Las leyes contra “los discursos del odio” son el equivalente moderno a las leyes medievales contra la blasfemia – por Israel Shamir

Israel_Shamir

 

Titulo original : “El Trono y el Altar”

Ron Unz lo ha hecho de nuevo. Publicó algunos artículos sobre la cuestión judía, provocando una avalancha de comentarios y respuestas. Su toque personal es su punto fuerte. No se trata de un sermón sobre la fe judía o los vínculos de los judíos con los nazis, sino de su odisea personal desde los clichés más comúnmente aceptados hasta una comprensión más fina del asunto. Sobre la marcha, Unzse escapa del adoctrinamiento y compartimos su descubrimiento de verdades desconocidas y olvidadas.

Su lenguaje es moderado, nunca se sobresalta y su tono sosegado nos ayuda a captar más fácilmente su mensaje. Está claro en que no se ha vuelto un filosemita, no es la clase de hombre que piensa que todo lo que hacen los judíos, lo hacen por la gloria de Dios. Unz va bastante lejos, pero sin llegar al extremo con sus opiniones y eso es algo bueno.

En un ambiente donde prevalece la adoración por el judío, es bueno que ciertas personas nobles y valientes den un paso adelante y hablen con la verdad al poder y a las masas. Sin retroceder mucho en la historia, a comienzos del presente siglo hubomás hombres de este tipo, tenaces y temerarios.Escribí en 2003 sobre Los cuatro ciegos o El reino de las víctimas: una crítica de la supremacía judía en EE.UU.[1], en el marco de un enorme proyecto en internet que lamentablemente desapareció de su lugar habitual, y que no se ha actualizado en al menos una década, pero que puede consultarse aquí[2], aunque bajoun formato poco seguro.

Ron Unz menciona a sus predecesores, los profesores Albert Lindemann de la Universidad de California, Kevin MacDonald de la Universidad Estatal de California, Israel Shahak de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ElliotHorowitz, Israel Joseph Yuval de la Universidad Hebrea, entre otros investigadores. Estos hombres de ciencia dudaron de la eterna benevolencia de los judíos hacia los gentiles. Unz aborda también, valerosamente, la polémica alemana anti-judía de Mi lucha, y la pone a disposición del público en su sitio web. Sin embargo, si le interesan las reflexiones de Hitler en la materia, puede elegir un libro mucho más corto (48 páginas) y lúcido, una discusión entre Adolf Hitler y su maestro, el ideólogo de los inicios del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), DietrichEckart, y titulado Bolchevismo de Moisés a Lenin: Un diálogo entre Adolf Hitler y yo, disponible aquí en español[3].

Unz todavía no ha llegado a la crítica izquierdista de la judería, y en este asunto, unas cuantas joyas le esperan, como Sobre la cuestión judía[4] de Karl Marx, un breve y poderoso tratado de 23 páginas, y La concepción materialista de la cuestión judía[5], de Abraham León. Está también el punto de vista cristiano de izquierda, el de la maravillosa Simone Weil[6], quien de forma notoria se negó a entrar a la Iglesia Católica, considerándola “demasiado judía”, y cuya obra Echar raíces[7] combina comunismo y rechazo de la migración masiva.

Está también el punto de vista cristiano de derecha de G.K. Chesterton y de Hilaire Belloc.

E. Michael Jones, de la revista Culture Wars[8], es un portador contemporáneo de la tradición católica anti-judía (su último texto Catholics and theJewTaboo, disponible en inglés en Amazon[9], tiene como presentación lo siguiente: “Por más de 50 años, la Iglesia Católica ha perdido cada batalla en las guerras culturales. SunTzu decía que si no sabes quién eres y quién es tu enemigo, perderás cada batalla. El historial de la Iglesia le ha dado la razón a Sun Tzu. Es hora de buscar un enfoque distinto. Es hora de romper el tabú judío”).

En efecto, no hay mejor herramienta contra la supremacía judía que el nombre glorioso de Cristo: pero tomará tiempo y esfuerzo hasta que los estadounidenses lo reconozcan.

Uno de los mejores pensadores críticos en la materia fue el más grande historiador del siglo XX, Arnold Toynbee. Cualquier discusión sobre los judíos y los nazis está incompleta si no se hace  referencia al volumen VIII de su seminal Estudio de la Historia(disponible en inglés aquí[10]). Toynbee explicó la razón por la que los judíos quieren la migración masiva de habitantes del tercer mundo a Europa: en un país europeo habitado por comunidades somalíes, afganas, sirias, etc., los judíos se convertirán en una normalidad indiscutida. Toynbee consideraba a la Nakba, la expulsión de los palestinos en 1948, un crimen terrible equiparable a la persecución nazi de los judíos. Por su postura moral, el nombre de Toynbee ha sido borrado de las listas de lecturas recomendables, ya no se le cita y prácticamente ha desaparecido, cediendo paso a sus contemporáneos judíos de tercer rango.

