“Todos pertenecemos ya a los bancos” – por Jose Francisco Fernández-Bullón

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La Unión Europea, esa corporación o entidad financiera privada que rige los destinos de los sufridos ciudadanos europeos, más sufridos conforme se desplaza uno al sur o al este, está preocupada por dar una apariencia de respetabilidad a sus bancos y ha recomendado a través del Banco Central Europeo y el Tribunal de Justicia (TJUE) que se deslinden claramente los papeles del presidente del consejo de administración de un banco y de su dirección ejecutiva.

Por su parte el BBVA y el Banco de Santander han decidido aparentar una cierta independencia frente al Banco Central de Europa y han optado por mantener sus estructuras directivas de siempre con un presidente ejecutivo (preferiblemente en la sombra) que detenta buena parte del control de la entidad financiera y un consejero delegado que ejerce como segundo escalafón ejecutivo. [1]

He intentado durante largas horas dilucidar la diferentes responsabilidades que atañen a un cargo y otro, pero mi empeño ha sido vano. Esto de las funciones que desempeñan los altos cargos en las grandes corporaciones bancarias, que son las únicas que quedan prácticamente, es un arcano tan profundo que no puede compararse en su opacidad ni con los misterios que llevaba aparejado en la antigüedad el culto a ISIS. Para desentrañarlo es necesario dominar una ciencia enrevesada, oscura, hermética, y lo que es peor: inútil. Porque lo cierto es que con presidente ejecutivo o sin él quien manda en ambos bancos de España es Blackrock, que es su mayor accionista. Y que mande en ambos bancos, quiere decir que manda en España. Es el gobierno en la sombra del que debería independizarse Cataluña y el resto del mundo – y no de España, que no manda en nadie un rábano- si es que quiere declarar una independencia real y no meramente ficticia.

Desde que los neo-liberales, (es decir: Blackrock y entidades semejantes), se hicieron con el poder en el mundo a fuerza de pucherazos y de golpes de estado, en algunos casos duros y en otros blandos, vivimos de apariencias o mejor dicho: morimos de ellas, y vivimos ilusoriamente el espejismo de una falsa democracia de la cual sólo tiene el nombre, un nombre ya tan sobado que no le cuadra ni a una prostituta romana que prefería que la llamaran loba.

A Estados Unidos y a sus colonias, entra las que se incluye España, que es colonia doblemente, primero de Alemania y luego del país norteamericano, o viceversa, se lo compara a menudo con el Imperio romano, pero le pega más el bizantino; en primer lugar, por el despliegue de opulencia de que hacen gala sus líderes que habría avergonzado a un Tiberio. Y en segundo, por la abundancia de cargos honorarios sin utilidad alguna, que en el imperio bizantino eran al menos más descifrables.

Uno sabía lo que era un Protovestiario, un Protoespatario o un Megas Drungario, pero ¿qué es exactamente un consejero delegado? ¿Cuál es su función precisa? ¿De qué se ocupa? ¿Será un consejero delegado un cargo semejante al Nipsitiarios, encargado de llevarle el aguamanil al Khronocrator o Kosmocrator? Y el presidente ejecutivo, ¿Qué hace? ¿Se encargará acaso de recortarle las barbas a los muyahidines? ¿O tendrá como sublime misión, quizás, besarle el culo al presidente (y consejero delegado) de Blackrock, que no es otro que Larry Fink, gran y supremo experto en hacer perder dinero a sus empresas, como por ejemplo First Boston, que perdió cien millones de dólares a causa de sus incorrectas predicciones a propósito de las tasas de interés, y que vio recompensada su ineficiencia por la Reserva Federal, que ni corta ni perezosa le confió el dinero del rescate de las entidades quebradas en la crisis de 2008; dinero con el que Larry Fink y otros se apresuraron a comprar su participación en el bando de Santander, por ejemplo, que rige el destino de España y que sube los alquileres y pone en la calle a los ciudadanos españoles a su antojo.

En las entidades financieras pseudo-privadas o semi-públicas, cada cual se reparte las prebendas dependiendo de los títulos que acumule en su Currículum Vitae, imagino, como Caballero de las Artes y las Letras, Comendador de la Orden Polonia Restituta o Caballero de la Gran Cruz de la Orden al Mérito de la República de Italia. Distinciones todas que adornan el pérfil de Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, pero ante todo y sobre todas las cosas banquero, y además de Luxemburgo, paraíso fiscal donde los haya.

Si ya es difícil dilucidar qué funciones exactas le corresponden a cada cargo, intentar descubrir la diferencia entre lo privado y lo público en el nuevo orden mundial es misión imposible. En realidad, lo privado no existe ya en ninguna esfera, porque nuestra vida se ha vuelto pública y la registran minuto a minuto las cámaras invisibles de las grandes compañías tecnológicas como Microsoft o Google, que  saben hasta las veces que vamos al baño. Todo se ha vuelto público, incluyendo a las grandes empresas, que viven del dinero público, pero se hacen pasar por privadas porque así sus ejecutivos blindan sus salarios que atribuyen a su pericia en el mundo de los negocios; pericia que se reduce a ejecutar con mucho arte el timo de la estampita. De igual forma que no sabemos la diferencia entre lo privado y lo público, no podemos distinguir la diferencia que existe entre ser criminal y ser CEO, por ejemplo; ambos términos se han vuelto sinónimos. En realidad, el verdadero criminal en el nuevo orden es el justo que se juega el cuello cada vez que se atreve a abrir la boca.

Lo mismo podemos decir que vivimos bajo la férula de un imperio capitalista que de un imperio socialista en el que, a diferencia del soviético, los funcionarios se asignan salarios astronómicos y acaparan el 99% por ciento de las riquezas de este mundo. Ningún nombre le cuadra verdaderamente al nuevo orden, salvo quizás el de Nazi, que más que nombre es insulto.

Tal y como están las cosas en todas partes, no veo otra forma de disipar las tinieblas que nos envuelven que instando al presidente o consejero delegado o ambas cosas de Blackrock y de otros bancos en la sombra a que se presente a las elecciones en España. Es posible que no sirviera para mucho, porque la gente le ha cobrado tal reverencia supersticiosa a la autoridad injusta que lo más probable es que lo votasen; en cualquier caso, sabríamos quién lleva los pantalones o la falda pantalón en España, y si le quedan grandes o no le quedan grandes.

Jose Francisco Fernández-Bullón, 29 noviembre 2018

 

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Nota

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