Laicismo y Religiones: el ejemplo sirio – por Thierry Meyssan

La sociedad siria y el laicismo

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En Damasco, el mausoleo de San Juan Bautista, en la Gran Mezquita de los Omeyas, es un sitio ‎de peregrinaje y recogimiento para musulmanes, judíos y cristianos. ‎

 

El general sunnita Hassan Turkmani concibió la defensa de Siria contando con sus habitantes ‎‎ [1]. Según ese ‎general, era posible prestar atención a todas las comunidades y lograr que cada una de ellas, con ‎sus relaciones culturales específicas, defendiera el país, que pertenece a todos. ‎

Era sólo una teoría, pero acabamos de comprobar que el general Turkmani estaba en lo cierto. ‎Siria sobrevivió al ataque de la coalición más amplia que se haya visto en toda la Historia de la ‎Humanidad, como ya había sobrevivido a las guerras púnicas en tiempos de la Roma antigua. ‎

‎«Carthago delenda est» (en español, “Hay que destruir Cartago”) [2], repetía Catón el Viejo al final de todos sus discursos. En pleno siglo ‎XXI, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, repetía constantemente «¡Bachar ‎tiene que irse!». ‎

Quienes aún esperan destruir Siria ya saben que tendrían que destruir primeramente el mosaico ‎religioso de este país. Para lograrlo se dedican a difamar a las minorías y empujan a ciertos ‎elementos de la comunidad mayoritaria a tratar de imponer su propio culto a las demás. ‎

Pero Siria tiene una larga historia de colaboración entre las religiones. En el siglo III, la reina ‎Zenobia se levantó contra la tiranía de Roma poniéndose a la cabeza de los pueblos árabes ‎de Arabia, de Egipto y de todo el Levante e instaló su capital en Palmira [3]. La reina Zenobia ‎no sólo veló por el desarrollo de las artes sino que también garantizaba la protección de todas las ‎comunidades religiosas. ‎

La Francia del siglo XVI fue teatro de sangrientas guerras de religión entre dos vertientes del ‎cristianismo: el catolicismo y el protestantismo. Aquel derramamiento de sangre no se detuvo ‎hasta que el filósofo Montaigne concibió y describió el sistema de relaciones interpersonales que ‎hizo posible la paz entre los católicos franceses y sus compatriotas protestantes. ‎

El proyecto sirio que Hassan Turkmani describió va aún más lejos. No se trata sólo de que las ‎diferentes confesiones religiosas se toleren unas a otras, o de que crean en el mismo Dios, ‎aunque se dirijan a Él y lo veneren de maneras diferentes. Se trata de que las diferentes ‎confesiones sean capaces de orar juntas. La cabeza de san Juan Bautista ha sido venerada ‎durante siglos por judíos, cristianos y musulmanes en la Gran Mezquita de los Omeyas ‎de Damasco, la capital siria [4]. La Gran Mezquita de los Omeyas de Damasco es la única donde los ‎musulmanes han rezado con un Papa, Juan Pablo II, alrededor de reliquias comunes. ‎

En Europa, después de todos los sufrimientos provocados por dos Guerras Mundiales, los clérigos ‎de las diferentes confesiones predicaron que había que vivir temiendo a Dios para ser ‎recompensado en el más allá [5]. ‎

Desde entonces, la práctica religiosa ha progresado, pero los corazones han perdido su fuerza. ‎Dios no envió a sus profetas para amenazar a los humanos. Treinta años después de los ‎conflictos mundiales, la juventud, deseosa de emanciparse de las obligaciones impuestas ‎mediante el temor a Dios, ha acabado rechazando bruscamente la idea misma de la religión. ‎El Laicismo [6], que ‎fue una forma de gobierno concebida para que viviéramos juntos en el respeto de nuestras ‎diferencias, ha sido transformado en un arma contra esas diferencias. ‎

No debemos cometer el mismo error. ‎

El papel de las religiones no es imponer la dictadura de un modo de vida, como hizo Daesh en las ‎zonas que llegó a controlar, ni aterrorizar nuestras conciencias con el temor a Dios, como ‎hicieron los europeos en el pasado. ‎

El papel del Estado no es actuar como árbitro en las disputas teológicas, y mucho menos ‎seleccionar una religión como superior a las otras. Como sucede en Occidente, los partidos ‎políticos suelen envejecer mal en el mundo árabe. Pero desde su creación, el PSNS [7] y el Baas [8] ‎planteaban la fundación de un Estado laico, o sea de un Estado que garantizaría a cada cual la ‎libertad de practicar su religión libremente. Eso es Siria. ‎

 

Thierry Meyssan

Fuente Al-Watan (Siria)

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