En pocas palabras, ha habido judíos y gentiles, de izquierda y de derecha, que consiguieron deconstruir el discurso judío y debilitar la influencia judía. Hoy, quedan cada vez menos voces en esta batalla; y es por eso que Dios bendice a Ron Unz, por retomar y alzar la antorcha. Esperemos que persista cuando otros, por agotamiento, dejan la batalla. Tanto los judíos como los gentiles lo necesitan, y especialmente en los EUA.

Los judíos y los bolcheviques

Esto no quiere decir que Unz tenga siempre la razón. Se dice que la revolución rusa había sido perpetrada con dinero judío y/o dinero alemán, pero tales afirmaciones se quedaron en el lado oscuro de la propaganda. Jacob Schiff mantuvo correspondencia con Milyukov, un importante ministro del gobierno de Kerensky, y enemigo de los bolcheviques en 1917.Hace tiempo que se había desmentido la idea de que Lenin hubiese aceptado dinero de parte del ejército alemán. El libro de Antony Sutton, Wall Street y los Bolcheviques[11], presenta una síntesis de estas acusaciones, y los rusos respondieron de forma convincente en su contra.

Además, no hay nada malo entomar dinero de los judíos ricos. Yo lo he hecho. Todos lo hacen. Los judíos ricos dan dinero a cualquier partido con posibilidades de éxito; como ahora en los EUA, donde apoyan tanto a republicanos como a demócratas, a los que están a favor y también en contra de Trump.

La actitud de Lenin era simple y directa: tomen dinero de quien lo ofrezca, pero hagan lo que se debe hacer. Lenin no la pensaría dos veces para tomar dinero de Schiff, o Rothschild, o de los Sabios de Sion. Creía que los capitalistas venderían a los bolcheviques la soga que terminaría ahorcándolos. Pero aquellos que intentaron cobrar lo que consideraban como una deuda de influencia, fueron inmediatamente liquidados tras la victoria bolchevique. Los judíos estaban implicados en ambos bandos de la revolución rusa: a favor y en contra de Lenin, pero aparentemente la mayoría de los judíos rusos apoyó a los mencheviques, los socialdemócratas moderados, quienes perdieron en 1918 ante los bolcheviques de Lenin. Los bolcheviques tuvieron éxito en desjudaizar incluso a los judíos rusos: fueron rápidamente asimilados, su lengua Yiddish desapareció, sus sinagogas fueron diezmadas; se mezclaron con otras razas, adoptaron nombres rusos, y muchos de ellos se unieron a la iglesia rusa.

No hay que sobre-estimar la importancia del dinero. Hilary Clinton tenía mucho más dinero que Trump, y aun así perdió. Los bolcheviques tenían mucho menos dinero que sus enemigos, pero terminaron ganando. Su victoria se debió al genio de Lenin,a un programa claro y coherente, a su férrea voluntad y a su rapidez en su actuar, y por último pero no por eso menos importante: al apoyo popular de los “deplorables” (en palabras de la Sra. Clinton) de Rusia.

Los judíos se mudaron de sus aldeas a Moscú y San Petersburgo después de la revolución, y eran muy visibles, como los latinos en Nueva York en los años 70, o como los negros después de la guerra de secesión. Sin embargo,no pudieron tomar el control del Estado ruso. Los anticomunistas (“los blancos”), quienes perdieron la batalla subsecuente, culparon de su derrota a la intervención judía, tal como los demócratas culpan de su derrota a la Rusia de Putin. En realidad, sólo debían echarse la culpa a sí mismos.

 

La iglesia judía

Los judíos no son sólo una cuestión de dinero. Por muchas generaciones, los hijos de judíos más listos fueron entrenados para convertirse en abogados, teólogos, sacerdotes, mientras que a los menos dotados se les preparaba para los negocios (el sistema de los brahmanes de la India son la comparación más cercana). Y por muchas generaciones, su talento comercial tuvo muy poco peso frente a la discusión de ideas en la sinagoga. No fue sino hasta el siglo XIX, cuando los judíos se incorporaron en masa a la sociedad gentil, que pusieron en práctica y a gran escala sus pulidas habilidades. Comenzaron a edificar una sociedad teocrática, la única que habían aprendido a construir. En esta teocracia, los judíos fueron legisladores, jueces, predicadores; y fue así que tomaron posiciones en las profesiones jurídicas y en los medios de comunicación, juzgando y predicando.

