¡Chalecos determinados, y… manipulados? – por Maria Poumier

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En París, los chalecos amarillos unidos cantan la Marsellesa, que empieza con aquello de « A las armas, ciudadanos, formemos nuestros batallones »…

Estamos en vísperas del cuarto sábado de movilización a escala de todo el país. Ya, para el 8 de diciembre, fecha de la Inmaculada Concepcion de la Virgen, nuestro querido y bravo artista Dieudonné (“Diosdado”) llama públicamente al pueblo a reunirse con él, desde las ocho de la mañana, en la calle Lauriston, una de las veinte avenidas que dan a los Campos Elíseos, donde ya estaba presente el sábado pasado, para marchar hacia el aro de triunfo. Llevamos tres semanas pidiendo la renuncia del presidente, y este sigue callado, desaparecido. Su primer ministro anuncia cada día un retroceso más, pero parecería que Macron todavía no ha podido aprenderse el papel de presidente a lo de Gaulle que debería interpretar, y no da la cara. En todo caso, todos los medios recuerdan que aparte de su talento al servicio de la banca Rothschild hasta el año 2008, se había dado a conocer en su provincia natal como actor, formado por quien es su esposa, y en muchos aspectos públicos, su tutora. Las caricaturas están disparadas, no va a recobrar el respeto del pueblo ni de la oligarquía que lo colocó en el puesto, ni de los parlamentarios que no saben qué hacer para salvarse del descrédito colectivo que se avecina.

A medida que pasan los días, la revuelta se ha extendido: los estudiantes han tomado universidades y colegios, el tráfico en las carreteras sigue obstaculizado por pequeños grupos amables que te hacen pasar los peajes gratis; los camioneros anuncian huelga a partir del sábado, un sindicato de policía también, varias secciones sindicales en distintos ramos se declaran solidarias con los chalecos amarillos. El país se está paralizando, ya falta el combustible. Los diputados de extrema izquierda están listos para votar la destitución del gobierno. Los mejores analistas dicen que la única salida para el poder es un golpe de Estado, fomentado y abastecido por la OTAN, justificado por una supuesta guerra civil.

Ahora, ¿quiénes son los coléricos que se disponen a ocupar los centros de cada ciudad importante, este sábado 8 de diciembre? No hablemos de los grupos armados con martillos, protegidos con cotas de malla, máscaras de gas, guantes y capuchas que hacen muy difícil identificarlos: hay videos que los muestran en contubernio con los policías: obviamente hay servicios secretos variados que ayudan a levantar adoquines, a voltear autos, a levantar barricadas con rejas y tachos de basura: todo esto es imprescindible para que la población acepte estado de emergencia e intervención militar. Hasta se dice que Trump, que se mata de risa con el papel ridículo que le toca a Macron, está haciendo lo suyo, mediante su embajador Steve Bannon, para tumbar a Macron. Están los jóvenes traficantes de las afueras, sin ningún tipo de lealtad con el país los ha recibido junto a sus padres y familiares, y son los que dicen: buena oportunidad de ir a buscar nuestros regalos de Navidad, y se disponen a saquear las tiendas de lujo y novedades. Las fuerzas policiales recibieron consignas de moderación hasta ahora, y demostraron cierta tácita solidaridad con los manifestantes pacíficos; pero los destrozos se multiplicaron por el hecho de que los manifestantes impedidos de ir directamente a los Campos elíseos el sábado pasado se desparramaban inmediatamente replegándose sobre los barrios cercanos, haciendo imposible acorralarlos en ninguna esquina. Todas las fuerzas en presencia calculan que esta semana será igualmente imposible cercar o bloquear a los violentos saqueadores. Ya se percibía un desgano obvio, entre los policías, para arremeter, porque saben que las técnicas de guerrilla urbana los convierte en blancos de caza, mientras no se les autorice a disparar. En todos los aspectos, la impericia del ministerio del interior alentó a los delincuentes. El ministro intentó justificarse aclarando que carece de informantes en las barriadas que saben atraer a los policías en emboscadas para caerles a palos. Ya sabemos a qué atenernos, así que se esperan los mayores desastres esta semana.

