La revolución que viene – por Jose Francisco Fernández Bullón

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Por mucho que lo intenten ocultar los medios de comunicación comprados por fondos buitres tipo Blackrock, en Francia se está fraguando de nuevo una revolución histórica. Es el único país dispuesto a hacerle frente a la conspiración globalista encabezada por el Fondo Monetario Internacional que no es tan internacional como pretende y desde luego no tiene nada de democrático.

En el resto de Europa y desde luego en España desde la instauración de la UE, que no es más que la rama europea de la Unión Internacional de fondos financieros a la sombra de la Reserva Federal de USA, mandan los bancos. Se trata de un poder prácticamente omnímodo con el que no se habría atrevido a soñar el mayor representante de la monarquía absoluta que no fue otro que Luis XIV de Francia. Y a la cabeza de esa pirámide financiera y bancaria que descansa sobre el 99 por ciento de la población mundial se encuentra probablemente Christine Lagarde, ella es por así decirlo la María Antonieta de los tiempos post modernos o pre apocalípticos. De hecho podría encarnar perfectamente a uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. A cualquiera de ellos: al hambre, a la peste, a la guerra o a la muerte.

El Fondo Monetario Internacional en íntima alianza con la Reserva Federal es el gran patrón del mundo, y si activistas como Brandon Smith están en lo cierto [1], su objetivo final no es otro que la creación de una moneda digital, única y mundial que ellos producirán y distribuirán a su antojo, una vez que se produzca el colapso total de la economía mundial que ellos están haciendo posible con su manipulación de las tasas de interés, sus rescates a bancos zombis con los libros de cuentas llenos de activos tóxicos, sus préstamos fraudulentos a todos los gobiernos satélites del mundo para que privaticen sus recursos y se los malvendan a sus compinches y la subvención y el trato de favoritismo a las grandes corporaciones que arruinan con su competencia desleal a las pequeñas y medianas empresas. Con dicha moneda única propia del pensamiento único apuntalarán la contra revolución tecnológica con la que supervisarán cada uno de nuestros movimientos como en la famosa distopía de George Orwell.

Es muy posible que Brandon Smith esté en lo cierto; por descabellado que parezca semejante proyecto, las élites financieras nos han dado pruebas sobradas de que son un puñado de conspiradores psicópatas ebrios de poder dispuestos a someter el mundo entero bajo su férula. “Nosotros hacemos el trabajo de Dios” se atrevió a proclamar uno de sus conspicuos representantes. No cabe una declaración más demencial y altanera. Se consideran divinos y sacrosantos como los césares del imperio romano a los que había que rendir culto por decreto como si fueran dioses. Y lo más terrible del asunto es que los líderes espirituales de Occidente, es decir obispos, pastores evangélicos, sacerdotes…. no han puesto el grito en el cielo ni se han atrevido a denunciar semejante pretensión desde sus púlpitos. Es como si los representantes de la alta jerarquía eclesiástica nos exigieran obediencia y sumisión al Anticristo.

El pueblo, creyente o no, está solo frente a los nuevos déspotas. Ha tenido que ser el pueblo francés sin intelectuales ni figuras destacadas a la cabeza quien se rebele contra una tiranía tan repugnante. Y han dado prueba de una sabiduría y una inteligencia que brilla por su ausencia en las declaraciones de los intelectuales oficiales cuyas manifestaciones parecen los parloteos redundantes de un idiota. Se les atrofió el cerebro tras repetir como loros las consignas de los acaudalados para los que hacen el papel de sirvientas o el de “valet de chambre”. Sólo les falta la peluca empolvada.

El gran debate nacional no se encuentra en los salones presidenciales que frecuenta Macron, está en las calles de París convertida de nuevo en la capital del mundo. ¡Qué contraste con las ridículas declaraciones que hacen los políticos de un país como España en el congreso o ante las cámaras! Uno se siente, cuando los escucha, como si hubiera caído en medio de una jaula de grillos.

