La intifada de los misiles: el estrepitoso derrumbe de una era – por Alaistair Crooke

 

Mientras Gaza se calma por ahora, la siguiente fase de esta guerra se centrará probablemente en Al-Aqsa, Jerusalén y las comunidades palestinas de 1948 dentro de Israel.

La aclamada novela Birdsong [por Sebastian Faulks, 1993] cuenta una historia desde el interior de la extenuante guerra de trincheras de 1914-18. Las trincheras -mero barro y pasillos empapados por la lluvia- estaban separadas de las líneas alemanas por el desolado infierno de la “tierra de nadie”, un indescriptible desierto llano de barro, barro y más barro, sembrado de trozos desgarrados de lo que una vez fueron hombres, cuyos restos nadie se atrevía a recuperar, y el surrealista arte negro del alambre de espino enrollado en todas las formas y ángulos imaginables.

A través de este paisaje a lo Hieronymus Bosch, los alemanes lanzaron una oleada tras otra de intensos proyectiles de artillería de alto poder explosivo que lanzaban penachos de tierra hacia el cielo. Sin embargo, como contrapunto a este oscuro y demoníaco telón de fondo, Birdsong despliega una historia de lucha humana, de muerte cercana y de profunda compasión por los amigos heridos. Pero en el fondo, es una historia sobre túneles: los que los cavaron; los que quedaron enterrados en ellos, al caer; y los que salieron de ellos -como lombrices de tierra que se levantan- para sorprender y matar al enemigo.

Los túneles fueron el arma secreta de la Primera Guerra Mundial. Eran la respuesta al despiadado bombardeo aéreo desatado por la masa aplastante de una maquinaria militar superior. Los batallones entraban en las trincheras con 800 hombres, y salían después del bombardeo con apenas 100-200 hombres vivos. Sin embargo, seguían adelante: los voluntarios cavaban túneles en el barro para alzarse, como fantasmas, sobre un enemigo dormido.

Allí nació la doctrina occidental del poder de fuego abrumador. En la siguiente guerra (la Segunda Guerra Mundial), todo se centró en el bombardeo (indiscriminado) de la población civil (en Alemania y Japón) para quebrar, psicológicamente, su voluntad de luchar. Este enfoque caló hondo. Se convirtió en la principal herramienta de Occidente. Churchill utilizó la potencia de fuego aérea en Oriente Medio en el periodo de entreguerras, y la superioridad aérea absoluta sigue siendo el núcleo interno de la estrategia actual de Estados Unidos y la OTAN.

¿Cuál es la cuestión aquí? Es que toda esta arca de estrategia militar basada en el bombardeo aéreo masivo -que se remonta a los años 20, y que llega hasta hoy en Gaza, está caducando. Se ha vuelto obsoleta (al menos en Oriente Medio), al igual que la guerra de trincheras tras 1918.

Los túneles (ahora, mucho más sofisticados), han cobrado una vida renovada como respuesta a los bombardeos aéreos masivos sobre terreno civil como herramienta psicológica de guerra de primer orden. Marcan el fin de una estrategia. Los misiles enjambre y las agrupaciones de drones inteligentes son los puntos de inflexión actuales: la “nueva” guerra, que cambia tanto las reglas del juego como la llegada del arco largo (en el siglo XIII). Se han convertido, por así decirlo, en la fuerza aérea “alternativa” de Hamás, Hezbolá, los Houthi yemenitas e Irán.

Está claro que el bombardeo de cohetes de Hamás cogió a Israel (y a Washington) por sorpresa. Puede que no lo asimilemos todavía del todo, pero el conflicto palestino-israelí nunca volverá a ser el mismo. ¿Por qué?

Para ser muy claros, lo que ha sucedido es, en primer lugar, que al igual que las tropas de la Primera Guerra Mundial encontraron una respuesta parcial a los bombardeos de la artillería alemana sobre sus posiciones a través de sus túneles poco profundos y propensos a derrumbarse, así Irán, Hezbolá la resistencia iraquí y los Houthis han mejorado la estrategia con posiciones subterráneas profundas (30 metros), fortificadas – efectivamente para castrar el poder aéreo de Israel – y, en todo caso, para volcar el poder aéreo israelí sobre sí mismo, dañando la imagen de Israel, mientras que brilla la de los palestinos.

