La deuda en el mundo: ¿bomba de tiempo para América Latina?

La última crisis internacional se inició con el estallido de las hipotecas subprime en Estados Unidos. El sistema financiero se expuso a derivados con alto riesgo que le reportaron una fuerte pérdida por el desplome de los precios inmobiliarios. El efecto derrumbe no fue sólo para los bancos y las entidades dedicadas al negocio de las finanzas, sino que hubo impactos profundos para la economía real.

El empleo, la producción y el consumo de los países desarrollados y emergentes sufrieron las consecuencias de la crisis. Los bancos centrales de países avanzados tomaron medidas extremas para rescatar a la banca (evitando amplificar el colapso sobre la actividad), inundaron de liquidez los mercados y bajaron las tasas de interés a niveles negativos en términos reales. Pasaron 10 años del estallido, pero el mundo parece no haber aprendido la lección.

Economistas de distintas corrientes plantean, con preocupación, que el aumento de las deudas en los países soberanos (sumado al endeudamiento de las familias y las empresas) puede marcar un nuevo punto de quiebre de la industria financiera, y trasladar los impactos a la economía real. El último informe del Fondo Monetario Internacional deja en claro que el volumen de pasivos de los países desarrollados y emergentes se encuentra en picos históricos. En las economías avanzadas, la deuda en porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI) se ubica en un 100 por ciento, un umbral que en los últimos 150 años sólo había sido superado en la Segunda Guerra Mundial.

Deuda en % del PBI

Fuente: Fondo Monetario Internacional

En los países emergentes, la proporción de la deuda respecto del PBI también anota los máximos históricos. El ratio de endeudamiento supera el 50 por ciento del Producto, y ya es mayor que las cifras anotadas en los ´80. El dato enciende luces de alarma, porque fue en esa década cuando Latinoamérica experimentó una profunda inestabilidad macroeconómica, con crisis permanentes e incumplimiento de los compromisos financieros. Ante esta situación se vuelve una tarea imprescindible revisar cómo se encuentran ahora las cuentas externas de los principales países de América Latina, y cuál es el nivel de los pasivos con acreedores internacionales.

Deuda en % del PBI

Fuente: Fondo Monetario Internacional

Deuda externa en Latinoamérica y desequilibrios macro

Uno de los datos clave para intentar adelantarse a la fragilidad de las economías de la región es la deuda externa sobre el Producto Bruto. Los países de América Latina subieron en casi 10 puntos porcentuales el nivel de sus pasivos con acreedores internacionales en los últimos cuatro años. El ratio de deuda externa sobre PBI pasó del 20 al 30 por ciento desde 2014 (en sintonía con el aumento de los desequilibrios comerciales y fiscales). Lo que sigue es un detalle del endeudamiento de las principales economías de la región.

Chile es uno de los países que sobresale por su nivel de deuda externa en relación con el Producto: 60 por ciento. Estos pasivos del país, medidos en valores, ascendieron a 188 mil millones de dólares en 2018, según las estimaciones del mercado. Esto implica que la deuda externa chilena aumentó en 38 mil millones en los últimos cuatro años.

Endeudamiento con acreedores internacionales

Deuda externa en % PBI Deuda externa en mill usd
2014 2018 2014 2018
Colombia 27% 39% 101 132
México 22% 38% 286 467
Argentina 25% 43% 145 249
Brasil 15% 16% 353 331
Chile 58% 60% 150 188
Perú 32% 36% 64 82
Bolivia 33% 34% 9 13

Fuente: Elaboración propia en base a datos del mercado

En la lista de países que más deuda acumularon desde 2014 se destaca la Argentina. Los pasivos externos de esta economía subieron de 145 a 249 mil millones de dólares, es decir, un incremento de 104 mil millones de dólares. Puesto en términos del PBI implica que la deuda pasó del 25 a más de 43 por ciento. El 90 por ciento de este endeudamiento se generó a partir de 2016, con el cambio de la política económica del país. Se acordó el pago a los fondos buitre y hubo una vía libre para la colocación de nuevos bonos en los mercados internacionales[1].

