parece que casi le complace cuando se le acusa de ser antisemita. ¿No teme la próxima campaña para desacreditar The Wandering Who??

Gilad Atzmon: Creo que tal y como están las cosas, quienes esgrimen la etiqueta de antisemita no hacen sino sacar a la luz su profunda afiliación al sionismo y judeocentrismo.

La campaña contra mi libro ya ha empezado. Pero también he recibido mucho apoyo. Acepto que este es mi karma. Pero ahora asumo que mientras se opongan a mí, esto sólo significa que estoy haciendo lo correcto. Creo que cuanta más oposición recibo, la gente puede comprender mejor mi postura.

Como probablemente se ha dado cuenta , antes las personas antisemitas eran aquellas a las que no les gustaban los judíos. Ahora las personas antisemitas son aquellas a quienes odian los judíos. Algunos judíos de allí realmente no aprecian mi trabajo. Pero la buena noticia es que nadie presta ya atención a la acusación de antisemita. Se ha abusado de ella.

Silvia Cattori: ¿En qué está pensando exactamente cuando dice que los días de Israel están contados?

Gilad Atzmon: Independientemente de la lucha palestina, Israel ya no podrá mantenerse. Es una sociedad malsana movida por una codicia implacable. Está a punto de explotar. El Estado judío ha ampliado la cuestión judía en vez de eliminarla. Y creo que es el momento propicio para admitir que puede que no haya una respuesta colectiva a la cuestión. Supongo que cuando los israelíes aprendan a querer a sus vecinos, la paz podrá prevalecer; con todo, cuando esto ocurra puede que también dejen de considerarse elegidos. Se convertirán personas normales.

Silvia Cattori: Muchas gracias, Gilad Atzmon. Es una auténtica delicia hablar con usted.

Gilad Atzmon: Muchas gracias por su atención y dedicación. También es siempre un placer hablar con usted.

 

Silvia Cattori, 26 de septiembre de 2011

Fuente traduccion

Fuente original

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(*) El nuevo libro de Gilad Atzmon: The Wandering Who? A Study of Jewish Identity Politics, Zero Books 2011.



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