No pueden vivir sin Hitler – por Ana Pavón

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73 años han pasado desde la muerte de Hitler, 73. Pues parece que no han ocurrido cosas desde entonces. Que no ha cambiado el mundo. Que no ha pasado el tiempo… Porque la prensa internacional no se quita a Hitler de la cabeza.

Las parrillas de ‘National Geografic’, de ‘Discovery’ o del mal llamado ‘Canal de Historia’ se rigen por una obsesión: Hitler. Los inventos de Hitler, las mujeres de Hitler, Hitler y los alienígenas, Megaestructuras nazis, el fondo de armario de Hitler…

Los grandes medios publican, cada dos por tres, artículos sobre algún aspecto insospechado de la personalidad del cabo austríaco: que si Hitler dormía con calcetines, que si hacía ruido al masticar, que si comía pipas y tiraba las cáscaras por la ventana… No importa lo ridículo que pueda parecer o lo sospechosamente dudosas que resulten sus fuentes. Es Hitler, hombre. Es obligatorio hablar mal de él.

No voy a llegar yo ahora a defender al Führer, no. Que la sacrosanta Constitución me libre. Pero el asunto huele un poco. Ya no es sólo el hecho de que esta obstinación en desacreditar a un señor que hace mucho que perdió la guerra resulte mosqueante. Es que la bajeza de los argumentos que emplean da mucho asco.

Y porque todos sabemos que los excelentes profesionales que elaboran esos artículos son un dechado de virtudes democráticas y ética periodística, que si no, podrían confundirse con una legión de voceros que echan espumarajos por la boca.

Casualmente los mismos medios que se afanan en enseñar el lado humano de un pederasta o en mostrar a la asesina de un niño como si fuera un ser de luz, jamás encuentran un gesto positivo en Adolf Hitler. Los que no indagan en la “encantadora” personalidad de Churchill, ni en sus vicios, ni cuestionan su forma de proyectar masacres como la de Dresde. Los que nunca hablan de las manías de Lenin o Stalin. Ni cuestionan la forma de vida de Carlos Marx o la homofobia del Che. Que no tienen una mala palabra al hablar de Carrillo o La Pasionaria.

Los medios que jamás enturbiarán la memoria de ninguno de los prohombres de este nuevo orden mundial, a pesar de que huelan tanto a podrido como el mundo que crearon. Los que publicitan a pies juntillas la versión de la historia que estamos obligados a acatar por ley.

Esos son los que vienen a llamar drogadicto a un herido de guerra que sufrió de por vida las secuelas de los ataques con gas nervioso en la Primera Guerra Mundial. Los que califican de trastorno a una forma de pensar que compartió medio mundo, pero ven normal cualquier tipo de degeneración. Los que exigen condenas para nonagenarios por actos ocurridos hace 75 años, pero piden pasar página por matanzas que aún tiñen de sangre las calles de Europa. Los que trucan fotos históricas, los que inventan genocidios, los que llevan más de 70 años intoxicando a la opinión pública.

Los que no conseguirán cambiar la historia, por muchos documentales sobre el aliento de Hitler que inventen.

A. Pavón, 12 junio 2018

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