Colombia es otra de las economías que se destacó por incrementar en forma acelerada sus niveles de deuda externa. El stock de los pasivos con los acreedores internacionales pasó de 101 a 132 mil millones de dólares y, en términos del PBI, se elevó de 27 a 39 por ciento. El país incrementó en forma exponencial sus desequilibrios comerciales, un factor potenciado por la caída del precio internacional de los combustibles, y debió recurrir al endeudamiento para poder cerrar las cuentas macro. La falta de industria colombiana obliga al país a recurrir a las importaciones de gran parte de los bienes de consumo masivo.

En el caso de México se observó un aumento de 286 a 467 mil millones de dólares de la deuda externa (pasando de representar del 22 al 38 por ciento del PBI). El dato no es menor si se tiene en cuenta que se trata de la segunda economía más importante de la región. Para Brasil, la principal economía de Latinoamérica, se estimó una deuda externa de 331 mil millones de dólares para este año, en niveles similares respecto de la observada en 2014. En términos del Producto, este pasivo es equivalente al 15 por ciento.

Los desafíos y la necesidad de integración regional

Una de las principales tensiones de la región es que la deuda aumenta mientras avanzan los desequilibrios comerciales y la fuga de capitales. Esto compromete la estabilidad externa de la economía Latinoamericana y no puede pasarse por alto al momento de pensar estrategias de política económica a nivel regional. Las estimaciones de las consultoras para 2018 adelantan que el rojo de cuenta corriente alcanzará un 3,0 por ciento en Colombia, un 6,0 por ciento en Argentina, un 2,0 por ciento en México, un 1,3 por ciento en Chile y un 1,0 por ciento en Brasil. Se trata de un desajuste que hace complicado enfrentarse a un mundo de mayor tensión financiera, en el que una nueva crisis parece inevitable.

Los reportes del mercado brindan datos preocupantes sobre la calidad de la deuda global. Los créditos financieros empiezan a mostrar un aumento de los riesgos en casi todas partes del mundo. La calificación media de los bonos (un indicador de cuál es la probabilidad de pago de los títulos) bajó, desde 1980 hasta 2018, de A a BBB-. ¿Qué implica esto? Que el promedio de los bonos que circulan en el mundo se acerca a la calificación de bono basura. Los desajustes financieros vuelven a ser la gran amenaza para la región y es necesario tener bien presente (aunque hayan pasado 10 años) que, en la última gran crisis, Lehman Brothers fue el primero de muchos en caer[2].

La probabilidad de nueva crisis encuentra a la región con pocas herramientas. Los precios de las materias primas se moderaron respecto de los picos de la última década y el desajuste de la macro limita el margen de maniobra para hacer políticas expansivas. Latinoamérica debería diseñar un plan de escape que priorice la integración regional en lugar de discutir medidas sin timming, como armar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea o la necesidad de congelar los gastos públicos para evitar incumplir los umbrales de déficit fiscal. El panorama global es poco alentador y no tener un programa de contingencia resultará muy caro.

Fuente CELAG, 8 julio 2018

[1] El resultado de abrir el grifo de la deuda en forma masiva no fue el esperado. Los dólares que entraron por endeudamiento no colaboraron para ampliar la infraestructura del país ni resolver tensiones estructurales de la economía. Se terminaron empleando para sostener la fuga masiva de capitales del mercado interno argentino. El desequilibrio de las cuentas externas del país alcanzó niveles extremos y, en abril de este año, el ministerio de Finanzas recibió una alerta de los principales bancos de inversión de Wall Street. Entidades de la talla del JP Morgan le confirmaron que iban a dejar de prestarle al país. El Gobierno debió acudir al Fondo Monetario Internacional para negociar un préstamo de urgencia.

[2] El ex-representante de la Reserva Federal, Ben Bernanke, registró en su gestión el cierre de 465 bancos en Estados Unidos y reconoció que se trató de la peor crisis financiera a nivel mundial en todo el capitalismo. Los impactos en Norteamérica se extendieron al mundo y algunas economías de Latinoamérica llegaron a caer un 6 por ciento por la turbulencia.

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