Si cualquiera desea comprobar la tergiversación de que ha sido objeto por parte de los medios de propaganda globalista oficiales el movimiento de los chalecos amarillos sólo tiene que echarle un vistazo a este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=D_yDOmNqu9c

Los banqueros, lo digo y le repito, son los que gobiernan en España y en el resto de Europa, y por supuesto en Estados Unidos. Ellos deciden el precio de la vivienda, de la luz, del agua, y dentro de poco si no los detenemos, decidirán el precio del aire. Ellos establecen los salarios, las jornadas de trabajo, ellos otorgan todos los galardones, incluyendo el Premio Nobel, sobre todo el de la Paz, o mejor dicho: el de la Guerra. Ellos lo deciden absolutamente todo. Y los políticos en países como España se limitan a pelearse entre ellos como en esos programas de cotilleo o comadreo con sus debates moderados por arpías donde las celebridades invitadas airean sus vidas privadas.

Por algo se han hecho públicas al entrar en el circo mediático gracias al cual mantienen su lujoso tren de vida. Han vendido a los medios la exclusiva de sus vidas convertidas en espectáculo para las masas alienadas y por supuesto incluyo a los miembros de partidos como Podemos cuyos representantes se mantienen en primera plana gracias a la filmación de sus pequeños dramas domésticos.

Podemos no es más que un puñado de freaks informáticos que hicieron un ensayo de revolución digital controlada, (la revolución se hace en las calles no en el cuarto de estar frente al ordenador portátil) después de organizar un picnic en la Plaza del Sol madrileña. Los bancos (que son el gobierno en la sombra) ni siquiera tuvieron que mandar a las fuerzas del orden para desalojarlos. Los desalojó el frío de la sierra. Su indignación no fue más que un gesto simbólico que no ha servido más que para aparentar que en España hay una democracia; ellos legitiman con su protesta controlada y su guirigay mediático la violencia del estado, son, en definitiva, la ramera del poder, lo que antes se decía de la Iglesia; en eso se han convertido.

No se patearon los pueblos, ni las pequeñas ciudades de provincias, se acomodaron bien pronto en sus fortalezas urbanas de las grandes capitales de la falsa democracia que es España y el resto de Europa mendigando unos cuantos euros para los desposeídos de la metrópolis, (los desposeídos de provincias que pidan limosna a las puertas de la iglesia), o unas cuantas mantas al Banco Central Europeo para que no se mueran de frío los sin techo de la Gran Vía o la Castellana. Son la excrecencia del euro, cuyo abandono no se han planteado nunca. Es la divinidad suprema para ellos. Es su padre hecho moneda. Son la casta contra la que tanto despotrican. Se han acostumbrado a los focos de la televisión, a salir en las portadas de las revistas del corazón o de la entrepierna como los nuevos contestatarios. Pablo Iglesias es el máximo dirigente sencillamente porque es el que lleva el pelo más largo y con eso cumple. A uno le extraña que no les hayan dado un Goya por esa película tan progre y tan cutre que protagonizan cada día en la Sexta o en Tele Cinco.

Las élites globalizadoras saben muy bien lo que hacen. Han convertido las grandes capitales del mundo que constituyen sus centros de poder en lugares inaccesibles encareciendo la vivienda y convirtiéndolas en fortalezas para los ricos; han comprado a los medios de comunicación para ocultar al público las masacres y los golpes de estado que organizan en la periferia del imperio y ahora quieren prohibir todas las monedas nacionales y sustituirlas por la suya propia. Pero en Francia les está saliendo el tiro por la culata.

La impotencia flagrante de Podemos, castrado por la banca, se ha traducido en la victoria de Vox en las urnas que no son revolucionarios, todo lo contrario, pero tienen una apariencia más trasgresora y más punki y además acaban de entrar en escena o en la arena del ruedo ibérico y todavía no están tan “quemados como ellos”. Aquí de lo que se trata es de decidir entre bastidores cómo van a repartirse los políticos la asignación mensual del Banco Central Europeo y regatear un poco para pasarle las migajas a los amigotes. Los políticos de Podemos organizarán una sopa boba para los inmigrantes que vienen en patera y los de Vox organizarán una sopa boba un poco más nutritiva para los parados españoles que acudan como los perros con el pasaporte en la boca.

