Las elecciones israelíes son una fiesta, aunque no para Irán – por Israel Shamir

Hemingway escribió París era una fiesta; pues bien, las elecciones israelíes son una fiesta interminable. La cuarta ronda ha terminado, y ya se anticipa la quinta, quizás en agosto. Los israelíes no consiguen formar un gobierno estable. Tienen el virus del tiovivo italiano de los gobiernos inestables. Los italianos tienen un nuevo gobierno cada trece meses, como promedio. La mutación israelí del virus italiano tiene su propia peculiaridad. Los italianos pueden formar un gobierno en minoría; en Israel, si no hay mayoría para el gobierno, se convocan automáticamente nuevas elecciones. Ahora han entrado trece partidos en el parlamento, pero no será fácil hacer una coalición de gobierno basada en una mayoría parlamentaria.

¿Por qué no pueden formar un gobierno? No se diferencian mucho. Con pocas excepciones, los políticos israelíes y sus partidos son de un mismo molde: son de derecha o de extrema derecha; fuertemente nacionalistas y neoliberales -en algún punto entre la Sociedad John Birch y el KKK. El problema es que los líderes de los partidos se odian entre sí y no quieren aceptar a los palestinos ni siquiera como socios menores en su gobierno. Y sin los palestinos, ninguno puede lograr una mayoría parlamentaria.

El grueso de los palestinos no tiene la ciudadanía israelí, como los indios americanos no tenían la ciudadanía estadounidense. Sin embargo, casi dos millones de palestinos son ciudadanos de Israel y tienen derecho a voto; constituyen el 20% de todos los ciudadanos israelíes. Pero se les mantiene al margen de la toma de decisiones. En las anteriores elecciones, los partidos palestinos se unieron y obtuvieron 15 escaños en el Parlamento. Todos los aspirantes al cargo de primer ministro se negaron a aceptarlos como socios, y renunciaron a ello poniendo en marcha la nueva gira electoral.  En las últimas elecciones, el voto palestino se dividió entre (1) comunistas y nacionalistas árabes que estarían encantados de unirse a un gobierno de izquierdas y (2) un partido musulmán conservador perfectamente dispuesto a unirse al gobierno de Netanyahu junto con otros partidos religiosos judíos.  Aun así, los judíos de derechas se niegan a unirse con los árabes de derechas, y los judíos de izquierdas se niegan a aceptar a los árabes de izquierdas. Los judíos no quieren sentarse con los gentiles en la misma mesa.

También tienen otras limitaciones autoimpuestas. Algunos no quieren sentarse con judíos religiosos. Algunos son del tipo “Nunca Netanyahu”. Hace tiempo, en Israel había partidos de izquierdas y de derechas con sus propias ideologías; ahora están divididos por una cuestión, a saber, si Benjamin Netanyahu, apodado Bibi, volverá a ser primer ministro.

Bibi ha gobernado Israel desde 1996 de forma intermitente. Durante las pausas, ha ocupado varios puestos de responsabilidad. Los liberales israelíes le odian, igual que sus hermanos estadounidenses odian a Trump. Maldicen a los estúpidos deplorables que siguen votando obstinadamente a Bibi. Los israelíes acomodados y educados desprecian a Bibi. Los liberales israelíes consideraron la destitución de Trump como una señal para ellos: si se pudo derrocar a Trump, ahora es el momento de derrocar a Bibi, pensaron. Pero el voto popular no es lo suficientemente decisivo.

La “queja de odio” de la que acusan a Bibi es un gemelo israelí del “síndrome de enajenación” de Trump. En una mesa del Seder de Pascua, los buenos israelíes pidieron a Dios que castigara a Bibi como castigó al Faraón, y retuitearon sus maldiciones. Quieren deshacerse de Bibi por medios leales  (elecciones) o sucios (trucos legales). El sistema judicial está en manos de los liberales y se ha convertido en un arma contra Bibi. Ciertamente es un criminal y merece ser condenado de por vida por sus bombardeos en Gaza y Siria, pero es poco probable que los jueces israelíes consideren esas acciones como un crimen.

El sistema judicial de Israel es la parte más podrida del Estado judío. Han convalidado el uso de la tortura, la limpieza étnica, la confiscación de tierras y hogares palestinos, la expulsión de palestinos, y han aprobado el bombardeo de Gaza y Líbano. No hay ningún crimen de guerra o de lesa humanidad cometido en Israel que no haya recibido la aprobación y la bendición del poder judicial. Incluso por un simple y cabal asesinato en masa, el tribunal israelí ha condenado al asesino a una multa de diez céntimos. Los tribunales han declarado que todas las tierras estatales de Palestina son propiedad del pueblo judío. También han permitido la construcción de asentamientos judíos en tierras palestinas y el encarcelamiento indefinido de parlamentarios palestinos. Los jueces son tan injustos y deshonestos como en Estados Unidos.

