Lingotes para llevar: ¿En qué consiste la nueva apuesta de Venezuela contra la crisis?

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Después del lanzamiento del Petro, el país suramericano complementa su estrategia con un mecanismo novedoso que pretende fortalecer sus finanzas, frenar la inflación y recoger masa monetaria.

Tener un excedente en bolívares en Venezuela genera vértigo: El arco reflejo es gastarlos cuanto antes o cambiarlos por dólares ilegales antes que los consuma la hiperinflación.

La capacidad de ahorro en moneda local es casi nula en el país suramericano, que vive una de las crisis más profundas de las últimas dos décadas. El gobierno atribuye la coyuntura a una ‘guerra económica’ propiciada por factores externos como EE.UU. y alentada por los detractores internos de la Revolución Bolivariana. La oposición, mientras tanto, culpa al presidente Nicolás Maduro de un mal manejo de las finanzas, pero pide más sanciones para bloquear la capacidad de compra de alimentos y medicinas.

En medio de esa diatriba, los venezolanos padecen el aumento diario y galopante de los precios, además del deterioro trepidante de su poder adquisitivo. Sin embargo, la semana pasada el Ejecutivo nacional hizo una apuesta osada: el Petro-oro, un mecanismo que, en palabras del vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, pretende “recuperar la estructura del ahorro en oro”. Y no, no es una segunda criptomoneda.

Activo tangible

Son pequeños, rectangulares y áureos. Caben cómodamente en la abertura que se hace entre el dedo índice y pulgar; pesan desde 7,5 a 50 gramos y su presentación en sociedad fue, después de varios anuncios, el fin de semana pasado.

Esos pequeños ‘lingotes’ son el petro-oro. Su adquisición, explicó El Aissami, será posible en bolívares a través de las subastas Dicom (Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario) como una opción de ahorro. Para el economista Óscar Forero, la iniciativa es una buena noticia para las finanzas del país.

En la actualidad, explica Forero, los venezolanos tratan de resguardar sus ahorros en moneda extranjera, generalmente dólares, que adquieren en el mercado paralelo. El precio artificial de la divisa es marcado por portales web ilegales que la cotizan hasta diez veces por encima de la tasa oficial, una dinámica que tiene incidencia directa en la hiperinflación.

“El ahorro en oro —precisa el analista— siempre va a significar una importante inversión a futuro porque es un activo tangible que siempre ha sido apreciado por la humanidad”. Pero según él, más allá de lo apetecible que pueda resultar a los eventuales compradores, el impacto de esa política monetaria apunta a tres objetivos superiores: desacelerar la inflación, tener una fuente de financiamiento y recoger masa monetaria.

Recoger la liquidez

Venezuela es el primer país latinoamericano que aparece en el ranking del Consejo Mundial del Oro, ocupa el puesto 25 con una reserva de 188,1 toneladas del metal precioso, que representan 74,7% del total de sus activos. Hace pocos meses, además, el Gobierno venezolano certificó que la nación posee la cuarta mina aurífera más grande del mundo.

No obstante, el gobierno nacional tienen un grave problema de liquidez. El proceso de hiperinflación empujado por el dólar paralelo, las sanciones económicas impuestas por EE.UU. y la Unión Europea, aunado a la lenta recuperación de los precios del petróleo (que generan 92% de las divisas que percibe el país), ha puesto una gran cantidad de billetes en la calle.

Datos del Banco Central de Venezuela (BCV) revelan que, entre 2016 y 2017, la cantidad de billetes en circulación se multiplicó 15 veces, al pasar de 463.868.925 a 7.024.473.537 en un año. Si bien en ese período entró en vigencia un nuevo cono monetario con una ampliación de tres ceros, esos mismos billetes perderán validez a partir del 4 de junio de este año cuando se emita una serie con tres ceros menos.

Pero en las calles de Venezuela, los billetes son un bien escaso. Los comercios ofrecen generalmente dos precios para el mismo producto: el más alto es para pagos con tarjeta de débito, y uno más bajo (que puede ser hasta la mitad del primero), si se cancela en efectivo. En cajeros automáticos el máximo de retiros es de 30.000 bolívares diarios y una carrera mínima en taxi está por el orden de los 350.000 bolívares.

El negocio en auge es vender los billetes para obtener hasta 200% más bolívares por transferencia. El gobierno nacional ha denunciado que buena parte del efectivo se va de contrabando hacia Colombia por la frontera, donde la moneda venezolana se deprecia aún más gracias a una resolución colombiana que le permite a las casas de cambio fijar un precio distinto al establecido por el Banco de la República.

Forero, que es habitante de la zona fronteriza, lo confirma: “Aquí es común que los venezolanos vayan a Cúcuta (Colombia) con sus bolívares y los cambien a pesos colombianos para poder tener ahorros”. El petro-oro pretende hacer menos atractiva esa opción ofreciendo un respaldo en un metal precioso, acuñado por el BCV, que se pueda adquirir en Venezuela, directamente en moneda local.

La estrategia tiene un doble fin, según el economista, “dar paso al ahorro, recoger la liquidez en bolívares y así frenar la inflación, aunque el gobierno diga que el aumento de la masa monetaria no tiene incidencia en los precios”.

