“Los hombres se han vuelto estúpidos”: porque hay que leer ‘Ortega Y Gasset’ – por Nicolas Bonnal

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¿Por qué leer Ortega Y Gasset?: Para encontrar elementos explicando nuestro desplome físico, moral, intelectual y psicológico.

Como Tocqueville y Nietzsche, el prestigioso y desconocido autor español veía llegar un hombre nuevo muy nuevo y muy pavoroso:

“Yo creo, sin embargo, que este hecho es más bien síntoma de otra cosa, una muy grave: La pavorosa homogeneidad de situaciones en que va cayendo todo el Occidente. Desde la aparición de este libro, por la mecánica que en el mismo se describe, esa ha crecido en forma angustiosa.”

Ortega Y Gasset comparaba ya la caída occidental con el desplome largo y progresivo del imperio romano. ¡Y sumaba que nos volvíamos estúpidos!

“Tal y como vamos, con mengua progresiva de la «variedad de situaciones», nos dirigimos en vía recta hacia el Bajo Imperio. También fue aquél un tiempo de masas y de pavorosa homogeneidad. Ya en tiempo de los Antoninos se advierte claramente un extraño fenómeno, menos subrayado y analizado de lo que debiera: los hombres se han vuelto estúpidos. El proceso venía de tiempo atrás.”

Ortega subrayaba la desaparición de los idiomas (Nietzsche lo hace en la consideración donde critica David Strauss y el papel de la prensa). No sabemos escribir ni hablar…

“Pero el síntoma y documento más terrible de esta forma, a un tiempo homogéneo y estúpido -y lo uno por lo otro-, que adopta la vida de un cabo a otro del Imperio, está donde menos se podía esperar y donde todavía, que yo sepa, nadie la ha buscado: en el idioma. La lengua, que no nos sirve para decir suficientemente lo que cada uno quisiéramos decir, revela, en cambio, y grita, sin que lo queramos, la condición más arcana de la sociedad que la habla.”

El idioma de Orwell nos destruye y también el politicismo ultra de la prensa y de las masas (hoy el fascismo y el marxismo han sido remplazados por la cultura basura, el buenismo que denuncia el historiador Stanley Payne):

“El politicismo integral, la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política, es una y misma cosa con el fenómeno de rebelión de las masas que aquí se describe. La masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y de conocimiento. No puede tener dentro más que política, una política exorbitada, frenética, fuera de sí, puesto que pretende suplantar al conocimiento, a la religión, a la sagesse -en fin, a las únicas cosas que por su sustancia son aptas para ocupar el centro de la mente humana-.”

Ortega define la meta del politicismo:

“La política vacía al hombre de soledad e intimidad, y por eso es la predicación del politicismo integral una de las técnicas que se usan para socializarlo.”

Ortega critica con humor el papel americano en nuestros siglos:

“Tuve entonces el coraje de oponerme a semejante desliz, sosteniendo que América, lejos de ser el porvenir, era en realidad un remoto pasado, porque era primitivismo.”

¡Y con Trump estamos servidos!

Nos avecinamos al verano y sabemos cuánto el verano sirve los proyectos del consumismo y de la masificación. Vemos lo que dice Ortega del omnipresente desarrollo de las masas. Lo hace también con un cierto humor:
“Sencillísima de enunciar, aunque no de analizar, yo la denomino el hecho de la aglomeración, del «lleno». Las ciudades están llenas de gente. Las casas, llenas de inquilinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Los paseos, llenos de transeúntes. Las salas de los médicos famosos, llenas de enfermos. Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores. Las playas, llenas de bañistas. Lo que antes no solía ser problema empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.”

Entonces aparece un hombre nuevo, un mutante (podéis ver la película “buscando a Eva” con Brendan Fraser y Christopher Walken): el hombre-masa. Pero las masas se han vuelto arrogantes y orgullosas. Ortega Y Gasset anuncia el fenómeno de ‘Podemos’ por ejemplo:
“La masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de los políticos entendían un poco más de los problemas públicos que ella. Ahora, en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya habido otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia.”

Esa hiperdemocracia evoca las expresiones de Jean Baudrillard con cincuenta años de anticipación.