Los cargos reales que se presentan contra Netanyahu son tan vacíos como los que se presentan contra Bill Clinton y Donald Trump. Se acusa a Bibi de aceptar regalos -habanos y champán rosado- de Arnon Milchan, el productor de Hollywood (L.A. Confidential), magnate y espía de Israel. La fiscalía nunca ha podido demostrar que Bibi haya hecho algo a cambio de esta generosidad inaudita, algo que no habría hecho a menos que se le sobornara con burbujas. En otro caso se acusa a Bibi de intentar que los medios de comunicación le sean menos hostiles. Si esto es un delito, ¡todos los políticos son delincuentes!

Quieren enviar a Bibi a la cárcel, y cualquier razón es válida. Bibi lo entiende y se aferra obstinadamente al poder. Una cosa es retirarse pacíficamente a una jubilación bien merecida, y otra cosa es ir a la cárcel durante varios años. Así, Bibi lucha por su libertad, y la única manera de hacerlo es formando un gobierno. Ha superado el primer obstáculo: el presidente le ha facultado para intentar reunir una coalición. No fue cosa fácil: los periódicos (tan hostiles a él como el New York Times lo es a Trump) trataron de convencer al presidente de que diera el mandato a otro. Ahora está casi al alcance de la mano para formar un nuevo gobierno, pero esta tentación casi puede ser todavía su perdición. Tiene que convencer al judío religioso, Neftalí Bennett, y al musulmán conservador religioso, Mansour Abbas, para que se unan a él.

Sin embargo, no hay una verdadera elección para los votantes; los posibles candidatos a la oficina del primer ministro no son tan diferentes. La otrora todopoderosa alianza de la izquierda israelí -formada por socialdemócratas, inmigrantes de Europa del Este y del Imperio Ruso, fuertes nacionalistas como los socialistas polacos del Mariscal Pilsudski- se ha derrumbado. Una parte de ellos se pasó al apoyo al colectivo LGBT, la otra – a la lucha contra el género gramatical de los pronombres posesivos, la tercera – a la lucha contra la religión y los judíos religiosos. El “apoyo a los trabajadores y a los campesinos” ha desaparecido por completo de su agenda, ya que son los trabajadores inmigrantes de Tailandia los que realizan el trabajo campesino en el Estado judío, mientras que los trabajadores industriales son inmigrantes ilegales ucranianos y rumanos bajo la supervisión de un guardia ruso.

Israel es fuertemente pro-estadounidense, y es probable que siga siéndolo. Sin embargo, Bibi es “amigo” del presidente Putin; visita a menudo Rusia; siempre está dispuesto a pedir un favor; nunca hace nada a cambio por Rusia, pero al menos no es abiertamente hostil. Nunca cumple sus promesas a Rusia. Sin embargo, los posibles primeros ministros alternativos de Israel son aún menos simpáticos con Rusia.

 

Antisemitismo

Una novedad interesante es el aumento del antisemitismo israelí. Los sionistas socialistas israelíes eran seculares pero no realmente hostiles a la fe y los fieles judíos. En un artículo reciente, Miko Peled ha destacado la hostilidad de los primeros sionistas hacia los judíos contemporáneos no sionistas. Aunque es cierto, eso fue hace mucho tiempo. Esta actitud no sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. El sionismo antijudío (el odio a sí mismo de los judíos, en términos de Peled) se construyó con el ascenso del nacionalsocialismo alemán; si Hitler hubiese ganado la guerra, tal vez este tipo de sionismo nietzscheano brutal se habría vuelto dominante, como habían planeado los predecesores ideológicos de Netanyahu, Yair Stern y Yitzhak Shamir. Tras la derrota de Alemania, todo el discurso de la Tierra y la Sangre, del Trabajo frente a las especulaciones financieras, de la devoción a la Tradición, había sido derrotado también. El sionismo tuvo que rebajar sus objetivos, cambiar su vocabulario y acabar con su hostilidad hacia los judíos de a pie, con todas sus verrugas.

Una vez establecido el Estado judío, las relaciones entre los judíos ortodoxos (no sionistas) y los israelíes sionistas se volvieron, si no fraternales, sí bastante tolerantes, como entre, por ejemplo, los estadounidenses de a pie y los menonitas. Ben Gurion les prometió y concedió el acuerdo de Status Quo. Funcionó, más o menos, durante más de 70 años.

