Un paso más hacia un mundo multipolar: India y Pakistán se incorporan a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)

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Ya no hay una superpotencia hegemónica, vivimos en un mundo multipolar.

El mundo se transformó y nadie en Occidente lo ha advertido. India y Pakistán se han incorporado a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Esta organización de 17 años se ha constituido, silenciosamente, como la principal alianza de naciones en Eurasia.

Los dos nuevos miembros son gigantescas potencias regionales con armas nucleares; India, tiene una población de 1.324 millones y Pakistán, casi 200 millones de personas. En otras palabras, la población de la Organización de Cooperación de Shanghái –que tenía 1.500 millones- prácticamente se ha duplicado de un solo golpe. Ahora la población total de las ocho naciones de la OCS representa el 40 por ciento de la humanidad.

Las consecuencias globales a largo plazo de este crecimiento es enorme. Es probable que sea el factor más importante para asegurar la paz mundial . Probablemente su acción elimine la amenaza de una guerra nuclear en el sur de Asia, pues la OCS incluye una de las dos naciones con armas termonucleares (Rusia) y otras tres potencias nucleares (China, India y Pakistán).

El crecimiento de la OCS es un gran triunfo diplomático de Moscú, pues Rusia ha estado buscando durante décadas la mejor forma de integrar en la OCS a la India, su aliado estratégico de larga data. Esta idea fue articulada por una de las mente estratégicas más importantes de Rusia del siglo 20, el ex primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores Yevgeny Primakov, que murió en 2015.

China, que en el pasado había bloqueado silenciosamente el acceso de la India, ahora se siente compensada porque su aliado Pakistán se ha integrado también a la OCS . Por tanto las influencias de Beijing y Moscú están equilibrios.

Esta astuto éxito político impulsará aun más el papel que desempeña Rusia en la diplomacia y la seguridad del continente asiático. Tanto en Beijing como en Delhi, se abre una amplio camino hacia las buenas relaciones comerciales. La resolución de problemas pendientes como el compartir los recursos hídricos del Himalaya e invertir en el desarrollo económico de África ahora también pasa por Moscú. El presidente Vladimir Putin está en una posición ideal para ser el interlocutor entre las dos naciones gigantes de Asia.

El movimiento también debe ser visto como una reacción de la India ante la creciente volatilidad e imprevisibilidad de los Estados Unidos en la arena global. En Washington y Europa occidental, está de moda atribuir este fracaso al presidente Donald Trump.

Pero en realidad esta política de occidente se remonta al menos al bombardeo de Kosovo por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en 1998. De hecho con el bombardeo desconocieron el derecho internacional mientras los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se opusieron abiertamente.

Desde entonces –con los siguientes cuatro presidentes– el hambre de Estados Unidos por las intervenciones militares es prácticamente impredecible. Pese a que generalmente estas intervenciones han fracasado política y militarmente , lo que han producido es sufrimiento e inestabilidad en una amplia gama de naciones, principalmente en el Medio Oriente (Iraq, Siria, Libia y Yemen) pero también en Eurasia (Ucrania) y el sur de Asia (Afganistán).

La adhesión de India y Pakistán a la OCS también es un sorprendente repudio de los Estados Unidos.

Los EE.UU. han sido el principal aliado y protector de Pakistán desde que alcanzo su independencia, alrededor de los últimos 70 años. (recordemos que Dean Acheson, secretario de Estado en la administración de Truman era famoso por su desprecio racista a los Indios)

Aunque las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán se han deteriorado constantemente ( especialmente desde la intervención en Afganistán) los legisladores estadounidenses siempre han dado por sentado que Islamabad al final del día “permanecería en la reserva” y bailaría la “melodía que le tocáramos”.

Por otra parte, desde la visita del presidente Bill Clinton a la India los Estados Unidos la han cortejado insistentemente. El año pasado el actual primer ministro de la India, Narendra Modi, fue invitado a pronunciar un discurso en una sesión conjunta del Congreso. Para cualquier líder extranjero este gesto es un símbolo indiscutible de la aprobación del establishment político estadounidense.

Los “expertos” han afirmado durante mucho tiempo que la India (una democracia de habla inglesa) sería un socio estratégico de los Estados Unidos en una inevitable confrontación con China en el escenario mundial. Esta “pronostico” ha resultado ser una fantasía más de nuestros “especialistas.”

Durante la era de la Guerra Fría, la “pérdida” de cualquier nación del tamaño y posición de India o Pakistán- ante un grupo ideológico competidor – habría provocado oleadas de conmoción, dolor, ira e incluso miedo. Sin lugar a dudas en esa época los medios de Estados Unidos lo habrían visto como una amenaza a la seguridad nacional.

Sin embargo, lo que hemos visto después de este ultimo tiempo es increíble. De hecho las decisiones de Delhi e Islamabad no han sido ni alabadas ni condenadas por los cenáculos políticos y estratégicos de occidente. Simplemente han sido ignoradas por completo. Los líderes y los formadores de opinión todavía creen que Estados Unidos es la superpotencia dominante. Tienen una visión de la política exterior alarmantemente equivocada.

La realidad es que vivimos en un mundo multipolar. Lo hemos estado viviendo desde 2001. Sin embargo, esta verdad obvia se sigue negando en Washington, Londres y París.

Martin Siefe

Fuente: KRÍTICA

*Martin Siefe. Reportero internacional en más de 70 naciones, ha cubierto 12 guerras y es especialista en temas económicos globales.

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