Trump contra la Revolución del Estado Profundo – por Israel Shamir

 

¡Lo logramos! Como un hombre después de una prolongada enfermedad se levanta, lenta e inciertamente, y da sus primeros pasos, así la humanidad se levanta, como el enfermo de su cama. Hay enfermeras, médicos, herederos y abogados que quieren mantener al paciente en cama por siempre para campar a sus anchas, pero él se está levantando, dueño de sí mismo, a pesar de sus miedos. Ahora estamos exactamente en la mitad del año 2020. Desde Navidad hasta el solsticio de verano, el día crece; desde el solsticio de verano hasta la Navidad, la noche se va alargando. El día de San Juan Bautista añade un significado religioso al significado cósmico de los acontecimientos, amplificado este año por el eclipse solar.

En EE.UU., el acontecimiento fundamental es un triunfo de Donald Trump. En Tulsa, Oklahoma, Trump comenzó a recuperar el terreno perdido. La situación no se veía bien para él. Twitter volvió a molestarlo con su broma sobre los medios de comunicación falsos[1]. La Corte Suprema rechazó dos de sus iniciativas[2], ofreciendo protección adicional a las personas que se identifican como LGBT y a los jóvenes inmigrantes ilegales, de acuerdo al DACA[3]. El ejército demostró su hostilidad hacia Trump, disculpándose por una foto con su comandante en jefe[4]. Los servicios secretos filtraron el paradero del presidente durante las protestas por la muerte de Floyd[5]. Hay más y más funcionarios declarando su lealtad al Nuevo Orden Mundial, arrodillándose ante él, en vez de hacerlo ante Dios.

Trump se había vuelto irrelevante, era el hombre del búnker, cuya autoridad apenas llegaba a la valla de la avenida Pennsylvania # 1600. Las ciudades americanas no reconocían su autoridad; la policía dimitía en masa. Los medios de comunicación hicieron un esfuerzo sobrehumano para torpedear su rally en Tulsa. Atacaron con datos intrascendentes del tipo “seis miembros del personal dieron positivo en el test de coronavirus”, inundando los titulares principales. Los asistentes al rally se asustaron ante la promesa de violencia y enfermedad. No hubo ni una sola fuente mediática favorable a Trump; incluso Fox News siguió la agenda dictada por el New York Times. Además, el lugar del rally había sido invadido por agentes del DNC, el Comité Nacional Demócrata, quienes jugaron sucio (pero haciéndose los inocentes).

Trump lo manejó bien. Pidió la reapertura de las escuelas; bromeó sobre la farsa de los tests del coronavirus; proclamó que los monumentos deben ser apreciados, no destruidos. Sí, podría haberlo hecho mejor. Podría haber declarado la falsa pandemia oficialmente terminada, en lugar de dar inútiles cubrebocas a los presentes (aquellos que querían cubrebocas no iban a ir a la manifestación, de todas formas). Podría haber pedido el arresto de los alcaldes sediciosos, la ruptura del monopolio de los medios de comunicación, un impuesto sobre las ganancias de Twitter, el saqueo de Wall Street en beneficio del pueblo. Podría haber aprendido de sus propios errores. Pero aún así, lo hizo bien. Ahora tiene tiempo para crecer y ampliar su base, para sembrar miedo y pavor en los corazones de sus adversarios, porque presumen demasiado de su victoria.

Trump debería sacar las enseñanzas del caso Bolton. Fue un error traer a John Bolton a la Casa Blanca. Bolton era un belicista y un alto agente del lobby israelí, el hombre que se consagró a la sagrada tarea de hacer todo lo que Israel pudiese pedir. Esa gente siempre esconde la daga en su manga para apuñalarte por la espalda. Irán y Corea son dos grandes errores de la presidencia de Trum, y llevan la huella de Bolton; en realidad toda su política exterior fue una larga serie de errores. Trump debería haber escuchado sus propios discursos, los de su campaña electoral de 2016, y seguirlos al pie de la letra. Traer a casa a los soldados; hacer la paz con los países del mundo. Dejar que Rusia y China, Venezuela y Cuba, Corea del Norte y Siria vivan como les plazca.

Donald, tenías razón cuando prometiste acabar con la política de “invadir a todo el mundo, e invitar a todo el mundo”; ¿por qué no cumpliste esta promesa? El 7 de diciembre de 2016 prometiste: “Dejaremos de derribar regímenes extranjeros”. ¿Por qué no lo hiciste? Hazlo ahora; todavía te quedan cuatro meses antes de las elecciones. Cumple tus promesas ahora. El Talmud enseña: “un hombre no será juzgado por no haber sido un Moisés, pero será juzgado por no haber sido él mismo”. Sé tú mismo, y ganarás.