Yair Lapid y su partido Yesh Atid fueron seculares, quizá ligeramente anticlericales, durante años; pero el anticlericalismo pugnaz en Israel lo había iniciado Avigdor Lieberman, el jefe del partido “ruso” y enemigo jurado de Netanyahu. Además, empezó siendo anticlerical, pero muy pronto se deslizó hacia tropos antisemitas. Probablemente pensó que podría aprovechar toda una nueva reserva de votos, de israelíes antirreligiosos de derechas, y socavar a Netanyahu, que siempre fue amable con los judíos religiosos. Sin embargo, su artimaña fracasó a la hora de los votos. Yair Lapid se hizo con los votos de los israelíes que se sentían fuertemente afectados por las leyes religiosas. Pero el imprudente discurso antijudío de Lieberman sí tuvo un impacto.

La crisis de Covid ha puesto de moda el antisemitismo en Israel. Los judíos ortodoxos rechazaron la narrativa aceptada del Coronavirus. Mantuvieron abiertas sus sinagogas y escuelas; no observaron el distanciamiento social ni el régimen de máscaras. Se desató el infierno sobre ellos; incluso la gente educada hablaba de “roedores portadores de enfermedades con largos bigotes”, de “judíos feos y ociosos” que no se preocupaban por la salud pública y hacían caso omiso de las sabias reglas del Tsar del Cornoavirus del día. La situación ha llegado a ser tan grave que un dirigente del Shas, partido religioso de los judíos orientales, ha presentado un proyecto de ley contra el antisemitismo, algo que Israel nunca había contemplado.

Aunque la crisis del Covid afectó a toda la humanidad, Israel fue líder en su tratamiento; al principio con severos cierres y luego con una vacunación masiva. Los servicios de seguridad israelíes estuvieron involucrados en todo momento. La inteligencia exterior del Mossad, con sus recursos y conexiones, proporcionó al país varitas para los tests y máscaras; los agentes de la inteligencia israelí robaban los artículos encargados por otros estados e interceptaban los suministros extranjeros. Una aplicación creada por las fuerzas de seguridad israelíes rastreaba todos los movimientos y contactos; se han desarrollado unas esposas electrónicas, cínicamente llamadas “brazaletes de libertad”, similares a las que se utilizan para el arresto domiciliario, y se están utilizando para los que vienen del extranjero. Israel fue el primero en encerrar a la población, y el primero en llegar a un acuerdo con Pfizer. Bibi ha convertido el país, con sus registros de atención médica altamente informatizados, en un laboratorio experimental. Pfizer recibe información detallada de Israel sobre cómo responden a la vacuna personas con diferentes condiciones médicas. Para ello, Pfizer suministró a Israel un gran número de vacunas, de modo que la mayoría de los adultos israelíes ya han sido vacunados, y ahora el siguiente paso es vacunar a los niños y bebés. Israel cuenta con 35 millones de dosis de vacunas, más que suficientes para su población. Ese fue el momento en que los dos se pelearon. Los israelíes dejaron de pagar, Pfizer dejó de entregar. Israel tenía una buena razón: Netanyahu había prometido pagar a Pfizer un precio muy superior al habitual. Tales promesas rara vez se cumplen y los judíos no tienen fama de cumplidores en ese ramo. Y, de todos modos, Israel tiene muchas dosis ya.

Bibi regaló generosamente lotes de la vacuna a los países y líderes que consideró útiles, pero no a los palestinos de Cisjordania y Gaza. Incluso bloqueó la entrega de vacunas rusas a Gaza. Los judíos ortodoxos también se vacunaron, aunque mucho menos que la población laica. De todos modos, desde enero los judíos ortodoxos tienen muchos menos enfermos que cualquier otro grupo. Siguen siendo perseguidos y “cuando un judío ortodoxo sube a un autobús todo el mundo le mira como si fuera un leproso”, informó Reuters. Este cisma durará mucho tiempo, probablemente tanto como las medidas relacionadas con el Covid, o incluso más.

A pesar de tener una tasa de vacunación muy alta, Israel sigue un país sumido en la histeria de Corona. El país lleva casi un año en cuarentena, con breves descansos. Los aeropuertos han sido cerrados. La vacunación es prácticamente obligatoria. La presión psicológica sobre los no vacunados es tan fuerte que muy pocos pueden resistirla. Sin el Pase Verde, la prueba digital de la vacunación, no se puede visitar un restaurante o entrar en un supermercado. Los tribunales han permitido despedir a los empleados que se niegan a vacunarse. Los vacunados también enferman de covirus y contagian. Ha surgido una nueva cepa que afecta a los adolescentes y a los jóvenes; se exige la utilización de mascarillas en todas partes. Como el Pase Verde se aloja en los celulares “inteligentes”, por primera vez el gobierno tiene un control total y en tiempo real sobre la población.