En segundo lugar, la embestida de Israel en Gaza, que ha matado a 230 palestinos, entre ellos 65 niños, ha puesto al mundo exterior en su contra. Y, por primera vez, hay un debate serio en Estados Unidos sobre el apoyo al arraigado sistema de control de Israel sobre los territorios palestinos y su progresiva anexión de tierras palestinas, sin que los complacientes EEUU lo hayan controlado durante años.

Pero, ¿por qué esta vez debería ser diferente de los episodios anteriores? ¿Qué ha cambiado? En una palabra: es la revolución woke, una “nueva normalidad democrática”. Ahora que Estados Unidos y algunas partes de Europa ven sus propias historias de asentamientos, limpieza étnica y colonialismo como aberraciones tóxicas que deben ser redimidas, se ha hecho posible decir hoy en Estados Unidos cosas sobre Israel que se pensaban desde hace tiempo, pero que hasta ahora se mantenían in pectore; que antes habrían hecho caer cielo y tierra sobre la carrera de quien las pronunciara. Pero esto ya no es a sí.

En tercer lugar, un número cada vez mayor de políticos que apostaron sus carreras a la construcción de la solución de dos estados de Oslo, finalmente están llegando a reconocer que los hechos sobre el terreno hacen de Oslo un proyecto de ficción. “El marco de Oslo está caducando, se ha terminado”, dijo Marwan Muasher, antiguo diplomático y político jordano que desempeñó un papel destacado en la Iniciativa de Paz Árabe hace dos décadas: “Soy un hombre de “dos estados” por formación. Soy un partidario de un solo estado por realismo”.

Los pilares clave de Oslo resultan ser puras quimeras: Que la demografía por sí sola obligaría a Israel a poner en práctica una solución con dos estados; que la cooperación palestina en materia de seguridad aplacaría las dudas israelíes a la hora de respaldar un estado palestino; y, en tercer lugar, que un estado palestino pondría fin a la ocupación. Todos estos supuestos clave han resultado ser falsos.

Sin embargo, EEUU y los europeos no tienen ni idea de qué hacer con la situación, más allá de pedir una vuelta a la “normalidad”, que permita a los israelíes “volver a la playa” y a los palestinos “a la  jaula”, como comentó cáusticamente un comentarista sobre el significado de dicha “normalidad”.

Posiblemente, el aturdimiento de Occidente sobre qué hacer explica en cierto modo su sorpresa ante los acontecimientos de Gaza. Mientras Occidente buscaba su solución liberal y secular, Irán, Hamás y Hezbolá estaban forjando silenciosamente una respuesta muy diferente, que cambiaría todo el paradigma. En la práctica, la guerra del Líbano de 2006 fue un “ensayo general”. Marcó el “final del principio” de esta nueva modalidad de guerra con enjambres de drones y misiles; y esta última guerra de Gaza (junto con los misiles y drones más sofisticados e inteligentes que ahora rodean a Israel) representa su llegada a la madurez. Es un movimiento concertado y estrechamente coordinado. Sin embargo, Hamás ha preferido hacer de su debut en Gaza un movimiento totalmente palestino.

En 2006, Israel también fue tomado por sorpresa. Amos Harel recuerda que “cualquiera que estuviera presente en la sala cuando Dan Halutz, el orgulloso jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel al comienzo de la Segunda Guerra del Líbano, nunca olvidará su reunión informativa con la prensa en la víspera del viernes 14 de julio de 2006. Halutz enumeró la lista de logros de las FDI, encabezados por un enorme impacto en el sistema de misiles de medio alcance de Hezbolá (cuyos estragos eran mínimos en aquél momento). Intentaba convencer a los periodistas de que el ejército había reaccionado adecuadamente al secuestro de dos soldados de la reserva dos días antes. De repente, le llegó una nota con la noticia del impacto [del misil de crucero de Hezbolá] sobre el buque de misiles de la marina israelí INS Hanit, frente a las costas de Beirut. En una guerra, las sorpresas no se dan sólo en una dirección”.

De hecho, las FDI en 2006 estaban bombardeando una finta. Hezbolá había construido esos túneles para engañar a las FDI. Filtraron información falsa que Israel absorbió. Los verdaderos silos de misiles estaban a salvo e intactos, y las andanadas de misiles continuaron durante casi un mes. ¿Es probable que Hezbolá haya transmitido esos consejos estratégicos a Hamás? Por supuesto que sí.

