Si el Parlamento europeo no sirve para nada (absolutamente), ¿por qué necesitan que les votes??

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La mayor parte de la instituciones políticas, internas e internacionales, son una cáscara vacía, no sirven para nada, salvo para aparentar algo que no existe. En España los ejemplos son conocidos: el Senado, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado… Son organismos para vagos y parásitos de todas las especies.

Sin embargo, en las elecciones tienen que aparentar que la distribución de las poltronas entre unos y otros es trascendental, que la Unión Europea puede cambiar después de las elecciones del domingo en función de los votos y los escaños.

A finales del año pasado un dinosaurio de la política europea, Valéry Giscard d’Estaing, que hace algún tiempo fue el más europeísta de todos, lo dijo bien claro: “El Parlamento Europeo no es importante. Su función consiste en comprobar que los textos propuestos por la Comisión Europea se ajustan a las disposiciones de los Tratados. No tiene poder político, no tiene el poder de dirigir Europa”.

Aunque quisieran, que no quieren, los eurodiputados no pueden de cambiar nada, no pueden cambiar los tratados internacionales sobre los que se ha construido la Unión Europea. Están ahí lo mismo que el Senado: porque tiene que haber algo de eso para contentar a los parásitos y tapar la boca a los críticos. En el mundo moderno (que es esencialmente democrático) lo que más vende es algo que ostenta el nombre de “parlamento”.

Es un decorado de cine, es todo mentira, un teatrillo del que sólo nos enteramos cuando hay elecciones porque tienen que arrastrarnos hasta las urnas de vez en cuando. Los debates se montan para la televisión, las agencias de “noticias” y los corresponsales en Bruselas, que también viven opíparamente del circo.

La farsa funciona de la siguiente manera: cuando no hay elecciones “todo va bien”, pero en cuanto se convocan “todo va mal”, hay que cambiar las cosas, se puede mejorar el funcionamiento…

El Parlamento Europeo no tiene la iniciativa legislativa, que corresponde a la Comisión Europea. Sólo este órgano puede proponer la aprobación de reglamentos, directivas y decisiones. Como dijo Giscard d’Estaing, el Parlamento se limita a convalidar los acuerdos enviados por la Comisión Europea, cuyos miembros no los eligen los europeos.

El Parlamento Europeo puede proponer enmiendas y emitir dictámenes, dice el Tratado de la Unión Europea, aunque las enmiendas y dictámenes nunca son vinculantes y la Comisión Europea puede rechazarlas.

Según el Tratado de Lisboa, impulsado por Giscard d’Estaing, precisamente, en la Unión Europea todo el bacalao está ya vendido. La política económica ya está decidida y no se puede cambiar. Las orientaciones programáticas en los ámbitos económico, político y social se incorporan a los Tratados, momento a partir del cual quedan petrificados. Cualquiera que sea lo que voten los europeos, los cargos electos no pueden cambiar nada. Es más: no están ahí para cambiar nada.

Ahora cada lector debera hacerse la pregunta: si el Parlamento europeo no sirve para nada (absolutamente), ¿por qué necesitan que Usted les vote?

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La intervencion de Giscard d’Estaing:
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