Pero están las masas, mucha gente que vino y vendrá desde provincias lejanas, en tren o en sus propios autos, sin saber dónde iban a pasar la noche siguiente, gente joven y gente mayor, padres y madres de familia. Toda esta gente se está radicalizando, y va elevando el nivel de sus exigencias. La cuestión de la tasa sobre el combustible abre la puerta a todas las demás reivindicaciones; porque la presión sobre la gente humilde del interior, que necesita el coche para ir a trabajar, es insoportable, desde hace varios años: multas por cualquier cosa, aumento de todas las restricciones imaginables; el presidente anunció por fin que renunciaba a imponer dicha tasa. Pero esto no nos va a calmar. El presidente también creó un impuesto contra los jubilados, o sea, manifestando una lógica elemental : si los más afectados son los más indefensos, también protestarán menos. Pero va a tener que retroceder en muchos otros puntos. Hasta estos días, se oyó mucho el reclamo de la reposición del impuesto contra la riqueza inmobiliaria; la izquierda apoya este impuesto abolido hace poco, en nombre de la igualdad. Pero los nacionalistas, los que lanzaron el movimiento, y lo están impulsando con la mayor habilidad, explican que restablecer tal impuesto sólo afectaría a los hijos y nietos de trabajadores que consiguieron acceder a la propiedad gracias al ahorro de sus padres, cuando los verdaderos predadores son las multinacionales cuyo núcleo es el GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) multimillonarias, que no           pagan impuestos en nuestro país. Ahora los partidos de izquierda han empezado a exigir un impuesto sobre estas sociedades. Si bien el movimiento todavía no se cristaliza en algunas figuras populares, salvo la de Dieudonné, ya circulan listas de exigencias, y se pueden distinguir varias tendencias pero todas apuntan a medidas de fondo.

Hay cierta medida prudente en el lenguaje de todos. Ni entre la más extrema derecha se oye: “fuera los inmigrantes”. De nuestro propio presidente hemos aprendido los rodeos elegantes y el uso de la mentira por omisión. Pero está clarísimo que lo que nos tiene a todos unidos en la protesta es que no aceptamos el abandono de nuestra soberanía nacional, la traición al pueblo francés, sustituido por la abstracta “Europa” que pretende obligarnos a complacer a los grupúsculos LGBT, y a recibir la invasión migratoria que ya está destruyendo el nivel de vida de los más humildes así como la protección pública de la salud, a la vez que exige tasas y controles crecientes, en detrimento de los intereses de la gente, y en aras de la lucha contra el cambio climático. La gente dice, con noble pudor: a Macron le preocupa el fin del mundo, a nosotros el fin de mes.

Por ahora, la calle se mantiene unida en torno a una exigencia simple: la renuncia de Macron. Y circula una lista de 42 medidas necesarias para proteger a los trabajadores. El gobierno no puede aceptar ninguna de ellas, no tiene plan B. Está tratando de ganar tiempo. Pero por ahora, ese tiempo lo aprovechan las figuras de la oposición y de la disidencia más radical para dialogar y armonizar fuerzas para crear un frente anti-globalista, como en Italia, como en Hungría. La extrema izquierda sabe que la base exige esta vuelta al nacionalismo, porque ya no se nos puede engañar con argumentos sentimentales, para que nos dejemos quitar nuestro lugar en nuestro propio país: no es cuestión de racismo, sino de estadísticas y cifras inapelables. Las consignas pintadas en las luminosas espaldas dicen: no somos carneros, no nos van a llevar mansamente al matadero.

Maria Poumier, 6 diciembre 2018

[Noticias del 7 de diciembre : el 10 de diciembre, el presidente Macron va a firmar un documento de la ONU, en la cumbre de Marrakech, que planifica la llegada de más millones de inmigrantes hasta que sean mayoría en cada país de Europa. La súbita emergencia de los chalecos amarillos podría ser una operación montada por el propio Soros, personalmente, con dos años de antelación, para distraer la atención del pueblo francés, fomentar disturbios, resentimientos y represión creciente, hasta imponer la ley marcial. Sería muy conveniente que surjan mañana consignas “No a la cumbre de Marrakech”, por lo menos… ] María Poumier

Fuente Red Internacional

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