Los políticos de Podemos acuden al Parlamento Europeo como los hijos díscolos de las familias burguesas que le montan una escenita a fin de mes a papaíto para que les pase el dinero necesario para furmarse unos porros o para irse de copas. Los votantes en España se tienen que conformar con votar al que representa el último grito afónico en el cuadrilátero político y ese no es otro que Vox, un partido que no es más que un engendro de laboratorio. Que su participación en las elecciones europeas de 2014 haya sido financiada en un 80% por los Muyahidines del Pueblo, una secta que no cabe sino calificar de satánica compuesta por asesinos al servicio de los intereses del pentágono, especializada en ataques terroristas a civiles y que los conspicuos representantes del tinglado militar y financiero de occidente trasladan de un sitio a otro de acuerdo con sus desquiciados intereses (ahora se encuentran ubicados en Albania pero tienen sede en París y en Washington) lo dice todo. [2]

Si alguien no tenía claro la espeluznante simbiosis existente entre los terroristas islámicos y la ultra derecha en Occidente (que es la única que hay), aquí tiene la prueba flagrante. A este pequeño monstruo de Frankenstein con Santiago Abascal como cabeza descerebrada o con cerebro de muyahidin trasplantado lo han vestido con la bandera española y lo quieren vender en el mercado político ibérico como producto autóctono fruto de las esencias de la patria. Es como para volverse loco.

No sé si los políticos de Podemos habrán leído a Marx, lo que está claro es que no han leído a Freud y si lo leyeron no lo asimilaron. Hay que matar al padre, podemitas, que no es otro que Juncker, la gran figura paterna castradora de Europa. No se puede regenerar la democracia en Europa sin cuestionar el derecho que se han arrogado los banqueros (es decir: un puñado exiguo de financieros expertos en triquiñuelas y fraudes fiscales) de imprimir el dinero que les parezca oportuno apretando una tecla en un ordenador y de entregárselo a quien ellos quieran, a saber: en primer lugar a ellos mismos, en segundo a las fuerzas del orden para reprimir a las masas díscolas, en tercer lugar a las grandes corporaciones de responsabilidad limitada (limitada a lo que a ellas les dé la gana) y en tercer lugar a las “presstitutas” de la prensa oficial del imperio. Para distribuir los frutos de la beneficiencia pública o privada cada vez más escasa, ya tenemos a Cáritas. No necesitamos a Podemos. Está claro que la suerte de España no se decide en la península, nuestra suerte depende de los movimientos anti fascistas que surjan más allá de las fronteras.

A los españoles eso de haber entrado en Europa que desde al menos el siglo XVIII acababa en los Pirineos les debe de parecer un sueño imposible hecho realidad a cambio de renunciar a su soberanía. España lo único que tiene de europea son los turistas nazis escandinavos que pueblan nuestras playas con esos móviles que portan delante de las narices y que exhiben como si fueran un arma contrarrevolucionaria. No van a cuestionar jamás la autoridad de los tecnócratas europeos a sueldo de fondos como Blackrock, the Vanguard Group o Carlyle; eso se queda para los chalecos amarillos.

Cuando la UE se hunda, que se hundirá, les pillará a los políticos españoles con las bragas en la mano, incluyendo a Podemos, frente a un banquero central europeo que se ha fugado a las Bahamas con la hucha de las pensiones. Y Europa empezará de nuevo donde han empezado siempre, al otro lado de los Pirineos.

Jose Francisco Fernández Bullón, 22 enero 2019

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Fuente

REFERENCIAS

[1] http://lesakerfrancophone.fr/la-guerre-psychologique-derriere-leffondrement-economique
[2] https://www.voltairenet.org/article204778.html

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