El gobierno de Túnez apoyó el envío de yihadistas a Siria entre 2011 y 2014

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El canal de televisión argelino Al-Churuk ha entrevistado a antiguos combatientes del Califato Islámico sobre su marcha a Siria y la implicación en ello del gobierno tunecino tras la Primavera Árabe de 2011.

Casi todos los entrevistados hablan de la complicidad y apoyo del gobierno tunecino para enviarlos a las guerras desatadas por los imperialistas en los países árabes y norteafricanos entre 2011 y 2014.

Según ellos, las asociaciones de misioneros y predicadores tenían autorización del gobierno para reclutar jóvenes y enviarlos a cometer actividades terroristas fuera de Túnez.

Hamza Jari, antiguo miembro del Califato islámico, declaró que enseñaba el pensamiento salafista en un centro de predicación en Ben Guerdane, con autorización del Estado tunecino, según él emitida gracias Ennahdha, el partido islamista que se aupó al poder gracias a la Primavera Árabe.

“Las autoridades estaban al tanto de nuestras actividades y sabían que nuestra asociación estaba involucrada en el envío de jóvenes a Siria. Estos mismos jóvenes despegaron de los aeropuertos tunecinos sin ninguna restricción. Todo el mundo lo sabía, no era un secreto para nadie”, dijo.

En su entrevista, Hamza Jari atribuyó la responsabilidad a Ennahdha, que estaba en el poder en ese momento, aunque después de las elecciones de 2014 se desvinculó de las asociaciones misioneras.

“Se separaron de las asociaciones para unirse al nuevo gobierno, dejando a los jóvenes a su suerte en las cárceles”, añadiendo que su asociación era cercana a la organización salafista “Ansar Al-Sharia”, afiliada a Al-Qaeda.

Ante la televisión argelina Mounir Ben Helal reconoció que siempre apoyó abiertamente la yihad y nunca había tenido ningún problema. “En aquel momento, incitar a la gente a ir a la yihad no era un delito castigado por la ley tunecina”, dijo.

Atef Abdelaziz, también ex miembro del Califato Islámico, afirmó que se había radicalizado, que le detuvieron en varias ocasiones, pero que nunca le acusaron por su actividad de misionero ni su reclutamiento para la yihad. “Nunca me preguntaron sobre mis actividades de predicación; en ese momento estaba permitido”, dijo.

Mounir Belhabib, por su parte, explicó que él y sus compañeros cruzaron las fronteras entre Túnez y Libia bajo un estricto control de sus dirigentes. El adiestramiento se llevó a cabo en los campos del Califato Islámico en Libia, empezando por un entrenamiento deportivo para acabar en el manejo de las armas.

Belhabib soñaba con vivir en Siria, en una zona gobernada por la ley islámica (shariá), y se quedó sorprendido cuando le pidieron que regresara a Túnez para llevar a cabo operaciones terroristas. “Sentí que era obligatorio abandonar el país y trasladarme a Siria, porque Túnez no está gobernado por la shariá. Quería luchar, vivir según la ley islámica, aprender el Corán y no ver a las mujeres descubiertas”, añadió.

Con lágrimas en los ojos, Khalil Belmahmoud expresó su pesar por haber puesto a toda su familia en esta situación. Su madre, que intervino en el reportaje, relató que la había llamado llorando cinco días después de su partida hacia Libia, rogándole que lo perdonara.

Para Sabri, en 2011 la discusión sobre la shariá y la yihad estaba permitida hasta el punto de que él y sus cómplices se reunían en cafeterías para intercambiar ideas. “Al igual que los que se reúnen para hablar de cómo hacer de Túnez un país más laico, lo hicimos para hablar de la yihad”, dijo.

Según varios yihadistas, las asociaciones terroristas se disolvieron después de 2014 y varios predicadores fueron detenidos. Si bien Túnez se ha recuperado prácticamente de los atentados de 2015 y ha mejorado considerablemente su situación de seguridad, la perspectiva de que miles de yihadistas regresen, en diciembre de 2016 fue objeto de controversias.

Unos 5.500 tunecinos se han unido a las filas de las organizaciones yihadistas, según cifras de la ONU.

Fuente, 5 junio 2018
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