Hoy sucede algo parecido. Israel está rondando la victoria (basada en su destrucción de los túneles de Hamás), pero se enfrenta al fracaso, como en 2006.Ciertos informes creíbles sugieren que la estrategia de las FDI se basaba en su confianza en que habían cartografiado los túneles de Gaza. De modo que cuando el ejército lanzó deliberadamente el rumor de una inminente invasión terrestre de Gaza, calculó que los dirigentes de Hamás se lanzarían inmediatamente a los túneles, que la Fuerza Aérea israelí bombardearía entonces, enterrando así al movimiento en vida. Salvo que no ocurrió: los dirigentes de Hamás no estaban en esos túneles, y los misiles no cesaron.

Aluf Benn lo resume, en Haaretz (donde es redactor jefe):

“Se puede alimentar al público con noticiarios que hablan con arrogancia de “los dolorosos golpes que hemos asestado a Hamás” y presentar al piloto que mató a un comandante de la Yihad Islámica -olvidando que se trataba de un avión de combate avanzado con armamento de precisión que atacaba un edificio de apartamentos- como una versión moderna de Judá el Macabeo o de Meir Har-Zion. Pero todas estas capas de maquillaje no pueden encubrir la verdad: los militares no tienen idea de cómo paralizar las fuerzas de Hamás y desequilibrarlas. Destruir sus túneles con potentes bombas reveló las capacidades estratégicas de Israel sin causar ningún daño sustantivo a las capacidades de combate del enemigo.

Suponiendo que murieran 100, 200 o incluso 300 combatientes, ¿acabaría esto con el dominio de Hamás? ¿O sus sistemas de mando y control? ¿O su capacidad de lanzar cohetes contra Israel? El número cada vez menor de objetivos de calidad es evidente en el creciente número de víctimas civiles a medida que la campaña se prolonga…”.

Pues bien, hubo un anticonformista israelí que no se dejó encerrar en la mentalidad imperante: “El más agudo crítico de los mandos del ejército en los últimos años, advirtió que la próxima guerra se libraría en el frente interno – [y] que Israel no tenía respuesta a los ataques con miles de misiles – y que sus fuerzas terrestres no son capaces de combatir”. Esa fue la advertencia del general de división Yitzhak Brik, pero como ocurre a menudo con los contrarios a la opinión dominante, fue condenado al ostracismo e ignorado.

La supuestamente larga arca de la estrategia de bombardeo de terrenos civiles (que se justifica diciendo que los terroristas se esconden allí), puede estar llegando a su fecha de caducidad, ya que los Derechos Humanos se convierten en la piedra de toque de la política exterior (así como de la política interna de Estados Unidos).

Esto tiene implicaciones para EEUU y la OTAN, así como para Israel. ¿Sería factible el bombardeo de la OTAN sobre Belgrado con total impunidad durante 78 días en el clima de “valores” actual?

Se ha “acordado” un alto el fuego (aunque, como suele ocurrir con la “mediación” egipcia, las partes ya están discutiendo lo que supuestamente se acordó entre ellas). Un alto el fuego puede marcar una pausa en la batalla de Gaza, pero de ninguna manera el fin de una guerra.

La última razón por la que el conflicto israelo-palestino no volverá a ser el mismo es que la erupción colectiva en la Palestina histórica ha unificado y movilizado al pueblo palestino, bajo la dirección militar de Hamás. Estos últimos se perciben como la única fuerza capaz de proteger la mezquita de Al-Aqsa -amenazada por los intentos de los colonos de apoderarse de ella- o de quemarla -una amenaza real que tiene el potencial de enardecer a los musulmanes de todo el mundo.

Mientras Gaza se calma por ahora, la siguiente fase de esta guerra se centrará probablemente en Al-Aqsa, Jerusalén y las comunidades palestinas de 1948 dentro de Israel. Los israelíes se enfrentan a una nueva realidad: Hamás no está “allí”, sino que está en todas partes a su alrededor; y además, también saben que la posibilidad de que la (probable) próxima coalición de derechas en Israel acepte este nuevo paradigma es nula.

 

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Original: https://www.strategic-culture.org/news/2021/05/24/the-missile-intifada-brings-an-era-crashing-down/

Traducción: MP para Red Internacional

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