Más financiamiento

Si bien el Ejecutivo ha anunciado que el petro-oro sólo podrá comprarse en bolívares, Forero cree que existe la posibilidad de que se amplíe la oferta al exterior para recaudar divisas, como ya ocurre con el petro, la criptomoneda venezolana respaldada en las reservas de petróleo.

“Venezuela necesita liquidez en divisas para inyectarlas en la economía nacional y satisfacer la demanda de bienes y servicios”, apunta el analista, quien también aplaude el deseo del Ejecutivo de incrementar las reservas internacionales del país porque “eso le podría dar estabilidad al bolívar”.

Hasta el 2 de mayo de este año, las reservas internacionales de Venezuela están por el orden de los 9.920 millones de dólares. La caída paulatina en el nivel de reservas es evidente a partir del fallecimiento del expresidente Hugo Chávez, cuando el país dejó de mantener un promedio anual de 30.000 millones de dólares: 21.481 (2013); 22.080 (2014); 16.370 (2015); 10.995 (2016) y 9.665 (2017).

La llegada de Maduro al poder fue sucedida por un historial de inéditas sanciones políticas, económicas y financieras por parte de EE.UU., que empezaron con una “lista negra” decretada por el expresidente norteamericano, Barack Obama, y se han radicalizado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien el año pasado prohibió transar los bonos emitidos por el Gobierno venezolano y su estatal petrolera.

Esas medidas coercitivas han sido imitadas en menor escala por la Unión Europea, una situación que ha puesto en jaque a la economía venezolana porque le ha cerrado las vías para obtener financiamiento. La apuesta del gobierno para saltar el cerco ha sido el lanzamiento del petro, que ahora cuenta con esta nueva modalidad para atender el mercado interno y que, a juicio de Forero, es una respuesta adecuada para “reparar buena parte de los problemas que ha generado la crisis”.

Lo malo y lo feo

Aunque el próximo lanzamiento del petro-oro ha sido considerado una buena noticia, los riesgos que puede acarrear su puesta en circulación están presentes. Para Forero, la principal tarea del gobierno es impedir que la corrupción arrope esa nueva política monetaria.

Precedentes como el desfalco de 20.000 millones dólares preferenciales del Estado a empresas fantasmas, así como las tramas de corrupción descubiertas por el Ministerio Público en Petróleos de Venezuela (Pdvsa) son una alerta temprana antes de que se implemente el nuevo mecanismo.

Al parecer, el gobierno también lo tiene claro. En las últimas semanas, la Fiscalía junto a organismos de inteligencia han aplicado la ‘Operación Manos de Papel’, destinada a desmantelar a las mafias detrás del contrabando de billetes en la frontera, desactivar las páginas ilegales que fijan la cotización del dólar paralelo y anular la incidencia de la banca privada en la devaluación artificial del bolívar. Los golpes son casi a diario y la razón es simple: en menos de un mes entrará en vigencia el nuevo cono, hay urgencia de bloquear grietas que permitan la fuga de efectivo y se requiere sanear el sistema financiero para la entrada del petro-oro.

No obstante, advierte Forero, hay otro peligro: “Si no se democratiza el acceso al petro-oro con un sistema de subastas más claro y coherente, pueden generarse procesos de polarización de la riqueza, como ya ha ocurrido con otros mecanismos en Venezuela”. En otras palabras, que los que más tienen dinero en el país monopolicen la emisión.

La última salvedad que hace el economista es el riesgo de que la ‘fiebre del oro’ acelere la depredación ambiental. En el estado Bolívar, al sur de Venezuela, no sólo está una de las reservas auríferas más sólidas sino también el pulmón vegetal e hídrico del país, donde viven comunidades indígenas que actualmente ya padecen los estragos de la minería ilegal y el contrabando. Es allí, precisamente, donde se ha instalado el Arco Minero, el ambicioso y polémico proyecto de explotación del Estado que ha permitido el ingreso de unas 12,2 toneladas de oro a las arcas del BCV entre 2017 y lo que va de 2018, informó en marzo el ministro de Desarrollo Minero, Víctor Cano.

De acuerdo al histórico del BCV, las compras de internas de oro anuales para engrosar las reservas no habían pasado de 5,8 toneladas en las últimas dos décadas. La razón se puede especular con cierta facilidad: la mayor cantidad del mineral precioso que se produce en el país se escapaba vía contrabando.

Un ejemplo claro de eso son las Antillas Neerlandesas. En enero de este año el Gobierno venezolano ordenó el cierre de las vías aéreas y marítimas con las islas de Aruba, Curazao y Bonaire por 72 horas, por la presunta complicidad de las autoridades en el contrabando de extracción. La prueba más contundente es que Curazao exportó, entre 2010 y 2015, 2.300 millones de dólares en oro y no posee una sola mina. En ese mismo lapso, según las cifras del MIT, Venezuela vendió 1.770 millones de dólares de oro.

Forero estima que, anualmente, más de dos toneladas se fugan a destinos como Curazao, Panamá, Colombia y Arabia Saudita. Los retos de la economía venezolana no son menores, pero para el especialista, la clave está en reordenar el mercado. Si lo logra, el camino a la recuperación podría tener un primer escalón andado.

 

Nazareth Balbás, RT, 4 mayo2018

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