En España ¿qué institución política no es una cloaca?

En pleno siglo XXI algunos se escandalizan por el espionaje policial (del PP) a Podemos. Ya no se acuerdan del mismo espionaje (del PSOE) a Herri Batasuna hace 20 años.

Lo llaman “Watergate” como si fuera la primera vez que ocurre algo parecido. Hablan de cloacas policiales, de cloacas periodísticas, de partidos políticos que son cloacas, de ministerios cloaca… En este país, ¿qué institución pública no es una cloaca?

Dicen que la policía se estaba dedicando a “fabricar pruebas falsas” contra Podemos y se hacen los sorprendidos. ¿Policías falsificando pruebas? Señores: vivimos en un país donde la prueba es la misma policía. Lo que dice la policía va a misa siempre.

Vuelven a 2011 para gritar “¡Lo llaman democracia y no lo es!”.

Desde los tiempos más rancios del franquismo, los periodistas son una extensión de los cuartelillos. Todo tiene que llegar de fuentes oficiales porque, en caso contrario, es una noticia falsa, un bulo al que hay que oponerse.

Los programas electorales son una mentira. Ni se cumplen ni se van a cumplir nunca.

Los partidos políticos crean cuentas falsas en las redes sociales para difundir mentiras, bulos e infundios.

Sus seguidores también son falsos. Más del 40 por ciento de los seguidores de Pedro Sánchez en su cuenta de Twitter son falsos.

Desde el punto de vista contable, todos los partidos políticos están en quiebra. No tienen apenas ingresos y gastan mucho más dinero del que reciben. Hablamos de muchos millones de euros.

Las elecciones son un pucherazo institucionalizado. Los partidos políticos las falsean con dinero negro. Reciben un dinero ilegal y gastan un dinero ilegal.

Las fundaciones, ONG y demás satélites montados por los partidos políticos son un fraude, lo mismo que las empresas paralelas que recaudan dinero a cambio de adjudicaciones de contratos y obras públicas.

En 2012 la ministra de la Vivienda del PSOE, María Antonia Trujillo, declaró en relación a los desahucios que quien tuviera deudas debía pagarlas. “Que no se hubiera endeudado”, añadió.

Pero los partidos políticos deben más de 230 millones de euros a los bancos y no pagan sus deudas porque los bancos se las condonan ilegalmente. ¿A cambio de qué?

Los bancos no informan de los créditos a los partidos políticos y el Banco de España tampoco. Como cualquier otra banda mafiosa, todos ellos mantienen un pacto de silencio.

No es de extrañar que España sea el país europeo en el que los partidos políticos tienen el menor número de afiliados.

En las encuestas, el 88 por ciento de la población española reconoce que no tiene ninguna confianza en ningún partido político.

Por eso no extraña que habitualmente la abstención llegue, como en las últimas elecciones autonómicas en Andalucía, a casi la mitad del censo.

Lo sorprendente es, sin embargo, que aún haya otra mitad que vaya a depositar la papeleta en una urna.

Por más que un elector tenga unas ganas irresistibles de votar, lo cierto es que no hay nadie en quien pueda depositar ni un gramo de su confianza.

Si es cierto eso de “lo llaman democracia y no lo es”, ¿por qué ese empeño en ir a votar?
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