Este éxito judío significa que lograron construir  con éxito esta sociedad, donde ellos constituyen la Iglesia y la Ley. A su paso, tuvieron que fracturar a la “vieja” Iglesia Cristiana, y establecieron el reino supremo de la Ley, debilitando la estructura política de los poderes ejecutivos y legislativos.

Tal vez la primera batalla de los judíos por la superioridad fue la guerra contra las empresas tabacaleras. No podían dictar leyes en su contra, pero sí podían arruinarlas con demandas fútiles. Cuando los tribunales estadounidenses comenzaron a dictaminar contra las compañías tabacaleras por concepto de miles de millones de dólares, éstas se rindieron. Como en el caso de la ley del aborto, fueron los jueces quienes habían decretado la ley del tabaco, no el Congreso ni la administración presidencial. Nada de esto se habría podido lograr sin el apoyo activo de los medios de comunicación: los caballeros de la prensa convencieron al público de que el tabaco era malo y que los tribunales deberían actuar en nombre del interés público. Desde entonces, la Iglesia judía (es decir, los medios de comunicación) y los tribunales judíos (los judíos constituyen cerca de la mayoría en la Corte Suprema y en los medios de comunicación) en conjunto gobiernan los Estados Unidos, así como los judíos gobernaban en tiempos bíblicos.

Este arreglo es profundamente antidemocrático y sólo causa descontento. Esto explica la naturaleza de la batalla en curso entre el presidente Trump con los medios de comunicación estadounidenses y el establishment judicial. Si por un momento pasamos por alto el aspecto judío de los medios de comunicación y de la ley, se convierte entonces en una batalla entre el Poder y la voz del público crítico. Y así es cómo los caballeros de los medios prefieren que veamos todo este asunto, porque una persona con un espíritu libre se pondrá del lado de los críticos del Poder.

Pero si tomamos en cuenta el aspecto judío en este asunto, tendremos un escenario totalmente diferente. Trump es un heredero espiritual de Enrique VIII y de otros grandes reyes que habían combatido a la Iglesia. Los medios de comunicación judíos y judizados de Occidente constituyen una Iglesia moderna que desplazó y reemplazó a la Iglesia Cristiana en Occidente. Y en la batalla entre el trono y la iglesia, una persona libre elegirá más bien el trono.

En materia de libertad, los judíos han dado un giro de 180 grados. Tradicionalmente, los judíos se aliaban con los reyes, en contra de la Iglesia y del pueblo. Eran enemigos de la Iglesia, y en la medida en que explotaban al pueblo, necesitaban de la protección de la realeza. Como eran enemigos de la Iglesia, eran considerados hombres de espíritu libre, quienes luchaban para liberarse y liberar a la sociedad de las cadenas de la Iglesia. Las películas y los libros (particularmente los de Umberto Eco) presentan a los judíos como los mejores amigos de los primeros europeos librepensadores que se opusieron a la Inquisición.

Pero los judíos no amaban la libertad en sí. Querían ellos mismos convertirse en la Iglesia dominante, y reinar sobre el espíritu del mundo. Lograron su cometido en los EUA, el único país sin Iglesia propia. En su lugar, tiene muchas iglesias pero no posee ni una capaz de unir a los ciudadanos en una sola comunión. En la carrera contra estos elementos disgregados, la Iglesia judía se ganó su posición dominante en la sociedad estadounidense.

Después de lograr esta victoria histórica, los judíos hicieron retroceder al mundo hasta tiempos pre-cristianos, al reino de su iglesia y de sus jueces. El poder del rey se vio severamente debilitado y la democracia perdió casi todo su significado. Antes, los judíos estaban a favor de la libertad; ahora, están en contra de ella y a favor de la obediencia a sus propias reglas.

La Corte Suprema es la autoridad suprema real de los Estados Unidos, es así como la prefieren los judíos porque se compone, sobre todo, de tres[12] o cuatro[13] judíos. Ahora el presidente Trump quiere poner a una mujer católica en el lugar que dejará por jubilación el juez católico Justice Jennedy, y los judíos están molestos. La vieja bruja de California, la senadora Dianne Feinstein atacó[14] a la juez católica Amy Coney Barrett por sus convicciones religiosas. Querían otro juez judío y Obama había nominado a uno; pero, desafortunadamente, los republicanos bloquearon su nominación; de haberla aprobado, los judíos habrían tenido la mayoría en la Corte y habrían podido declarar a los EUA como otro Estado judío más, afirmando que es lo que considera la Constitución. Después de haber declarado que la Constitución considera como matrimonio la unión entre dos hombres, o que cualquier mujer tiene el derecho de matar a su hijo no-nacido, o que el presidente no está  autorizado a detener la inmigración ilegal, pueden entonces decidir lo que les dé la gana.