Olvídense de las historias de racismo o antirracismo. Es una falsa agenda, como la agenda gay o la etiqueta de homófobo, como lo feminista o lo trans, como la lucha de género llevada hasta los baños. A la gente real, la gente de a pie no le interesa este tipo de tonterías. A los negros tampoco les interesa el antirracismo. Son principalmente los blancos woke, los “despiertos y conscientes”, los obsesionados con todo esto, y seguirán lo que los periódicos les digan que sigan. Seattle tiene muy pocos negros, pero muchos wokes, por eso es el centro de la campaña “antirracista”. Incluso si Trump fuera por ahí besando los zapatos de los jóvenes negros, no cambiaría nada. Los negros no le son hostiles, para nada, pero la gente que habla por ellos, los demócratas woke, definitivamente lo son.

Trump debería hacer algo, y no me refiero a responder por Twitter. No es un Hitler, pero ¿es eso suficiente? El presidente Trump no envía tropas para hacerle frente a los manifestantes revoltosos, no arresta a los alcaldes de las ciudades que le dijeron que se largara, no depone a los generales que se disculpan por haberse sacado fotos con él, y no toma medidas contra las multinacionales que apoyan a los alborotadores. El popular escritor satírico C. J. Hopkins argumentó en su columna en The Unz Review[6] que es una estrategia inteligente: Trump se niega a hacer el papel de Hitler, con lo cual no da a sus oponentes ninguna razón para eliminarlo y tomar el poder.

Es cierto, Trump no será un Hitler convincente. Pero será un excelente Yanukovich, el presidente ucraniano que temió actuar contra la revolución de color instigada por la señora del Departamento de Estado, Victoria Nuland, y que al final se vio obligado a huir a la ciudad rusa de Rostov.

Los oponentes de Trump son incapaces de asestar ningún golpe. Basta con leer sus titulares:

  • El alcalde de Seattle le dijo al presidente Donald Trump que “volviera a su búnker”.
  • La alcaldesa de Washington D.C., Muriel Bowser: Trump está viviendo en mi patio trasero.
  • Un grupo armado protege la estatua confederada en Kentucky: arréstenlos por insurrección y sedición.
  • Trump expone a 1100 cadetes graduados de West Point a una posible infección de coronavirus para poder “dominar” los medios de comunicación del fin de semana.
  • Un golpe “mortal”: Trump elimina las protecciones para los pacientes transgénero y las mujeres que buscan hacerse un aborto.

Pero Trump está cediendo y echándose para atrás. Le dijeron: “¿Cómo te atreves a organizar un rally el 19 de junio?” Después de todo, es un día festivo para los afroamericanos, el día en que Lincoln liberó a los últimos esclavos. En un día tan sagrado, es una insolencia de Trump mostrar su cara en público. Y Trump se retiró, trasladando el mitin al 20 de junio, aunque había  ostensiblemente miles de personas dispuestas a asistir al evento en la fecha inicial.

No soy conservador, de ninguna manera; ni soy partidario del régimen actual. Creo que una revolución, incluso la falsa y organizada por Soros para la masa liberal y gay, ligeramente salpicada de africanos para darle más color, puede acarrear algo bueno para Estados Unidos y para el mundo. Las tropas americanas ya están dejando Alemania[7] después de 75 años de ocupación. Hay más de 100 bases importantes en el extranjero que pueden ser evacuadas si la revolución persiste. ¡Me parece perfecto!

Pero, Sr. Hopkins, no le diga a Trump que ha elegido la estrategia de supervivencia correcta. Como si todos respetaran su autoridad si no se le provoca. Seamos francos, camarada. Dígale a Trump: si su principal consideración es, en primer lugar, no ser llamado “tirano sangriento” por una página web liberal, hay un lugar para él en la hospitalaria ciudad de Rostov, junto a Yanukovich. Deje que él decida. Bien puede comprarse una residencia allí por un buen precio.

O como alternativa, que intente recuperar algo de terreno, y si algunos frikis le llaman Hitler, que responda con un “se les acabó el tipo bueno”, como el protagonista de la película de Mel Brooks de 1967, Los Productores. Déjenlo derrotar a la Revolución de las Máscaras, esa revolución de color, antes de que ella acabe con él.

Nuestro colega Andre Vltchek sugirió[8] que no deberíamos describir el proceso que se está llevando a cabo en EE.UU. como una “revolución de color”. En primer lugar, los manifestantes no deben ser desalentados, y mucho menos ridiculizados, dice. En segundo lugar, agrega, todas estas revoluciones son diferentes. Pero estos argumentos son débiles. Yo personalmente, en primer lugar, me esfuerzo por entender y explicar los acontecimientos, y dejo el estímulo a los demás. En segundo lugar, las revoluciones de color son revoluciones hechas para el beneficio de la oligarquía. Eliminan al gobernante que tiene una voluntad o una mentalidad social demasiado fuerte para el gusto de los multimillonarios. Y dentro de este esquema es cómo utilizan las reivindicaciones legítimas del pueblo. Cabalgan sobre el pueblo como un jinete monta un caballo. De modo que una revolución de color puede cambiar y convertirse en algo real, como un caballo puede derribar al jinete y echar a galopar, pero éste no es el giro habitual de los acontecimientos.

