El Estado y sus servicios secretos: luchar contra el enemigo o crearlo ?

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Cada país cuenta con sus servicios secretos, encargados de la “seguridad nacional”, tal y como se menciona en las constituciones. Así, con tal generalidad, sin determinar qué significa “seguridad” o “nacional”, quizás haga referencia a los “peligros externos”. Por lo tanto, su tarea consiste en “detectar espías” y conspiradores contra el Estado. No hay referencias a la ciudadanía claro, solo cuando se le acusa de “suponer una amenaza para la seguridad del Estado”. Pero, como bien sabe cualquier activista, la práctica que han llevado a cabo, y llevan, los “aparatos de seguridad” es la de perseguir a los opositores, radicando su misión en mantener el poder y castigar a todo aquel que se oponga.

Todo el mundo lo sabe, no porque la constitución así lo establezca, sino por la huella que los sótanos de las prisiones han dejado en activistas y políticos. Por lo tanto, la misión de los aparatos de seguridad pasa a consistir en reunir información sobre los ciudadanos, detener opositores y reclutar “colaboradores” que les suministren información. Pero este es un modus operandi propio de regímenes opresores, una forma “sencilla”, porque se centra en la ciudadanía y por lo general fracasa a la hora de “detectar espías”, porque en realidad no es su prioridad, ya que la amenaza que acecha al régimen, de hecho, es interna, emana del pueblo. Por lo general, esta forma de actuar es inculcada, sin prestar atención a la existencia de otros modus “complementarios”, a esta forma de actuar, o al poder del Estado.

Dado que los aparatos de seguridad son parte de la estructura del poder y están a su servicio, por supuesto que van a obedecer y llevar a cabo otras políticas, como estar al servicio del poder mismo y a favor de los intereses de la clase dominante. Sobre todo, por el auge del papel de los medios de comunicación, la transparencia permitida en la difusión de una noticia y el conocimiento de prácticas que se llevan a cabo. Asimismo, la ola de rebeldía popular y las revoluciones que han tenido lugar en la últimas décadas han forzado que tengan que buscar nuevas y diferentes formas de combatirlas, además, quizás, de la represión directa. Lo mismo sucede con los partidos de la oposición, sobre todo cuando la lucha social es violenta y el equilibrio de fuerzas no es estable para el interés del poder. Por eso, el papel de los aparatos de seguridad ya no es “pasivo”, como reunir información, ni represor, en cuanto a detenciones y torturas. Estas cuestiones ya no son posibles en un “régimen democrático” por estar sujeto a la ley, lo que ha impuesto la necesidad de que el poder, para conservar su control o para llevar a cabo políticas que sirvan a sus intereses, ponga en práctica nuevas formas.

Los aparatos de seguridad han superado su papel local o su rol “pasivo” de recabar información en aras de servir al conjunto de la política del Estado, porque ahora se les requiere encontrar justificaciones a políticas concretas. Por eso, es de vital importancia proporcionar esas justificaciones, inventándose o creando un “enemigo” y fabricando un evento. Es decir, que estos aparatos han empezado a aparentar ser “enemigos” del poder bajo el cual actúan. Los servicios secretos usamericanos crearon “escuadrones de la muerte” en Latinoamérica, en plena lucha popular contra los regímenes subordinados a USA, que tenían como objetivo sabotear el clima popular que alimentaba allí las revoluciones y para ello reclutaron pandillas para generar caos, mientras pensaban en una intervención.

Desde este prisma, podemos ver los grupos terroristas que han aparecido en las últimas décadas, con el objetivo de debilitar al oponente, o al enemigo, o justificar una intervención. De ahí la existencia de organizaciones como Al Qaida, Daesh y demás, que han supuesto “una mina de oro estratégica” que ha justificado todas las intervenciones usamericanas. La creación de grupos de este tipo fue una idea que expertos en seguridad nacional de USA proponían desde los años 70 del pasado siglo y que desde entonces, se ha puesto en práctica. La idea de “fabricar un enemigo”, que estuvo de moda en los años 90 en USA, indicaba esto, así que se fabricó el mejor enemigo posible para justificar todas sus intervenciones posteriores.

Esta cuestión no se reduce solo a USA, muchos la han imitado de tal forma, que crear enemigos es una política que siguen los aparatos de seguridad. No es una teoría de la conspiración, sino las políticas de los aparatos de seguridad que ya no esperan que sucedan desgracias, sino que las crean.

 

Salameh Kaileh, 26 abril 2018

 

Fuente Original

Traduccion  Ana Abarquero para TLAXCALA

 

Salameh Kaileh

Escritor e investigador marxista palestino, nacido en Birzeit en 1955. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Bagdad en 1979. Activo en la resistencia palestina. Fue detenido por el régimen sirio de Hafez al-Assad de 1992 a 2000, y de nuevo por los servicios de inteligencia de Bashar al-Assad por su participación en la Revolución Siria en el verano de 2012. Después de haber sido torturado fue deportado de Siria a Jordania, a pesar de su matrimonio con una ciudadana siria. Es el autor de una veintena de libros y de numerosos  artículos

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