Blanca Nieve y los 7 enanos (un analisis de las elecciones rusas) – por Israel Shamir

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Las elecciones presidenciales de Rusia ya pasaron, afortunadamente: éstas fueron extremadamente desagradables y embarazosas. Putin podría haber ganado de forma modesta y plausible. 68% del electorado fue a votar: una cifra muy elevada. El presidente obtuvo casi el 77% de los votos, mientras que Grudinin, su principal oponente, recibió menos del 12%.

Theresa May y Boris Johnson contribuyeron bastante a la avasalladora victoria de Putin con su rígida postura respecto al caso Salisbury. Su ultimátum a Rusia, las acusaciones infundadas y sus amenazas movilizaron a millones de rusos indiferentes hacia las próximas elecciones.

¿Fueron manipulados los resultados? Probablemente, hasta cierto punto y de forma innecesaria. En el Lejano Oriente de Rusia, de donde proceden los primeros resultados, el candidato comunista recibió más del 20% contra el 60% de Putin. Parece que los resultados fueron “mejorados” por la administración en un intento por llegar a los números deseados. En la provincia de Yakut, casi el 30% y en la provincia de Vladivostok, cerca del 20% de los votos fueron para Grudinin. Por otro lado, en la despótica república musulmana de Chechenia obtuvo menos del 5%. Mi estimación de los resultados sería un 18-25% para el comunista y un 60-65% para Putin. [1]

Contra los pronósticos del VTSIOM, el líder nacionalista Vladimir Zhirinovsky obtuvo menos del 6%, sobrepasado por Grudinin. Es probable que el Partido Nacional Demócrata de Zhirinovsky desaparezca a menos que sea reformado. Pero los pronósticos detentan poco valor hoy en día: son simples herramientas de guerra psicológica contra los votantes.

La candidata pro-Occidental  Xenia Sobchak recibió sólo el 1.5% de los votos mientras que el resto de los candidatos cerca del 1% o menos, aunque desempeñaron un papel importante en la estrategia del Kremlin en debilitar a Grudinin.

Durante la campaña de Paul Grudinin, los partidistas medios estatales rusos publicaban prácticamente sólo noticias negativas sobre él y los debates fueron peores: invitados extras debatiendo contra él, insultos, en fin, un auténtico circo lleno de payasos. Los rusos han llamado este vergonzoso espectáculo “Blanca Nieves y los siete enanos”, Putin siendo por supuesto Blanca Nieves, aun sin haber participado en los debates. Además, las redes sociales se encontraron inundadas por ataques de seguidores de Putin contra quienes apoyaban a sus rivales.

Toda esta campaña sucia era realmente innecesaria pues Putin ganaría igual con menos esfuerzo y también con menos intimidación. Supongo que se trató de cortesanos rusos tratando de favorecer a Putin incluso, en mi opinión, sin su aprobación o conocimiento de estas tácticas.

Tampoco la tenía fácil Grudinin considerando que el Partido Comunista no hizo mucho por ayudarlo, al contrario: sabotearon su campaña y gastaron el presupuesto a su conveniencia. Él era un “outsider” tal como Trump lo fue para los Republicanos. Sumémosle a lo anterior, la ascendencia judía, un tema discutido en las redes sociales como parte de esta campaña anti-Grudinin.

Digamos que las elecciones rusas no fueron tan malas como en Egipto, donde prácticamente todos los candidatos fueron arrestados y los partidos opositores censurados. Una comparación con Irán no sería tan obvia, donde los candidatos son aprobados por una junta de Ayatolas. En Rusia, estos son aprobados por la Administración Presidencial, un organismo no constitucional que tiene un extenso poder sobre la vida política del país. Sin embargo, en Irán hay una lucha real entre los candidatos, aunque moderada por el clero, mientras que en Rusia no existe tal lucha.

Esto podría explicarse por razones históricas, por la falta de tradición democrática en Rusia. Pero tampoco podemos hablar de una inclinación por la tiranía ya que el pueblo ruso quiere a sus dirigentes y usualmente los aprueba. Desde tiempos de los zares, pasando por la época comunista, incluso Yeltsin fue querido hasta 1995. Ahora quieren a Putin y es un líder legítimo siempre y cuando conserve el amor de su pueblo.

Sería bueno tener un modelo menos autoritario, pero tal vez este modelo coincida con el carácter nacional ruso. En 1991, Rusia tenía una constitución democrática pero después de 1993, los consejeros de Estados Unidos crearon una nueva, con tintes autoritario; el objetivo era impedir el resurgimiento del comunismo. Ahora los norteamericanos no tienen ningún derecho de quejarse: ellos lo crearon.

Putin es un líder exitoso y prudente y, aunque las últimas elecciones no fueron tan transparentes como nos gustaría, sin duda disfruta de un enorme apoyo. Esperemos que este triunfo aplastante sea utilizado por él para conducir a Rusia hacia la dirección correcta en beneficio del pueblo ruso.

Israel  Shamir, 20 marzo 2018

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Fuente Original: The Unz Review.

Resumen y Traducción al español : Jesús Daniel Osuna Aguirre

Para contactar al autor: adam@israelshamir.net

Publicado originalmente en español el 21 de abril 2018 por Red Internacional

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Más artículos de Israel Shamir traducidos al español:

http://pajarorojo.com.ar/?p=37851&cpage=1 (enero 2018)

http://www.israelshamir.com/spanish/ (enero 2015 a diciembre 2017)

http://www.israelshamir.net/spanish/ (2003 a 2014)

[1] El autor publicó el 14 de marzo pasado un artículo titulado “¿Gru, un Trump en versión rusa?” Resumimos a continuación los argumentos de la defensa de Grudinin por Israel Shamir: es el exitoso “patrón rojo” de una granja agrícola que se llama “Solvjose Lenin”, defensor de la producción nacional contra el liberalismo desaforado, muy querido por los comunistas rusos y por los trabajadores, pero también por los nacionalistas, nada extravagante al estilo de Trump, sino que da una imagen responsable y seria. Ya todos los demás políticos se han unido contra el peligro populista que representa, lo mismo que pasó con Trump, cuando todos los medios daban por segura la elección de H. Clinton. Quiere medidas proteccionistas, barreras contra la inmigración, crédito barato para la industria nacional. Grudinin representa la continuación de la tendencia bolchevique contra los mencheviques, los minoritarios del tiempo de Lenin, que defendían el punto de vista de sus miembros judíos predominantes, y de la cual son seguidores los izquierdistas de hoy en día en Occidente. “Minoría defensora de las minorías” son hoy en día los socialistas occidentales (defensores de gays, feministas, inmigrantes, minorías religiosas o étnicas). Stalin des-judaizó el partido comunista, al negarse a reconocerles  a los judíos el menor privilegio, y reforzar la base laboral étnicamente rusa. Actualmente, se le llama despectivamente “populista” a lo que es popular pero no le cae bien a las élites. Ni Marx ni los revolucionarios occidentales tomaban en serio a Lenin, considerando a los comunistas rusos como salvajes atrasados. Por cierto, de manera semejante, la CIA no midió la capacidad del imán Jomeny para dirigir una revolución popular en Irán. Los pueblos occidentales se beneficiaron mucho de la lucha de los comunistas rusos, pues por temor l contagio subversivo, se desarrolló el Estado providencia, al cual el neoliberalismo intenta dar marcha atrás hoy en día, anulando todas las garantías que protegían a los trabajadores. Ojalá la izquierda occidental saque las lecciones del renacer de los ideales comunistas en Rusia, que se suponían trasnochados y definitivamente vencidos por el neoliberalismo.

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