La Revolución de las Máscaras en EE.UU. tiene un apoyo demasiado fuerte de las multinacionales para ser otra cosa que una revolución de color. “Black Lives Matter recibe 100 millones de dólares de distintas fundaciones, además de más de 33 millones de dólares en subvenciones por George Soros a través de sus Open Society Foundations”, dice Policemag[9] (el artículo fue eliminado pero se puede acceder a él a través de archives.com).

Todo este asunto no se puede disociar de la pandemia del Covid o, mejor dicho, de las medidas de confinamiento impuestas. Estos inusuales medios de control de la enfermedad son mortales para las pequeñas empresas y para los trabajadores independientes. Las grandes empresas multinacionales sobreviven e incluso multiplican sus ganancias; las pequeñas mueren. El control sobre la población aumenta. Los trabajadores independientes son forzados a unirse a la fuerza de trabajo regular y trabajar para una gran multinacional; de lo contrario mueren. Los actores de la revolución serán destruidos por el éxito de su empresa. Sabremos que la revolución se habrá vuelto una verdadera revolución, cuando los revolucionarios luchen contra las multinacionales. De la misma manera, los enemigos de la revolución de color no tienen por qué luchar contra los negros y las minorías; deben luchar contra las empresas multinacionales que utilizan a los negros como carne de cañón.

Debido a esta conexión entre el confinamiento y la Revolución de las Máscaras, Trump debería declarar el fin del confinamiento. Si algo hemos aprendido de la primera mitad del año es que el encierro no ayuda para nada. Tenemos que vivir con el virus, incluso si eso significa morir. Si se le pone fin al confinamiento, no habrá segunda ola. Los suecos lo hicieron; todo el mundo puede hacerlo. Los que quieren encerrarnos nos encerrarían para siempre.

Y ahora, otra razón por la que no estoy de acuerdo con Vltchek. No es que el movimiento Black Lives Matter (BLM) o el Comité Nacional Demócrata (DNC) sean mejores o peores que los guerreros de Trump. El DNC y BLM están cerca del poder hegemónico. Son amados por los medios de comunicación, por los Maestros del Discurso. Si el candidato demócrata gana las elecciones de 2020, todo Occidente se unirá detrás de él. Humillará a China, Rusia, Venezuela, Irán; los “deplorables” serán deplorados; los nacionalistas europeos serán eliminados; el Nuevo Orden Mundial se extenderá a doble velocidad. No, gracias, André. Es mejor tener a EE.UU. y a Occidente divididos bajo Trump que unidos bajo el DNC.

P.S. El ángulo judío de la historia: Israel quiere aprovechar este tiempo para anexarse el Valle del Jordán y los asentamientos judíos situados en Cisjordania. Ésta fue la promesa electoral de Netanyahu. Él es reacio a cumplirla, y no puede encontrar una buena excusa para escapar (a menos que la segunda ola de Covid se aparezca oportunamente). Sus generales tampoco están entusiasmados. Su nuevo compañero, el general Ganz, no quiere que lo culpen por entorpecer la anexión. Los israelíes sienten que ahora tienen una oportunidad única de apoderarse de esta tierra, ya que ningún presidente americano, salvo el presidente Trump, lo permitirá. A Trump no le importa lo que hagan los israelíes, mientras mantenga a los judíos americanos divididos. Ésta es una actitud sensata; naturalmente molesta a Joe Biden y a los demócratas (quienes quieren a los judíos unidos en torno a ellos), pero esto era de esperar. Sin embargo, hay un inconveniente. Los judíos son ambivalentes sobre la anexión, y quizás en general prefieran no ceder a la tentación (ofrecida por Trump).

Israel Shamir, 21 junio 2020

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Este artículo fue escrito en colaboración con Paul Bennett.

Publicación original en inglés

Publicación original en espanol: Red Internacional, Traducción: Daniel Osuna

Contacto del autor Israel Shamir: adam@israelshamir.net

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NOTAS

[1] Disponible en inglés: https://variety.com/2020/digital/news/trump-racist-baby-fake-cnn-clip-twitter-1234642516/

[2] Disponible en inglés: https://www.bostonherald.com/2020/06/18/supreme-court-abandons-trump-on-immigration-gay-rights/

[3] Nota del Traductor: Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), medida migratoria implementada en 2012 por la administración Obama para proteger a los jóovenes  indocumentados de la deportación, sobre todo los llamados Dreamers.

[4] Disponible en inglés: https://www.nytimes.com/2020/06/11/us/politics/trump-milley-military-protests-lafayette-square.html

[5] Disponible en inglés: https://thehill.com/homenews/administration/503292-trump-wants-to-find-and-prosecute-whoever-told-media-about-bunker

[6] Disponible en inglés: https://www.unz.com/chopkins/the-worst-literal-hitler-ever/

[7] Disponible en inglés: https://www.theguardian.com/us-news/2020/jun/05/trump-orders-9500-us-troops-to-leave-germany

[8] Disponible en inglés: https://dissidentvoice.org/2020/06/do-not-belittle-protesters-in-the-u-s-by-calling-their-struggle-a-color-revolution/

[9] Link del artículo eliminado: https://www.policemag.com/559239/black-lives-matter-receives-100-million-from-foundations

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