Trump no se atreve a decir que quiere nominar a un no-judío para la Corte suprema, así que prefiere hablar en términos de jueces liberales contra jueces conservadores. En efecto, es importante decirlo, pero incluso más importante resultadesalojar a la Corte Suprema, obligarla a renunciar a la autoridad que ha usurpado.

La Reserva Federal es demasiado independiente, y también está en manos de los judíos. ¿No debería Trump desalojarla también? Y las agencias de seguridad, ¿cuántas no están dirigidas por judíos?

Las leyes contra “los discursos del odio” son el equivalente moderno a las leyes medievales contra la blasfemia. Los judíos quieren decidir quién puede y quién no puede gobernar. En el Reino Unido, tres periódicos judíos atacaron a Jeremy Corbyn, pero otros medios hegemónicos, aparentemente no-judíos, también se aferran a la misma línea. En los EUA, los judíos decidieron que Trump no tiene el derecho a ser presidente, a menos que haga todo lo que el primer ministro israelí le pida.

Existe pues una gran necesidad de democracia en los EUA, la cual podemos recuperar por medio de la restauración de los poderes constitucionales del presidente y de la limitación de los poderes inconstitucionales de los judíos. Y los magníficos artículos de Ron Unz podrían ser un excelente punto de partida del camino hacia la verdadera independencia de los Estados Unidos.

Israel Shamir, 13 de agosto de 2018

*

P.S. Duele defender a un asesino serial, especialmente cuando se hace gratis, pero el reciente caso Monsanto[15], en el cual al canalla gigante de los agroquímicos se le ha ordenado pagar 290 millones de dólares a un jardinero enfermo de cáncer, así lo exige. El establishment legal quiere demostrar su humanidad y capacidad de reacción a nuestros sentimientos. Es así como los buenos tiranos se ganan la simpatía de la gente.

Monsanto merece ser destruido, pero también la tiranía del establishment legal. Deberíamos bajarle los humos a los caballeros de la ley (y a las damas también), mientras que las decisiones políticas (combatir a Monsanto es una decisión política) deberían ser tomadas por el pueblo y sus políticos electos.

Una revolución estadounidense debería liberar a la gente de la dictadura de la ley; que los tribunales decidan en casos normales y daños normales, como se hace en Europa donde los tribunales nunca emiten fallos similares, y serás libre. Es realmente absurdo otorgar millones a un viejo jardinero, con toda la compasión del mundo. De todas maneras, el dinero se repartirá entre los abogados, y él recibirá unos cuantos centavos.

Fuente original

Fuente traducción en español, Traducido por Daniel Osuna

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Para contactar a Shamir: adam@israelshamir.net

REFERENCIAS

[1] Ver artículo en inglés: https://www.unz.com/ishamir/four-blind-men/

[2]http://holywar.org/jewishtr/thisbook.htm

[3]http://der-stuermer.org/spanish/Bolchevismo%20de%20Moises%20a%20Lenin.pdf

[4]http://www.archivochile.com/Marxismo/Marx%20y%20Engels/kmarx0035.pdf

[5] Ver índice del libro y nota de los editores aquí: http://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/9-colecciones/clasicos-del-marxismo/81-la-concepcion-materialista-de-la-cuestion-judia-a-leon

[6] Ver su biografía en español aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_Weil, y en inglés aquí: https://www.britannica.com/biography/Simone-Weil

[7]https://losapuntesdefilosofia.files.wordpress.com/2017/09/weil-simone-echar-raices_.pdf

[8]http://www.culturewars.com/

[9]https://www.amazon.com/Catholics-Jew-Taboo-Michael-Jones/dp/1983166510

[10]https://archive.org/stream/in.gov.ignca.3210/3210_djvu.txt

[11]https://elinstigador.files.wordpress.com/2011/09/sutton.pdf

[12]https://www.haaretz.com/1.5121249

[13]https://www.jpost.com/Jewish-World/Jewish-Features/Sotomayors-Jewish-ties

[14]https://www.cnsnews.com/commentary/bill-donohue/are-there-too-many-jews-us-supreme-court

[15]https://www.rollingstone.com/politics/politics-features/monsanto-cancer-710902/

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