¿Por qué Israel se ha convertido en el primer país que se toma tan en serio el Covid? No es muy conocido que Israel es uno de los países líderes en el campo de la guerra bacteriológica. El Instituto de Investigación Biológica de Ness Ziona desarrolla bacterias y virus mortales; hubo casos en los que se probó su eficacia en palestinos. No sabemos cómo ni dónde se originó el Covid; pero el primer país afectado por el Covid (después del brote en Wuhan, en China) fue Irán, donde miembros del gobierno enfermaron al mismo tiempo, con una cepa particularmente dura y mortal.

Recordemos que Irán es el principal enemigo de Israel; Bibi está constantemente en guerra con Irán en todos los frentes. Los saboteadores israelíes de la Flotilla 13 volaron decenas de petroleros iraníes. Mientras el Wall Street Journal informaba de que unos pocos petroleros iraníes habían sido saboteados por hombres rana israelíes, los israelíes se molestaron y dijeron que habían saboteado “docenas”, no sólo unos pocos.  Esta semana sabotearon el buque nodriza de la Armada iraní en el Mar Rojo. Los terroristas israelíes matan a científicos y militares iraníes, los aviones israelíes bombardean las bases de las milicias proiraníes en Siria. La “elección” de Irán como primera víctima del Covid hace que uno se pregunte si Israel está, si no detrás de la creación del Covid, sí detrás de su propagación. Ron Unz consideró posible que el Covid fuera un arma biológica estadounidense desplegada contra China. Escribió:

“En todo el mundo, las únicas élites políticas que han sufrido pérdidas humanas significativas han sido las de Irán, y murieron en una fase muy temprana, antes de que se produjeran brotes significativos en casi todo el mundo, aparte de China. Por lo tanto, tenemos a Estados Unidos asesinando al principal comandante militar de Irán el 2 de enero de 2020 [l general Soleimani] y luego, sólo unas semanas más tarde, gran parte de las élites gobernantes iraníes se infectaron con un nuevo virus misterioso y mortal, y muchos de ellos pronto murieron como consecuencia. ¿Podría algún individuo racional considerar esto como una mera coincidencia?”

De hecho, es posible que los biotécnicos israelíes conocieran el virus, supieran de su empleo en Irán y China (o incluso lo desplegaran) y fueran conscientes de su peligro. ¿Utilizarían ellos, israelíes o estadounidenses, un arma biológica que podría derivar hacia sus propios países? Ron Unz aborda (ibid) esta cuestión en profundidad. Sugiere que podrían ser lo suficientemente atolondrados y viciosos. Los israelíes fueron lo suficientemente miopes como para atacar un petrolero iraní en un lugar y momento tales que toda la costa mediterránea de Israel quedó contaminada por el petróleo derramado. “Israel saboteó un barco iraní y provocó un derrame masivo de petróleo en sus propias costas”, informó el periodista de investigación israelí-estadounidense Richard Silverstein – “La mina israelí, que se suponía que iba a causar daños menores, en realidad hizo un agujero tan grande que gran parte del contenido de la bodega del barco se filtró en el Mediterráneo. Lo que causó el desastre ambiental israelí: es Israel mismo”. Si pueden ser lo suficientemente tontos para eso, lo son para cualquier cosa.

Esta semana, en una extensa y rara entrevista, el máximo responsable de la seguridad rusa, Nikolai Patrushev, acusó a Estados Unidos de desarrollar armas biológicas en Fort Detrick, Maryland, y en muchos laboratorios fronterizos con Rusia y China. El mismo día, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian, dijo en una rueda de prensa “Según los informes disponibles abiertamente, Estados Unidos ha creado 16 laboratorios biológicos sólo en Ucrania. ¿Por qué necesita construir tantos laboratorios en todo el mundo? ¿Qué actividades ha llevado a cabo el ejército estadounidense en estos laboratorios y en la base de Fort Detrick? ¿Por qué Estados Unidos es el único que se opone al establecimiento de un mecanismo de verificación en el marco de la Convención sobre Armas Biológicas? ¿Podría ser que haya lugares dentro de estos laboratorios y de la base donde EE.UU. no se atreve a permitir la verificación internacional?” Antes del reciente comentario presidencial sobre “Putin el asesino”, los rusos y los chinos nunca dijeron nada tan ofensivo para los estadounidenses. No es imposible que Netanyahu tuviera conocimiento de primera mano del peligro del Covid, y por eso actuara rápidamente como lo hizo.

¿Reducirá algún día Israel su agresividad? Sí, siempre y cuando los judíos concedan el derecho de voto y otros derechos a los palestinos que viven bajo el dominio judío. ¿Sucederá esto durante nuestra vida? ¿Cuánto tiempo soportará el mundo el apartheid? Es difícil de predecir. Mientras tanto, no debemos preocuparnos demasiado por quién gobernará Israel: será Bibi Netanyahu o uno de sus clones de segunda categoría.

Israel Shamir, 10 abril 2021

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Traducción: MP para Red Internacional

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