¿Jaque al rey? La paz entre las dos Coreas arruinará los planes de Washington en el Pacífico Oriental

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Seis días atrás se hizo público que las dos Coreas estarían muy cerca de firmar un tratado de paz que, más allá de ser histórico, definitivamente daría un duro golpe a la estrategia de control de EE.UU. en todo el Pacífico oriental.

Para ponerlo de forma simple: a Washington le importa un rábano la paz en la región, el bienestar de los ciudadanos norcoreanos, la protección de sus “socios” en la zona (Japón y Corea del Sur principalmente), la estabilidad mundial, la no proliferación de armamento nuclear, la difusión de la democracia, o cualquiera de esos objetivos que suenan tan bonitos al oído pero están muy lejos de las verdaderas intenciones de EE.UU.

A los poderes fácticos que rigen la política estadonidense sólo les preocupa una cosa: mantener su hegemonía unipolar y evitar que otras naciones (o un grupo de éstas) hagan proliferar un nuevo modo de convivencia mundial más justo, equitativo, y benéfico para todos. La supervivencia de EE.UU. depende exclusivamente de la conquista y el saqueo de otras naciones, y de la imposición del dólar como moneda de intercambio universal.

El conflicto permanente con Corea del Norte ha sido durante años la excusa perfecta para mantener una masiva y amenazante presencia militar en esa zona del Pacífico. El objetivo está más que claro y no es en absoluto la pequeña e insignificante (en términos de influencia global) Norcorea, sino China, el gigante asiático que se ha convertido en apenas un par de décadas en la segunda economía mundial y que pronto pisará el escalón más alto del podio, y seguramente también Rusia.

Así que los nuevos vientos de hermandad que están soplando en la península coreana son sin duda un gran dolor de cabeza para Washington.

Esto explicaría porque después de que EE.UU. nos aburrió durante años con una monótona retórica sobre la necesidad de una saludable estabilidad en la región y el imperativo de que los “malvados” norcoreanos detuvieran su carrera armamentista, ahora que los líderes de las dos Coreas se sentaron a hablar de paz y que el mismo Kim Jong-un está dispuesto a hacer concesiones impensadas 6 meses atrás, los dementes del Pentágono siguen dando gritos de guerra como si nada hubiera cambiado.

Preste atención a las palabras que el líder norcoreano pronunció este último sábado:

A partir del 21 de abril, Corea del Norte detendrá las pruebas nucleares y los lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales. La suspensión de los ensayos nucleares es importante para el proceso de desarme nuclear mundial, y Corea del Norte se une a los esfuerzos internacionales encaminados a la eliminación completa de los ensayos nucleares.

Además, durante su alocución Kim Jong-un aseguró que no transferirá armas nucleares ni tecnología a otros países, y que Pionyang no usará armas nucleares, en tanto no surjan amenazas o provocaciones de ese tipo contra su nación.

Claro que el líder norcoreano, a pesar de que a veces luce en las fotos como un papanatas, no lo es en lo absoluto. Así que me animo a “profetizar” que no hará grandes concesiones en forma insensata.

En primer lugar, es muy probable que exija garantías sólidas de que la otra parte cumpla con sus compromisos. Y cuando digo “la otra parte” es un eufemismo (innecesario por cierto) para hacer referencia exclusiva a Washington. No hay que olvidar que el aplaudido acuerdo con Irán que ponía punto final a un conflicto de muchos años, en estos momentos está siendo pisoteado por EE.UU. sin el más mínimo pudor. Corea del Norte sabe que la palabra estadounidenses estampada en un contrato, no vale ni siquiera la tinta utilizada.

En segundo lugar, sospecho que Kim Jong-un está abierto a escuchar consejos tanto de Rusia como de China. Dadas las circunstancias y el contexto en el que Norcorea debe desenvolverse, nadie podría asesorarlo mejor que estas dos naciones. Rusia en particular parece consciente de que lo que sigue a continuación no será nada fácil. Según lo expresó Lavrov “hay que abogar por la desnuclearización, pero al mismo tiempo ser realistas, porque el proceso de negociación va a ser muy difícil”.

Usted y yo sabemos que Sergei Lavrov sabe muy bien con qué bueyes está arando. Si le quedan dudas, sólo basta observar cómo reaccionaron los poderes fácticos occidentales a estas buenas nuevas.

EE.UU. advirtió que continuará con las sanciones contra Corea del Norte. En palabras del embajador norteamericano ante la Conferencia de Desarme en Ginebra, Robert Wood:

Consideramos que es muy importante continuar con la presión por medio de las sanciones, y esta presión continuará hasta que se logre la desnuclearización, tenemos un largo camino por delante”. Para que quede claro, Washington pretende que Norcorea se deshaga de su arsenal nuclear completo, y sabemos muy bien que, considerando los antecedentes de EE.UU. en materia de respetar tratados y la soberanía de otras naciones, esto sería un suicidio para la nación asiática.

En perfecta sincronía con esta irracional actitud, el ministro de Defensa de Japón recalcó que “no es el momento para que la comunidad internacional alivie la presión sobre Corea del Norte”. Mientras tanto, la Unión Europea, que hasta el momento ha sido un fiel peón al servicio de la agenda estadounidense, amplió sus sanciones contra Corea del Norte el 19 de abril.

Tal parece que los mismos de siempre, aquellos que dicen buscar la paz pero en el fondo sólo pretenden la obediente sumisión de cualquiera que desafíe su poderío, no están dispuestos a aceptar con beneplácito la buena voluntad demostrada por parte del líder norcoreano.

Reflexionemos juntos

¿Cómo vería este asunto la gente “normal”, como usted o como yo? Seguramente con alegría; quizá algo escépticos pero no sin cierto sano optimismo. Piénselo un segundo. Las dos Coreas han vivido en un permanente conflicto desde los años 50, conflicto que por cierto ha sido arengado muy convenientemente por EE.UU. De golpe sus líderes deciden hacer a un lado sus diferencias, y sin prestar demasiada atención a las rabietas estadounidenses, reconstruir aquellos lazos perdidos y recuperar una paz ansiada no sólo por los coreanos, sino por todos aquellos que deseamos un mundo más pacífico y una convivencia más armónica.

Pero para ellos, para los lunáticos sentados en la cúspide del mundo, esto es una pésima noticia, pues ahora tendrán que usar su imaginación (un recurso por cierto muy escaso entre los patócratas de Washington) para seguir justificando su hostil e indeseada presencia en la zona.

¿Qué esperar de aquí al futuro? Pues no quiero que me tilde de pesimista, pero usted bien sabe que el que se quema con leche, ve la vaca y huye despavorido. Ya nos hemos “quemado con leche” muchas veces. Sabemos que a EE.UU. no le interesa la paz porque no es negocio desde una perspectiva geopolítica, ni tampoco lo es en términos económicos/comerciales. Así que es de esperarse que Washington busque la forma de minar este proceso a como dé lugar. Podrán eventualmente firmar un acuerdo, pero a la larga se comportarán siempre como unos malditos cretinos y buscarán la forma de no cumplirlo.

 

Mauricio Santecchia, 29 abril 2018

Fuente

*Nacido en Argentina, Mauricio Santecchia es un Analista de Sistemas Informáticos

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