Con lucidez Ortega Y Gasset teme la obsesión modernista:

“El deseo tan lentamente gestado, y que en el siglo XIX parece al cabo realizarse, es lo que, resumiendo, se denominó a sí mismo «cultura moderna». Ya el nombre es inquietante: ¡que un tiempo se llame a sí mismo «moderno», es decir, último, definitivo, frente al cual todos los demás son puros pretéritos, modestas preparaciones y aspiraciones hacia él!”

Siguiendo los pensamientos de Kojève y Hegel, Guy Debord había hablado de un presente perpetuo, noción que aparece también en los les escritos de Chateaubriand, Tocqueville o Edgar Poe. Ortega habla el con inspiración de un presente definitivo, el cual acompaña los entusiastas del progreso.

« Bajo su máscara de generoso futurismo, el progresista no se preocupa del futuro: convencido de que no tiene sorpresas ni secretos, peripecias ni innovaciones esenciales; seguro de que ya el mundo irá en vía recta, sin desvíos ni retrocesos, retrae su inquietud del porvenir y se instala en un definitivo presente.”

El progresista orwelliano solo quiere más: más paz (es decir más guerras para asegurar la paz americana), mas crecimiento (es decir más contaminación y inmigración) más democracia (es decir mas censura y más control sobre los pueblos).

Y por fin Ortega Y Gasset define el hombre-masa, producto mediocre hoy de las potentísimas redes sociales:

“Insisto, pues, con leal pesadumbre, en hacer ver a este hombre lleno de tendencias inciviles, que este novísimo bárbaro, es un producto automático de la civilización moderna, espacialmente de la forma que esta civilización adoptó en el siglo XIX. No ha venido de fuera al mundo civilizado como «los grandes bárbaros blancos» del siglo V…”

El burgués era una creación de la filosofía inglesa, producto de la civilización materialista (Fukuyama). El bárbaro automático es su lógico heredero.

Ortega escribe como Nietzsche y Tocqueville páginas definitivas contra el desarrollo del estado (¿qué podría decir hoy del súper-estado europeo?) y explica genialmente que su intervención nos esteriliza:

“En nuestro tiempo, el Estado ha llegado a ser una máquina formidable que funciona prodigiosamente, de una maravillosa eficiencia por la cantidad y precisión de sus medios. Plantada en medio de la sociedad, basta con tocar un resorte para que actúen sus enormes palancas y operen fulminantes sobre cualquier trozo del cuerpo social.”

El súper-estado de bienestar supone el fin de nuestra espontaneidad:
“Este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos.”

El estado de Ortega es claramente “el más frio de los monstruos fríos” de Nietzsche. Y ese estado nos aniquila tanto como animales cuanto como humanos:
“Ya en los tiempos de los Antoninos (siglo II) el Estado gravita con una anti vital supremacía sobre la sociedad. Esta empieza a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del Estado. La vida toda se burocratiza. ¿Qué acontece? La burocratización de la vida produce su mengua absoluta -en todos los órdenes-. La riqueza disminuye y las mujeres paren poco.”

Ortega Y Gasset escribió en los años veinte después de la guerra. Entendía que la burocratización moderna llegaría a la guerra moderna (pensad a lo que pasa en América con el estado profundo y al belicismo occidental):

“…el Estado, para subvenir a sus propias necesidades, fuerza más la burocratización de la existencia humana. Esta burocratización en segunda potencia es la militarización de la sociedad.”

Lo dejamos aquí. Me parece obvio que Ortega Y Gasset fue el mejor filósofo político del siglo pasado.

Nicolas Bonnal, 31 mayo 2018

 

Fuente Blog NicolasBonnal

Fuente publicacion original

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REFERENCIAS

Ortega Y Gasset – La rebelión de las masas
Nicolas Bonnal – Chroniques sur la fin de l’histoire (Amazon.fr)
Alexis de Tocqueville – De la democracia en América
Francis Fukuyama – El fin de la historia
Nicolas Bonnal – Céline, la colère et les mots (Avatar) ; Chroniques sur la fin de l’histoire ; Niclas Bonnal- Le livre noir de la décadence romaine (Amazon.fr)
Chateaubriand – Mémoires d’outre-tombe, la Conclusion
Ortega Y Gasset – la révolte des masses
Alexis de Tocqueville – De la démocratie en Amérique, II
Hermann Hesse – le loup des steppes
Nietzsche – Ainsi parlait Zarathoustra ; considérations inactuelles (David Strauss)
Edgar Poe – Entretiens avec une momie

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